El error de los macedonianos (o al menos el más grave de todos) fue negar la divinidad del Espíritu Santo. Tal herejía les merecía ser llamados “enemigos del Espíritu”. Hoy en día, sus herederos modernos se hayan dentro de la supuesta ortodoxia cristiana. Y es que ciertos grupos que se dicen ortodoxos en cuanto a la doctrina trinitaria se levantan como los nuevos “enemigos del Espíritu” en un área diferente: No niegan su divinidad, pero sí la vigencia de los dones que Él otorga a los hombres, negando, no teóricamente sino en la práctica, el poder divino de Aquél a quien dicen honrar.
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Cesacionismo, un homenaje a la muerte y a la distancia de Dios.
¡Pareciera que honrar a los profetas y apóstoles muertos es más fácil que aceptar la posibilidad del mover de Dios a través de sus siervos hoy! Esto no debería sorprendernos. Al igual que los fariseos de antaño, el cesacionista moderno prefiere hacer un barato y ostentioso homenaje a los profetas muertos y a las manifestaciones distantes del Espíritu antes que reconocer aquellas que pasan frente a sus narices.
Voces de la Iglesia Antigua | Los dones del Espíritu permanecerán hasta que Cristo vuelva
Al igual que Pablo, nosotros también creemos que los dones del Espíritu (todos ellos, aún los extraordinarios), permanecerán con nosotros "hasta que venga lo perfecto" (1 Corintios 13:0) y lo "perfecto" que Pablo esperaba no es el cierre del canon bíblico, ni mucho menos la muerte de los doce apóstoles originales de Jesucristo. Lo perfecto vendrá "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." (Efesios 4:13) y esta "buena obra" de transformarnos "a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo", el Padre "la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1:6). Mientras el día de su segundo advenimiento no llegue, sus dones seguirán vigentes sobre la tierra para empoderar a su iglesia, la cual es su Cuerpo ¿Dejaría Cristo a su Cuerpo sin poder de lo alto?
La salvación no se pierde ¡Es imposible perderla!
“¿La salvación se pierde o no? En un sentido sí y en otro sentido no. El problema de la pregunta es que se habla como si la salvación se tuviera, se poseyera, como si fuera propia o como si se tuviera algún derecho sobre ella. La salvación no se gana, no se obtiene, no se posee. No es de uno, es de otro [“La salvación es del Señor.” – Salmo 3:8, LBLA]. Uno es solo un invitado, participa de ella y la goza. Simplemente sé parte de la fiesta.”
La obra del Espíritu Santo en Hechos 1-8
Este escrito presenta acontecimientos relevantes donde el Espíritu Santo actúa a favor de la iglesia. El enfoque se encuentra en los capítulos 1–8 del libro de Hechos. ¿Cómo estos sucesos pueden marcar la vida presente de la iglesia? ¿Son estos eventos de Hechos un modelo a seguir para la iglesia de hoy? Estos sucesos que serán descritos, aunque mantienen un lente narrativo, tienen el fin de guiar a la iglesia la praxis y al ministerio.
Bonhoeffer y el Pentecostés como impulso hacia un cristianismo sin religión – Por Patrick Bornhardt
Muy pocos se han abocado a la pneumatología (teología del Espíritu Santo) y a la misionología (teología de la Misión) de Bonhoeffer, que suele escribir siempre en términos cristológicos (teología sobre Jesucristo) y eclesiológicos (teología sobre la Iglesia).
Más allá de Augsburgo: sola fe y evangelio completo – Por Veli-Matti Kärkkäinen
Para los pentecostales, ¿es el hablar en lenguas una entrada hacia un nivel más alto de espiritualidad, inalcanzable para aquellos sin el exótico don? ¿La reclamación del “evangelio completo” implica que el evangelio predicado por otras iglesias en el mejor de los casos es incompleto, truncado o erróneo, como los pioneros del famoso avivamiento de Azusa Street parecían sugerir?
Luteranos y pentecostales en diálogo – Por Patrick Bornhardt
En el pentecostalismo vemos la realización y masificación de [los] postulados del luteranismo pietista: gloria solo a Dios, dependencia total e integral para con Dios, énfasis en la relación personal y comunitaria con Dios, radicalización del sacerdocio de todos los creyentes, fideísmo, cristocentrismo, énfasis en la vida piadosa y comunitaria, énfasis en la misión y el compromiso diacónico-social, disciplina piadosa en la lectura bíblica y en la oración. Cosas que se atribuyen a su herencia metodista y wesleyana, pero no hemos de olvidar que Jacob Spenner (quien es reconocido como el fundador del pietismo) inició tal movimiento dentro de la iglesia luterana, antes de que llegara a la anglicana y se formara el metodismo de John Wesley.
Bautizados «en Cristo» y bautizados «en el Espíritu Santo» ¿Son la misma cosa?
El ser “bautizados en Cristo” (regeneración) y el ser “bautizados en Espíritu Santo y fuego” (la experiencia pentecostal) no son la misma cosa. Ambas son reales pero distintas. Todos los salvos hemos sido bautizados en Cristo, pero no todos los salvos han sido bautizados con el Espíritu Santo. ¿Por qué no admitir, entonces, lo evidente? Porque hacerlo es darle la razón a los pentecostales y eso es algo que muchos no están dispuestos a hacer. Les es preferible elaborar todo tipo de explicaciones y malabares exegéticos antes que admitir lo que el texto bíblico dice clara y llanamente.
La adoración comunitaria en el pentecostalismo: ¿Por qué no adoramos «como los demás»?
La naturaleza de la adoración puede ser descrita a la perfección por las palabras de Jesús dirigidas a la mujer samaritana: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán (proskyneō) al Padre en espíritu y en verdad (en pneumati kai aletheią); porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad (en pneumati kai aletheią) es necesario que adoren” (Juan 4:23,24). No basta con que la adoración sea basada en la verdad, es decir, fundamentada en la Palabra de Dios. Esta también debe ser en el Espíritu. Y es ahí donde reside la fortaleza de la adoración pentecostal.