A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.
Categoría: Pentecostalismo Clásico
Cesacionismo, un homenaje a la muerte y a la distancia de Dios.
¡Pareciera que honrar a los profetas y apóstoles muertos es más fácil que aceptar la posibilidad del mover de Dios a través de sus siervos hoy! Esto no debería sorprendernos. Al igual que los fariseos de antaño, el cesacionista moderno prefiere hacer un barato y ostentioso homenaje a los profetas muertos y a las manifestaciones distantes del Espíritu antes que reconocer aquellas que pasan frente a sus narices.
La obra del Espíritu Santo en Hechos 1-8
Este escrito presenta acontecimientos relevantes donde el Espíritu Santo actúa a favor de la iglesia. El enfoque se encuentra en los capítulos 1–8 del libro de Hechos. ¿Cómo estos sucesos pueden marcar la vida presente de la iglesia? ¿Son estos eventos de Hechos un modelo a seguir para la iglesia de hoy? Estos sucesos que serán descritos, aunque mantienen un lente narrativo, tienen el fin de guiar a la iglesia la praxis y al ministerio.
Bonhoeffer y el Pentecostés como impulso hacia un cristianismo sin religión – Por Patrick Bornhardt
Muy pocos se han abocado a la pneumatología (teología del Espíritu Santo) y a la misionología (teología de la Misión) de Bonhoeffer, que suele escribir siempre en términos cristológicos (teología sobre Jesucristo) y eclesiológicos (teología sobre la Iglesia).
Más allá de Augsburgo: sola fe y evangelio completo – Por Veli-Matti Kärkkäinen
Para los pentecostales, ¿es el hablar en lenguas una entrada hacia un nivel más alto de espiritualidad, inalcanzable para aquellos sin el exótico don? ¿La reclamación del “evangelio completo” implica que el evangelio predicado por otras iglesias en el mejor de los casos es incompleto, truncado o erróneo, como los pioneros del famoso avivamiento de Azusa Street parecían sugerir?
Luteranos y pentecostales en diálogo – Por Patrick Bornhardt
En el pentecostalismo vemos la realización y masificación de [los] postulados del luteranismo pietista: gloria solo a Dios, dependencia total e integral para con Dios, énfasis en la relación personal y comunitaria con Dios, radicalización del sacerdocio de todos los creyentes, fideísmo, cristocentrismo, énfasis en la vida piadosa y comunitaria, énfasis en la misión y el compromiso diacónico-social, disciplina piadosa en la lectura bíblica y en la oración. Cosas que se atribuyen a su herencia metodista y wesleyana, pero no hemos de olvidar que Jacob Spenner (quien es reconocido como el fundador del pietismo) inició tal movimiento dentro de la iglesia luterana, antes de que llegara a la anglicana y se formara el metodismo de John Wesley.
Lutero, ¿cesacionista o carismático? – Por Patrick Bornhardt
¿Niega Lutero la experiencia espiritual? Por supuesto que no. ¿No le encantaba a Lutero contar su experiencia de la torre, donde leyendo Romanos 1:17 le fueron abiertos los cielos? ¿No es este su testimonio, su experiencia de conversión, en el mejor estilo de los pietistas, pentecostales y carismáticos?"
Bautizados «en Cristo» y bautizados «en el Espíritu Santo» ¿Son la misma cosa?
El ser “bautizados en Cristo” (regeneración) y el ser “bautizados en Espíritu Santo y fuego” (la experiencia pentecostal) no son la misma cosa. Ambas son reales pero distintas. Todos los salvos hemos sido bautizados en Cristo, pero no todos los salvos han sido bautizados con el Espíritu Santo. ¿Por qué no admitir, entonces, lo evidente? Porque hacerlo es darle la razón a los pentecostales y eso es algo que muchos no están dispuestos a hacer. Les es preferible elaborar todo tipo de explicaciones y malabares exegéticos antes que admitir lo que el texto bíblico dice clara y llanamente.
Adoración verdadera: libre, trinitaria y carismática
La adoración es la ocupación más alta de la Iglesia y cumple el propósito final por el cual el pueblo de Dios es redimido. Las Escrituras nos enseñan que la adoración genuina glorifica a Dios y da testimonio al mundo. El Señor declara: 'Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará' (Isaías 43.21). El Nuevo Testamento expresa un sentimiento similar: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios; para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2,9).
Oraron por mí y caí como desmayado ¿Es normal? ¿Es de Dios? ¿Actúa de esa forma el Espíritu Santo?
En algunas ocasiones, cuando un ministro pentecostal ora e impone sus manos sobre alguien, la persona - vencida por la sobrecogedora presencia del Espíritu Santo – cae al suelo o se desmaya. Con frecuencia, la persona pierde el conocimiento por un período de tiempo. Muchos se preguntan: ¿Es esto de Dios? ¿Hizo esto Jesús alguna vez? ¿Por qué alguien se caería como un borracho al sentir la presencia del Espíritu Santo en su vida?