¿Cómo deben vestir las mujeres cristianas? Es una pregunta fácil de responder: Las mujeres cristianas deben vestirse de tal manera que honren a Dios con su cuerpo. Ese es un principio bien explicado en la Biblia y no tiene ninguna objeción (Romanos 12:1; 1 Corintios 6:19-20). El problema está en que este principio es aplicable tanto para hombres como para mujeres, y muchas personas (sobre todo algunos predicadores), con toda su buena voluntad, solo se lo recuerdan a las mujeres, destapando en el proceso un problema aún mayor de fondo. Ahora bien, si la mujer debe vestir decentemente, ¿Qué tipo de ropa debe usar para encajar con lo decente? ¿Debe usar sólo vestidos largos y ropa poco atractiva visualmente? ¿Faldas o pantalones? Y esto nos lleva a la pregunta que nos compete en esta ocasión: ¿Es pecado que una mujer use pantalones? Esta es una pregunta que surge de manera recurrente en ciertos círculos de creyentes, sobre todo en culturas como las nuestras y dependiendo del trasfondo denominacional. Y es que el uso de pantalones en la mujer ha sido un tema muy controversial en algunas iglesias, sobre todo en aquellas de corte pentecostal, las cuales frecuentemente tienden a satanizar su uso.
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La Biblia, el machismo y la violación de los derechos de la mujer (Análisis de Deuteronomio 22:28-29)
Una idea predominante en los círculos escépticos es que el Dios del Antiguo Testamento es cruel y aprueba prácticas inmorales, tales como el saqueo, el genocidio, el machismo, la esclavitud, el maltrato y la discriminación de la mujer entre otros. En relación con el trato dado a la mujer en la Biblia, incluso los musulmanes al ser confrontados con el hecho de que el Corán permite el abuso y hasta el maltrato físico y sexual de la mujer (Corán, Sura 4, aleya 34: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande…”), a menudo aluden en su defensa que la Biblia es aún peor que el Corán, ordenando no sólo el maltrato de la mujer y su sumisión incondicional al hombre, sino mandando incluso el matrimonio entre el violador y su víctima. Sin embargo, esta afirmación es totalmente errónea.
Los cristianos y el deporte ¿Hay algo de malo?
El deporte tiene diversos beneficios sobre las personas: Ayuda a sentirse más relajado, más activo y dinámico, a no engordar cuidando así el templo del Espíritu Santo, a mejorar tu autoestima entre otros beneficios. Existen diferentes deportes entre los cuales se puede elegir para practicarlos: fútbol, voleibol, levantamiento de pesas, natación, ciclismo, maratón, etc. Aparte de la preparación espiritual, Dios necesita que físicamente sus siervos se encuentren bien. ¿Cuántas limitaciones trae sobre nosotros un mal estado físico o una enfermedad? ¿Te imaginas un predicador que no pueda subir al púlpito por sobrepeso? ¿Pudieras ir llevando el mensaje de Dios a otros lugares si estás enfermo? ¿Levantar cajas o equipos si estás muy débil o casi desapareciendo?
Reflexión pastoral sobre la disciplina eclesiástica
Hoy día, muchos cuestionan el derecho de la iglesia a “intervenir” en la vida de sus miembros. Algunos alegan que la disciplina resulta en una intromisión a la privacidad que es contraria a la libertad cristiana. Otros conciben la aplicación de la disciplina como un acto legalista porque al final, dicen, “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y otro grupo entiende que la disciplina contradice la gracia y que por tanto no debería ser practicada por la iglesia. La idea de que la iglesia local ejerza cualquier tipo de autoridad sobre nuestras vidas hace que muchos de nosotros nos volvamos aprensivos. Nos incomoda la idea de un pastorado opresivo o la de un control de comportamiento sectario.
El uso del velo en la mujer cristiana
En nuestro ambiente lleno de sectarismo suele ser común que algunos creyentes de ciertas denominaciones (mayormente de corte profético, apostólico, menonitas, amish y hasta pentecostales unicitarios) le insistan a nuestras amadas hermanas sobre el uso del velo como requisito indispensable para 'estar bien con Dios' y hasta para 'ser salvas'. No es mi intención humillar las creencias de nuestros hermanos con una opinión diferente; no obstante, en honor a la verdad, y puesto que acostumbran hacer proselitismo en nuestras iglesias buscando a quien convencer (o confundir), creo necesario dar una respuesta. Aunque tales grupos religiosos suelen presentar ciertos versículos de apoyo para su teoría, hacen caso omiso de toda regla de interpretación bíblica e ignoran, ya sea por conveniencia o simple ignorancia, el contexto en el cual dichos versículos fueron dados. Ciertamente, las palabras de Pablo han sido utilizadas para minimizar el rol de la mujer en el ministerio cristiano, mantenerla en sujección al liderazgo masculino y sostener el sistema misógino de mando que predomina en muchas iglesias cristianas. Pablo mismo ha sido acusado de machista y misógino pero, qué tal si analizamos algunas de las alusiones paulinas acerca de la mujer, la condición de ésta en Cristo y su lugar en la Iglesia.
¿Es el bautismo en el Espíritu Santo lo mismo que la conversión?
El término “bautismo en el Espíritu Santo” no aparece en las Escrituras. Es una conveniente designación para la experiencia que anuncia Juan el bautista, que Jesús “[bautizaría] en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Dicha expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. Los grupos no pentecostales sugieren a menudo que el bautismo en el Espíritu Santo equivale a ser sellado con el mismo al momento de la regeneración y que, por ende, no existe manifestación visible del mismo. De modo que, para ellos, el bautismo en el Espíritu Santo implica solamente la obra mediante la cual el Espíritu de Dios coloca al creyente, al momento de la salvación, en unión con Cristo y en unión con otros creyentes en el Cuerpo de Cristo. Basan tal afirmación en 1 Corintios 12:12-13, el cual nos dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Con ello pretenden negar la experiencia pentecostal y la validez del movimiento; pero ¿Es realmente así?
Por qué disfruto hablar en lenguas
El don de lenguas es una realidad incomprendida y ridiculizada por aquellos que, en su escepticismo, no pueden concebir que tal experiencia ocurra en nuestra época actual. Les es fácil aceptar que esto ocurrió en los primeros siglos de nuestra era, pero su fe y su miedo a lo sobrenatural los hace pensar que es imposible que Dios siga obrando entre su pueblo de esa manera hoy. Sin embargo, Jesús dijo: “Y estas señales[a] acompañarán a los que han creído: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien.” (Marcos 16:17-18, LBLA).
El hombre como cabeza de la mujer
La Biblia declara que el hombre es la cabeza de la mujer. Para muchos cristianos esto significa que la mujer debe estar sometida al hombre quien, en su papel de “cabeza”, debe tenerla bajo su autoridad. Sin embargo, existen varias razones por las cuales este es un concepto completamente equivocado de lo que significa ser la “cabeza”. La tiranía, el maltrato y el abuso forman lo opuesto de lo que Dios espera de un hombre. Pues el plan divino le pide al esposo que muestre la ternura, amor, delicadeza, paciencia noble, y verdadera cortesía, que es digna de la cabeza del hogar.
Pentecostales locos, desordenados y visionarios
Como pentecostal considero tener algo que mis hermanos de otras tradiciones necesitan descubrir para darle más sentido a toda esa erudición que tienen. ¿Parecemos raros? Quizá. Pero eso no importa ¿Locos? ¡Tampoco importa! Algo parecido se dijo de los primeros “pentecostales” en el 33 d.C. (Hechos 2:13-21). Si a Jesús le dijeron endemoniado a causa de la unción y el poder que manifestaba (Juan 10:20) ¿Por qué deberían afectar mi fe las opiniones de John MacArthur y otros cesacionistas que critican el pentecostalismo y lo consideran “diabólico y blasfemo”?
Respondiendo al Amilenialismo: El orden de los Eventos Futuros (Parte Final)
En defensa de sus posturas, los amilenialistas argumentan también que la Escritura parece indicar que todos los grandes eventos aún por venir antes del estado de eternidad ocurrirán de una vez. Cristo regresará, habrá una resurrección de creyentes e incrédulos, el juicio final tendrá lugar, y se establecerá un nuevo cielo y una nueva tierra, todo simultáneamente.