Amileniarismo, ESCATOLOGÍA, Postribulacionismo, Premilenarismo Histórico

Respondiendo al Amilenialismo: El orden de los Eventos Futuros (Parte Final)

Por Fernando E. Alvarado

En defensa de sus posturas, los amilenialistas argumentan también que la Escritura parece indicar que todos los grandes eventos aún por venir antes del estado de eternidad ocurrirán de una vez. Cristo regresará, habrá una resurrección de creyentes e incrédulos, el juicio final tendrá lugar, y se establecerá un nuevo cielo y una nueva tierra, todo simultáneamente. De acuerdo con el amilenialismo, la presente era de la iglesia continuará hasta el momento del regreso de Cristo. Cuando Cristo vuelva, habrá una resurrección tanto de creyentes como de incrédulos. Se levantarán los cuerpos de los creyentes para que se reúnan con sus espíritus y entren al pleno gozo del cielo para siempre. Se levantará a los incrédulos para enfrentar el juicio final y la eterna condenación.

Los creyentes también se levantarán ante el trono del juicio de Cristo (2 Corintios 5:10), pero este juicio solo determinará grados de recompensa en el cielo, porque solo los incrédulos serán condenados eternamente. En este momento también comenzarán los nuevos cielos y la nueva tierra. Inmediatamente después del juicio final, comenzará el estado de eternidad y continuará para siempre. Este esquema es bastante simple. Todo lo del final de los tiempos ocurre de una vez, inmediatamente después del regreso de Cristo. Algunos amilenialistas dicen que Cristo podría regresar en cualquier momento, mientras que otros argumentan que todavía deben cumplirse ciertas señales.

COMPRENDIENDO LA INTERPRETACIÓN AMILENIALISTA

La Biblia dice que cuando Cristo venga por segunda vez habrá una resurrección física de todos aquellos que murieron en la fe:

“El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero.” (1 Tesalonicenses 4:17, NVI)

“En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:52, NVI)

Amilenaristas y premilenaristas concordamos en que los justos resucitarán al momento de la segunda venida. Sin embargo, según el amilenialismo el mismo día en que los justos resucitan, resucitan también los injustos (los que desechan a Cristo), lo cual lo indica el hecho de que serán juzgados ese mismo día. Basan su entendimiento en pasajes como Juan 5:28-29, en donde se afirma:

“No os admiréis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.” (LBLA)

En dicho pasaje Jesús afirma que los justos resucitarán a “resurrección de vida” y los incrédulos, resucitarán “a resurrección de juicio”. En otro pasaje, Jesús añade:

“El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final.” (Juan 12:48, LBLA)

El amilenialista señalará que Jesús afirmó que los incrédulos serán juzgados por la palabra de Cristo en el “día final”, y luego señalarán el hecho de que Jesús también afirmó que los justos serían resucitados en el “día final (o postrero)”, y que, por consiguiente, ambos resucitarán el mismo día:

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:38-40, LBLA)

“Respondió Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final…. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.” ((Juan 6:43-44; 54, LBLA)

“Marta le contestó*: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.” (Juan 11:24, LBLA)

Es en base a esto que el amilenialista dirá: “¡Lo ves! La Biblia nos dice que Dios ha establecido solamente un día, no dos ni tres, para juzgar al mundo. Por lo tanto, no puede haber un milenio entre ambas resurrecciones.” Luego reforzarán su punto usando pasajes como Hechos 17:31, Romanos 2:5-14, 2 Tesalonicenses 1:6-10 y Judas 1:6, en donde se dice que Dios “ha establecido UN DÍA en el cual juzgará al mundo”; o se emplean otras frases similares que aparentemente transmiten la idea de un único día de resurrección y juicio para todos.

La secuencia lógica en esta interpretación será destacar el hecho de que Jesús (aparentemente) les dijo a los escribas y fariseos incrédulos que, tanto los que se arrepienten como los que no se arrepienten (justos e injustos), “se levantarán” (serán resucitados) el mismo día para ser juzgados:

“Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y mirad, algo más grande que Jonás está aquí. La Reina del Sur se levantará con esta generación en el juicio y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí.” (Mateo 12:41-42, LBLA)

Judas 1:14-15 también suele usarse para apoyar dicha idea:

“De estos también profetizó Enoc, en la séptima generación desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor vino con muchos millares de sus santos, PARA EJECUTAR JUICIO SOBRE TODOS, y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impíamente, y de todas las cosas ofensivas que pecadores impíos dijeron contra Él.” (LBLA)

Mateo 25:31-46 es quizá el pasaje favorito de los amilenialistas para sostener su interpretación:

“Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». Entonces los justos le responderán, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?».  Respondiendo el Rey, les dirá: «En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis». Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recibisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis». Entonces ellos también responderán, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?». Él entonces les responderá, diciendo: «En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, tampoco a mí lo hicisteis». Y estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.” (LBLA)

Basados en tal pasaje, los amilenialistas afirman que el primer evento que ha de ocurrir cuando Cristo venga y al comienzo del reino eterno, será el juicio final. Por lo tanto, en la concepción amilenaria, no hay espacio alguno para un milenio literal, sino un paso inmediato al estado eterno.

LA BIBLIA HABLA DE DOS RESURRECCIONES

El tema de si habrá una o dos resurrecciones ya fue tratado en un artículo anterior. Para un análisis más detallado de este punto leer el artículo “Respondiendo al Amilenialismo: ¿Habrá una o dos resurrecciones? (III)”, a través del siguiente link: Respondiendo al Amilenialismo: ¿Habrá una o dos resurrecciones? (III) – Pensamiento Pentecostal Arminiano

¿DE VERDAD ENSEÑA LA BIBLIA QUE LA RESURRECCIÓN DE JUSTOS E INJUSTOS, ASÍ COMO EL JUICIO FINAL, OCURRIRÁN DE FORMA SIMULTÁNEA?

Cuando pasajes como Juan 5:28-29, 12:48, 6:38-40, 6:43-44; 6:54 y 11:24 parecen insinuar un único día de resurrección, y otros como Hechos 17:31, Romanos 2:5-14, 2 Tesalonicenses 1:6-10 y Judas 1:6, suelen afirmar que Dios “ha establecido UN DÍA en el cual juzgará al mundo”; o se emplean otras frases similares que aparentemente transmiten la idea de un único día de resurrección y juicio para todos. ¿Realmente se busca negar dos resurrecciones separadas? ¿Se oponen realmente a la doctrina premilenarista?

No. Absolutamente no. La frase “día” no siempre se refiere a un día literal, o a un solo evento. Por ejemplo, la frase “el día del Señor” usualmente identifica los eventos que tendrán lugar al final de la historia (Isaías 7:18-25) y a menudo se asocia estrechamente con la frase “en aquel día”. Pero es obvio que no se refiere a un solo día o un único evento. La mayoría de la gente asocia “el día del Señor” con un período de tiempo que ocurrirá cuando la voluntad y el propósito de Dios para Su mundo y para la humanidad se cumplan. Prácticamente todos los eruditos creen que “el día del Señor” será un mayor período de tiempo, más que un solo día – un período de tiempo cuando Cristo reinará en todo el mundo antes que Él limpie el cielo y la tierra como preparación para el estado eterno de toda la humanidad.

La palabra día se usa en otras partes de la biblia para referirse a un largo período de tiempo. Por ejemplo, en el Salmo 90:4, que posteriormente el apóstol Pedro utiliza para indicar que “un día es como mil años” para el Señor (2 Pedro 3:8). Así también, Génesis 2:2-3 dice que Dios descansó en el séptimo “día”, no obstante, la biblia no indica la finalización del mismo, por lo que resulta evidente que, según la cronología divina, aún estamos en el séptimo día; por tanto, la palabra “día” también se usa para referirse a un largo período de tiempo. Nórese también que la palabra “día” en Génesis 1-2 se refiere a algo más que un día específico. Génesis 2:4 dice, “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos”. En este versículo, “día” se refiere a los seis primeros días como un todo y, por lo tanto, tiene un significado más flexible. ¿Por qué debería ser diferente en pasajes como Juan 5:28-29, 12:48, 6:38-40, 6:43-44; 6:54; 11:24; Hechos 17:31, Romanos 2:5-14, 2 Tesalonicenses 1:6-10 y Judas 1:6?

Esto puede decirse también con respecto a Génesis 2:19, en donde se puede notar que el sexto “día” fue más que un día literal o un único evento. Génesis 2:19 nos dice que Adán observó y le dio nombre a cada animal vivo sobre la tierra. En sentido literal, no parece que Adán pudiera haber completado esa tarea monumental en un simple período de 24 horas. No fue un único evento, no todos los animales vinieron a él al mismo tiempo. Incluso Adán pudo haber tomado pausas o descansos entre uno y otro animal para pensar en el nombre que habría de darles, tomar tiempo para cumplir con otras necesidades, o incluso tardarse varios días (o semanas) en hacerlo, intercalando quizá esa tarea con otros que también debía cumplir. Sin embargo, se dice que, aunque no todos los animales vinieron al mismo tiempo, aún así todos recibieron nombre el mismo “día”. ¿Acaso los escritores sagrados no pudieran haber empleado el término “día” de esta manera? ¡Claro que sí!

Un “día” justos e injustos resucitarán, pero cada uno en su orden asignado o en el momento oportuno. Un “día” todos seremos juzgados, pero cada uno en su debido orden. En palabras de Pedro, el juicio “comenzará con la familia de Dios. Y si empieza primero con nosotros, ¿qué les pasará a los que rechazan la buena noticia de Dios?” (1 Pedro 4:17, PDT). Y si el juicio comienza con nosotros, ¿No es lógico suponer que también nosotros resucitaremos primero y en un evento previo y separado que los impíos? Este orden es enseñado claramente por Pablo:

“Pero TODOS DEBEN SER RESUCITADOS EN CIERTO ORDEN. PRIMERO FUE CRISTO Y LUEGO, CUANDO CRISTO REGRESE, SERÁN RESUCITADOS TAMBIÉN LOS QUE PERTENECEN A ÉL. Después vendrá el fin, cuando CRISTO ACABARÁ CON TODOS LOS GOBERNANTES, LAS AUTORIDADES Y LOS PODERES y entregará el reino a Dios Padre. pues CRISTO DEBE REINAR HASTA QUE TODOS LOS ENEMIGOS ESTÉN BAJO SU PODER. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque dice la Escritura: «Dios puso todo bajo su poder». Cuando dice que todo está bajo el poder de Cristo, es claro que esto no incluye a Dios, porque Dios fue quien puso todo bajo su poder. Cuando todo esté dominado por él, entonces el Hijo mismo se pondrá bajo el poder de Dios, quien puso todo bajo el poder de Cristo, para que Dios tenga el control absoluto de todo.” (1 Corintios 15:23-28, PDT)

Los amilenialistas frecuentemente usan este pasaje para indicar que Cristo ya está reinando desde el cielo en un milenio espiritual; sin embargo, nótese que el tema aquí es la resurrección y el orden y forma de la misma: Cristo resucita primero, luego los suyos (los inicuos e incrédulos ni siquiera se mencionan acá, por lo que hasta podría usarse este versículo para negar la resurrección de los impíos tal como afirman algunas sectas). Luego Pablo afirma que, tras su retorno a la Tierra, Cristo acabará con todo gobierno humano, cumpliendo así la visión de Daniel 2:34-35. Según el orden de eventos señalado por Pablo, Cristo reinará hasta que todos sus enemigos estén bajo su poder, siendo el último la muerte. Sin embargo, la muerte no ha sido vencida en su totalidad a este punto ¿Por qué? ¡Porque todavía hay seres humanos muertos! Los impíos aún no han resucitado. ¿Cómo lo sabemos? Porque Pablo ni siquiera lo menciona. Es hasta el final del Reino terrenal de Cristo sobre las naciones que tal suceso ocurrirá. Bíblicamente, la resurrección final está relacionada solamente con los impíos. En conexión con el juicio del gran trono blanco, todos los muertos que no hayan resucitado antes serán resucitados y comparecerán ante Dios para ser juzgados:

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:11-15)

Esta es la resurrección final antes de la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Así pues, las Escrituras claramente enseñan que todos los hombres resucitarán. Como lo resume Daniel: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Daniel 12:2). Sólo hasta entonces, después del Milenio y luego de la segunda resurrección, la muerte, el último enemigo (1 Corintios 15:26), será derrotado:

“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:10-15)

Este es el orden bíblico y lógico de los eventos relacionados con la resurrección y el juicio final. En su escepticismo hacia la posibilidad de un futuro reino milenial literal, el amilenialismo rompe con dicho orden torciendo el significado real del texto bíblico. Aunque los hombres mueren, todos resucitarán, pero las resurrecciones no serán las mismas. La resurrección de vida es una gloriosa resurrección en que los cuerpos de los creyentes serán conformados al cuerpo de resurrección de Cristo. Sin embargo, la resurrección de condenación es un espectáculo terrible. Los hombres recibirán cuerpos que les durarán para siempre, pero cuerpos que son pecaminosos y sujetos al dolor y el sufrimiento en total concordancia con el castigo que les espera. Como el diablo y sus ángeles, existirán para siempre en el lago de fuego.

Bajo este esquema, es absurdo afirmar que el Juicio Final viene inmediatamente después de la Segunda Venida de Cristo, ya que las Escrituras resaltan el hecho de que Cristo reinará sobre las naciones en el período intermedio entre la resurrección de los justos y la de los injustos. Dicho período es el milenio. Luego vendrá la derrota total de Satanás, la muerte y el infierno. Sólo hasta entonces, cuando todo enemigo haya sido sometido y los impíos resuciten, entonces tendrá lugar el juicio final y Cristo entregará todo reino al Padre. Así pues, el “día postrero” en el cual los muertos resucitarán es más bien una serie de eventos que iniciaron con Cristo “las primicias” (hace 2.000 años) y algunos santos que volvieron a la vida después de su resurrección (1 Corintios 15:23; Mateo 27:52), continuará con la resurrección de los fieles a la Segunda Venida (1 Tesalonicenses 4:13-18) y culminará con la resurrección de los impíos al final del milenio (Apocalipsis 20:4-7, 20:11-15).

Asimismo, la expresión “un día en el cual juzgará” (Hechos 17: 31) no es un único evento, sino una serie de eventos en un orden claramente determinado en la Palabra. El Juicio Final es pues, un proceso, una serie de eventos: El Tribunal (Bimá) de Cristo, para recompensar a los fieles (1 Pedro 4:17; 2 Corintios 5:10; 1 Corintios 3:13-15; 1 Juan 2:28; Apocalipsis 20:4-5); el juicio a las naciones a la venida de Cristo, para premiar o castigar a las naciones de la tierra por su trato al pueblo de Dios durante la Gran Tribulación (Mateo 25:31-46; Mateo 19:28; Joel 3:1-21; Zacarías 14:1-21); el juicio y condenación final de Satanás (Apocalipsis 20:7-10) y el juicio de los muertos que no resucitaron a la Segunda Venida o que murieron posterior a ella o en la última gran rebelión (Apocalipsis 20:5-6: 20:11-15).

Que el juicio final sea más bien un proceso largo y dividido en etapas no debería sorprendernos. Incluso la parábola de los talentos (la cual junto con la parábola de las diez vírgenes y la parábola de las ovejas y las cabras nos describen lo que ocurrirá a la segunda venida) nos muestra un juicio gradual, en etapas y según distintos grupos de personas (Mateo 25:14-30)

¿QUÉ HAY CON MATEO 25:31-46? ¿ACASO NO ENSEÑA UN JUICIO FINAL INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE LA SEGUNDA VENIDA?

No, no lo hace. Mateo 25:31-46 es quizá el pasaje favorito de los amilenialistas para sostener su interpretación. Sin embargo, Mateo 25:31-46 no nos habla del juicio final anterior al estado eterno. ¿De qué nos habla entonces? Al leer Mateo 25:31-46 cuatro preguntas surgen de inmediato. Estas cuatro preguntas son las siguientes:

(1.- ¿Cuándo y dónde tiene lugar este juicio?

(2.- ¿Quién está siendo juzgado?

(3.- ¿Quiénes son “estos mis hermanos”?

(4.- ¿Cuáles son las consecuencias de este juicio?

Empecemos: ¿Cuándo y dónde tiene lugar este juicio? La Biblia responde:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda” (Mateo 25:31-33).

El mismo pasaje identifica el momento como justo después de la Segunda Venida y con eso se identifica el lugar, la Tierra. En Joel 3:1-3 el profeta habla de un tiempo cuando el Señor va a restablecer las riquezas de Judá y de Jerusalén y a reunir a las naciones en el Valle de Josafat, para responsabilizarlas por la manera como trataron a Su pueblo. Además, comparando Joel 3:14-16 con Mateo 24:29-30 queda confirmado que el juico de las ovejas y las cabras se llevará a cabo en la Tierra después de la Segunda Venida. La profecía de Joel es una referencia al juicio de las ovejas y las cabras y nos dice dónde dicho juicio tendrá lugar. El “Valle de Josafat” es un valle en el desierto de Tego, en la zona de Khirbet Berêkût, que era conocido entre los hebreos como êmêq Berâkâh, algo así como “valle de bendiciones”. Se asocia al valle donde el rey Josafat venció a la coalición de los reinos de Moab, Ammón y Edom (símbolos de las naciones en oposición al pueblo de Dios). Allí sitúa el profeta el juicio de Jehová contra las naciones paganas, al final de los días, tras la restauración de Judá. De hecho, Josafat, o Yehoshaphat, significa “Yahveh ha juzgado” o “Juicio de Yahveh”. El Valle de Josafat, por lo tanto, corresponde con una parte del Valle de Cedrón, un valle situado en Israel, concretamente entre Jerusalén y el monte de los Olivos, lo cual enlaza Mateo 25 y Joel 3 con Zacarías 14.

Vamos ahora a las preguntas número dos y tres: “¿Quién está siendo juzgado?” y “¿Quiénes son “estos mis hermanos”?. Para los amilenialistas las ovejas representan a los redimidos de todas las naciones, a la iglesia del antiguo y del nuevo pacto. Las cabras, por otro lado, representarían a todos los réprobos de entre la humanidad. Aquellos que heredarán la condenación eterna. Hay, sin embargo, un problema con esta interpretación. La parábola de las ovejas y las cabras describe 3 grupos de personas, no dos como se deduce de una lectura superficial:

  • Las ovejas (Mateo 25:31-32)
  • Las cabras (Mateo 25:33)
  • Mis hermanos más pequeños (Mateo 25:37-40; 25:44-45)

Puesto que “los hermanos más pequeños del Señor” son la Iglesia (Hebreos 2:11-12; 2:17; Romanos 8:29), la Iglesia no es la respuesta a la segunda pregunta: “¿Quién está siendo juzgado?”. De modo que quienes están siendo juzgados aquí son todas esas personas en la Tierra que sobrevivieron la gran tribulación (Téngase en cuenta que Mateo 25 complementa las enseñanzas de Mateo 24 sobre la Segunda Venida y lo que ocurrirá después de la tribulación de aquellos días). Como resulta evidente, algunos han llegado a la fe tras la Segunda Venida de Cristo; otros, en cambio, permanecen rebelión pasiva o activa. Ahora el Señor responsabilizará a cada quien en lo personal por su comportamiento:

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estuve desnudo, y me cubrieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme. Entonces los justos le preguntarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer; o con sed, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recibimos; o desnudo, y te cubrimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te visitamos? Y el Rey les responderá: De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron. Entonces dirá también a los de la izquierda: ¡Apártense de mí, malditos! ¡Vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles! Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui forastero, y no me recibieron; estuve desnudo, y no me cubrieron; estuve enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron. Ellos, a su vez, le preguntarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, o con sed, o forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Y él les responderá: De cierto les digo que todo lo que no hicieron por uno de estos más pequeños, tampoco por mí lo hicieron. Entonces éstos irán al castigo eterno, y los justos irán a la vida eterna”” (Mateo 25:34-46).

Las ovejas y las cabras están siendo juzgadas. Las ovejas no son la iglesia en este caso, sino más bien la gente justa de entre las naciones que dio abrigo, sustento, apoyo y protección al pueblo de Dios durante los días de la tribulación (Mateo 10:17-31; Mateo 24:9; Marcos 13:9; etc.). Ellos, ciertamente, no perderán su recompensa (Marcos 9:41). Las cabras pues, son aquellas personas impías e inmisericordes de entre las naciones, las cuales nunca mostraron su apoyo o le negaron su ayuda al pueblo de Dios en esos días de angustia, antes bien colaboraron con su sufrimiento (Mateo 10:21-23). A ellos se le negará la entrada al reino milenial. Serán expulsadas del Reino y destruidas a la Segunda Venida. Su condenación eterna, aunque aún futura, está asegurada y no participarán del reinado milenial de Cristo (Mateo 25:46).

Y finalmente, la última pregunta: “¿Cuáles son las consecuencias de este juicio?” Las ovejas entrarán al Reino en calidad de súbditos, las cabras serán expulsadas de la Tierra y no se les permitirá acceso al Reino. Las mismas palabras griegas empleadas en Mateo 25:46 nos transmiten esta idea. Los justos irán a “zoen aionion” (traducida acá vida eterna) y los injustos a “kolasin aionion” (traducido aquí castigo eterno). La palabra kolasin proviene del griego kolaso (mutilar o podar). La palabra αἰώνιος [aiônios], traducida como “eterno”, “para siempre”, significa literalmente “que dura un siglo o una era”. Expresa permanencia o perpetuidad dentro de ciertos límites y en este caso los límites son el Reino Milenial (Mateo 25:34). Así pues, que las cabras vayan al kolasin aionion significa que serán cortadas, podadas de la era que está llegando en ese momento (es decir, del milenio). Este no es el juicio final, sino la exclusión de la era milenial, de la cual serán cortados para ser enviados al infierno, donde esperarán para luego resucitar y ser juzgados y, finalmente, condenados a una eternidad en el lago de fuego (Mateo 25:41).

Que las ovejas no son la iglesia y que este no es el juicio final se hace evidente también por la forma como la base del juicio se explica: “De cierto les digo que todo lo que no hicieron (o hicieron) por uno de estos más pequeños, tampoco por mí lo hicieron (o no lo hicieron).” A simple vista resalta que las personas están siendo juzgadas por sus buenas obras, y que es eso, y no su fe lo que determina su entrada al Reino (nótese que tanto las “ovejas” aquí mencionadas, al igual que las cabras, muestran cierto grado de desconocimiento del Señor [Mateo 25:37-39; 44], evidenciando con ello que no son parte de la iglesia). La Biblia es clara al afirmar que la salvación no es por obras “para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9) y que la base de nuestra salvación es la aceptación o no de Cristo como Salvador y nuestra fe en Él (Juan 3:31-36). Por lo tanto, lo que vemos en Mateo 25 no es el juicio final, sino el juicio de las naciones para determinar su derecho, o no, a ser súbditos del Reino Milenial. Dicho derecho será determinado por su actitud hacia los santos durante la Gran Tribulación (Apocalipsis 12:6; 12:13-17). No podría ser el juicio final pues la salvación eterna no se determina por nuestras obras.

¿Y ENTONCES?

Soy quiliasta. Creo y sostengo firmemente la validez del premilenarismo histórico. Y creo que es necesario defender bíblicamente y con firmeza tal doctrina ante la avalancha de ideas amilenialistas que pretenden introducirse en nuestras iglesias, y aunque la doctrina del Milenio es catalogada por algunos teólogos como una doctrina secundaria, esto no significa que no sea importante. He oído a muchos decir: “El Milenio no es un tema del evangelio; es un tema secundario”. Pero si bien es cierto podrían tener razón en esto último, la verdad es que este tipo de declaración a menudo oculta una desagradable verdad. A veces sospecho que lo que la gente realmente quiere decir cuando hacen esta distinción es algo así como: “Es una cuestión secundaria; por lo tanto, no importa realmente”. O cuando decimos: “No peleemos por este tema”, a veces lo que realmente queremos decir es: “No he estudiado lo suficiente para saber o preocuparme sobre por qué es importante”.

Creo sinceramente que doctrinas aparentemente secundarias como el milenio no deben ser menospreciadas. ¿Por qué? Porque una visión elevada de la Escritura nos llama a atesorar todo lo que Dios ha dicho, sea que lo cataloguemos como primario, secundario, terciario o indiferente. Muchas doctrinas secundarias (como el Milenio) tienen una relación vital con el evangelio. Lo representan. Lo protegen. Fluyen lógicamente de él (o en él). Rara es una doctrina que puede ser herméticamente aislada del resto de la fe cristiana. Por lo tanto, minimizar las doctrinas secundarias a veces deja a las doctrinas principales blandas, más silenciadas, y/o más vulnerables. Toda verdad forma cómo pensamos y vivimos de manera sutil pero importante.

Lamentablemente, la trayectoria general de nuestra cultura parece tender hacia el minimalismo doctrinal y la indiferencia doctrinal. Esta indiferencia ante la doctrina ha llevado a muchos a decir “¿A quién le importa?”, pero tal actitud es errónea. Quienes se niegan a valorar la doctrina y desprecian la teología afirmando que esta “divide la iglesia”, corren el riesgo de caer en el ecumenismo que no hace distinciones, y quiere traer a todo el mundo a un gran movimiento donde todas las iglesias se unen, pero traicionan las Escrituras. Aunque debemos cuidarnos de pensar que solo nuestra iglesia con nuestra doctrina es la única iglesia sana que hay en el mundo, jamás debemos menospreciar el valor de la doctrina o ceder al error en nombre de la unidad. Mi invitación pues, es a sostener con firmeza nuestra fe premilenial clásica que hemos aprendido ante aquellos que la rechazan, dando razón de la esperanza que hay en nosotros.


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