Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Salvación, Teología, Vida Espiritual

Y tú, ¿Has nacido de nuevo?

Aquel que ha nacido de nuevo cree en el Cristo crucificado y resucitado como fuente de su eterna salvación (1 Juan 5:1). Se ha arrepentido del pecado y ahora quiere vivir para la gloria de Dios. Pero eso no es todo. Aquel que ha nacido de nuevo tiene una nueva disposición en el corazón. Una persona renacida simplemente no puede seguir viviendo como antes porque el eje de su ser ha sido revolucionado. No podrá vivir en paz con sus ídolos. ¡Imposible! Empieza a odiar las cosas que antes amaba y comienza a amar las cosas que antes odiaba (1 Juan 3:9). Hay un cambio radical en sus afectos y deseos. Si este cambio no se ha dado, es probable que no haya nuevo nacimiento. Dicho cambio de vida irá acompañado por una manifestación continua del fruto del Espíritu Santo en la vida del regenerado. Esto no quiere decir que el nacido de nuevo ya no falle, pero sí significa que la vida del creyente se caracterizará por “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23). O como lo expresa Juan, “Saben también que todo el que hace justicia es nacido de El” (1 Juan 2:29).

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Verdades Cardinales | La Salvación

La doctrina de la salvación forma el núcleo de nuestra fe cristiana y pentecostal, proclamando la victoria de Dios sobre el pecado en nuestra vida. Esta verdad resulta en liberación, sanidad y vidas restauradas. Ya sea un nuevo miembro o un cristiano maduro, cada creyente debe tener una comprensión clara de la salvación y la gran diferencia que esta verdad marca en nuestra vida e iglesia. La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios. La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47, Juan 3:3, Romanos 10:13-15, Efesios 2:8, Tito 2:11, Tito 3:5-7). La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24, Tito 2:12).

Bautismo en el Espíritu Santo, Cristianismo, Pentecostalismo Clásico, Salvación, Sanidad Divina, Segunda Venida de Cristo

Las 4 verdades cardinales del pentecostalismo

El llamado Pentecostalismo Clásico se originó en Estados Unidos a principios del siglo XX, sin embargo, los bautismos del Espíritu Santo con glosolalia o manifestación de lenguas, tal y como los describe el libro de los Hechos, capítulos 2, se dieron durante toda la historia de la Iglesia. No obstante, en la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a suceder mucho más a menudo. Casos en Inglaterra, Carolina del Norte o la India, fueron los antecedentes de la famosa madrugada del 31 de diciembre de 1900. Chales F. Parham, ministro metodista y un apasionado del Espíritu Santo y sus manifestaciones, dirigía un sencillo instituto bíblico en Topeka, Kansas (el famoso Bethel Bible College). En aquel modesto lugar en el que se enseñaba a cuarenta alumnos se derramó el bautismo del Espíritu Santo sobre una mujer llamada Agnes Ozman, considerada como el primer creyente pentecostal de la historia. En las últimas semanas, los estudiantes estaban profundizando en el libro de Hechos y quisieron experimentar la misma promesa que casi 2000 años antes había tenido los primeros cristianos y para ello se reunieron en vigilia la última noche del año. El movimiento se extendió como el fuego en un caluroso medio día de verano. Kansas, Missouri y Texas fueron los primeros en experimentar el avivamiento pentecostal, pero la iglesia por antonomasia sería la de la calle Azusa, en un modestísimo barrio de Los Ángeles.