Estamos en el mismo mar y enfrentando la misma tormenta, sí. Pero unos la enfrentan en yate, otros en lancha, otros en salvavidas y otros a duras penas continúan nadando con todas sus fuerzas. Cada cual que navegue su ruta con respeto y dignidad.
Categoría: REFLEXIÓN BÍBLICA
¿Por qué está pasando todo esto?
Lo bueno y lo malo nos pasa a todos. Dios permite los desastres naturales no porque quiera castigarnos por nuestros pecados o desee vengarse de la humanidad por su desobediencia, sino porque en su infinita sabiduría sabe que puede ayudar en su propósito de atraer almas a la vida eterna. A causa de la Caída, la naturaleza ya no tiene un orden perfecto. A pesar de que hay mucho bien en la naturaleza, también nos sobrevienen pestes, plagas y desastres como inundaciones, huracanes, terremotos y tornados. Estos sucesos no son directamente una “obra de Dios”, sino que son el resultado de la imperfección del mundo natural. Esta imperfección no viene de Dios sino del mal. Afirmar que todo lo que pasa en esta tierra es la voluntad de Dios, o que es causado por Él, es fallar a la verdad y acusar a Dios de maldad.
¡Iglesia, despierta! ¡No creas en cuentos!
No necesitas falsos profetas que te digan qué creer, en quién creer y cómo pensar. La Biblia, solo la Biblia y nada más que la Biblia es nuestra regla infalible de fe y conducta. La palabra escrita de Dios es más que suficiente. No necesitamos adivinos, videntes ni falsos profeta.
¿Ha llegado el fin de los tiempos?
No tengas miedo. se prudente, la vida continúa como siempre lo ha hecho.
¡Me cubro con la sangre de Cristo!
Sí, hay poder en la sangre de Cristo, pero el “cubrirse con la Sangre de Cristo” no es una enseñanza bíblica. No hay ningún texto en el Nuevo Testamento que aluda a la sangre de Jesús como forma de protegerse del mal, las enfermedades, los accidentes o cualquier calamidad. ¡Ni siquiera uno! La sangre de Cristo, nuestro Cordero pascual (1 Corintios 5:7) nunca es empleada en el Nuevo Testamento como conjuro, invocación o fórmula mágica para protegernos físicamente como muchos cristianos la suelen usar en la actualidad.
La pandemia de fake news
Poder discernir la verdad en un mundo de “fake news” está ligado a la realidad de pertenecer a Cristo y de poder escuchar y discernir su voz. Es como el niño perdido en el mercado, que ante una multitud de voces reconoce inmediatamente el llamado de su mamá. Es una gran bendición saber que, ante la realidad de los conflictos que vivimos en este mundo caído, podemos experimentar un gozo sobrenatural que viene como resultado de escuchar la voz de Dios por encima de todas las demás voces a nuestro alrededor. Las voces de condenación, miedo, inseguridad, desconfianza, o incredulidad no vienen de Él, mientras que las voces de fe, arrepentimiento, obediencia, confianza, y gozo vienen de Su Espíritu, hablando a nuestro corazón.
COVID-19, soberbia evangélica y otras pestes
Sí señores, el juicio ha empezado. Y empezará por la casa de Dios: "Él purificará a los hijos de Leví como se purifica la plata. Los limpiará como se limpia el oro y la plata. Luego, ellos serán sacerdotes del Señor y le presentarán ofrendas aceptables." (Malaquías 3:3, PDT)
COVID-19, la escuela de Dios
El COVID-19 se ha extendido por todo el mundo, sembrando pánico e incertidumbre a su paso. La pregunta para nosotros, los cristianos, es: ¿Cómo debemos responder ante esta crisis? La respuesta: ¡Con fe y sin miedo! Debemos enfrentar el centro de esta tormenta y preguntar, “Señor, ¿qué quieres que aprenda a través de esta situación? ¿Cómo me quieres cambiar?”. Personalmente, el COVID-19 me ha enseñado (o más bien recordado) ciertas cosas.
Contagiemos la esperanza
La extensión del coronavirus está golpeando todo aquello que da seguridad a nuestra sociedad. La estabilidad económica, el sistema de salud, las libertades, etc. Repentinamente todos nos encontramos con una amenaza desconocida y de consecuencias imprevisibles. Estas circunstancias, sin embargo, no deberían hacernos perder de vista nuestra fe. Al contrario, como cristianos, es en estas situaciones críticas donde podemos aferrarnos con más fuerza a las ciertas promesas de Dios.
Resiliencia espiritual del cristiano
¿En dónde radica la fuente de la resiliencia personal? Está en Jesucristo. Él puede llegar a ser el bombero, salvavidas, socorrista, policía y paramédico que la tragedia personal demanda para su reconstrucción. Jesús no se intimida con nuestros enemigos, no se cansa, no se distrae, ni tampoco anda a ciegas buscando sobrevivientes.