REFLEXIÓN BÍBLICA, Tradiciones, Vida Cristiana

¡Me cubro con la sangre de Cristo!

Por Fernando E. Alvarado

“Pero ya Cristo vino y se ha convertido en el Jefe de sacerdotes, y a él le debemos todo lo bueno que ahora nos pasa. Porque el santuario donde él es sacerdote, es mejor y perfecto. No lo hizo ningún ser humano, así que no es de este mundo. Cristo no entró a ese santuario para ofrecer a Dios la sangre de animales, sino para ofrecer su propia sangre. Entró una sola vez y para siempre; de ese modo, de una vez por todas nos libró del pecado. De acuerdo con la religión judía, las personas que están impuras no pueden rendirle culto a Dios. Pero serán consideradas puras si se les rocía la sangre de chivos y toros, y las cenizas de una becerra sacrificada. Pues si todo eso tiene poder, más poder tiene la sangre de Cristo. Porque por medio del Espíritu, que vive para siempre, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha ni pecado. Su sangre nos purifica, para que estemos seguros de que hemos sido perdonados, y para que podamos servir a Dios, que vive para siempre.”

(Hebreos 9:11-14, TLA)

INTRODUCCIÓN

La frase “la sangre de Cristo” es una expresión usada muchas veces en el Nuevo Testamento para significar la muerte sacrificial y la obra completa de expiación de Jesús en nuestro favor. Las referencias a la sangre del Salvador incluyen la realidad de que Él literalmente se desangró en la cruz, pero más significativamente que derramó Su sangre y murió por los pecadores. Aunque a veces se le dan connotaciones místicas y supersticiosas que poco o nada tienen que ver con la realidad, lo cierto es que la sangre de Cristo tiene el poder de expiar un número infinito de pecados cometidos por un infinito número de gente a través de los siglos, y todos aquellos que ponen su fe en esa sangre serán salvados.


EL VIEJO PACTO, ORIGEN DE LA EXPIACIÓN POR SANGRE

La realidad de la sangre de Cristo como medio de expiación por el pecado, tiene su origen en la Ley Mosaica. Una vez al año, el sacerdote debía hacer una ofrenda de la sangre de animales sobre el altar del templo por los pecados del pueblo:

“De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón.” (Hebreos 9:22, CST).

Pero esta era una ofrenda de sangre que estaba limitada en su efectividad, por lo que tenía que ser ofrecida una y otra vez. Era apenas un símbolo del futuro sacrificio de Jesús ofrecido en la cruz una vez y para siempre (Hebreos 7:27). Una vez que fue hecho ese sacrificio, ya no hubo necesidad de la sangre de toros y machos cabríos.

La sangre de Cristo es la base del Nuevo Pacto. La noche anterior a Su crucifixión, Jesús ofreció la copa de vino a Sus discípulos diciendo:

De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros.(Lucas 22:20, CST).

El verter el vino en la copa, simbolizaba la sangre de Cristo que sería derramada por todos los que creerían en Él. Cuando Él derramó Su sangre en la cruz, Jesús eliminó el exigencia del Antiguo Pacto del continuo sacrificio de animales. Esa sangre no era suficiente para cubrir los pecados del pueblo, excepto de una manera temporal, porque el pecado contra un Dios santo e infinito, requiere un sacrificio santo e infinito.

Pero esos sacrificios son un recordatorio anual de los pecados, ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. (Hebreos 10:3-4, CST).

REDENCIÓN ETERNA POR MEDIO DE LA SANGRE DE CRISTO

Mientras que la sangre de toros y machos cabríos era un “recordatorio” del pecado, “la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.” (1 Pedro 1:19, CST), pagó totalmente la deuda del pecado que debíamos a Dios, y ya no necesitamos más sacrificio por el pecado. Jesús dijo, “¡Consumado es!” mientras Él moría, y con eso quiso decir que la obra completa de redención fue hecha una vez y para siempre, “logrando así un rescate eterno” para nosotros (Hebreos 9:12).


La sangre de Cristo no solo redime a los creyentes del pecado y el castigo eterno, sino que “la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente(Hebreos 9:14, CST). Esto significa que ahora no solo somos libres de ofrecer sacrificios de animales, los cuales son inútiles para obtener la salvación, sino que somos libres de toda dependencia de las obras inútiles e improductivas de la carne para complacer a Dios. Porque la sangre de Cristo nos ha redimido, ahora somos nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17), y por Su sangre somos liberados del pecado para servir al Dios vivo, para glorificarle, y para gozar de El por una eternidad.

CONVIRTIENDO LA FE EN SUPERSTICIÓN Y LA SANGRE DE CRISTO EN AMULETO

En la tradición católica, tan adepta al sincretismo y la superchería, el poder de la sangre de Cristo ha sido reducido al de un simple amuleto o conjuro mágico. Incluso se le reza como si fuese un ente distinto o autoexistente más allá de nuestro Señor. De esta manera, el símbolo supremo de nuestra redención ha sido convertido en un ídolo más en la mente del pueblo ignorante de las Escrituras. La “Oración de la Sangre de Cristo” , una invocación católica, reza:

Señor Jesús, en tu nombre y con el Poder de tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos movemos hoy.
Con el Poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que Él generosamente nos envía para nuestro sustento.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes, pisos y el aire que respiramos, y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.
Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.
Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.[1]

Tal oración no debería sorprendernos. Según la tradición de la Iglesia católica la Santa Sangre, aquella sangre que Cristo derramó durante la Pasión o Viacrucis, debe ser venerada. Tal devoción en el catolicismo proviene de la religiosidad de la Edad Media y fue motivada por las Cruzadas y el culto a las reliquias.

Aún en pleno siglo XXI, la Iglesia católica continúa promoviendo este culto idolátrico y supersticioso a la sangre de Cristo, sangre que, según ellos afirman, se halla contenida en ciertas reliquias[2] en posesión de la Iglesia. Lugares y objetos de culto idolátrico como la Santa Sangre de la abadía la Trinidad en Fécamp; la Santa Sangre de la basílica de la Santa Sangre en Brujas (En esta iglesia se guarda la Sangre de Cristo, que según la tradición católica, fue traída desde Jerusalén por Teodorico de Alsacia, conde de Flandes, a su regreso de Tierra Santa durante la Segunda Cruzada, en el año 1150); la Santa Sangre de la Sainte-Chapelle en París y la Santa Sangre de la iglesia de Santiago en Rothenburg ob der Tauber, suelen atraer numerosos peregrinos y generar fuertes ingresos a la Iglesia.[3]

Se reza ante dichas reliquias, se les pide favores y milagros. Se les considera prácticamente amuletos protectores y son objetos de veneración. Todo ello en prohibición del mandato bíblico:

“No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso…” (Éxodo 20:4-5, DHH)

¿Y QUÉ HAY DE NOSOTROS LOS EVANGÉLICOS? ¿HEMOS LOGRADO ROMPER CON TALES SUPERSTICIONES?

Lamentablemente no. No del todo. Ciertamente no veneramos reliquias, pero es justo reconocer que, en numerosas ocasiones, solemos referirnos a la sangre de Cristo como si de un amuleto o conjuro mágico se tratase.

Hoy en día, es muy común escuchar a hermanos “cubrirse con la Sangre de Cristo” o bendecir a las personas diciendo: “Que la sangre de Cristo te cubra”, “que nuestro Señor Jesucristo te cubra con su preciosísima sangre”, “la sangre de Cristo tiene poder”, y otras frases similares. Para muestra un botón. CNN reportó:

“…<<Estoy cubierta con la sangre de Jesucristo>>, respondió una feligresa de Ohio cuando CNN le preguntó si no temía contagiar a otros cuando fue a la iglesia este domingo. A pesar de que el director general de Sanidad de EE.UU. comparó con Pearl Harbor la situación que podría vivir el país esta semana en términos de infectados y muertes…”[4]

CNN en Español

¿Es este un caso aislado del mal uso que hacemos los evangélicos de la expresión “cubrirse con la sangre de Cristo”? ¡Para nada! De hecho, refleja la típica mentalidad evangélica: una extraña amalgama de imprudencia, falta de sentido común, superstición y fe. Pero, ¿Es correcto para un cristiano utilizar, como si de un conjuro o amuleto se tratase, la idea de “cubrirse con la Sangre de Cristo”? La respuesta es no, no es correcto. ¿Por qué no?

  • En primer lugar, porque la Biblia jamás menciona el “cubrirse con la sangre de Cristo”.
  • En segundo lugar, porque ni los apóstoles, ni los primeros cristianos se “cubrían” con la sangre de Cristo, ni usaron nunca esa frase como bendición o a modo de amuleto protector.
  • En tercer lugar, porque eso de “cubrirse con la sangre de Cristo” se ha convertido en una superstición, en una especie de conjuro mágico para protegerse.

¿A CASO LA SANGRE DE CRISTO NO TIENE PODER?

Sí, ¡absolutamente sí! La sangre de Cristo tiene poder. Pero no el tipo de poder supersticioso que le atribuyen a veces. La sangre de Cristo no es un amuleto, ni un conjuro para protegerse de enfermedades, maleficios y demonios. No faltan, sin embargo, quienes pretender justificar dicha práctica errónea apelando a la Biblia.

Existen varios textos bíblicos que los practicantes de esta costumbre utilizan para justificar sus postulados. Entre ellos:

“Tomad luego un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre recogida en la palangana, untad de sangre el dintel y los dos postes de la puerta, ¡y no salgáis ninguno de vosotros de vuestra casa hasta la mañana siguiente! Cuando el Señor pase por el país para herir de muerte a los egipcios, verá la sangre en el dintel y en los postes de la puerta y pasará de largo por esa casa. No permitirá el Señor que el ángel exterminador entre en vuestras casas y os hiera.” (Éxodo 12:22-23, CST)
“Moisés tomó la sangre, roció al pueblo con ella y dijo: Esta es la sangre del pacto que, con base en estas palabras, el Señor ha hecho con vosotros.” (Éxodo 24:8, CST)

El primer texto, Éxodo 12:22-23, suele citarse como prueba de que Dios protegió al pueblo de Israel del ángel exterminador y de la plaga de los primogénitos al hacer uso de la sangre del cordero pascual. El segundo, Éxodo 24:8, es citado como prueba de que Moisés cubrió con la sangre del sacrificio al pueblo de Israel. Sin embargo, debemos recordar que lo que los judíos realizaron en el Antiguo Testamento sólo eran sombras y figuras de una realidad venidera. No son una norma que estemos obligados a practicar nosotros los cristianos hoy:

“Todo esto es una sombra de las cosas que van a venir; la realidad se halla en Cristo.” (Colosenses 2:17, CST)

Además, la sangre de Cristo fue derramada una sola vez y para siempre. No es un derramamiento continuo al cual podamos avocarnos cada momento para extraer gota a gota sus poderes mágicos. Sus efectos son eternos:

“Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando.” (Hebreos 10:14, CST)

La sangre de Cristo no pierde validez de un día para otro y, por lo tanto, no hay necesidad de estarse cubriendo con ella o invocándola de forma supersticiosa cada vez que surge una desgracia, cada vez que alguien aparece con una enfermedad contagiosa, o cuando sentimos terror de noche por el ruido de un gato en el tejado. ¡La sangre de Cristo tiene poder, pero no es un amuleto ni un conjuro! Los evangélicos necesitamos entender esto: La sangre de Jesús fue derramada una única vez en la cruz del Calvario, sobre aquellos que han sido elegidos “según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre” (1 Pedro 1:2). ¿Ya estamos cubiertos por la sangre! ¿Cuál es la necesidad entonces, de vivir cubriéndonos con ella (¡como si eso fuera posible!) a cada rato?

¿CUÁL ES ENTONCES EL PODER DE LA SANGRE DE CRISTO?

La sangre de Cristo tiene el poder de purificarnos de nuestros pecados. Por el derramamiento de su preciosísima sangre Cristo obtuvo para nosotros el perdón, la salvación y la sanidad. De modo que, la sangre de Cristo sí tiene poder, el poder de purificarnos del pecado, de salvarnos, de sanarnos.

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.” (Efesios 1:7, NTV)
“Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.” (1 Pedro 1:18-19, NTV)
“Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas para que adoremos al Dios viviente. Pues por el poder del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio perfecto por nuestros pecados.” (Hebreos 9:14, NTV)
“Si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7, NTV)

La sangre de Cristo tiene el poder de abrirnos las puertas del cielo. Es más, ya lo hizo hace más de dos mil años:

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:19-22)

La Palabra revela que los creyentes pueden entrar confiadamente en el Lugar Santísimo. En otras palabras, entrar a la presencia del Señor, a través de la sangre del Cordero. Ella nos permite tener comunión con Dios. Es por la sangre derramada y rociada una vez y para siempre sobre nosotros que hemos obtenido la victoria contra el Adversario (Apocalipsis 12:11). Pero eso no significa que debamos usarla de la misma forma supersticiosa y cuasi mágica que en la tradición católica o neopentecostal.

Sí, repito, hay poder en la sangre de Cristo, pero el “cubrirse con la Sangre de Cristo” no es una enseñanza bíblica. No hay ningún texto en el Nuevo Testamento que aluda a la sangre de Jesús como forma de protegerse del mal, las enfermedades, los accidentes o cualquier calamidad. ¡Ni siquiera uno! La sangre de Cristo, nuestro Cordero pascual (1 Corintios 5:7) nunca es empleada en el Nuevo Testamento como conjuro, invocación o fórmula mágica para protegernos físicamente como muchos cristianos la suelen usar en la actualidad.

La sangre de Cristo fue derramada por nosotros, pero no para que la usemos como amuleto o conjuro protector. La sangre de Cristo fue el precio de nuestra redención:

“Porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” (1 Corintios 6:20, NTV)
“Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre.” (Hechos 20:28, LBLA)

Y ENTONCES, ¿ES PECADO VIVIR “CUBRIÉNDONOS” CON LA SANGRE DE CRISTO?

Quizá no lo sea, pero pone en evidencia una triste realidad: El pueblo evangélico es adicto a las modas, es llevado por cualquier viento de doctrina o tendencia. No cuestiona, no lee, no estudia a profundidad la Palabra que dice creer.

La sangre de Cristo ya fue aplicada de forma simbólica sobre nosotros el día en que fuimos perdonados. No tienes que pedirle a Jesús que te cubra con su sangre cada mañana o cada vez que tengas miedo. No es tu herramienta para realizar exorcismos ni es una barrera invisible que te protege de todas las enfermedades. No, no te hace invulnerable, intocable, ni exento de todo mal.

Quienes apelan a la sangre de Cristo como amuleto protector frente al mal, simplemente están imitando algo que han visto en la TV, oído de algún predicador, o copiado de otras tradiciones religiosas. Sin embargo, dicha práctica no tiene respaldo bíblico. Es un conjuro mágico, bien intencionado (quizá hasta inocente), pero conjuro al fin.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS:

[1] Oración a la sangre de Cristo, disponible en: https://www.ewtn.com/spanish/prayers/oraci%C3%B3n_de_la_sangre_de_cristo.htm

[2] En el ámbito religioso, una reliquia (del latín reliquiae ‘restos’)​ suele consistir en los restos físicos o en los efectos personales de un santo o de una persona venerada conservados con fines de culto como recuerdo tangible. Las reliquias son una parte importante de algunos aspectos del budismo, el cristianismo, el hinduismo, el islam, el chamanismo y muchas otras religiones. Un relicario es un lugar o recipiente sagrado que alberga una o más reliquias religiosas.

[3] Pascual, Fernando (2015), «Los católicos y las reliquias», Ecclesia: Revista de cultura católica (Pontificio Ateneo Regina Apostolorum) (3): 277-285

[4] Véase: https://cnnespanol.cnn.com/2020/04/06/aglomeraciones-en-china-y-feligresas-que-creen-que-la-sangre-de-jesus-las-protege-del-covid-19/?fbclid=IwAR0bsnTRD6OwGPsTsEBs5tssOwtUZZLPiOhPHdg8z_o6wjfPuODKsLpRhK0

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