Los arminianos creemos que Dios, nuestro amoroso Padre celestial, no quiere que ningún ser humano se aparte de la salvación que Él en su bondad nos ha proporcionado en Cristo. Pedro nos recuerda que «[El Señor] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). No obstante, la Biblia también enseña que los creyentes que han aceptado a Cristo como Salvador se pueden perder si ignoran repetidas veces las enseñanzas de las Escrituras, se resisten continuamente a la convicción que les da el Espíritu Santo, y alcanzan finalmente un punto en el cual se alejan de su Salvador. Jesús habla de esta situación en la Parábola del Sembrador, en la cual, hablando de algunos que se han hecho creyentes, dice: «Creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan (Lucas 8:13).
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Apostasía de un creyente | Cortados de la Vid
Reformados y bautistas se unen para afirmar que, aunque algunos verdaderos creyentes pueden alejarse temporalmente de la fe, aquellos que han sido verdaderamente regenerados nunca se alejarán de forma total de la fe ni de la salvación. Dirían que la apostasía sólo prueba que la profesión de fe del tal no era genuina y que el “apóstata” nunca había sido verdaderamente regenerado en primer lugar. Ciertos grupos bautistas llegan incluso a descartar la necesidad de perseverancia de cualquier tipo con respecto a la salvación final. Afirman que una vez que una persona pone la fe salvadora en Jesucristo, nada puede cambiar el destino eterno de esa persona (Salvo Siempre Salvo). Esto los lleva a afirmar que un verdadero creyente puede volver a una vida de maldad, morir en un estado de no arrepentimiento, y aun así ser salvado al final. Este punto de vista incluso sostiene que un verdadero creyente puede más tarde repudiar la fe, morir en la incredulidad, y todavía tener garantizada la entrada en el Reino eterno de Dios. Su único castigo sería, en el peor de los casos, sufrir las consecuencias terrenales de sus pecados y, en la eternidad, ser privados de su corona o cualquier otra recompensa en el Tribunal de Cristo. Sin coronas, sin gloria ni rangos celestiales, pero salvos por gracia. Sin embargo, un examen cuidadoso de Juan 15 nos permite llegar a una conclusión muy diferente a la interpretación bautista o reformada. Dicho pasaje afirma sin tapujos que los verdaderos creyentes pueden cometer apostasía.
Apostasía de un creyente | ¿Es posible?
Un punto de gran importancia en la discusión arminiano/calvinista es la doctrina de la perseverancia de los santos. La Perseverancia de los Santos, conocida también como Seguridad Eterna del Creyente, es la doctrina que enseña que todo aquel que ha sido escogido y redimido por Dios, mediante la fe en Cristo por su gracia, este indudablemente nunca podrá perder su salvación y será guardado del poder del pecado aquí en la tierra hasta ser glorificado, a pesar de su debilidad y tropiezos
Charles H. Spurgeon, el «calviniano»
Aunque Spurgeon ciertamente no renuncio al calvinismo, si renunció al fanatismo que lo llevaba a despreciar a otros. Él dejó que el amor de Dios, expresado en su amor por sus hermanos arminianos, venciera y suavizara sus posturas. Hoy en día, cuando el peregrinaje teológico de Spurgeon es ampliamente conocido por los estudiosos, lejos de considerarse algo censurable, constituye un ejemplo de humildad para nosotros, ya que no se aferró a los dogmas de su sistema soteriológico. Antes bien, supo ver las inconsistencias del mismo y llegó a concluir que ningún sistema teológico es perfecto. Esto le llevó a mostrar tolerancia y a amar a quienes diferían de él en ciertos aspectos doctrinales. Cualquier cristiano, sea arminiano o calvinista, puede hallar en Spurgeon un ejemplo a seguir.
La teología arminiana en C. S. Lewis (Parte I)
C. S. Lewis es uno de los nombres más queridos y respetados en la literatura cristiana de nuestro tiempo. Desde su serie infantil The Chronicles of Narnia, hasta sus obras más especulativas como The Screwtape Letters y The Great Divorce, y sus novelas míticas como The Four Loves y Out of the Silent Planet, sus logros literarios son realmente formidables. Además, con la adaptación cinematográfica de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero, su popularidad ha crecido significativamente en nuestros días. Sin embargo, las creencias de C. S. Lewis en materia teológica suelen ser desconocidas para la mayoría de sus seguidores, incluso cristianos.
Naturaleza condicional de la salvación
El arminianismo abarca una visión condicional de la salvación. Los arminianos creemos que la salvación es por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo, pero creemos que las Escrituras también enseñan que debemos continuar en nuestra fe y perseverar en ella hasta el final si queremos alcanzar la promesa. Creemos que Dios le ha dado al hombre el libre albedrío para elegir seguir a Jesús o rebelarse contra él. Esto se debe a que Dios desea ser amado por criaturas libres, no por títeres movidos a su antojo. Por tal motivo, el arminianismo concibe la elección como algo condicional. La elección bíblica no es una elección arbitraria ni se fundamenta en el caprichoso decreto de un Dios fatalista, sino que la elección es por fe en la sangre de Jesús. Los elegidos son aquellos que se arrepienten de sus pecados y se convierten en discípulos de Jesús. Nos convertimos en los elegidos si estamos en Cristo (Gálatas 3: 26-27; Efesios 1: 3-14). La elección pues, se confirma a través de la perseverancia.
¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración?
¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración? ¿Somos salvos porque creemos, o llegamos a creer porque ya somos salvos? ¿La regeneración precede a la fe, o es al revés? El auge de ciertos movimientos neo-calvinistas en nuestro tiempo ha traído consigo una oleada de artículos respecto a la doctrina de la regeneración, afirmando que esta precede a la fe; es decir, que somos regenerados antes de creer. Esto ha generado mucha confusión al respecto.
¿Predestinados? ¿para qué?
Dios conoció con anterioridad a quienes lo recibirían por voluntad propia. No somos predestinados para salvación o condenación. Lo que está predestinado es nuestro destino después de haber creído. La presciencia de Dios no es lo mismo que la predestinación. El hecho de que Dios ya sepa quiénes son los que elegirán creer en Él, no significa que esa elección esté predestinada. Si estuvieras parado en la cima de un edificio muy alto y vieras dos automóviles aproximándose a una intersección a toda velocidad en un ángulo de 90°, sabrías ‘de antemano’ que va a ocurrir un accidente, pero no porque lo veas tienes algo que ver con aquel accidente. Podrías prepararte para lo que va a suceder llamando al 911, pero el resultado del accidente no está bajo tu control.
La Paradoja de la Gracia
Filipenses 2:12-13 representa para muchos una verdadera paradoja. De hecho, pocos versículos en la Biblia han sido debatidos más que estos. A lo largo de la historia cristiana, las palabras contenidas en estos dos versículos han proporcionado tanto consuelo como aflicción a numerosos lectores de la Biblia. Y no es para menos: ¡Todo el Evangelio se expresa en estos dos versículos!
Arminianismo: Bíblico, equilibrado y ortodoxo
Muchos cristianos temen identificarse como calvinistas o arminianos. Dicen estar hartos de las etiquetas y de los conflictos teológicos entre ambos sistemas. Muchos incluso reclaman estar posicionados teológicamente en un término medio entre el calvinismo y el arminianismo. Otros intentan justificar su indecisión con slogans piadosos: “¡Yo solo predico la Biblia!” Te dirán. “¡No sigo a hombres!” Argumentan otros. “Yo soy simplemente cristiano, no soy ni calvinista ni arminiano” Dice la mayoría. No culpo a estas personas por rendirse en su intento por comprender un poco (cuando menos) la inmensidad de quién es Dios, muy en el fondo quizá los inspire un deseo de ser pacificador, o cualquier otra razón. Los más honestos quizá admitan: "No sé, estoy indeciso, ambos sistemas teológicos tienen fuerte sustento en la Palabra de Dios. Eso me confunde.” ¿Es ese tu caso?