Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Naturaleza condicional de la salvación

Por Fernando E. Alvarado

“Porque somos hechos participantes de Cristo, CON TAL QUE RETENGAMOS FIRME HASTA EL FIN NUESTRA CONFIANZA DEL PRINCIPIO, entre tanto que se dice: SI oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación”

Hebreos 3:14-15, NVI

INTRODUCCIÓN

El arminianismo abarca una visión condicional de la salvación. Los arminianos creemos que la salvación es por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo, pero creemos que las Escrituras también enseñan que debemos continuar en nuestra fe y perseverar en ella hasta el final si queremos alcanzar la promesa. Creemos que Dios le ha dado al hombre el libre albedrío para elegir seguir a Jesús o rebelarse contra él. Esto se debe a que Dios desea ser amado por criaturas libres, no por títeres movidos a su antojo.

Por tal motivo, el arminianismo concibe la elección como algo condicional. La elección bíblica no es una elección arbitraria ni se fundamenta en el caprichoso decreto de un Dios fatalista, sino que la elección es por fe en la sangre de Jesús. Los elegidos son aquellos que se arrepienten de sus pecados y se convierten en discípulos de Jesús. Nos convertimos en los elegidos si estamos en Cristo (Gálatas 3: 26-27; Efesios 1: 3-14). La elección pues, se confirma a través de la perseverancia.

LA CARTA A LOS HEBREOS, UNA EXHORTACIÓN ANTE LOS PELIGROS DE ABANDONAR LA FE

La carta a los Hebreos, escrita probablemente entre los años 60 y 70 d.C., apoya de forma contundente la creencia arminiana sobre la naturaleza condicional de la salvación. Se conoce claramente que fue escrita desde Italia, y aunque no se sabe quiénes eran los hebreos a los cuales se dirige esta carta la mayoría de los estudiosos de la Biblia están seguros de que eran cristianos judíos de habla aramea que se reunían en una iglesia doméstica, y que por ello no hubo vínculo con una gran congregación. A diferencia de Pablo quien empezaba todas sus cartas dando su propio nombre, el autor de Hebreos no registró su nombre en ninguna parte de la carta.

Estos cristianos de origen judío habían comenzado a enfrentar varias tentaciones, y el autor escribe para exhortarles a no caer en ellas. Estos hebreos se estaban volviendo perezosos en la fe (Hebreos 6:12). Habían empezado a perder el ánimo y a sentir cansancio hasta desmayar (Hebreos 12:3). Su entusiasmo y celo inicial empezó a enfriarse, no habían madurado en su fe, algunos se habían dejado de reunir, se habían opuesto a sus propios líderes cristianos y muchos de estos estaban a punto de abandonar su fe completamente (Hebreos 3:12; 10:26). Esta carta tiene cuatro propósitos fundamentales:

  1. Fue escrita para recordarles a estos cristianos de origen judío que la salvación y la vida eterna vienen únicamente por medio de Cristo.
  2. Fue escrita para recordarles las inmensurables bendiciones que están disponibles en Cristo por medio de la fe.
  3. Fue escrita para recordarles que, en su camino hacia el cielo, los creyentes deben esperar sufrir tal como Cristo sufrió.
  4. Fue escrita para advertirles a estos cristianos hebreos que, si se apartaban de su fe en Cristo, el temible juicio de Dios caería sobre ellos.

Así pues, la Carta a los Hebreos fue dirigida a cristianos de origen judío que estaban a peligro de apostatar. Estaban a punto de abandonar su nueva fe para regresar a la antigua religión judía y esta carta cambiaría el rumbo por el cual estaban marchando. La carta misma pierde sentido si, como afirman los calvinistas, los verdaderos creyentes no pudieran apostatar de la fe.

SALVACIÓN CONDICIONAL EN LA CARTA A LOS HEBREOS

El escritor de la carta a los Hebreos no deja lugar a dudas de que estamos llamados a perseverar en la fe hasta el final o no alcanzaremos la promesa. Una y otra vez, el escritor a los Hebreos usa el “Si” condicional, o expresiones semejantes como “Con tal que” en sus escritos para reforzar tal idea. Esto se debe a que la carta a los Hebreos se escribió principalmente para corregir a cristianos de origen judíos y evitar que estos apostataran de la fe. Algunos de ellos quizá habían abrazado la posición farisaica que se encuentra en Hechos 15 y corrían el riesgo de considerar la Ley superior al Evangelio.

La posibilidad de perder la salvación por abandono de la fe o apostasía, es claramente enseñada en esta carta:

“¿CÓMO ESCAPAREMOS NOSOTROS, SI DESCUIDAMOS UNA SALVACIÓN TAN GRANDE? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.” (Hebreos 2:3, NVI)
“Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, SI RETENEMOS FIRME HASTA EL FIN LA CONFIANZA Y EL GLORIARNOS EN LA ESPERANZA. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,” (Hebreos 3:6-7, NVI)
“Porque somos hechos participantes de Cristo, CON TAL QUE RETENGAMOS FIRME HASTA EL FIN NUESTRA CONFIANZA DEL PRINCIPIO, entre tanto que se dice: SI oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” (Hebreos 3:14-15, NVI)
“Porque SI PECÁREMOS VOLUNTARIAMENTE después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados” (Hebreos 10:26, NVI)

Esta pequeña palabra, si, es usada para reafirmar en la mente del lector que la salvación es condicional. El uso de la palabra Si muestra la necesidad de perseverar en la vida del creyente.

SI LA SALVACIÓN ES CONDICIONAL ¿SIGNIFICA QUE ES POR OBRAS?

Los arminianos creemos que nuestra salvación depende solamente de Jesucristo. Él es nuestro sustituto, tomando el castigo por el pecado (2 Corintios 5:21); Él es nuestro Salvador del pecado (Juan 1:29); Él es el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2). La obra necesaria para ofrecer salvación, fue realizada completamente por Jesús mismo, quién vivió una vida perfecta, recibiendo el juicio de Dios por nuestros pecados, y resucitó de entre los muertos (Hebreos 10:12).

Sin embargo, la Biblia es muy clara en que la salvación es condicional; Dios no salva a todos los que dicen creer en Él, únicamente a aquellos que le obedecen:

“Y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5:9, LBLA)

Al mismo tiempo que afirmamos que la obediencia y la perseverancia final son necesarias para la salvación, los arminianos también podemos afirmar sin contradecirnos que la única condición para la salvación es la fe en Jesucristo. ¿Acaso no es esta una contradicción? No, pues la fe bíblica es más que una mera creencia. La palabra griega usada en el Nuevo Testamento para fe es pistis, la cual tiene varios significados: confianza, fe (en cuanto a creer), fidelidad, juramento, compromiso, demostración, verdad, pureza, integridad, sin adulteraciones, etc.Cada una de esas acepciones de la palabra pistis, aún y teniendo diferentes significados, están interconectadas, formando un solo ente de virtud, el cual denominamos fe.

La fe bíblica implica, entre otras cosas:

CONFIANZA ABSOLUTA EN CRISTO PARA SALVACIÓN, CONSTANCIA EN TAL PROFESIÓN:

“Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe [oligópistos]? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.” (Mateo 8:26 RV 1960)

“Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe [oligópistos]! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:31 RV 1960)

FIDELIDAD U OBEDIENCIA A CRISTO:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel [pistos] y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” (Mateo 24:45 RV 1960)

“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel [pistos] hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10 RV 1960)

“Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles [pistos].” (Apocalipsis 17:14 RV 1960)

PURO, GENUINO, NO ADULTERADO:

“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro [pistikos], de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” (Juan 12:3 RV 1960)

CREERLE A CRISTO, DARLE CRÉDITO A LAS PALABRAS DE CRISTO:

“Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis [pisteúo] que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.” (Mateo 9:28 RV 1960) Mateo 9:28 RV 1960

“Y nosotros hemos creído [pisteúo] y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Juan 6:69 RV 1960)

“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis [pisteúo] que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24 RV 1960)

“Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis [pisteúo]; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis [pisteúo], porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:24-30 RV 1960)

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree [pisteúo] en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Juan 11:25 RV 1960)

Este mismo significado se pone en evidencia al estudiar la palabra hebrea usada en el Antiguo Testamento para describir la fe: emuná. Emuná significa seguridad, fidelidad moral, honradez, lealtad, veracidad, etc.

“Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza [emuná] hasta que se puso el sol.” (Éxodo 17:12 RV 1960)

“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad [emuná], y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.” (Deuteronomio 32:4 RV 1960)

“Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad [emuná]; pues Jehová te había entregado hoy en mi mano, más yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová.” (1 Samuel 26:23 RV 1960)

“Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente [emuná].” (2 Reyes 12:15 RV 1960)

“Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra es hecha con fidelidad [emuná].” (Salmos 33:4 RV 1960)

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad [emuná] alcanza hasta las nubes.” (Salmos 36:5 RV 1960)

“Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu fidelidad [emuná] te rodea.” (Salmos 89:8 RV 1960)

“Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad [emuná]; y yo la perdonaré. Aunque digan: Vive Jehová, juran falsamente. Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad [emuná]? Los azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse. Pero yo dije: Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios.” (Jeremías 5:1-4 RV 1960)

CONCLUSIÓN

Sí, la salvación es solo por la fe, pero la fe bíblica implica obediencia a los mandamientos, fidelidad, rectitud, pureza de vida, confianza absoluta y entrega total a Cristo; es más que creencia solamente.

Mucha gente dice, “yo creo en Dios”, pero esto no basta para salvarles. Incluso el diablo también cree en Dios:

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2: 19)

El diablo sabe que lo que dice la Biblia es verdad, sabe que Dios existe y que Jesucristo es el Hijo de Dios, pero él jamás será salvo. De igual manera, hay quienes creen que lo que dice la Biblia es verdad, que Dios es real y que Jesús es su Hijo, pero no por eso son salvos. Estos son los teóricos de la religión; los contempladores de la verdad, los que la conocen en su mente, pero no la viven, ni la quieren vivir, por amar más su pecado.

El creer en el sentido de un simple asentimiento mental, no es creer conforme a la fe. La fe engloba la creencia, pero va más lejos que esta, dándose de una manera vital a su objeto o sentido de ser. Esto significa que dicha creencia obtiene el resultado por el cual existe. Dicho de otra manera:

“Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?” (Santiago 2:18-20, LBLA)

La fe que salva es una fe que obra. Es una fe viva, en contraste con la mera fe intelectual, la cual ni vive, ni experimenta lo que expone creer. Sin embargo, incluso una fe viva puede llegar a morir por negligencia y quedarse sin furtos, es entonces cuando el cristiano, junto la fe, pierde también la salvación a causa de su apostasía:

“Por esta causa debemos prestar mucha más atención al mensaje que hemos oído, PARA QUE NO NOS APARTEMOS DEL CAMINO. Los mandamientos que Dios dio en otros tiempos por medio de los ángeles, tenían fuerza de ley, y quienes pecaron y los desobedecieron fueron castigados justamente. ¿CÓMO, PUES, ESCAPAREMOS NOSOTROS, SI DESCUIDAMOS UNA SALVACIÓN TAN GRANDE? Pues el mismo Señor fue quien anunció primero esta salvación, la cual después confirmaron entre nosotros los que oyeron ese mensaje.” (Hebreos 2:1-3, DHH)
“SIGAN UNIDOS A MÍ, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, USTEDES NO PUEDEN DAR FRUTO, SI NO PERMANECEN UNIDOS A MÍ. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues SIN MÍ NO PUEDEN USTEDES HACER NADA. EL QUE NO PERMANECE UNIDO A MÍ, SERÁ ECHADO FUERA Y SE SECARÁ COMO LAS RAMAS QUE SE RECOGEN Y SE QUEMAN EN EL FUEGO.” (Juan 15:4-7, DHH)

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