La tesis de Bart Ehrman —atractiva por su aparente sencillez— se desmorona cuando es sometida a un análisis profundo y contextual. El Siervo Sufriente de Isaías 53 no pudo ser la nación de Israel, porque el texto describe a un individuo justo, inocente, que muere vicariamente por los pecados de su propio pueblo y es exaltado después de la muerte. La identificación corporativa con Israel no es la interpretación original, sino una relectura tardía forjada al calor de la polémica anticristiana. Por el contrario, en el judaísmo del Segundo Templo existían corrientes que apuntaban a un Mesías sufriente, y la iglesia primitiva —desde Felipe y el eunuco etíope hasta Pablo— reconoció unánimemente en Jesús al Siervo que carga con el pecado del mundo. Lejos de ser una retroproyección arbitraria, la lectura cristiana representa la realización plena y coherente del sentido profundo del texto inspirado.
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La teología arminiana en C. S. Lewis (Parte I)
C. S. Lewis es uno de los nombres más queridos y respetados en la literatura cristiana de nuestro tiempo. Desde su serie infantil The Chronicles of Narnia, hasta sus obras más especulativas como The Screwtape Letters y The Great Divorce, y sus novelas míticas como The Four Loves y Out of the Silent Planet, sus logros literarios son realmente formidables. Además, con la adaptación cinematográfica de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero, su popularidad ha crecido significativamente en nuestros días. Sin embargo, las creencias de C. S. Lewis en materia teológica suelen ser desconocidas para la mayoría de sus seguidores, incluso cristianos.