Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿Son algunos predestinados al infierno?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Al pensar en el segundo punto del calvinismo (la elección incondicional) solemos asociarlo exclusivamente con la idea de salvación, pasando por alto la otra cara de esta doctrina: La reprobación para condenación de la mayoría de la humanidad. La doctrina de la “reprobación” es la enseñanza de que Dios es soberano no sólo sobre aquellos que vendrán a la vida eterna, sino también sobre aquellos que resucitarán a la muerte eterna (Juan 5:29). La reprobación pues, es el acto por el cual Dios condena a los pecadores al castigo eterno (Salmo 15:4, 1 Corintios 9:27, 2 Corintios 13:5-7).

De acuerdo con la doctrina calvinista de la predestinación, Dios escoge a los individuos a quienes salvará antes de que nazcan. Él no elige a cada individuo, sino que elige sólo algunos. Así, la elección es limitada. La elección por su naturaleza no se aplica a todos, sino que sólo los elegidos son llamados a salvación (Mateo 24:22, 24, 31, Romanos 8:33). Pero ¿Qué hay del resto de seres humanos a quiénes Dios no ha elegido?

Dios es plenamente consciente del resultado de la vida de una persona antes de darle vida. Dios sabe a quién no escogió antes de crearlo, y aun así lo crea de todos modos. Vemos esto descrito en Apocalipsis 13:8 y 17:8. Dichos versículos afirman que la gente adora el anticristo porque “sus nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida del Cordero.” Dios sabía que sus nombres no estaban escritos en el libro de la vida, y él los creó de todos modos. Para ser claros: Dios crea personas que él sabe que no salvará, y aun así las crea y les da vida para que puedan usar su vida para su gloria incluso en su rebelión (Romanos 9:17). Esta es la doctrina de la reprobación.

En defensa de su postura, los calvinistas citan Romanos 9:22-23, donde Pablo pregunta:

“¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?” (NVI)

Para el calvinista, tanto la elección como la reprobación suceden “de antemano”. Así que la elección y la reprobación ocurren antes de la creación, y ambas se basan en el plan de Dios para mostrar su gloria en la creación y a través de las vidas de sus criaturas. La elección es salvadora, la reprobación es condenatoria.

La doctrina de la elección y su gemela, la reprobación, enseñan en conjunto que Dios es soberano sobre la salvación, y Dios forma un alma para su destino, sea este el cielo o el infierno. A esto se le conoce como la “doble predestinación”. Juan Calvino creía en “la doble predestinación, es decir, en que desde el principio de la Creación Dios había predeterminado ya quién se salvaría y quién se condenaría”.[1]

Esta doctrina, sin embargo, ha sido repudiada por los arminianos y aún por cierto sector del calvinismo debido a sus implicaciones y afrenta al carácter de Dios y a las Escrituras.

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¿UNOS POCOS ELEGIDOS?

Muy en lo profundo de su alma, algunos calvinistas experimentan en algún momento de su vida cierta repugnancia o rechazo natural hacia la doctrina de la elección y reprobación incondicional. Un bloguero calvinista afirmó en cierta ocasión:

Sé que pensar en que Dios de antemano creó a personas para salvación y otras para condenación eterna es difícil de digerir, pero con una madurez espiritual óptima se logra entender y comprender que Dios es soberano, que tenemos una mente limitada para lograr comprender la sabiduría de Él y que más bien debiéramos estar agradecidos por su gracia y amor”.[2]

C. Sproul, incapaz de responder las contradicciones planteadas por la doctrina calvinista, prefiere echarle la culpa a Dios de tales contradicciones:

“Y me pueden preguntar ¿Por qué me da esa gracia a mí y no a otra persona?… Si hay algo que la Biblia enseña una y otra y otra vez, es que la salvación es del Señor. Y esto, sí, está en el corazón de la Teología Reformada, no porque estemos interesados en asuntos abstractos de la predestinación soberana y que solo disfrutamos del placer intelectual que la especulación sobre esta doctrina produce, sino más bien el punto central en esta teología… volviendo a Agustín… Dios… tiene el derecho eterno y soberano a tener misericordia de quien tenga misericordia; por lo que, no es del que quiere, sino de la voluntad divina, no del que corre, sino de Dios. Ahí es donde se encuentra el peso en la doctrina reformada de la elección.”[3]

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OBLIGADOS A SER INTELECTUAL Y TEOLÓGICAMENTE DESHONESTOS

Hacer callar el sentido natural de justicia implantado por Dios en el hombre no es fácil. Para ello los teólogos calvinistas deben recurrir a sofismas y argumentos elaborados para desviar la atención de las tristes implicaciones de su doctrina. Tristemente, y a pesar de la erudición de la cual se jactan, los calvinistas necesitan tergiversar o reinventar el significado básico de ciertas palabras para defender su postura. Por ejemplo, 1 Timoteo 1:15 nos dice:

“Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores” (Nueva Biblia al Día).

Como cualquier estudiante honesto reconocerá, 1 Timoteo 1:15 quiere decir que el deseo de Dios es que todos los pecadores sean salvos. Obviamente, tal afirmación bastaría para refutar la doctrina calvinista de la elección incondicional de unos cuantos y, lógicamente, también de la reprobación. De forma deshonesta y maliciosa, la palabra “pecadores” es redefinida por los calvinistas como queriendo indicar que Cristo vino sólo por “los elegidos entre los pecadores”, lo cual no se enseña implícita o explícitamente en el texto, ¿Qué necesidad hay de torcer así el texto bíblico? Si quisieran ser honestos y dejar todo sectarismo fanático, los calvinistas tendrían que reconocer que no hay nada en la Biblia, que sugiera que “los pecadores” habla de aquellos pecadores elegidos.

Las palabras “pecador” y “pecadores” se encuentran casi setenta veces en la Biblia: “los hombres de Sodoma eran malvados y pecadores” (Génesis 13:13); “Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo” (Proverbios 13:22); “he aquí, el hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores” (Marcos 14:41); “Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6:32); “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador” (Juan 9:24); “sabemos que Dios no oye a los pecadores” (Juan 9:31); “la ley no fue dada para el justo… sino para los transgresores y desobedientes” (1 Timoteo 1:9); “más este… es santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores” (Hebreos 7:24 – 26), etc.. No hay un solo lugar en la Biblia donde podría interpretarse la palabra “pecadores” como “los elegidos”. Pero cuando se habla de la salvación de los pecadores, o el amor de Dios por los pecadores, el calvinista insiste en que “los pecadores” significa los elegidos, como en las siguientes declaraciones: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13; Lucas 5:32), “este a los pecadores recibe” (Lucas 15:2); “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), y así sucesivamente. Estas redefiniciones deshonestas se requieren a lo largo de las Escrituras para apoyar el calvinismo.

Por desgracia para los calvinistas, a lo largo del Nuevo Testamento, siempre se utiliza la misma palabra griega para “pecadores”. Así que no hay ninguna licencia para dar un significado diferente en algunos casos con el fin de rescatar al calvinismo de su ruina teológica. Claramente, el calvinismo se derrumbaría si la Biblia realmente indicara que Cristo vino a salvar a todos los pecadores sin discriminación alguna, en lugar de sólo algunos pecadores, o aún, los elegidos entre los pecadores.

El estudiante honesto de la Palabra de Dios reconoce que la Biblia usa el término “elegido” y “escogido” en una variedad de formas: para Israel (Isaías 45:4-6), Cristo (Isaías 42:1; Lucas 9:35), una dama (2 Juan 1), una iglesia (1 Pedro5:13) y los ángeles (1 Timoteo 5:21). Sin embargo, nunca, se utiliza esta palabra para indicar que hay un grupo selecto que ha sido predestinado para salvarse. Nunca.

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¿PREDESTINADOS AL INFIERNO?

Con respecto a la doctrina de la reprobación, Ironside, el famoso maestro bíblico y teólogo, declaró:

“En ninguna parte de la biblia las personas son predestinadas para ir al infierno, y en ninguna parte son simplemente elegidos para ir al cielo… predestinación siempre es hacia un algún lugar especial de bendición”.[4]

El calvinismo es antibíblico en su definición de los “elegidos” como el grupo seleccionado a quien Dios desde la eternidad pasada, ha designado a la salvación. Es aún más antibíblico al afirmar que todos los demás están predestinados por Dios para la condenación eterna. ¿Cuál sería la consecuencia lógica de esto? Simple: El evangelio podría ser predicado día y noche a estos condenados y sin embargo sería en vano, porque son totalmente incapaces de creer. Dios supuestamente no tiene deseo alguno de abrir sus ojos cegados y darles la fe para creer. Lo hace solo para los elegidos (a través de la elección incondicional), aunque lo podría hacer para todos.

Quizá suene ofensivo para un calvinista obcecado y testarudo, pero esta doctrina repugnante (elección de algunos, reprobación de muchos) nunca fue, es o será enseñada en las Escrituras. Calvino admite:

“Muchos… consideran incongruente que del gran cuerpo de la humanidad algunos debieran ser predestinados a la salvación y otros para destrucción”.[5]

También admite:

“El decreto, lo admito, es terrible y sin embargo, es imposible negar que Dios supo con anterioridad el fin del hombre antes que fuese porque él lo creó, y supo con anterioridad, porque así lo había ordenado por su decreto”.[6]

Nótese que Calvino se ve obligado a mantener lo que admite como un decreto “terrible”. ¿Por qué? No por las Escrituras, sino por su insistencia antibíblica de que Dios solamente puede saber de antemano solo lo que decreta. De ese error, se deduce que, puesto que Dios sabe todo lo que sucederá, debe decretarlo todo para que pueda suceder, desde la caída de Adán hasta el destino final de miles de millones. Gracias a Dios que la Biblia dice lo contrario:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Lamentablemente, para el calvinista, más fiel a Calvino y a sus dogmas que a la palabra de Dios, “mundo” y “todo aquel” deben cambiarse por “elegidos” para que el calvinismo pueda sostenerse. Pero la Palabra de Dios es clara:

“El Señor no demora el cumplimiento de su promesa, como algunos suponen. Más bien lo que quiere es que nadie se pierda, por lo que está alargando el plazo para que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NBV)

¿Lo entendemos? ¡Lo que Dios quiere es que nadie se pierda! ¿Cómo entonces los calvinistas afirman que ha predestinado a la mayoría de la humanidad a una eternidad de condenación en el infierno, sin que puedan hacer nada para escapar de ello? ¿O es que para el calvinista Dios nos miente al afirmar su deseo de salvarnos en 2 Pedro 3:9?

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¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

De acuerdo con la Biblia la verdadera elección, o predestinación, es el resultado del pre-conocimiento de Dios (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Aquellos quienes Dios supo de antemano que creerían, los predestinó (únicamente en unión a Cristo y su cuerpo, que es la iglesia) a bendiciones especiales, entre ellas la salvación del castigo del pecado (1 Corintios 2:9). Es la iglesia corporativamente, y no un individuo en particular, la que ha sido predestinada. Cualquier individuo puede venir a Cristo, llegar a formar parte de su cuerpo que es la iglesia, y heredar el destino que Dios preparó para los tales. Igualmente puede apartarse de Cristo, dejar de ser parte de la iglesia, caer de la gracia y perder el “destino” que Dios señaló para los fieles. Todos están invitados a venir, nadie es excluido. Dios continuamente invita al hombre a venir a Él (Isaías 1:18). Razona con Israel, envía a sus profetas para advertir a su pueblo elegido y en varias ocasiones los castiga por sus malas obras (Deuteronomio 28: 20; Jeremías 9:13). Dios mismo afirma que envió a su Hijo a morir por los pecados del mundo, debido a su gran amor para toda la humanidad (Juan 3:17; 1 Juan 4:14). Con base en lo anterior, sólo podemos concluir que la elección incondicional (y con ella la doctrina de la reprobación incondicional de otros) no es más que una invención humana. De hecho, la conciencia del hombre dada por Dios y las Escrituras claman en protesta en contra de esta doctrina. Dios no actúa con parcialidad (Santiago 3:17). No hace acepción de personas (Hechos 10:34), y todos los hombres son igualmente dignos de condena e igualmente indignos de su gracia.

Los calvinistas según su punto de vista admiten que los “elegidos,” al igual que toda la humanidad, eran una vez totalmente depravados, incurablemente en contra de Dios e incapaces de creer en el Evangelio, con ninguna cosa que merezca la gracia de Dios, igual que los “no elegidos”. Preguntémonos entonces ¿Por qué fueron estos seleccionados para la salvación y todos los demás a la condenación? No se puede encontrar ninguna razón en Dios o en el hombre, ni en cualquier lugar en las Escrituras. No hay escapatoria a la inquietante pregunta: ¿Por qué el Dios de Calvino escogió salvar a tan pocos cuando podría haber salvado a todos? Al no poder presentar excusa alguna, los calvinistas admiten:

“¿Por qué unos hombres son puestos para vida eterna y otros dejados a la destrucción eterna? …Por el beneplácito de Su voluntad [de Dios]”.[7]

Así que, para un calvinista, la bondad de Dios es la causa de salvar a tan pocos y condenar a muchos. ¿Es esto lógico? Lo dudo. Como arminianos estamos horrorizados por este concepto, y nos sentimos ofendidos en nombre de nuestro Dios por la afrenta que se hace a su carácter y personalidad.

Bíblicamente hablando, no hay duda de que Dios tiene el derecho de salvar a quien quiera y nadie puede reclamar. Todos somos merecedores del castigo eterno requerido por la santidad de Dios en contra del pecado. Pero el punto es que varias veces se nos dice en la Biblia que Dios es amor y que Él es misericordioso con todos, exactamente lo que esperaríamos de Él debido a su mandato a nosotros de amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y hacer el bien a todos. De seguro que no esperaríamos del “padre de misericordias” y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) retener su misericordia de cualquiera que tan desesperadamente lo necesita, mucho menos que halle placer en hacerlo.

Calvino se esconde detrás de la autoridad del sacerdote católico Agustín para justificar esta contradicción, pero en su esfuerzo, se queda corto. Calvino afirma con total crueldad: “Dios ordena todas las cosas por su soberano consejo, de tal manera que las personas que nacen, que están condenados desde el vientre a una muerte segura, deben glorificarle por su destrucción. Si tu mente está preocupada, no te niegues a aceptar el consejo de Agustín”.[8]

Con insoportable crueldad, Calvino también afirma:

“No dudaré en.… confesar con Agustín que la voluntad de Dios es necesidad… [y] que la destrucción como consecuencia de la predestinación es también más justa… El primer hombre cayó porque el Señor consideró bien que debería… porque él vio que así se mostraría su propia gloria”.[9]

Quizá un calvinista enceguecido por sus razonamientos se niegue a reconocerlo, pero el que Dios imponga “la necesidad de pecar” sobre el hombre, y después lo condene por pecar, no puede llamarse “justo” por ninguna maniobra de semántica. Sin embargo, esto es exactamente lo que enseñó y defendió Calvino:

“El réprobo (predestinado a la condenación), excusaría sus pecados… porque una necesidad de esta naturaleza se coloca sobre ellos por la ordenación de Dios. Negamos que puedan ser debidamente excusados… todos los males que llevan son impuestos por el justo juicio de Dios”.[10]

La crueldad que Calvino atribuye a Dios es atroz. Seguramente, castigar por no hacer lo que es imposible hacer o por haber hecho lo que solo podía hacer, es lo contrario a la justicia. Si eso no fuera suficiente malo, que Dios predestine al hombre al pecado para tener a quien juzgar, es aborrecible incluso para los impíos. Esto es ofensivo para la conciencia que Dios ha dado a toda la humanidad. Calvino atribuye el mal a Dios y luego lo llama justo simplemente porque “todo lo que Él quiere debe sujetarse a ser justo”.[11]

La Escritura nos dice lo contrario. Dios manda a todos los hombres que se arrepientan, el clama a la humanidad para hacerlo y está dispuesto a perdonar y promete la salvación a todos los que creen en Cristo.

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NO SE TRATA DE SER ARMINIANO, LO DICE LA BIBLIA

Los siguientes pasajes, en los cuales Dios exhorta a la humanidad a aceptar la salvación que Él ofrece, son sólo unos pocos entre las muchas Escrituras similares que refutan la doctrina de la elección incondicional y de la reprobación enseñada en el calvinismo:

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. (Isaías 55:7)
“Y me buscareis y me hallareis, porque me buscareis de todo corazón”. (Jeremías 29:13)
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca”. (Mateo 7:24)
“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar”. (Mateo 11:28)
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. (Juan 7:37)
“Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. (Apocalipsis 22:17)

Cada uno de los anteriores versículos claramente incluyen dos hechos que refutan las doctrinas de la elección y la reprobación incondicional:

(1) El mandato y la invitación se ofrecen a todos, y no sólo a un grupo selecto. Las palabras “perverso” e “injusto” y “cualquiera” y “todo” dicen claramente lo que dicen y no pueden ser convertidos en “elegidos.”
(2) Hay condiciones que deben cumplirse. Hay un mandato y una invitación a cumplir con ciertos requisitos: “abandonar” el pecado, y buscar a Dios con todo el corazón, y “escuchar y hacer” lo que Cristo manda, “venir” a él y “tomar y beber” el agua de la vida que Cristo da. La elección no es incondicional.

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CONCLUSIÓN

El calvinismo jamás podrá explicar cómo Dios, quien es amor, podría tomar placer en maldecir a miles de millones que podrían ser salvos, si así lo deseara. Esta es la gran pregunta que la misma conciencia que Dios ha implantado en todos y la humanidad encuentra tan preocupante, pero que Calvino se negó o no pudo tratar. Bíblicamente, la soberanía de Dios se ejerce solamente en perfecta unidad con su carácter total. No es un soberano despótico. Su soberanía se aplica en armonía con su amor, gracia, misericordia, bondad, justicia y verdad, pero Calvino no tiene casi nada que decir sobre estos atributos, porque estos no se pueden conciliar con su teoría. Los calvinistas declaran que las razones de la condenación de los no elegidos es un misterio, pero declarar “misterio” y exaltar la ignorancia son contrarios a la palabra de Dios, que nos dice que debemos estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Sin embargo, Calvino dijo que estaba mal el buscar una razón.

Según la doctrina de la elección incondicional, tanto la fe para creer y la salvación para recibir es impuesta a los elegidos, por la soberanía de Dios, anulando totalmente la voluntad humana. Un destacado calvinista admite que Dios:

“Aun me obliga a mí, quien realmente no ama a Jesús, amarlo y creer en Él”.[12]

Por el contrario, la biblia y la razón enseñan que nadie puede ser obligado a querer o aceptar un regalo, mucho menos cambiar su mente sin la voluntad para hacerlo. Esa voluntad debe provenir del corazón; no se puede crear de la nada. Nadie puede ser forzado a cambiar de parecer. No importa cómo traten de explicar la elección incondicional, el calvinista no puede escapar un hecho reconocido por toda la humanidad: que cualquier cambio significativo de actitud o creencia del ser humano, debe ser por consentimiento y razones que acepta voluntariamente. Pero según el calvinismo ese hecho del sentido común socava la soberanía de Dios. Tal razonamiento es falso.

Algunos, como Juan Calvino, sin reparo dicen que Dios no quiere que todo el mundo sea salvo, de hecho, afirman que esa es su “buena voluntad” condenar a muchos. Otros, al darse cuenta de lo repulsivo que es esta idea a cualquiera que tenga un sentido normal de misericordia y bondad, llaman a esto “Ultra-Calvinismo” e intentan encontrar otras explicaciones por las que Dios no elige irresistiblemente a todo el mundo. La necesidad de superar las objeciones de los no calvinistas a la insensibilidad aparente de Dios (en predestinar multitudes al tormento eterno antes de que nacieran) ha sido la madre de un sinnúmero de intentos y racionalizaciones.

Algunos intentan escapar del desastre moral simplemente diciendo que la respuesta está escondida en el secreto de la voluntad de Dios, esto es esquivar. Otros, si bien reconocen la contradicción monstruosa, insisten en que lo que nos parece aborrecible a nosotros, no lo es para Dios, que nosotros no podemos imponer nuestros estándares sobre él. Sin embargo, ese argumento, es demolido por el hecho de que Dios ha escrito sus estándares en cada conciencia y razona con la humanidad sobre esa base (Isaías 1:10 – 20).

El arminianismo, en concordancia con la Biblia, enseña que aquellos que reciben a Cristo no tienen nada de que gloriarse sino en Cristo solamente, quién pagó la pena por sus pecados. Y aquellos que sufren la pena por sus pecados (y sólo ellos) son culpables de haber rechazado obstinadamente la salvación de Dios provista y libremente ofrecida como un regalo de su amor. Dios no es el culpable de su condena ni Él los predestinó al infierno. Tal es la enseñanza clara de las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero para hacer frente a ese hecho, el calvinista tendría que abandonar los dogmas a los que ha dedicado su vida y su reputación. Muchos lo han hecho y han sido liberados de las erróneas enseñanzas del TULIP.

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REFERENCIAS:

[1] Schwanitz, Dietrich (2002). La Cultura. Todo lo que hay que saber. Taurus.

[2] Oscar Humberto Díaz Jurado, La Predestinación – Elección Incondicional. Publicado el 20 enero, 2019. Disponible en: ingdiaz.org/la-predestinacion-eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[3] R. C. Sproul, elección Incondicional. Edición del 13 de agosto de 2018. Disponible en: https://es.ligonier.org/RTM/eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[4] H. A. Ironside, in the Heavenlies, Addresses on Ephesians; Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1937, 34.

[5] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 1.

[6] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 7)

.[7] James R. White, The Potter’s Freedom; Amityville, NY: Calvary Press Publishing, 2000, 177.

[8] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 5, 6.

[9] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[10] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 11.

[11] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[12] Palmer, Five Points of Calvinism, p. 21.