Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿Enseña la Biblia que la salvación se pierde?

Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos.

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¿De quién depende mi salvación?

Por años los calvinistas han acusado a los arminianos de promover una forma de salvación basada en obras o enfocada en la propia habilidad del hombre para salvarse a sí mismo. Dicha crítica, muy común en círculos calvinistas, es tanto falsa como maliciosa, y nace de la falta de la ignorancia y falta de comprensión que los calvinistas tienen de nuestras doctrinas. Tal caricaturización del arminianismo busca convencer a los indecisos teológicamente que nosotros, los arminianos, no podemos experimentar la seguridad de nuestra salvación, ya que no puede haber seguridad si la causa última de nuestra redención se encuentra en nosotros mismos. El calvinista cree que la doctrina arminiana destruye el fundamento bíblico de la seguridad de la salvación.  ¿Por qué? Porque ellos afirman erróneamente que nosotros los arminianos creemos que nuestra salvación no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que posteriormente nosotros hacemos por nosotros mismos. Esto es falso. Los arminianos no creemos tal cosa. Tales afirmaciones representan solo uno de los muchos puntos en los cuales los calvinistas tergiversan la teología arminiana.

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Una Iglesia dividida y en confrontación

¿Cómo es posible que tanto los calvinistas como los arminianos puedan leer la misma Biblia y llegar a conclusiones tan diferentes? ¿Cómo es posible que un premilenialista y un amilenialista puedan ambos leer el libro de Apocalipsis y llegar a conclusiones completamente diferentes sobre lo que dicho libro enseña? ¿Cómo es posible que un cristiano carismático y otro no carismático puedan leer juntos el libro de los Hechos o las listas de los dones del Espíritu y aún estar en desacuerdo sobre lo que está vigente en nuestros días y lo que no?

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Salvación

¿Van al cielo todos los bebés que mueren?

¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.

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Pecador sin mérito, ¡Pero salvo por gracia!

La salvación nunca ha sido ni será cuestión de buenas obras. Si así fuera nadie se salvaría, pues somos incapaces de algo bueno sin la asistencia de la gracia. Cómo Isaías, nosotros también afirmamos: "¿Cómo podremos ser salvos? Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas; nuestras iniquidades nos arrastran como el viento. Nadie invoca tu nombre, ni se esfuerza por aferrarse a ti." (Isaías 64:5-7, NVI). Pero ¡Bendito sea Dios que, por su infinita y sublime gracia, nos redimió del pecado y de la muerte, cambiando nuestra naturaleza y haciéndonos sus hijos! No hay obra humana que le robe a Dios la gloria por esto. Todo lo ha hecho Él por amor y para su gloria.

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¡Necesitamos más predicación teológica!

Uno de los mayores problemas de la predicación evangélica contemporánea es que las predicaciones cristianas muchas veces no son verdaderamente cristianas. Son morales en el mejor de los casos, herejías en la mayoría. El evangelio de la prosperidad es solo la punta del iceberg. Pocos predicadores estarán dispuestos a admitirlo, pero muchas de las predicaciones no apuntan a Cristo, no revelan a Cristo, no hablan de Cristo o de su obra, de sus promesas o de cómo ser como Él. Cuando solo predicamos que no debemos mentir, que no debemos robar, o que debemos amar a nuestra esposa, aun cuando son principios útiles y hasta tradicionalmente cristianos, no son exclusivamente bíblicos. Los mormones, testigos de Jehová, y budistas enseñan y se adhieren a esos principios también. Las predicaciones moralistas son, en última instancia, una falta de respeto a la Biblia y a su autor, pues no estamos extrayendo de ella los grandes tesoros de conocimiento que contiene. Muchos predicadores "evangélicos" incluso han reducido el mensaje del Evangelio a una prédica legalista en la cual lo único que importa es que las mujeres no usen pantalones, se cubran el cuerpo lo más posible, no usen maquillaje, ni se corten el cabello. Pero ¿Es esto el Evangelio? ¿Por tan poca cosa vino a morir el Señor?

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¿Arminianos Reformados?

El Arminianismo Reformado (también conocido como Arminianismo Clásico) es la visión sistemática de las Escrituras enseñada por el teólogo holandés Jacobo Arminio. Arminio expuso sus ideas mucho antes que sus seguidores hicieran públicos los 5 Artículos de la Remonstrancia. Lo que muchos ignoran es que Arminio se consideraba a sí mismo como Reformado, y muchos dentro del movimiento reformado holandés sostuvieron su enfoque de la teología. Hoy, sin embargo, el término calvinista es virtualmente sinónimo de reformado, y cualquier cosa con el término "Arminiano" se considera un punto de vista opuesto a lo reformado o calvinista.

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Depravación Total | ¿Intensiva o Extensiva?

Los arminianos aceptamos la doctrina de la Depravación Total, sin embargo, no creemos que esta sea intensiva, sino más bien extensiva. ¿Cuál es la diferencia? Por Depravación Total Intensiva se entiende la destrucción integral de la naturaleza humana y de sus potencialidades esenciales. Es decir, en estado de Depravación Total Intensiva el pecador es tan pecador cuanto es posible y se involucra en todas las formas posibles de pecado. Los arminianos rechazamos tal postura. Al afirma que el hombre es totalmente depravado no queremos decir que la persona no regenerada sea totalmente insensible en cuestiones de conciencia, de lo correcto e incorrecto. La Depravación Total no significa que todos los seres humanos sean potencial y extremadamente malos. Significa que no son tan buenos como necesitarían ser para ganar su propia salvación por mérito propio. La gracia, y sólo la gracia, es el único medio que puede superar los efectos graves y devastadores del pecado. Así pues, en el arminianismo, la depravación total implica que incluso el altruismo de la persona no regenerada siempre contiene un elemento de motivación inapropiada. Lo que sí creemos los arminianos es que la depravación total es extensiva, es decir, se extiende a todas las dimensiones de nuestro ser. Ella afecta la plenitud del ser del hombre. La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado.

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Salvación, predestinación y amor de Dios

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

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Y tú, ¿Eres Arminiano?

A lo largo de los siglos, los calvinistas han vilipendiado con tanto éxito el arminianismo que las personas que son arminianos tienen miedo de decirlo. Esto es cierto, aunque el   arminianismo es la posición teológica por defecto del protestantismo cristiano; de hecho, muchas personas son arminianas y ni siquiera lo saben, e incluso lo niegan. El arminianismo está tan extendido que incluso las iglesias calvinistas más fuertes están llenas de arminianos. Es irónico, entonces, que la gente tenga miedo de decir que es arminiana; por ejemplo, muchos bautistas independientes y sureños son típicamente arminianos, pero a pesar de eso, a menudo se llaman a sí mismos calvinistas.