C. S. Lewis es uno de los nombres más queridos y respetados en la literatura cristiana de nuestro tiempo. Desde su serie infantil The Chronicles of Narnia, hasta sus obras más especulativas como The Screwtape Letters y The Great Divorce, y sus novelas míticas como The Four Loves y Out of the Silent Planet, sus logros literarios son realmente formidables. Además, con la adaptación cinematográfica de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero, su popularidad ha crecido significativamente en nuestros días. Sin embargo, las creencias de C. S. Lewis en materia teológica suelen ser desconocidas para la mayoría de sus seguidores, incluso cristianos.
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¿Súper fe, imprudencia o fanatismo?
En estos días de crisis sanitaria hemos podido ver la influencia que está teniendo la religión y la fe en lo que está pasando y lo que podría pasar con el coronavirus. Aunque no sabemos cuánto tiempo más estarán cerradas las iglesias o las personas sufrirán durante la pandemia de coronavirus. Sin embargo, sabemos que las personas de fe han perseverado y vencido en el pasado y lo harán otra vez hoy y en el futuro. Nuestras comunidades pueden experimentar pérdidas trágicas, pero también podremos escuchar testimonios dramáticos de sanidad. Necesitamos orar los unos por los otros. Necesitamos animarnos unos a otros. Necesitamos cuidarnos unos a otros, especialmente a los más vulnerables (niños, ancianos y enfermos crónicos). Pero, sobre todo, nuestras iglesias deben seguir el ejemplo de quienes nos precedieron para mantenerse a salvo personalmente y obedecer las pautas que mantienen a otros a salvo. Si podemos hacer esto, lo lograremos. Nuestras convicciones religiosas no deben ser motivo de imprudencia; el fanatismo religioso jamás debe tomar el lugar de la fe.
El premilenarismo histórico o clásico
El punto más impactante en la escatología de la edad pre-nicena es el prominente quiliasmo o premilenarismo histórico, que es la creencia en un reino visible del Cristo glorificado sobre la tierra con los santos resucitados por un período de mil años y antes de la resurrección general y juicio final. El Premilenialismo Histórico o Clásico es distintivamente no Dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere a la creencia de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales.
Dios, por favor ¡llama a otro!
Argumentar con Dios es la respuesta normal del ser humano frente al llamado, pero él no desiste de su propósito para nuestra vida. Podemos ver esto claramente en el llamado de moisés. Moisés llevaba cuarenta años viviendo en el desierto. La vida de lujo y privilegios disfrutada en Egipto había quedado en el olvido. Ahora no era más que un simple pastor nómada, sin ambiciones ni sueños. No obstante, el Señor lo había seleccionado para que cumpliera una delicada tarea: volver a Egipto para que pidiera al hombre más poderoso de la tierra, el faraón, que dejara volver al pueblo de Israel a su tierra de origen. Para comunicarle este mensaje el Señor se le apareció en una zarza que ardía sin consumirse.
¡Persecución! ¿estás listo?
La idea de que la iglesia podría sufrir serias persecuciones y martirios en el futuro previo a la Segunda Venida de Cristo no es nada agradable. Sin embargo, era la firme convicción de la iglesia primitiva que así sería. No obstante, al pasar de los años (y particularmente desde el s. XIX hasta nuestros días), el mensaje que se predica en algunas de las iglesias del mundo ha cambiado. De hecho, hay un nuevo evangelio que se predica hoy día. Un Evangelio de comodidad, de escapismo. Y hoy, en el siglo XXI dicho Evangelio ha evolucionado hasta convertirse en un evangelio del “decláralo y recíbelo”, del “arrebátalo”, de “la salud y las riquezas”, un “evangelio de la prosperidad y del reino ahora" (pero, ¿el reino de quién?) y “la teología de la confesión positiva”. El dolor es rechazado. La tribulación, la persecución y el desprecio del mundo se consideran inauditos. ¡A la iglesia jamás le tocará pasar por sufrimientos!, te dicen. ¡Herejía! Gritan. ¡La iglesia es la novia de Cristo y Él no permitirá que nada malo nos pase! ¿O no?
¡Dios te salve, patria sagrada!
Poner la confianza en los gobiernos de este mundo y en sus líderes es una causa perdida y la iglesia no debe participar de ello. Este mundo caído no tiene soluciones eternas. Es más, la Biblia declara que las alianzas con el poder mundano están en contra de su voluntad: "Sabemos que somos hijos de Dios, y que el mundo entero está bajo el control del maligno." (1 Juan 5:19, NVI)
La apostasía, señal de su venida
La apostasía como señal escatológica está claramente advertida por el apóstol Pablo a la Iglesia de Tesalónica: «Hermanos, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les rogamos que no cambien fácilmente de manera de pensar. No se dejen asustar por nadie, ni siquiera por un espíritu, una palabra, o una carta que pretenda aparecer como nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. De ninguna manera se dejen engañar. Porque ese día no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, es decir, el hijo de perdición» (2ª Tesalonicenses 2:1-3. RVC).
El verdadero mensaje del Apocalipsis
Apocalipsis nos lleva a través de un fascinante viaje en el cual nos describe la gloriosa segunda venida de Cristo al final de los tiempos, nos testifica de la soberanía de Dios y el triunfo final de los que siguen a Jesús. Apocalipsis declara que, a pesar de las apariencias contrarias, Dios está en absoluto control de la historia; aunque el pueblo de Dios está destinado a sufrir en el presente, la salvación segura de Dios les pertenece; el juicio de Dios vendrá sobre los responsables del sufrimiento de la iglesia; al final (Apocalipsis 21-22) Dios restaurará lo que fue perdido o deformado al principio (Génesis 1-3).
Pastores que aman las misiones
Una de las tareas del pastor es llevar a la iglesia a experimentar la voluntad de Dios; por lo tanto los creyentes maduros, conscientes de su responsabilidad de ser útiles en la obra, deben estar viviendo en el centro de la voluntad de Dios. La pregunta es: ¿Cuantos creyentes están interesados en saber la voluntad de Dios para servirlo mejor? Al detectar a esta clase de creyentes el pastor debe ayudarlos a entregar todo, para que puedan experimentar la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.
¿Qué significa el 666?
Apocalipsis, el último libro de la Biblia, habla de una bestia de siete cabezas y diez cuernos que sale del mar y que lleva un nombre en forma de número: 666 (Apocalipsis 13:1, 17, 18). Mucho se ha especulado sobre la identidad de la bestia y el significado de su marca; sin embargo, lo que muchos ignoran es que Juan de Patmos, quien lo escribió en el siglo I, no estaba solamente tratando de explicar acontecimientos futuros. Aunque es cierto que la bestia representa al sistema político y económico mundial de los últimos días y a aquel que lo dirige (el hombre de pecado, el hijo de perdición, el anticristo), también es cierto que dicha bestia representó a un personaje histórico real. Juan utilizó códigos y símbolos para advertirles a los cristianos del siglo I sobre el culto al emperador de Roma y para lanzar un ataque cáustico contra este poderoso gobierno.