Evangelismo, Misiones, Misionología

¿Debo predicarle a quienes ya tienen religión?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.
Muchos cristianos piensan que está mal compartir las creencias personales con alguien de otra fe con la esperanza de que algún día se convierta y practique la misma fe que nosotros. De hecho, en cada vez más iglesias, la palabra “evangelismo” ha llegado a ser casi una mala palabra que debería ser borrada de nuestro léxico evangélico. ¡Esto es totalmente absurdo! pues ¿Cómo puede una iglesia porclamarse evangélica si rechaza compartir el Evangelio? Para nadie es un secreto que ante el mundo el evangelismo es mal visto y goza de mala reputación. Esto no nos extraña, pues sabemos que “¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios.” (1 Corintios 1:18, NTV). O al menos deberíamos saberlo… ¿No crees?

Pero ¿Qué hacemos cuando el mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a aquellos que se autodenominan discípulos de Jesús? Muy probablemente, los cristianos de hoy en día han sido influenciados por el relativismo del mundo y han olvidado el carácter exclusivo de Jesucristo. La controversia central del cristianismo con las demás religiones del mundo es la divinidad de Jesús. ¿Es el Cristo que predicamos el unigénito del Padre, Dios encarnado, el Salvador del mundo? ¿O, era Jesús tan solo otro profeta que hacía el bien? ¿Era un hombre ordinario, no divino, no el Salvador resucitado un maestro religioso más? Si Jesús fuera uno más, el cristianismo no tiene nada extraordinario que ofrecerle al mundo. Maestros religiosos han existido en el pasado y los habrá en el futuro. Pero Jesús es único. El apóstol Pedro testificó de la exclusividad de Cristo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12) Pedro absolutamente lo hace exclusivo; porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres que provea salvación eterna. Jesús, y solo Jesús, es el Mesías, el hijo divino de Dios y el no compartirá su gloria con otra entidad. Nadie fuera de Él puede garantizar nuestra salvación y llevarnos al cielo ¿O creerán acaso algunos “cristianos” que Jesús es sólo uno entre tantos caminos a Dios? Si así lo pensaren, queda explicado su desinterés por hablar de Él.

SINGULARIDAD DE JESÚS.

Ciertamente, no tendría ningún sentido gastar nuestra vida predicando de Jesús si solo fuese un “iluminado” más. Pero ese no es el caso. Pablo declara, “y cuál la supereminente grandeza de su poder con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cuál operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.” (Efesios 1:19-21). Pablo entonces añade que Jesús es la cabeza exclusiva de todas las cosas. “y sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo.” (Efesios 1:22-23). También señala que un día cada criatura reconocerá a Jesús como Señor exclusivamente: “Por lo cual Dios también le exalto hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11). ¿Podemos comprender la grandeza de esta afirmación? ¡Toda lengua en la creación testificará, no que Mahoma es señor, ni Alá, ni Buda, ni los millones de dioses hindúes, sino que Jesucristo es el único camino a Dios! En esta gloriosa verdad descansa la exclusividad y trascendencia de la fe cristiana. Por eso, compartir nuestra fe con aquellos que no conocen a Jesús no es opcional, ¡Es fundamental! ¡Es la diferencia entre la vida o la muerte en la eternidad para quienes amamos!

¿Por qué compartir el Evangelio con alguien que ya práctica otra religión? Porque el evangelio es el glorioso mensaje de salvación que Dios ofrece a los pecadores. Son las buenas noticias de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por los pecados de los hombres, y el anuncio de los eternos beneficios que recibimos por gracia. Un mensaje simple, pero de profundas implicaciones. Una gran noticia que presupone una terrible noticia: Dios salva a pecadores gratuitamente de la condenación eterna. Rechazar este mensaje implica condenación eterna. El apóstol Pablo predicó este mensaje desde su conversión. Realizó varios viajes misioneros por Asia y Europa llevando el evangelio, y escribió acerca del mismo en todas sus cartas. Incluso, en su epístola a los Gálatas, defendió con gran celo la integridad de este mensaje, al extremo de llamar anatema a todo aquel que predicara un “evangelio diferente” (Gálatas 1:5). La convicción del apóstol descansaba en la certeza de que Dios es el autor de este mensaje (Romanos 1:1) y que el Señor mismo salvaba a los hombres por este medio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (‭Romanos ‭1‬:‭16‬). Dios salva a los pecadores y los salva por medio de la locura de la predicación (1 Co. 1:21). Por eso el apóstol predicaba el evangelio y nunca se avergonzó de él. ¿Por qué hacerlo nosotros? Todo creyente debe exhibir esta misma convicción y la misma actitud: Predicar el evangelio tal como lo hemos recibido y sin avergonzarnos de él.

EL MIEDO A OFENDER.

Sé que compartir el Evangelio a veces puede ser intimidante y que se necesita valor para hacerlo. Muchos no lo hacen por miedo, pues dentro de sí se preguntan: ¿Y si no les interesa? ¿Y si se ofenden? ¿Y si se burlan de mí? Ellos ya son católicos (testigos de Jehová, mormones, musulmanes, lo que quieras…) ¿Acaso no sería una falta de respeto predicarles sabiendo que ya practican una religión? Tranquilo. Ese no debería ser tu problema. La obra de convencer, redargüir y convertir a los no creyentes no es tuya, sino del Espíritu Santo (Juan 16:8-11). El miedo a ofender con la verdad, o a qué nos tilden de fanáticos y sectarios por compartir el Evangelio con alguien que ya profesa una religión diferente a la nuestra no debería detenernos. Eso fue justamente lo que tuvieron que enfrentar los primeros cristianos cuando, haciendo lo impensable en la época, le anunciaron el evangelio a los samaritanos, un grupo étnico que practicaba una religión diferente a la suya. Una enemistad de siglos, y las diferencias religiosas, se desvanecieron en la salvación de Jesucristo, manifestada individualmente entre aquellos a los que Él había elegido entre este pueblo. No podemos olvidar que poco tiempo antes, el mismísimo apóstol Juan le había sugerido al Señor el hacer que descienda fuego del cielo para acabar con una aldea de samaritanos. Sin embargo, ahora que es testigo del evangelio, toda actitud cambia y ahora, al volver a Jerusalén, Pedro y Juan iban “…anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos” (Hechos 8:25). El mismo Felipe, quien fue el que predicó el evangelio a los samaritanos, luego fue llevado por el Señor al desierto y, una vez más, es empujado por el Señor a hablarle a un etíope prosélito del judaísmo que volvía de Jerusalén luego de un tiempo intenso de mucha religiosidad, aunque sin entendimiento de la verdad espiritual. Felipe le predica el evangelio, el etíope es convertido por el Señor, y ahora ya no está volviendo a su tierra lleno de dudas, sino que, “… continuó su camino gozoso” (Hechos 8:39). También nos encontramos con un hombre llamado Ananías, quién obedeciendo al Señor, fue el primer cristiano que le abrió los brazos a su más sangriento enemigo y opositor religioso, Saulo de Tarso, dándole a conocer que Aquél que lo tocó en el camino a Damasco, es el Señor, quién cambia su corazón por completo y lo transforma de enemigo de la iglesia a convertirse en un “… instrumento elegido, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15).

CONCLUSIÓN.

¿Dónde estaría el mundo hoy si los primeros cristianos hubieran pensado como nosotros? ¿Dónde estaría la iglesia hoy si los primeros cristianos hubiesen creído que era incorrecto y ofensivo predicarle a los paganos el mensaje del Evangelio? Al fin de cuentas, ellos ya tenían una religión. Mas una cosa es cierta: Los samaritanos, los judíos, los griegos y romanos, así como todos aquellos pueblos y grupos étnicos a quienes llegó el mensaje de salvación y lo creyeron, y quizá hasta el mismo Pablo, ¡Hoy estarían en el infierno si los primeros cristianos hubieran puesto excusas para presentarles el mensaje! Felipe hubiera podido pensar que las diferencias religiosas, sumadas a una enemistad de cientos de años con los samaritanos, era irresoluble, y seguir de largo. Ananías hubiera podido pensar que Saulo de Tarso, el fariseo de fariseos, jamás sería capaz de abrazar el cristianismo. Pero lo cierto es que el pesimismo y las excusas no cabe cuando somos saturados del evangelio. Lucas nos demuestra que, bajo el poder del evangelio, pueblos desunidos por siglos son unidos en Cristo; hombres religiosos sin entendimiento, pueden entender el evangelio si se les predica las buenas nuevas; que aun el mayor enemigo de la fe, el hombre que podría situarse más lejos del Señor que cualquier otro, puede ser abrazado como un hermano cuando el Señor Jesucristo, a través de la Palabra predicada y por el poder del Espíritu Santo, transforma su corazón.

Así que, ¿Cuál es tu excusa ahora?

Misiones, Misionología, Pentecostalismo

Pentecostalismo, misiones y no alcanzados.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las iglesias pentecostales tenemos una deuda con el mundo no alcanzado. Es innegable la pasión que tenemos los pentecostales por predicar en las calles, hospitales, cárceles, llevar el evangelio a zonas marginales, etc. Sin embargo, pareciera que nos ha costado enviar y sostener misioneros en aquellos lugares donde aún no hay un cristiano convertido. Es innegable que Latinoamérica ha sido ampliamente bendecida con la Palabra. El mundo evangélico, y de forma particular el pentecostalismo, es reconocido en muchos países latinoamericanos hasta por las autoridades de gobierno, tenemos libertad de culto y nuestro crecimiento numérico ha sido asombroso. Basta con encender la TV o la radio, y nos encontraremos con un pastor predicando o un programa cristiano, entrevistas a pastores sobre algún tema relevante, etc. Y es en este punto en donde es necesario darnos cuenta que, los latinoamericanos (y particularmente los pentecostales), tenemos abundancia de Pan y de Palabra, y es nuestra obligación compartirlo con el mundo que aún no conoce siquiera el Nombre de Jesús.

¿POR QUÉ DEBERÍAMOS HACER MISIONES?

Si bien es cierto que la palabra “misiones” no se encuentra en las Escrituras como tal, entendemos que el mandamiento de ir y hacer discípulos en todas las naciones es la “misión” por excelencia de la Iglesia. Dicha misión es más conocida como “La Gran Comisión” que Jesús les dejó a sus discípulos en Mateo 28:19-20. La misión implica ir al mundo, conocer la cultura, ser parte de ella, predicar el Evangelio, levantar discípulos y líderes, y que estos hagan discípulos dentro de su misma cultura. Así pues, formar “discípulos que hacen discípulos” en todas las naciones es la razón de ser de la iglesia. Esta misión no es opcional. El misionero, Hudson Taylor, una vez dijo: “La Gran Comisión no es una opción para ser considerada sino un mandamiento para ser obedecido”. Dicho mandato debe cumplirse con urgencia. ¿Por qué? Porque la cantidad de personas que aún no conocen al Señor cada día es mayor. Tan solo considera lo siguiente: Si todas las personas del mundo que no conocen al Señor hicieran una fila, esta daría 30 vueltas alrededor del planeta Tierra. Tal es la multitud de los que todavía no conocen a Cristo.

LA VENTANA 10/40

¿Dónde está la mayoría de la gente que todavía no ha escuchado el evangelio? ¿Dónde se localizan las naciones que tienen la mayor necesidad física y espiritual en este momento?  Uno de los lugares más difíciles para predicar la Palabra de Dios y donde realmente los misioneros y evangelistas, por la fe, pagan un alto precio, es en la llamada “Ventana 10/40”. Es el mayor reto de la Iglesia en la Evangelización Mundial. Muchos misioneros y evangelistas han sido aprisionados, torturados, y muertos por el hecho de predicar la Palabra allí.

Pero, ¿Qué es en sí la Ventana 10/40? La Ventana 10/40 es un término acuñado por el misionero cristiano estratega Luis Bush en 1990. ​​ Se refiere a las regiones del hemisferio oriental situado entre 10 y 40 grados al norte del ecuador. Comprende además una agrupación de pueblos no alcanzados por el evangelio que se extiende a través de toda esta zona geográfica, la cual abarca un tercio del área total de la tierra. Dos de cada 3 personas en el mundo viven ahí, sumando en total 64 países. En esta zona radica la mayor pobreza en el mundo. Es una aglomeración de musulmanes, hindúes y budistas que llegan a casi 3.000 millones de personas que nunca han escuchado el evangelio. Es más, tan solo en China e India hay más “no cristianos” que todos los cristianos existentes en el resto del mundo. ¡En la ventana 10/40 mueren 54.000 personas sin Cristo cada día!

¿QUÉ LE HA PASADO A LA IGLESIA PENTECOSTAL LATINOAMERICANA?

Es triste admitir que la Iglesia Pentecostal en América Latina se ha preocupado más por construir grandes templos, adquirir riquezas y poder político, o tener presencia en cada comunidad que reside, pero se ha olvidado de la Gran Comisión: “id por todo el mundo” es el mandato de Jesús, “haced discípulos” nos dijo, “me seréis testigos… hasta lo último de la tierra”, afirmó. Entonces, ¿Por qué no lo estamos haciendo? Cabe destacar que no todo está perdido. Es maravilloso descubrir hoy en día como en las iglesias latinoamericanas se está levantando una nueva generación apasionada por Jesús y por cumplir con la Gran Comisión. Un número cada vez mayor de jóvenes pentecostales, mujeres, hombres y niños se están levantando y diciendo: “Heme aquí”, impactando a la iglesia pentecostal latinoamericana con su pasión por el evangelismo y las misiones; sin embargo, hay una gran barrera proveniente de las mismas iglesias pentecostales en apoyarlos. Muchas veces se les tacha de desordenados, de querer sobresalir o bien, de que no respetan el orden establecido por las autoridades eclesiásticas. Esto no debería ser así, pues hay mucha falta de misioneros en el mundo. Lamentablemente, la iglesia ha caído en un terrible descuido hacia la misión de hacer discípulos en todas las naciones. Hemos realizado de todo menos la única cosa que el Señor nos mandó a hacer.

LAS MISIONES EN NÚMEROS.

Te preguntarás: ¿Acaso no hay cristianos en cada país del mundo? Claro. Pero Jesús no dijo que hiciéramos discípulos en cada país sino en cada nación. La palabra “nación” en griego es “ethnos” que es la raíz de donde proviene nuestra palabra etnia. Esto hace que la tarea pendiente sea aún mayor. ¿Por qué? Actualmente hay 16,475 grupos étnicos alrededor del mundo y se estima que 6,664 aún pueden catalogarse como “no alcanzados”. Cuando hablamos de un grupo étnico “no alcanzado” nos referimos a una comunidad de nativos que no cuenta con una iglesia, creyentes, ni suficientes recursos ni asistencia externa.

No se debe confundir el término “no alcanzado” con “perdido”. Tu vecino puede estar perdido sin Cristo, pero en estos términos no significa que sea un “no alcanzado” precisamente. Una persona no alcanzada no tiene nada de acceso al evangelio, no tiene misioneros, ni iglesia, ni Biblia en su propio idioma. Por el contrario, tu vecino, aunque quizá no sea salvo, sí ha sido alcanzado porque tiene acceso al evangelio ¡Él te tiene a ti! Tú que tienes el evangelio y una Biblia estás cerca de él y él tiene acceso a ti y tú tienes una misión de compartirle el evangelio. Pero el 40.4% de los grupos étnicos en el mundo no tienen este tipo de acceso al evangelio. Tal vez tantos números puedan cansarnos un poco, pero me gustaría exponer el punto al que hemos podido descuidar las misiones con tres estadísticas:

(1.- En el año 100 d.C. había doce grupos no alcanzados por cada congregación, ahora hay un grupo no alcanzado por cada 1000 congregaciones.

(2.- Se estima que, por cada dólar otorgado a la iglesia para cualquier causa, menos de un centavo se destina a las misiones en los grupos no alcanzados. De alguna manera se ha creído, consciente o inconscientemente, que este mandamiento es selectivo; eso quiere decir que no es para todos, sino para unos cuantos. Algunos en el pasado han argumentado que esta tarea solo fue otorgada a los doce apóstoles. Pero esta postura está claramente lejos de lo que enseña las Escritura. Podemos ver en el libro de Hechos que los que llevaron el evangelio a Judea y Samaria no fueron los apóstoles sino el pueblo común, la Iglesia del Señor en todo su conjunto (Hechos 8:1-4).

(3.- Por último, porque hay una gran falta de intencionalidad de ir a los pueblos no alcanzados, los pocos misioneros que se mandan en su mayoría van a los pueblos ya alcanzados. Solo uno de cada diez misioneros va a los no alcanzados.

Entonces, ¿Cuál es la solución? La solución es que veamos en la Escritura la pasión que tenía el mismo Pablo cuando dijo: “…De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro; sino como está escrito, “Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán, y los que no han oído, entenderán…” (Romanos 15:20-21).

¿HACIA DÓNDE ESTÁN YENDO NUESTROS MISIONEROS?

En 2010, el Centro Mundial para el Estudio del Cristianismo publicó un documento en el que se analizaba la situación del cristianismo desde 1970 hasta la fecha, proyectando también una previsión del crecimiento a nivel global hasta el año 2020. Una de las conclusiones del informe es que el campo misionero es cada vez más global, implicando a más países, y produciéndose un mayor trasvase de misioneros a países que no son de su origen. Algunos países, otrora potencias en el área misionera, han menguado su actividad y cedido el liderazgo misionero a países en los cuales, en otro tiempo, era impensable el envío de misioneros transculturales. Un ejemplo de ello es Corea del Sur, que dejó de ocupar el segundo lugar entre los países que más personas envían a las misiones, para posicionarse en el puesto seis. Ahora, el segundo puesto en mayor envío misionero lo ocupa Brasil (una nación latinoamericana), justo por detrás de Estados Unidos. Según el estudio los cristianos (todas las denominaciones incluidas) sostienen anualmente a cerca de 400 mil misioneros en otras naciones anualmente. El ranking de los 10 países que más personas envían a predicar el evangelio fuera de sus fronteras lo encabeza Estados Unidos, seguido por Brasil. También se encuentran en la lista, Francia, España, Italia, Corea del Sur, Reino Unido, Alemania, India y Canadá. Tan solo Estados Unidos envía y sostiene a 127.000 misioneros a otros países, mientras que Brasil le sigue con 34.000 creyentes enviados a cumplir la Gran Comisión.

¿Acaso no es esto suficiente? Ojalá lo fuera. Lamentablemente existe un desequilibrio en el envío de misioneros pues, los 10 países que más misioneros internacionales envían son el hogar del 32 por ciento de los miembros de la iglesia en el mundo, pero enviaron casi el 73 por ciento de los misioneros internacionales. El problema con esto es que la mayoría de los misioneros continúan visitando naciones en su mayoría cristianas. De los 9 países que reciben el mayor número de misioneros, sólo el 3.5% están integrados por países no cristianos en el mundo; sin embargo, dichas naciones recibieron el 34 por ciento de los misioneros enviados a otras naciones. En contraste, los diez países con la mayoría de la población no cristiana, son el hogar del 73% de la población no cristiana del mundo. Debido a que muchos de ellos restringen el ingreso de misioneros, dichos países recibieron solo al 9% de todos los misioneros internacionales. Esto es preocupante, ya que la mayor parte de los grupos no alcanzados se encuentran en China, India y Nigeria, donde un gran número de misioneros locales, mas no así obreros internacionales, trabajan entre los no cristianos. Esto significa que estamos dejando solos, en el cumplimiento de la Gran Comisión, a nuestros hermanos en los países donde existe la mayor necesidad de obreros y donde, por cierto, reside el mayor número de etnias no alcanzadas. Curiosamente, el país que más misioneros recibe anualmente es Estados Unidos, con 32.400 misioneros enviados desde otras naciones.  Sí, leíste bien. Estados Unidos, el país enviador por excelencia ¡Es también el mayor receptor! ¿Algo está mal, no crees?

Algo está claro: Urge enviar más misioneros, pero también urge enviarlos a donde se necesitan, no sólo a donde puedan ir cómodamente y sin restricciones. Es ahí donde la gran cantidad de jóvenes pentecostales latinoamericanos, llenos de entusiasmo y pasión por las misiones, podrían jugar un papel importante si fuesen enviados por las iglesias latinoamericanas a las que pertenecen. Nuestro papel, como líderes, es no estorbarles ni frustrar sus llamados.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA.

Pero no se trata solo de enviar a cada joven o adulto entusiasta a las naciones. Muchos de ellos tienen un llamado genuino y un gran deseo en sus corazones, sin embargo, no tienen plenamente desarrollado el carácter de un cristiano, les falta preparación bíblica, no saben trabajar en equipo y les falta capacitación transcultural. ¡Muchos de ellos incluso viven en pecado! Y la lista de deficiencias y motivos justificados para no enviarles podría continuar; sin embargo, Aquél que empezó la buena obra en cada uno de ellos con el deseo de misionar, será fiel en completarla (Filipenses 1:6).

¿ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR EL PRECIO?

Un punto más a considerar: Las misiones no deben verse como turismo religioso. La iglesia latinoamericana, y sobre todo pentecostal, necesita sacar esa idea errónea de su mente. Tampoco debemos tener una visión romántica y poco realista del campo misionera: Las misiones no son un paraíso de comodidad y reconocimiento público. De hecho, es todo lo contrario. Es cierto que el misionar trae una alegría inmensa en el corazón. Llegar a lugares no alcanzados por el evangelio es casi el sueño de todo cristiano devoto y apasionado por las almas; pero no todo es color de rosa: las enfermedades abundan, la presión espiritual, la soledad en el campo misionero, por citar ejemplos, son solo algunas entre tantas dificultades que deben soportar. Misiones no es solo ir a un lugar y volver a la comodidad de tu hogar. Misiones es ir y establecerse junto a ellos, ser parte de ellos, vivir, comer y dormir con ellos. No es solo ir por cierto tiempo y volver. A veces, quizá ni siquiera sea posible volver con vida. En esto, como en todo, Jesús es nuestro ejemplo perfecto (Juan 1:14; Hebreos 2:14-18).

CONCLUSIÓN.

La iglesia pentecostal latinoamericana necesita urgentemente abrazar la Gran Comisión, hacer suya la pasión que en su momento tuvo Pablo y el mismo Señor Jesucristo de extender su precioso evangelio en todo lugar. Quizá tú pienses, “Yo no tengo el llamado de ir a un lugar no alcanzado”, pero no olvides que puedes apoyar financieramente o tomar el compromiso de orar seriamente por las misiones y los misioneros. Todos podemos, y debemos, hacer misiones junto a ellos: orando, yendo, movilizando y enviando, y quizá igual de importante que lo anterior, no estorbando a los que sí lo hacen.

No podemos dejarles a otros el cumplimiento de esta gran tarea. Cada iglesia debe ser consciente del rol que juega en la misión. La labor social, el trabajo con los misioneros, el sostener, el enviar, todo esto debería ser parte de cada iglesia local. Cada iglesia local debería estar enfocada en transformar el mundo para Cristo. Y los pentecostales, sobre todo, debemos ser conscientes de esta gran verdad: Mucho nos hemos preocupado de estudiar la Segunda venida de Cristo, mientras que hay un mundo que aún no conoce de su Primera Venida. Es tiempo que esto cambie y somos la generación que puede hacerlo. ¡Faltan cristianos pentecostales en el campo misionero!

Hagamos nuestra y vivamos la letra del conocido himno protestante escrito por Mary Brown, y digamos: “A donde me mandes iré.”

 

Quizás no tenga yo que cruzar
montañas ni ancho mar;
quizás no sea a lucha cruel
que Cristo me quiera ̮enviar.
Mas si Él me llama a sendas que
yo nunca caminé,
confiando en Él, le diré: Señor,
a donde me mandes, iré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.
Habrá palabras de fe y paz
que me mande ̮el Señor decir;
yo sé que ̮en sendas de la maldad
hay seres que redimir.
Señor, si Tú quieres mi guía ser,
la senda seguiré;
Tu bello mensaje podré anunciar,
y lo que me mandes diré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.
Habrá quizás algún lugar,
en viñas de mi Señor,
en donde pueda con fe servir
a Cristo mi Salvador.
Y siempre confiando en Su bondad,
Sus dones recibiré.
Alegre, haré Su voluntad,
y lo que me mande, seré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.

(“A Donde me mandes iré”, Mary Brown, 1856–1918.)