ESCATOLOGÍA, Segunda Venida de Cristo

La apostasía, señal de su venida

Por Fernando E. Alvarado

Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.


2 Timoteo 4:3-4

INTRODUCCIÓN

Existen dos episodios a la luz del Nuevo Testamento donde se manifiesta la apostasía: una apostasía gradual desde el siglo I luego del nacimiento de la Iglesia hasta nuestros días; y el otro es la apostasía final durante el gobierno del Anticristo y la tribulación hasta la segunda venida de Cristo a la tierra para juzgar a Israel, las naciones y reinar durante mil años. Partiendo de que apostasía (del gr. ‘apostásis’) es: alejamiento, abandono premeditado y consciente de la fe cristiana; entendemos que se refiere a aquellos creyentes que una vez conocen la verdad vuelven atrás, influidos por sectas, religiones, ideologías o bien sea para mantenerse sin ninguna creencia; pero todos sabiendo bien lo que hacen y el riesgo que corren. Algunos más osados abusan de la gracia del Señor cual si fuera una licencia para hacer lo que mejor les parezca con su vida y con la sana doctrina cristiana.

LA APOSTASÍA COMO SEÑAL ESCATOLÓGICA

La apostasía como señal escatológica está claramente advertida por el apóstol Pablo a la Iglesia de Tesalónica: «Hermanos, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les rogamos que no cambien fácilmente de manera de pensar. No se dejen asustar por nadie, ni siquiera por un espíritu, una palabra, o una carta que pretenda aparecer como nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. De ninguna manera se dejen engañar. Porque ese día no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, es decir, el hijo de perdición» (2ª Tesalonicenses 2:1-3. RVC).

En estos, los últimos días, debe manifestarse con mayor fuerza la apostasía que viene gestándose desde el mismo primer siglo de la era cristiana. La apostasía, por lo tanto, no es algo que sucederá repentinamente, sino progresivamente, a lo largo de la historia cristiana y que terminará cuando Jesús regrese al mundo a juzgar a Israel y las naciones e inicie su reinado milenial, cuando venza al Anticristo y ate al diablo por mil años (Apocalipsis 19:11-20:10). Aunque seguramente el apóstol Pablo ya le había hablado a la iglesia de Tesalónica personalmente acerca de este tema, en su segunda carta aclara lo antes enseñado y les exhorta a que «no cambien fácilmente de manera de pensar» y que «no se dejen asustar por nadie», reiterándoles el orden escatológico a él revelado, donde la apostasía pasa a ser la señal más clara previa a la Segunda Venida.

APOSTASÍA EN LA IGLESIA DE HOY

El apóstol Pablo le escribe a Timoteo y a nosotros: «Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe y escucharán a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, y que por la hipocresía de los mentirosos que tienen cauterizada la conciencia…» (1ª Timoteo 4:1-2. RVC). Esta revelación profética ya deja en claro a qué nos exponemos, doctrinalmente hablando, ante la multiplicación de ideales y doctrinas, «nuevas revelaciones» y enseñanza extra bíblicas.

Como lo señalamos anteriormente, la apostasía se ha venido manifestando progresivamente en estos siglos hasta que alcance su zenit en los días previos al Anticristo, cuando observaremos una proliferación de religiones y sectas que «salieron de nosotros, pero no eran de nosotros. Si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron para que fuera evidente que no todos son de nosotros. Pero ustedes tienen la unción del Santo, y conocen todas las cosas. No les he escrito porque no conocen la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad» (1ª Juan 2:19-21). Si el apóstol Juan escribió eso en las postrimerías del primer siglo, ¿cuánto más debemos nosotros estar alertas ante el nacimiento de tantos movimientos apóstatas y heréticos en estos tiempos peligrosos?

Para identificar y combatir completamente la apostasía, es importante que los cristianos entendamos sus diversas formas y los rasgos que caracterizan sus doctrinas y maestros. En cuanto a las formas de la apostasía, hay dos tipos principales: (1) el alejarse de las doctrinas claves y verdaderas de la Biblia y caer en las enseñanzas heréticas que proclaman ser la doctrina cristiana “real”; y (2) una renuncia completa a la fe cristiana, que resulta en un abandono completo de Cristo.

CARACTERÍSTICAS DE LA APOSTASÍA Y LOS APÓSTATAS

Las características de la apostasía y de los apóstatas son diversas. Judas, medio hermano de Jesús y líder prominente en la iglesia primitiva, describe en su carta del Nuevo Testamento cómo reconocer la apostasía e insta insistentemente a aquellos en el cuerpo de Cristo a contender ardientemente por la fe (Judas 3). La palabra griega traducida “contendáis ardientemente” es un verbo compuesto del cual obtenemos la palabra “agonizar”. Es en el tiempo presente y significa que la lucha será continua. En otras palabras, Judas nos está diciendo que va a haber una lucha constante contra falsas enseñanzas y que los cristianos deben tomarlo tan en serio que incluso “agonicemos” en medio de la lucha en que estamos inmersos. Por otra parte, Judas aclara que todo cristiano está llamado a esta lucha, no sólo los líderes del cuerpo local. Así que es fundamental que todos los creyentes afilen sus habilidades de discernimiento para que puedan reconocer y prevenir la apostasía en medio de ellos.

Luego de instar a sus lectores a contender ardientemente por la fe, Judas destaca la razón: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 4). En este versículo, Judas proporciona a los cristianos tres características de la apostasía y de los maestros apóstatas.

(1.- En primer lugar, Judas dice que la apostasía puede ser sutil. Judas utiliza la frase “han entrado encubiertamente” (que no aparece en ningún otro libro de la Biblia), para describir la entrada de los apóstatas en la iglesia. En el griego extra bíblico, el término describe la astucia de un abogado que, a través de una argumentación inteligente, se infiltra en las mentes de los funcionarios del Tribunal y corrompe su pensamiento. La palabra significa literalmente “entrar de lado; entrar furtivamente; difícil de detectar”. En otras palabras, Judas dice que es raro que la apostasía comience de una manera abierta y fácilmente detectable.

El apóstol Paul también habla del comportamiento agradablemente exterior de los apóstatas y sus enseñanzas: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14). En otras palabras, los apóstatas no parecerán malos en el exterior ni dirán palabras escandalosas de herejía al comienzo de su enseñanza. En lugar de negar la verdad abiertamente, los apóstatas la torcerán para que se ajuste a sus propios planes; lo cual es sumamente peligroso, ya que las peores formas de iniquidad consisten en las perversiones de la verdad. Así, por ejemplo, la doctrina de la expiación ha sido convertida en universalismo, la gracia en libertinaje y el profundo amor de Dios por los pecadores ha sido transformado en total permisividad para permitir en la iglesia la homosexualidad o cualquier otra forma de perversión moral. Así también, verdades como la fe y la autoridad del creyente han sido torcidas para dar paso a ideas antibíblicas como la confesión positiva, el Evangelio de la prosperidad, la Nueva Reforma Apostólica y otras herejías como el declarar y decretar.

(2.- En segundo lugar, Judas describe a los apóstatas como “impíos” y como aquellos que usan la gracia de Dios como una licencia para cometer actos injustos. Comenzando con “impíos”, Judas enumera dieciocho rasgos poco favorecedores de los apóstatas para que sus lectores puedan identificarlos más fácilmente. Judas dice que los apóstatas son impíos (vs. 4), moralmente pervertidos (vs. 4), niegan a Cristo (vs. 4), mancillan la carne (vs. 8), son rebeldes (vs. 8), gente que blasfema a los ángeles (vs. 8), son ignorantes de Dios (vs. 8), proclaman visiones falsas (vs. 10), autodestructivos (vs. 10), murmuradores (vs. 16), criticones (vs. 16), andan según sus propios deseos (vs. 16), personas que usan palabras arrogantes y adulaciones falsas (vs. 16), burladores de Dios (vs. 18), los que causan divisiones (vs. 19), sensuales (vs. 19) y finalmente (y no es de extrañar), carentes del Espíritu (vs. 19).

(3.- En tercer lugar, Judas dice que los apóstatas “niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Vs. 4) ¿Cómo hacen esto los apóstatas? Negando su plena divinidad, su encarnación, su nacimiento virginal, su vida perfecta, su mesiazgo, su filiación divina o su Segunda Venida. La falsa enseñanza de los apóstatas muestra su verdadera naturaleza. Por eso Pedro dice, “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1).

Pero esta no es la única forma de negar a nuestro Señor. Pablo nos dice en su carta a Tito: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:15-16). A través de su comportamiento impío y pecaminoso, los apóstatas muestran a su verdadero yo. A diferencia de un apóstata, un verdadero creyente es alguien que ha sido liberado del pecado a la justicia en Cristo. Con Pablo, preguntan a los apóstatas que promueven el comportamiento libertino: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1-2). Los apóstatas se infiltran en nuestras iglesias para, en nombre de la tolerancia, el respeto a la diversidad y un cristianismo de mente abierta, más ecuménico y acorde con los cambios sociales, hacer que lo malo parezca bueno y lo bueno malo.

(4.- Finalmente, la señal de un apóstata es que eventualmente decae y se aparta de la verdad de la Palabra de Dios y Su justicia. El apóstol Juan indica que esto es una marca de un creyente falso: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19)

LA APOSTASÍA PREPARARÁ EL TERRENO PARA LA APARICIÓN DEL ANTICRISTO

Pero la apostasía de la iglesia previa a la Segunda Venida no es un suceso aislado o casual. Así como Juan el Bautista preparó el camino delante de nuestro Señor Jesucristo (Juan 1:23), así la Apostasía de individuos (y hasta denominaciones enteras) será el Elías que preparará el camino para la manifestación del hombre de pecado (2 Tesalonicenses2:3). De acuerdo con Pablo, en los tiempos previos a la manifestación del Anticristo, tanto la apostasía como las herejías se incrementarán trayendo un estremecimiento espiritual en el seno de la Iglesia mundial, a la cual se le exige no descuidar el discernimiento para no caer en esta trampa diabólica. Es importante aclarar que apostasía es el abandono premeditado y completo de la fe; mientras que herejía es la abjuración (retractarse) de la fe. La apostasía, por lo tanto, solo pueden cometerla aquellos que previamente se han identificado como creyentes. Es un abandono de la fe. Los incrédulos jamas podrían cometer este pecado pues nunca han profesado fe alguna en el evangelio de Jesucristo. A eso se refería nuestro Señor cuando preguntó: «Pero cuando el Hijo del hombre venga a la tierra, ¿encontrará aquí gente que crea en él?» (Lucas 18:8, PDT); aludiendo claramente acerca de los tiempos de apostasía que se estarán viviendo previos a su Segunda Venida.

LA APOSTASÍA FINAL LLEGARÁ A SU CLÍMAX DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN

El abandono de la fe llegará a su zenit durante el tiempo descrito en la Biblia como la Gran Tribulación. Durante el gobierno del Anticristo aquellos que no renieguen de la fe serán perseguidos por este perverso ser y ejecutados. «Al abrir el Cordero el quinto sello, debajo del altar vi a las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y de su testimonio. A gran voz decían: “Señor santo y verdadero, ¿hasta cuándo seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra sangre?”. Entonces se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansaran todavía un poco más de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que también sufrirían la muerte como ellos» (Apocalipsis 6:9-11. RVC).

CUIDÉMONOS DE LA APOSTASÍA

Dios toma en serio la apostasía y la falsa enseñanza. Esto se evidencia por el hecho de que cada libro del Nuevo Testamento, excepto Filemón, contiene advertencias acerca de la falsa enseñanza. ¿Por qué? Simplemente porque las ideas tienen consecuencias. Debe recordarse que Satanás no vino a la primera pareja en el Jardín con un armamento externo o un arma sobrenatural, sino que vino a ellos con una idea. Y fue esa idea que les condenó a ellos y al resto de la humanidad, siendo el único remedio la muerte sacrificial del Hijo de Dios.

La gran tragedia es que, consciente o inconscientemente, el maestro apóstata condena a sus incautos seguidores. Uno de los versos más temibles en todas las Escrituras proviene de los labios de Jesús. Hablando a Sus discípulos acerca de los líderes religiosos de su época, dijo, “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14). Jesús afirma que no son sólo los falsos maestros van a la destrucción, sino que también sus discípulos los siguen. Nunca se ha sabido que un apóstata, cuando se va por un mal camino, se vaya solo. Él siempre buscará llevarse a muchos otros con él. Lamentablemente, hasta que Cristo regrese y cada enemigo espiritual haya sido removido, la cizaña como ésta estará presentes entre el trigo (Mateo 13:24-30). De hecho, la Escritura dice que la apostasía va a empeorar a medida que se acerque el retorno de Cristo. En estos, los últimos días que hoy estamos viviendo, “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán” (Mateo 24:10). Pablo les dijo a los Tesalonicenses que una gran apostasía precedería la segunda venida de Cristo (2 Tesalonicenses 2:3) y que el fin de los tiempos se caracterizaría por tribulación y charlatanes religiosos huecos: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres… que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-2,5).

Es crítico, ahora más que nunca, que cada creyente ore por discernimiento, combata la apostasía y contienda ardientemente por la fe que ha sido entregada una vez por todas a los Santos. La apostasía está ya presente en la iglesia y continuará avanzando a pasos agigantados hasta llegar a su clímax con la manifestación del Anticristo y la Gran Tribulación. La pregunta es: ¿estás preparado para combatir la apostasía? Si te fuere requerido ¿darías la vida por tu fe y en defensa de la verdad?

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