El Salvador, Gobiernos Humanos, Política

¡Dios te salve, patria sagrada!

Por Fernando E. Alvarado

Dios te salve‚ Patria Sagrada‚ en tu seno hemos nacido y amado; eres el aire que respiramos‚ la tierra que nos sustenta‚ la familia que amamos‚ la libertad que nos defiende‚ la religión que nos consuela.

¡DIOS SALVE A EL SALVADOR!

Mi país El Salvador enfrenta una crisis institucional y una polarización sin precedentes en su historia. Y desafortunadamente la iglesia evangélica no ha escapado a tal polarización. Caímos en el juego del mundo ¡y muchos cristianos ni siquiera nos hemos dado cuenta! Cerramos nuestros ojos un momento, y muchos los dejamos cerrados desde entonces… ¡Es tiempo de abrirlos!


A LA IGLESIA…

Este mensaje no es para el mundo. Ellos pueden hacer lo que les plazca y comportarse según lo que son: Inconversos. No podemos esperar que los que no conocen a Dios se comporten como si lo conocieran. A fin de cuentas, “el dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos” (2 Corintios 44, NVI). Es a la iglesia a quien va dirigido este mensaje. Como bien lo dijera Pablo: “¿Acaso me corresponde a mí juzgar a los de afuera? Pero ciertamente tenemos la responsabilidad de juzgar a los de adentro. Dios juzgará a los de afuera…” (1 Corintios 5:12-13, NBV)


QUIERO INVITARTE A MEDITAR EN LO SIGUIENTE…

Mi amado hermano en Cristo. Mi responsabilidad pastoral va más allá de predicarte cada domingo. A la luz de la Biblia me veo obligado a señalar ciertos aspectos de nuestro proceder que están violando la Palabra de Dios y dañando nuestro testimonio cristiano. Considero importante recordarte que:

(1.- Antes que militantes de algún partido político, los cristianos somos ciudadanos del Reino. No debemos enamorarnos tanto de los sistemas, partidos políticos o ideologías de esta tierra.

En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.” (Filipenses 3:20, NVI)
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI)
“Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:2, NVI)


(2.- Poner la confianza en los gobiernos de este mundo y en sus líderes es una causa perdida y la iglesia no debe participar de ello. Este mundo caído no tiene soluciones eternas. Es más, la Biblia declara que las alianzas con el poder mundano están en contra de su voluntad:

“Sabemos que somos hijos de Dios, y que el mundo entero está bajo el control del maligno.” (1 Juan 5:19, NVI)
“El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:17, NVI)

“¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.” (Santiago 4:4, NVI)


(3.- El fanatismo hacia un partido o figura política, quienquiera que sea, es idolatría. La idolatría nos ciega y nos aleja de Dios y, por si fuera poco, acarrea la ira de Dios sobre quien la practica. Necesitamos quebrar nuestros becerros de oro y abandonar los dioses falsos. A quienes depositan su confianza para salvación (sea esta espiritual o material) en líderes o gobernantes humanos, la Palabra les exhorta:

“Son hombres y no dioses; sus caballos son carne y no espíritu. Cuando el Señor extienda su mano, tropezará el que presta ayuda y caerá el que la recibe. ¡Todos juntos perecerán!” (Isaías 31:3, NVI)

“Así dice el Señor: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!” (Jeremías 17:5, NVI)


(4.- La iglesia debe evitar a toda costa ceder a la tentación de poder y fama mundana ofrecida por el diablo. Muchos ministros de la Palabra, al igual que Demas, han abandonado el ministerio “por amor a este mundo” (2 Timoteo 4:10), prefiriendo en su lugar la política partidaria o por ambición a algún cargo en el gobierno. La iglesia no debe vender su primogenitura, pues servir por ambición o fama a los sistemas de este mundo es servir al diablo, no a Dios:

“Entonces el diablo lo llevó a un lugar alto y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. —Sobre estos reinos y todo su esplendor —le dijo—, te daré la autoridad, porque a mí me ha sido entregada, y puedo dársela a quien yo quiera. Así que, si me adoras, todo será tuyo. Jesús le contestó: —Escrito está: Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.” (Lucas 4:5-8, NVI)


Cual “olivos de Dios”, nuestra respuesta ante la contaminación política debería ser la misma de la parábola de Jotam:

“Cierta vez los árboles decidieron elegir un rey. Primero le dijeron al olivo: ¡Reina sobre nosotros!. Pero el olivo se negó diciendo: ¿Dejaría yo de producir el aceite de oliva que bendice a Dios y a la gente, solo para mecerme por encima de los árboles?”. (Jueces 9:8-9, NVI)


(5.- La Biblia nos manda honrar y sostener la ley, así como respetar a nuestros gobernantes:

“Sométanse por causa del Señor a toda autoridad humana, ya sea al rey como suprema autoridad, o a los gobernadores que él envía para castigar a los que hacen el mal y reconocer a los que hacen el bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que, practicando el bien, hagan callar la ignorancia de los insensatos.” (2 Pedro 2:13-15, NVI)

“Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo. Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno, sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero, si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor. Así que es necesario someterse a las autoridades no solo para evitar el castigo, sino también por razones de conciencia. Por eso mismo pagan ustedes impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar. Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor.” (Romanos 13:1-7, NVI)


Sin embargo, como los textos arriba mencionados lo señalan, y nuestro sistema democrático lo establece, nuestro país está compuesto por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. No solo debemos respeto al ciudadano presidente y su gabinete, sino también a los señores diputados y magistrados de la Corte Suprema. Por lo tanto, quienes usando los textos mencionados exigen respeto para el político o funcionario de su predilección, si desean ser coherentes y dar cumplimiento a la Palabra, tampoco pueden, en obediencia a Dios, ultrajar, ofender, apodar o denigrar a ningún funcionario público. Por tal motivo, exigir respeto para uno, mientras se le llama “ladrones”, dipurratas”, “escoria” o cualquier otro calificativo despectivo a los demás funcionarios del Estado, no solo es incoherente, sino también hipócrita para un cristiano. La Biblia nos ordena honrar y respetar a todos por igual. Sin excepciones.

Y una cosa más: si usted justifica su apoyo incondicional a un mandatario humano escudándose en Daniel 2:21 (“Dios quita y pone reyes”), debe recordar también que los diputados y magistrados que hoy insulta también han sido puestos por Dios ¿acaso no significa eso que debe respetarlos de igual manera? Si no piensa respetarlos, ¡pues tampoco tiene derecho a usar la Daniel 2:21 y otros pasajes similares para justificar su veneración enfermiza al político que sí le cae bien! Es todo o nada, ya que la obediencia a la Palabra no es selectiva, “pues el que obedece todas las leyes de Dios menos una es tan culpable como el que las desobedece todas” (Santiago 2:10, NTV).


(6.- La burla, la sorna y el escarnio son cosas despreciables a la vista de Dios. Los cristianos no debemos recurrir a ellas. Si los impíos actúan de esa forma con sus detractores, nosotros debemos actuar diferente, pues la Palabra nos exhorta: “…Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19, RV1960)

Tampoco debemos deleitarnos cuando otro sea ridiculizado, ni celebrar la humillación ajena, aún cuando quien es humillado sea nuestro adversario político o piense diferente a nosotros. Los “memes” dejan de ser “simple diversión” o “mero entretenimiento” cuando se usan para burlarse, denigrar o pisotear la dignidad de los demás. Es entonces cuando se convierten en maldad, acoso o ciberbullying. Y la Palabra nos exhorta a ser diferentes:

“¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores se deleitarán en hacer burla, y los necios aborrecerán el conocimiento?” (Proverbios 1:22, LBLA)

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.” (Salmo 1:1, RV1960)


(7.- Respeta la opinión ajena. Los demás no están obligados a pensar como tú. Vivimos en una democracia y cada quien puede creer lo que mejor le parezca. Nadie necesita tus insultos. Muestra educación y, si algo no te gusta en el post de otro, recuerda que es su muro y hay libertad de expresión. Él puede poner lo que le gusta. Pasa de largo y, si tanto te molesta, elimínalo de tu lista de amigos sin meterte en pleitos, dimes y diretes. Simplemente ignora. Ante todo, ya sea que sientas la tentación de ofender a otro o seas tu el ofendido, recuerda que la Palabra de Dios nos manda:

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Romanos 12:18-19, RV1960)

Recuerda: ¡Está prohibido perder amigos y dañar relaciones por diferencias políticas! Seamos mejores que eso. Seamos maduros.


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