La santificación es un acto de separación de todo lo malo, y de dedicación a Dios (Romanos 12:1-2; 1 Tesalonicenses 5:23, Hebreos 13:12). La Biblia prescribe una vida de "santidad sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Por el poder del Espíritu Santo podemos obedecer el mandato que dice: "Sed santos porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16). La santificación se efectúa en el creyente cuando este reconoce su identidad con Cristo en su muerte y su resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo, y somete todas sus facultades al dominio del Espíritu Santo (Romanos 6:1-11; Romanos 6:13; Romanos 8:1-2; Romanos 8:13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12-13; 1 Pedro 1:5).
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La Fe de Mahoma | ¿Por qué algunos evangélicos están abrazando el Islam?
El islam no está construyendo sobre los sólidos fundamentos doctrinales y bellos templos que hemos levantado, sino sobre nuestras ruinas teológicas y pésimo discipulado. La culpa no es de las instituciones islámicas que hacen proselitismo en el país o de sus financistas ¡Ni siquiera del popular presidente musulmán que tenemos! La culpa es nuestra, solo nuestra. Y esto seguirá pasando a menos que cambiemos de rumbo y tomemos en serio la misión que se nos ha encomendado: “Por tanto, id, y haced discípulos” (Mateo 28:19). No basta con profesiones de fe en los parques durante las campañas evangelísticas, o en evangelismo casa por casa. No es suficiente con que repitan la oración del pecador. Necesitamos hacer la tarea completa, discipular correctamente. Motivar a nuestros miembros a estudiar teología y profundizar en la fe cristiana.
El Sabbat Cristiano | ¿Es el Domingo el Día del Señor?
¿Sábado o domingo? ¿Cuál es el día del Señor? Esta pregunta surge frecuentemente en el diálogo con los adventistas del séptimo día y otros grupos judaizantes. Aun en las iglesias protestantes que tradicionalmente han observado el domingo como principal día de adoración, surge a menudo la pregunta: ¿Vale la pena continuar con dicha observancia? La frase Día del Señor se utiliza sólo una vez en las Escrituras. Apocalipsis 1:10 dice, "Yo estaba en el Espíritu en el Día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta". Puesto que el apóstol Juan no da detalles sobre el significado de "el Día del Señor", podemos asumir que su público objetivo, los cristianos del primer siglo, ya estaban familiarizados con la expresión.
¿Son nuestras iglesias legalistas en el vestuario?
Hombres, “tapar” a las mujeres no es la solución al problema ¡Hay que arrancarnos el ojo! el ojo de lascivia y apropiación, el que antepone el deseo propio a la dignidad de la mujer. El problema no es de vestuario, es del corazón.
El Dios deformado del nuevo calvinismo
El Dios de la Biblia es un Dios de amor, un Dios que no ama solamente a los que le aman, sino también a los pródigos y rebeldes. Un Dios que no teme concederle a sus criaturas el regalo de la libertad para elegirlo voluntariamente y sin compulsión alguna.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (VIII) – La Evidencia Física Inicial del bautismo en el Espíritu
El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas, pero es diferente en propósito y uso (1 Corintios 12:4-10; 1 Corintios 12:28).
¿En qué consiste el «Bautismo de fuego» del cual habló Juan el Bautista?
Juan el Bautista proclamó que Jesucristo vendría y bautizaría “en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Pero ¿A qué se refería con eso? ¿Es el bautismo de fuego algo que deberíamos desear o evitar? Existen dos formas opuestas de interpretar este texto, una sustentada por los pentecostales y otra por el sector evangélico cesacionista.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (VII) – El Bautismo en el Espíritu Santo
Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4; Hechos 1:8; 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17; Hechos 10:44-46; Hechos 11:14-16; Hechos 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como: la de ser lleno del Espíritu, Juan 7:37–39, Hechos 4:8); una reverencia más profunda para Dios, Hechos 2:43, Hebreos 12:28); una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42); y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20).
Junia y el sacerdocio universal del creyente | 3 libros recomendados para toda mujer que desee conocer la verdad bíblica sobre el ministerio femenino
Las teologías atrapadas en el siglo XVI eventualmente serán desechadas. Desechadas por cuanto mienten, falsifican los hechos, tuercen las Escrituras y llaman inmundo lo que Dios ha limpiado. Nacer con un órgano sexual masculino, o poseer un cromosona "Y" no hace a nadie más digno de ejercer un ministerio en la iglesia. Los verdaderos protestantes creemos en el sacerdocio universal del creyente. Y las mujeres no son menos creyentes que un hombre.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (VI) – Las Ordenanzas de la Iglesia
Cristo instituyó dos ritos o ceremonias que debían observar sus seguidores: el bautismo, un rito único de iniciación (Mateo 28:19; Gálatas 3:27) y la Santa Cena, un rito memorial constante (1 Corintios 11:23–26). Algunas denominaciones cristianas los llaman “sacramentos” (católicos, luteranos, anglicanos, reformados, etc.), la iglesia ortodoxa oriental los llama “misterios” y los evangélicos y otros protestantes que consideran que estas dos palabras tienen connotaciones negativas los llaman “ordenanzas”. Las Escrituras, sin embargo, no tienen ninguna palabra para la categoría que forman estos dos ritos.