Asambleas de Dios, Ministerio Femenino, Recomendación de Lectura

Junia y el sacerdocio universal del creyente | 3 libros recomendados para toda mujer que desee conocer la verdad bíblica sobre el ministerio femenino

Por Fernando E. Alvarado

Hermanas (sobre todo pentecostales) ¡Lean! Así no se tragarán ese cuento viejo y gastado de que ustedes no pueden ser pastoras, misioneras, evangelistas, profetas y maestras. Las teologías atrapadas en el siglo XVI eventualmente serán desechadas. Desechadas por cuanto mienten, falsifican los hechos, tuercen las Escrituras y llaman inmundo lo que Dios ha limpiado. Nacer con un órgano sexual masculino, o poseer un cromosona «Y» no hace a nadie más digno de ejercer un ministerio en la iglesia. Los verdaderos protestantes creemos en el sacerdocio universal del creyente. Y las mujeres no son menos creyentes que un hombre:

“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo… Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (1 Pedro 2:5,9)

“Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 1:6)

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” (Apocalipsis 6:9-10)

Y para este sacerdocio universal de todos los creyentes no hay barreras étnicas, socioeconómicas o de género que valgan:

“Todos son uno en Jesucristo, no importa si son judíos o no,[a] esclavos o libres, hombres o mujeres.” (Gálatas 3:28, PDT)

Las palabras de Lutero dirigidos a la iglesia católica, bien podrían dirigirse a muchos protestantes neocalvinistas (más herederos del catolicismo que de la Biblia) de hoy en día:

“Apoyados en la unción corporal, en sus manos consagradas, en la tonsura y en su especial vestir, no sólo se consideran superiores a los laicos cristianos —que están ungidos por el Espíritu Santo—, sino que tratan poco menos que como perros a quienes juntamente con ellos integran la iglesia. De aquí sacan su audacia para mandar, exigir, amenazar, oprimir en todo lo que se les ocurra. En suma: que el sacramento del orden fue —y es— la máquina más hermosa para justificar todas las monstruosidades que se hicieron hasta ahora y se siguen perpetrando en la iglesia. Ahí está el origen de que haya perecido la fraternidad cristiana, de que los pastores se hayan convertido en lobos, los siervos en tiranos y los eclesiásticos en los más mundanos. Si se les pudiese obligar a reconocer que todos los bautizados somos sacerdotes en igual grado que ellos, como en realidad lo somos, y que su ministerio les ha sido encomendado sólo por consentimiento nuestro, inmediatamente se darían cuenta de que no gozan de ningún dominio jurídico sobre nosotros, a no ser el que espontáneamente les queramos otorgar. Este es el sentido de lo que se dice en la primera carta de Pedro (2.9): “Sois una estirpe elegida, sacerdocio real, reino sacerdotal”. Por consiguiente, todos los que somos cristianos somos también sacerdotes. Los que se llaman sacerdotes son servidores elegidos de entre nosotros para que en todo actúen en nombre nuestro. El sacerdocio, además, no es más que un ministerio, como se dice en la segunda carta a los Corintios (4.1): “Que los hombres nos vean como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”.[1]

“En consecuencia, ten la seguridad, y que así lo reconozca cualquiera que considere que es cristiano, que todos somos igualmente sacerdotes, es decir, que tenemos la misma potestad en la Palabra y en cualquier sacramento”, escribió Lutero, afirmando así el sacerdocio universal de los creyentes.[2]

Sin embargo, una cosa es lo que expresa la doctrina y otra lo que se experimenta en la vida real. Ni Lutero logró vivir a la altura de tal redescubrimiento de la fe (hoy sus herederos han corregido esto). El machismo de su época le impidió aplicar su enseñanza a las mujeres y hoy, triste y vergonzosamente, muchas mujeres cristianas, víctimas de este lavado de cerebro generacional, insisten en condenarse a sí mismas a esta exclusión, desprecio y discriminación antibíblica en la iglesia, una discriminación vestida de piedad y endulzada con textos bíblicos. Los pentecostales no estamos dispuestos a repetir ese error.

Con valentía y autoridad bíblica las Asambleas de Dios, y muchas otras denominaciones pentecostales, han reafirmado públicamente el derecho que Dios, a través de las Escrituras, le concede a las mujeres para ejercer el ministerio pastoral (o cualquier otro ministerio dentro de la iglesia) en igualdad con sus pares de sexo masculino:

“Las Asambleas de Dios han sido bendecidas, y deben continuar siendo bendecidas, por el ministerio de las hijas de Dios, que tienen dones y recibieron una comisión por parte de Él. La Biblia afirma, una y otra vez, que Dios derrama su Espíritu sobre hombres y mujeres y, de este modo, concede dones a ambos sexos para el ministerio en su Iglesia. Por tanto, debemos seguir honrando los dones de las mujeres en el ministerio y en el liderazgo espiritual. Por supuesto, el monumental desafío de la Gran Comisión de ir y hacer “discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:19) requiere la participación de todos los ministros con dones del Espíritu Santo, tanto de hombres como de mujeres.”[3]

De forma contundente, la mayor de las denominaciones pentecostales ha declarado:

“Las manifestaciones sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo han desempeñado un papel significativo en el origen, desarrollo, y crecimiento de las Asambleas de Dios. Desde el inicio de nuestra denominación, los dones espirituales han sido evidentes en el ministerio de muchas mujeres sobresalientes que fundaron y dirigieron un amplio espectro de ministerios. No era inusual que una mujer casada ministrara a la par de su marido. De vez en cuando, los maridos trabajaban en profesiones seculares para apoyar el ministerio activo de su esposa. Muchas mujeres hasta eligieron privarse del matrimonio para cumplir mejor el ministerio al que el Señor las había llamado. Mujeres valientes sirvieron en las misiones, tanto locales como extranjeras, como misioneras, evangelistas, fundadoras de iglesias, pastoras, educadoras, o cumpliendo otros roles. Los pentecostales creen que el derramamiento del Espíritu Santo que comenzó a principios del siglo XX es el cumplimiento de la profecía: “Y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas. . . Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28,29; cf. Hechos 2:16-18)1. El hecho de que tanto mujeres como varones profeticen indica su inclusión en los ministerios en el tiempo del nuevo pacto.”

 “La historia del Antiguo Testamento incluye relatos de sólidos liderazgo femenino en muchos roles, tal como los siguientes ejemplos dignos de destacar: Miriam fue profetisa en Israel durante el éxodo, junto a sus hermanos Moisés y Aarón (Éxodo 15:20). Débora, que era no sólo profetisa sino jueza, dirigió a Barac para que guiara al ejército de Israel hacia un combate exitoso contra los opresores (Jueces 4 y 5). Hulda, también profetisa, autenticó el rollo de la Ley encontrado en el templo y ayudó a iniciar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14-20; 2 Crónicas 34:22-28) … El Nuevo Testamento también muestra que las mujeres desempeñaban roles ministeriales importantes en la Iglesia Primitiva. Tabita (Dorcas) puso en marcha un efectivo ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas reconocidas (Hechos 21:8,9). Pablo señaló a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que “combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Filipenses 4:2,3). Priscila fue otra de las mujeres que Pablo consideró ejemplar entre sus “compañeros de trabajo en Cristo Jesús” (Romanos 16:3,4). En Romanos 16, Pablo saluda a muchos colegas ministeriales, entre los cuales muchas eran mujeres. En estos saludos, la palabra que Pablo usa para hablar del “trabajo” (kopiaō), o la “labor” de María, Trifena, Trifosa, y Pérsida (Romanos 16:6,12) es una que utiliza con frecuencia para su propia labor ministerial (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17)… Febe, una líder de la iglesia en Cencrea, fue muy elogiada por Pablo ante la iglesia de Roma (Romanos 16:1,2).”[4]

Es una verdadera tristeza que mucho del material valioso y académico sobre el ministerio femenino no esté traducido al español. Es por eso que numerosa literatura machista, misógina y académicamente dudosa llega hoy a Latinoamérica. Tal literatura es generalmente neoreformada, propuesta por los nuevos calvinistas (esos que de nuevo solo tienen el nombre, pero cuyas doctrinas parecen sacadas del oscurantismo de la Edad Media) viciada con los prejuicios de un movimiento que se quedó atrapado en el siglo XVI. Por eso, aunque en inglés, he aquí mis 3 recomendaciones de lectura de hoy:

JUNIA: THE FIRST WOMAN APOSTLE, POR ELDON JAY EPP 

El nombre «Junia» aparece en Romanos 16: 7, y Pablo la identifica (junto con Andrónico) como «prominente entre los apóstoles». En esta importante obra, Epp investiga la misteriosa desaparición de Junia de las tradiciones de la iglesia. Debido a que los teólogos y escribas posteriores no podían creer (o querían suprimir) que Pablo había contado a una mujer entre los apóstoles de las primeras iglesias, el nombre de Junia fue cambiado en Romanos a una forma masculina. A pesar de que las primeras iglesias se reunían en los hogares y que otras mujeres eran claramente líderes en las iglesias (por ejemplo, Prisca y Lydia), llamar a Junia apóstol parecía demasiado para la tradición. Epp rastrea cómo sucedió esto en los manuscritos del Nuevo Testamento, las tradiciones de los escribas y las traducciones de la Biblia. En este minucioso estudio, Epp devuelve a Junia al lugar que le corresponde.

JUNIA A WOMAN AN APOSTLE, ESCRITO POR DAVID WILLIAMS

Este libro es uno de los tratamientos más completos disponibles sobre el tema del nombre Junia en Romanos 16: 7 y si era una mujer apóstol. Culminando en una devastadora crítica forense de la opinión supuestamente académica de que el griego debería traducirse como «conocido por» en lugar de «sobresaliente entre» los apóstoles, que vale el precio del libro por sí solo. Aunque el autor deja clara su posición desde el principio (Junia era una mujer y un apóstol), se anima al lector a examinar los argumentos y la evidencia por sí mismo y sacar su propia conclusión.

Escrito específicamente para no eruditos, los temas que surgen de Romanos 16: 7 se dividen en tres preguntas principales; i) ¿Junia era hombre o mujer? ii) ¿se estaba hablando de «apóstoles» o «mensajeros»? iii) ¿estaba Junia ‘entre’ ellos o era ‘conocida’ por ellos? Cada pregunta se trata por turno, proporcionando todos los detalles de los puntos de vista en competencia y la evidencia en la que se basa. También hay algunas secciones explicativas interesantes y extremadamente útiles sobre temas relacionados, como la «crítica textual del Nuevo Testamento» y el «Griego del Nuevo Testamento», que permiten al lector comprender todas las cuestiones técnicas que surgen de la evidencia.

¿Hombre o mujer? Se presenta al lector 20 de los argumentos más comunes en contra de que Junia sea mujer, extraídos de autores conocidos como Wayne Grudem y John Piper. Los argumentos se dividen en categorías que se tratarán en secciones separadas. Sin excepción, al examinarlos se encuentran deficientes y al final de cada sección la lista de argumentos se agota hasta que todos han sido descartados.

¿Apóstoles o mensajeros? Quizás la menos controvertida de las tres preguntas, la evidencia se presenta y el lector es conducido a la ineludible conclusión de que las personas de las que se habla en Romanos 16: 7 eran apóstoles.

¿Entre los apóstoles o conocido por ellos? En los últimos años, Biblias como la English Standard Version (ESV) y la New English Translation (NET), junto con autores como Wayne Grudem, han popularizado la opinión de que Junia era ‘conocida por’ los apóstoles. Este punto de vista se aborda en tres etapas. Primero, el autor remonta su historia a su origen: un artículo de 2001 de Burer y Wallace. En segundo lugar, ese trabajo se explica y resume desde un punto de vista neutral, lo que podría llamarse la calma antes de la tormenta. Lo que sigue a continuación sólo puede describirse como una crítica devastadora del artículo, que deja su credibilidad hecha jirones.

THE LOST APOSTLE: SEARCHING FOR THE TRUTH ABOUT JUNIA, ESCRITO POR RENA PEDERSON

En The Lost Apostle, la periodista ganadora de premios Rena Pederson investiga un tema poco conocido en la historia cristiana primitiva: la vida y los tiempos de la apóstol Junia. Junia fue una de las primeras convertidas y destacada apóstol y misionera cuya historia se “perdió” cuando su nombre fue masculinizado a Junias en siglos posteriores. The Lost Apostle se desarrolla como una historia de detectives bien escrita, presentando la viva búsqueda de Pederson de conocimientos e información sobre la mujer que fue la primera mujer apóstol.

¡Espero que disfrutes estas recomendaciones de lectura!

Y si el inglés es tu problema te recomiendo estas dos obras en español, las cuales abordan el tema de una forma sencilla pero fundamentada en las Escrituras y la investigación histórica:

LA MALDICIÓN DE LAS HIJAS DE EVA

RESEÑA

Las restricciones ministeriales impuestas históricamente sobre la mujer suponen un desafío para la iglesia cristiana, ya que restringen el desarrollo de millones de mujeres fieles que anhelan entrar al ministerio en sus iglesias pero les es vedado dicho campo de trabajo por razón de su género. Dichas restricciones afirman estar basadas en la tradición, la historia y la Biblia, lo cual justifica un análisis concienzudo del contexto histórico, bíblico y cultural para esclarecer el verdadero sentido del texto bíblico.

A través de la historia de la Iglesia las mujeres han sido consideradas inferiores por naturaleza y por ley. Con la llegada de la Reforma Protestante en el s. XVI las cosas cambiaron poco, ya que la discriminación sistemática de la mujer continuó a través de los años de la Reforma Protestante, impulsada incluso por los mismísimos reformadores. Este terrible mal pervive aún en la actualidad. Una cosa es cierta: la exclusión de la mujer supone un desafío para la iglesia cristiana y restringe el desarrollo de millones de mujeres fieles que anhelan entrar al ministerio en sus iglesias pero se encuentran con limitaciones de tipo burocrático y legalista. Puesto que tales restricciones afirman estar basadas en la tradición, la historia y la Biblia, un análisis de histórico, bíblico y cultural sobre el tema se vuelve imprescindible para la iglesia moderna.

En «La Maldición de las hijas de Eva» este tema es abordado con franqueza a la luz de la Biblia, recordándonos que dicha exclusión de la mujer no fue el plan original de Dios, sino producto de la caída. Una maldición que nuestras hermanas han venido cargando sobre sus espaldas, pero que fue revocada por Cristo, quien llevó sobre sí toda maldición, derribando toda barrera racial, social o con base en el género. Un estudio concienzudo del texto bíblico probará que las restricciones ministeriales impuestas sobre la mujer se originan en pasajes bíblicos mal interpretados que presentan una visión misógina y machista del cristianismo, pero que no reflejan la enseñanza verdadera de Jesucristo, su fundador.

¿POR QUÉ NO LA MUJER?

RESEÑA

Millones de mujeres de todo el mundo se fijan en la iglesia, anhelando encontrar la libertad que Jesús adquirió para ellas en el Calvario. Millones de mujeres han hallado libertad en Jesús, pero siguen atadas por ciertas mentalidades que ejercen presión sobre ellas, de manera que es la cultura – no Dios – lo que determina la posición que ocupan en el reino.

Muchos hombres y mujeres afligidos claman, en el mundo: «¿Queda alguna esperanza? ¿Hay alguien que se preocupe?» Entre tanto, sus hermanas, miembros de la iglesia, se preguntan «¿Como puedo compartir la esperanza que tengo? ¿Cómo puedo yo, siendo mujer, servir al Señor?» Muchas mujeres, habiendo oído el llamado de Dios para desempeñar funciones públicas en el reino, prestan servicio en puestos de liderazgo. Ellas se preguntan: «¿Nos apoyará la iglesia?»

Debemos responder. La cuestión de la mujer en la misión, el ministerio y el liderazgo está dividiendo hogares, iglesias, comunidades e incluso sociedades. Debemos actuar de forma responsable, ya que no es deseable resistir los propósitos de Dios, ni apagar el Espíritu que opera en la vida de los que Él ha llamado. Debemos responder de una manera cauta, ya que la verdad de Dios suele confrontar directamente lo que cree la mayoría de la gente.


MUJER PENTECOSTAL: UN LIDERAZGO REVOLUCIONARIO

RESEÑA

Este libro explora en las diferentes etapas históricas y tradiciones de la Iglesia los roles que se les han asignado a las mujeres en la misión y el plan de salvación. Examina el carácter liberador del evangelio que reivindica y confiere plena dignidad a las mujeres, en el ministerio de Jesús y las primeras iglesias. También nos revela los procesos de invisibilización y negación de las mujeres en las estructuras y las teologías oficiales de las iglesias, como consecuencia del patriarcalismo y el machismo persistentes en ellas.

Este libro es de inspiración y motivación para las mujeres de la tradición de santidad y del movimiento pentecostal, pues las redescubre como parte crucial de la renovación de la iglesia y la espiritualidad, como expresión del avivamiento que pone en el centro al ministerio de la mujer y su influencia positiva en la Iglesia y en el cristianismo evangélico. 

BIBLOGRAFÍA Y FUENTES

[1] Martín Lutero, “La cautividad babilónica de la Iglesia”, en Escritos reformistas de 1520, op. cit., pp. 216-217.

[2] Martín Lutero, “La cautividad babilónica de la Iglesia”, en Escritos reformistas de 1520, op. cit., p. 221.

[3] Declaración Oficial: EL ROL de LA MUJER EN EL MINISTERIO, TAL COMO SE DESCRIBE EN LAS SANTAS ESCRITURAS (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DEL 2010). Disponible en línea en: ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/The-Role-of-Women-in-Ministry

[4] Ibid.

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