Dios desea iglesias en avivamiento. Iglesias que ardan en el poder del Espíritu Santo. Pero para ello es necesario devolver la Palabra a su honroso lugar dentro de la iglesia. Es necesario renovar nuestra predicación y poner a Cristo y el mensaje de la cruz en el centro de nuestra predicación. Necesitamos predicaciones que confronten el pecado y exalten la santidad de Dios. Solo así las almas vendrán a los pies de Cristo y serán transformadas. Cuando esto se logre las señales y milagros nos seguirán sin necesidad de buscarlos, pues son nuestra herencia y nuestra promesa. Entonces, y solo entonces, el anhelado avivamiento será una realidad en nuestras iglesias.