Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

El Pentecostalismo y la Reforma de 1517

Cada 31 de octubre se conmemora un año más de la Reforma Protestante y los pentecostales somos parte de dicha celebración. Aunque tradicionalmente la figura de Lutero ha sido vinculada a las iglesias evangélicas llamadas históricas, las iglesias pentecostales también arraigan su historia en el evento que recordamos cada 31 de octubre. El mismo día que, hace un poco más de 500 años, Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Wittenberg. Pero ¿Qué tienen que ver las iglesias pentecostales con la Reforma Protestante? ¿Somos los pentecostales verdaderamente protestantes? ¡Absolutamente sí! El pentecostalismo surgió como un movimiento de renovación dentro del cristianismo protestante. Sin embargo, no todos los protestantes estarían de acuerdo en concedernos dicho título, particularmente en el sector “reformado” o “calvinista” del protestantismo, el cual prefiere vernos como sectas heterodoxas sin conexión formal con la Reforma Protestante. Y es que el movimiento pentecostal, nacido en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, a pesar de su vigorosa expansión a nivel global, es a menudo rechazado por algunos protestantes históricos que rechazan su fuerte componente emotivo, la insistencia pentecostal en la comunicación directa, personal y permanente con la Divinidad y la creencia (muy propia del pentecostalismo) en la intervención milagrosa de Dios en los asuntos cotidianos.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Danza profética, misticismo y herejía oculta

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana. A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don. En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Crisis en la adoración y liturgia pentecostal

Adorar a Dios implica hacer las cosas a su manera, no a la nuestra, pues de lo contrario quizá estemos introduciendo fuego extraño en la adoración a nuestro Dios (Levítico 10:1-11). Nuestra liturgia debe amoldarse a la palabra de Dios, no a las modas del mundo: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19). Haríamos bien en seguir el consejo de Pablo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI).

Arminianismo Clásico, Misionología, Pentecostalismo Clásico

Teología arminiana y poder pentecostal, claves del éxito misionero.

Sin lugar a duda, la soteriología dominante de una iglesia  moldea de manera indeleble su cultura (la forma en que la gente piensa y piensa) para la misión. Una de las suposiciones más básicas del misionero encarnado es asumir que Dios ya está involucrado en la vida de cada persona y los está llamando a sí mismo a través de su Hijo. Esto significa que el Dios misionero ha estado activo durante mucho tiempo en la vida de una persona. Nuestro trabajo principal es tratar de ver dónde y cómo Dios ha estado trabajando y asociarnos con él para llevar a la gente a la redención en Jesús. Esta es básicamente la comprensión arminiana de la gracia preveniente. En ella reside la motivación o razón de ser de las misiones pentecostales.