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La gracia común o universal

La gracia común es una enseñanza bíblica bastante ignorada y que nos puede salvar de mucha confusión y de muchos errores, y que puede restaurar a la Iglesia una parte de su rica base teológica para el beneficio de todos. En un sentido, no hay nada más común que “la gracia común”, porque no hay ningún ser humano que no se beneficie de ella. Pero, en otro sentido, ¡no hay nada menos común que “la gracia común”, porque sigue siendo gracia, el favor inmerecido de Dios, nuestro Creador!

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¿Van al cielo todos los bebés que mueren?

¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.

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Pecador sin mérito, ¡Pero salvo por gracia!

La salvación nunca ha sido ni será cuestión de buenas obras. Si así fuera nadie se salvaría, pues somos incapaces de algo bueno sin la asistencia de la gracia. Cómo Isaías, nosotros también afirmamos: "¿Cómo podremos ser salvos? Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas; nuestras iniquidades nos arrastran como el viento. Nadie invoca tu nombre, ni se esfuerza por aferrarse a ti." (Isaías 64:5-7, NVI). Pero ¡Bendito sea Dios que, por su infinita y sublime gracia, nos redimió del pecado y de la muerte, cambiando nuestra naturaleza y haciéndonos sus hijos! No hay obra humana que le robe a Dios la gloria por esto. Todo lo ha hecho Él por amor y para su gloria.

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¿Arminianos Reformados?

El Arminianismo Reformado (también conocido como Arminianismo Clásico) es la visión sistemática de las Escrituras enseñada por el teólogo holandés Jacobo Arminio. Arminio expuso sus ideas mucho antes que sus seguidores hicieran públicos los 5 Artículos de la Remonstrancia. Lo que muchos ignoran es que Arminio se consideraba a sí mismo como Reformado, y muchos dentro del movimiento reformado holandés sostuvieron su enfoque de la teología. Hoy, sin embargo, el término calvinista es virtualmente sinónimo de reformado, y cualquier cosa con el término "Arminiano" se considera un punto de vista opuesto a lo reformado o calvinista.

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Depravación Total | ¿Intensiva o Extensiva?

Los arminianos aceptamos la doctrina de la Depravación Total, sin embargo, no creemos que esta sea intensiva, sino más bien extensiva. ¿Cuál es la diferencia? Por Depravación Total Intensiva se entiende la destrucción integral de la naturaleza humana y de sus potencialidades esenciales. Es decir, en estado de Depravación Total Intensiva el pecador es tan pecador cuanto es posible y se involucra en todas las formas posibles de pecado. Los arminianos rechazamos tal postura. Al afirma que el hombre es totalmente depravado no queremos decir que la persona no regenerada sea totalmente insensible en cuestiones de conciencia, de lo correcto e incorrecto. La Depravación Total no significa que todos los seres humanos sean potencial y extremadamente malos. Significa que no son tan buenos como necesitarían ser para ganar su propia salvación por mérito propio. La gracia, y sólo la gracia, es el único medio que puede superar los efectos graves y devastadores del pecado. Así pues, en el arminianismo, la depravación total implica que incluso el altruismo de la persona no regenerada siempre contiene un elemento de motivación inapropiada. Lo que sí creemos los arminianos es que la depravación total es extensiva, es decir, se extiende a todas las dimensiones de nuestro ser. Ella afecta la plenitud del ser del hombre. La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado.

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Salvación, predestinación y amor de Dios

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

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Y tú, ¿Eres Arminiano?

A lo largo de los siglos, los calvinistas han vilipendiado con tanto éxito el arminianismo que las personas que son arminianos tienen miedo de decirlo. Esto es cierto, aunque el   arminianismo es la posición teológica por defecto del protestantismo cristiano; de hecho, muchas personas son arminianas y ni siquiera lo saben, e incluso lo niegan. El arminianismo está tan extendido que incluso las iglesias calvinistas más fuertes están llenas de arminianos. Es irónico, entonces, que la gente tenga miedo de decir que es arminiana; por ejemplo, muchos bautistas independientes y sureños son típicamente arminianos, pero a pesar de eso, a menudo se llaman a sí mismos calvinistas.

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Si Dios sabía que Adán caería ¿Por qué lo permitió?

El carácter de Dios ha sido difamado por aquellos que enseñan que Dios predeterminó la caída. En su intento por reafirmar la soberanía de Dios, sólo lograron difamar su carácter y convertirlo en una especie de titiritero cósmico. El fatalismo y predestinacianismo propio del calvinismo y otros grupos heréticos es, por tal razón, antibíblico. Peor aún, es de origen pagano. En el calvinismo, dados sus orígenes maniqueos, esto no es de extrañar.

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¿Llevamos nosotros la culpa del pecado de Adán? ¿Por qué debemos sufrir por ello?

Por dominante que el término pecado original se haya vuelto, puede ser una sorpresa para muchos, saber que era desconocido tanto en la Iglesia Oriental como la Occidental hasta la época de Agustín (354-430). El término aparece por primera vez en los escritos de Agustín. Anterior a esto los teólogos de la Iglesia primitiva usaron una terminología distinta que indicaba un modo distinto de pensar sobre el tema de la caída, sus secuelas y la respuesta de Dios. El término utilizado por los Padres griegos para describir la tragedia en el Jardín del Edén fue: pecado ancestral. Pecado ancestral tiene un significativo específico. La palabra griega para el pecado, en este caso (amartema) se refiere a un acto individual. Con ella los primeros cristianos asignaron responsabilidad por el pecado del Jardín sólo a Adán y a Eva. La palabra amartía, el término más común para el pecado significa literalmente “no dar en el blanco” y se usa en referencia a la condición común de la humanidad. La iglesia primitiva nunca habla del paso de la culpabilidad de Adán y Eva a sus descendientes, como hizo Agustín. Al contrario, se considera a cada individuo responsable sólo por la culpa de sus propios pecados. La pregunta que surge entonces es: ¿En qué consiste la herencia de Adán y Eva a la humanidad, si no es la culpa? En primer lugar, la muerte (1 Corintios 15:21). El hombre nace con el poder parasitario de la muerte dentro de sí. En segundo lugar, heredamos una naturaleza tendiente al pecado. Nuestra naturaleza, se hizo “enferma” por el pecado de Adán, nuestro padre. Entonces, no es la culpa lo que pasa a la humanidad sino la condición, la enfermedad llamada pecado.

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Raíces gnóstico-maniqueas del calvinismo

El concepto agustiniano (y calvinista) acerca de la depravación humana, la doctrina de la elección incondicional y la doble predestinación fueron originadas en mito gnóstico y fueron combatidas por Ireneo y otros obispos y pastores de la iglesia en los primeros siglos. Ireneo también enseñó que los gnósticos, antes que explicasen su sistema, sonaban muy “ortodoxos y bíblicos”. Él siempre se refería a la advertencia de Jesús sobre los falsos apóstoles. Enseñó que ellos eran “lobos con piel de oveja”. Él escribió: “Tales hombres exteriormente parecen ovejas; porque ellos parecen ser como nosotros por lo que dicen en público, repitiendo las mismas palabras como lo hacemos nosotros; pero interiormente son lobos.” (Ireneo, Herencia Histórica, página 36). Al igual que los gnósticos, los calvinistas se autoproclaman “creyentes bíblicos” y sus iglesias, “iglesias bíblicas”. Para aquel que no conoce la verdadera doctrina bíblica tales afirmaciones suenan auténticas. Sin embargo, como podemos constatar, la semejanza doctrinal entre el calvinismo y el gnosticismo es patente. El ADN espiritual del calvinismo, lo delata como lo que es: Un hijo legítimo del gnosticismo. Pero el parecido va más allá de lo doctrinal. Al igual que la secta gnóstica en la iglesia primitiva, los calvinistas modernos se infiltran en nuestras iglesias y seminarios para sembrar su cizaña y robar feligreses para sus iglesias “reformadas”. Esto no solo es sectario, sino carente de toda ética y moral cristiana. A muchos calvinistas se les ha animado incluso a “plantar tulipanes (símbolo de la doctrina calvinista) en iglesias arminianas” Sin embargo, tal proceder no debería extrañarnos, pues su desprecio por los arminianos es bien conocido en el mundo evangélico.¡Que Dios guarde a los creyentes de hoy de tal levadura!