El postribulacionismo afirma que la Iglesia pasará a través de la gran tribulación. Esta ha sido la fe histórica de la Iglesia cristiana. El mismo hecho de que a la Iglesia le fue prometida tribulación a lo largo de su historia sostiene esta postura (2 Tesalonicenses 1:3-10). El postribulacionismo ubica la resurrección de los justos al final de la Gran Tribulación, coincidiendo con la de los santos muertos durante ella (Daniel 12:1-3; Apocalipsis 20:4) y con el arrebatamiento de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:13-18). Esta postura fue sostenida por la iglesia primitiva, y los registros extrabíblicos como la Didajé, el texto cristiano no canónico más antiguo que se conoce (50-70 d.C.) y los escritos de grandes hombres de Dios como Papías (discípulo del apóstol Juan), Clemente de Roma, Cipriano y otros, dan fe de ello.
Mes: abril 2020
Postribulacionismo | Fundamento Histórico
¿Sabías que la iglesia primitiva nunca creyó en el rapto antes de la tribulación? El primer hombre conocido por haber presentado una visión pretribulacional del regreso de Cristo fue un hombre llamado Edward Irving (1792-1834), y no llegó a tales conclusiones a partir de la Biblia, sino a través de visiones extáticas y supuestas revelaciones, así como por la lectura del trabajo de un sacerdote jesuita llamado Manuel Lacunza, quien escribió la obra "La venida del Mesías en gloria y majestad" bajo el supuesto nombre judío de "Juan Josafat Ben-Ezra".
Postribulacionismo | ¿Qué es?
El postribulacionismo es una corriente escatológica, generalmente enmarcada dentro del premilenarismo clásico, que enseña que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá al final, o cerca del final de la gran tribulación. Al momento de la segunda venida, la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales. En otras palabras, el arrebatamiento y la segunda venida de Cristo (para establecer Su Reino) suceden de forma simultánea, la iglesia pasará a través de todos los siete años de la Tribulación y el rapto mismo será un suceso visible para todos al final de la misma.
Es tiempo de someter el ego
El orgullo es una prisión que perpetúa la ira, las heridas y la necedad, mientras que mantiene alejados los efectos restauradores de la culpabilidad, humildad y la reconciliación (Proverbios 11:2; 29:23; Gálatas 6:3; Salmos 4:6; Apocalipsis 3:17-20). Más adelante, en Proverbios 16:18, Dios nos dice que delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu. No es solo que el orgullo vaya a ser nuestro carcelero: también será nuestro verdugo.
¿Tiene Dios la culpa de esto?
En algunos círculos religiosos protestantes, sobre todo dentro de la teología reformada, se cree a menudo que todo lo que ocurre, bueno o malo, ha sido predeterminado por Dios. Dios es quien, en su soberanía, decreta cada acto que ocurrirá en la historia y más allá de ella. Todo, incluso el mal y el pecado, las pestes, terremotos, o cualquier otro tipo de desastre y desgracia que acontezca, ocurre porque Dios así lo quiso. Son "actos de Dios" se dicen a sí mismos. Pero, ¿es realmentea así?
El autocuidado pastoral
Pastor, no te descuides de ti mismo. No bajes la guardia, ¡Sé fuerte! Tus ovejas te necesitan. La forma de ejercer nuestro ministerio ha cambiado, de eso no hay duda. ¡Y quizá nunca vuelva a ser igual que antes! Lo que no ha cambiado, ni cambiará, es nuestra responsabilidad de compartir la Palabra de Dios.
Misma tormenta, pero distinto barco…
Estamos en el mismo mar y enfrentando la misma tormenta, sí. Pero unos la enfrentan en yate, otros en lancha, otros en salvavidas y otros a duras penas continúan nadando con todas sus fuerzas. Cada cual que navegue su ruta con respeto y dignidad.
¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración?
¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración? ¿Somos salvos porque creemos, o llegamos a creer porque ya somos salvos? ¿La regeneración precede a la fe, o es al revés? El auge de ciertos movimientos neo-calvinistas en nuestro tiempo ha traído consigo una oleada de artículos respecto a la doctrina de la regeneración, afirmando que esta precede a la fe; es decir, que somos regenerados antes de creer. Esto ha generado mucha confusión al respecto.
¿Predestinados? ¿para qué?
Dios conoció con anterioridad a quienes lo recibirían por voluntad propia. No somos predestinados para salvación o condenación. Lo que está predestinado es nuestro destino después de haber creído. La presciencia de Dios no es lo mismo que la predestinación. El hecho de que Dios ya sepa quiénes son los que elegirán creer en Él, no significa que esa elección esté predestinada. Si estuvieras parado en la cima de un edificio muy alto y vieras dos automóviles aproximándose a una intersección a toda velocidad en un ángulo de 90°, sabrías ‘de antemano’ que va a ocurrir un accidente, pero no porque lo veas tienes algo que ver con aquel accidente. Podrías prepararte para lo que va a suceder llamando al 911, pero el resultado del accidente no está bajo tu control.
¡Cuán grande es Él!
¿Has meditado alguna vez en la grandeza del Señor? Descubrir su grandeza no es difícil, basta con elevar nuestra vista al cielo y ver su gloria en todo lo creado. Desde la más grande de las galaxias hasta la más pequeña de las bacterias, todo nos grita la grandeza de nuestro Dios.