ESCATOLOGÍA, Postribulacionismo, Premilenarismo Histórico

Postribulacionismo | Fundamento Bíblico

Por Fernando E. Alvarado

“Hermanos, siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes, como es justo, porque su fe se acrecienta cada vez más, y en cada uno de ustedes sigue abundando el amor hacia los otros. Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo. Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos.”

2 Tesalonicenses 1:3-10, NVI

INTRODUCCIÓN

El postribulacionismo afirma que la Iglesia pasará a través de la gran tribulación. Esta ha sido la fe histórica de la Iglesia cristiana. El mismo hecho de que a la Iglesia le fue prometida tribulación a lo largo de su historia sostiene esta postura (2 Tesalonicenses 1:3-10). El postribulacionismo ubica la resurrección de los justos al final de la Gran Tribulación, coincidiendo con la de los santos muertos durante ella (Daniel 12:1-3; Apocalipsis 20:4) y con el arrebatamiento de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:13-18). Esta postura fue sostenida por la iglesia primitiva, y los registros extrabíblicos como la Didajé, el texto cristiano no canónico más antiguo que se conoce (50-70 d.C.) y los escritos de grandes hombres de Dios como Papías (discípulo del apóstol Juan), Clemente de Roma, Cipriano y otros, dan fe de ello.[1]

JESÚS ENSEÑÓ EL POSTRIBULACIONISMO

En su discusión más detallada acerca de la tribulación (Mateo 24) Jesús ni siquiera insinúa un rapto pretribulacional, sino solo su venida postribulacional. Jesús enseñó:

“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos. La señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y al sonido de la gran trompeta mandará a sus ángeles, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo.” (Mateo 24:29-31, NVI)

Simplemente no hay indicios de un rapto pretribulacional en Mateo 24. Cualquiera que intente leer Mateo 24, considerando los detalles, y preguntándose mientras lee: “¿Alguna vez sospecharía de un rapto pretribulacional simplemente leyendo esta profecía detallada dada por Cristo mismo?”, llegará a la conclusión que nuestro Señor jamás enseñó tal cosa. De acuerdo con Jesús, el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá a la venida de Cristo, y esto sucederá al final de la gran tribulación, no antes.

Tan solo piensa: Si el rapto fuera antes de la Tribulación, el Señor Jesucristo ciertamente habría dado alguna pista. Es impensable que hubiera hablado tan minuciosamente de la Gran Tribulación sin afirmar que la Iglesia escaparía. En cambio, llevó a sus oyentes a la creencia de que sus seguidores pasarían a través de la Gran Tribulación. No hay un solo versículo en la Biblia que, a la luz de una exégesis correcta, defienda la teoría de un rapto pretribulacional, sino que la enseñanza uniforme de la Palabra de Dios es de un rapto posterior a la tribulación.

LA PRIMERA RESURRECCIÓN

La Biblia nos habla únicamente de dos resurrecciones. Sobre esto el Señor Jesús dijo:

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Juan 2:28 – 29, RVR1960).

El apóstol Pablo enseñó que la primera resurrección precede inmediatamente al rapto de la iglesia:

“El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre.” (1 Tesalonicenses 4:16-18, NVI)

Sin embargo, Apocalipsis 20:4-6 enseña que la primera resurrección tendrá lugar después de la gran tribulación:

“Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años. Esta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Apocalipsis 20:4-6, NVI)

Es muy difícil imaginar por qué Dios designaría a esta resurrección como la “primera” si hubiera ocurrido una gran resurrección justo antes de la tribulación. Los pretribulacionistas a menudo afirman que Apocalipsis 20:4-6 es la “fase 2” de la primera resurrección; sin embargo, tal afirmación es antibíblica y más parece ser un intento ad hoc de una explicación que permita una resurrección más temprana. ¡No hay nada en las Escrituras que sugiera que debamos pensar en Apocalipsis 20:4-6 como la “fase 2” de la primera resurrección!

Muchos otros pasajes indican también una resurrección postribulacional, particularmente aquellos que se refieren a nuestra resurrección como ocurriendo en el “último día.”

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré EN EL DÍA FINAL.” (Juan 6:54, NVI)
“Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas. —Tu hermano resucitará —le dijo Jesús. —Yo sé que resucitará en la resurrección, EN EL DÍA FINAL —respondió Marta. Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera.” (Juan 11:20-25, NVI)

Ahora bien, si nuestra resurrección ocurriera antes del tribulación, habría muchos días más que seguir, es decir, los días de la tribulación. Esta ya no ocurriría en “el último día”. De modo que ni Juan 6:54 ni Juan 11:20-25 indican una resurrección pretribulacional. Más bien se oponen a ella. ¿Por qué entonces los pretribulacionistas insisten en enseñar el rapto secreto pretribulacional? Porque han decidido hacer eiségesis sobre dichos pasajes, a fin de preservar un sistema teológico que les resulta gratificante o al cual ya se adhieren y temen renunciar. Sin embargo, uno de los principios más importantes de la interpretación bíblica es aceptar el significado “claro” de un pasaje antes de intentar agregar “explicaciones”. Por eso, para salvar sus postulados, los pretribulacionistas deben especular con un significado más conveniente para Apocalipsis 20: 4-6.

En relación con el tiempo señalado para la resurrección de los justos, el ángel le dijo a Daniel:

“Entonces se levantará Miguel, el gran príncipe protector de tu pueblo. HABRÁ UN PERÍODO DE ANGUSTIA, COMO NO LO HA HABIDO JAMÁS DESDE QUE LAS NACIONES EXISTEN. Pero tu pueblo será liberado: TODOS LOS QUE ESTÁN INSCRITOS EN EL LIBRO, Y DEL POLVO DE LA TIERRA SE LEVANTARÁN LAS MULTITUDES DE LOS QUE DUERMEN, algunos de ellos para vivir por siempre, pero otros para quedar en la vergüenza y en la confusión perpetuas. Los sabios resplandecerán con el brillo de la bóveda celeste; los que instruyen a las multitudes en el camino de la justicia brillarán como las estrellas por toda la eternidad… Pero tú, persevera hasta el fin y descansa, que al final de los tiempos te levantarás para recibir tu recompensa” (Daniel 12:1-3, 12:13)

Jesús dijo:

“Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que LO RESUCITE EN EL DÍA FINAL. Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él tenga vida eterna, Y YO LO RESUCITARÉ EN EL DÍA FINAL… Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió, Y YO LO RESUCITARÉ EN EL DÍA FINAL… El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, Y YO LO RESUCITARÉ EN EL DÍA FINAL.” (Juan 6: 39,40,44,54; NVI)

Y Juan recalca:

“Tocó el séptimo ángel su trompeta, y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: «El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos». Los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: «Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras, te damos gracias porque has asumido tu gran poder y has comenzado a reinar. Las naciones se han enfurecido; pero HA LLEGADO TU CASTIGO, EL MOMENTO DE JUZGAR A LOS MUERTOS, Y DE RECOMPENSAR A TUS SIERVOS LOS PROFETAS, A TUS SANTOS Y A LOS QUE TEMEN TU NOMBRE, SEAN GRANDES O PEQUEÑOS, Y DE DESTRUIR A LOS QUE DESTRUYEN LA TIERRA». Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada.” (Apocalipsis 11:15-19, NVI)

De modo que la idea de una primera resurrección de los justos al final de los tiempos y la idea de un rapto pretribulacional se excluyen mutuamente.

LA ÚLTIMA TROMPETA

Se dice explícitamente que el rapto de la iglesia ocurre en la última trompeta:

“El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel Y CON TROMPETA DE DIOS, Y LOS MUERTOS EN CRISTO RESUCITARÁN PRIMERO. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre.” (1 Tesalonicenses 4:16, NVI)
“Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, AL TOQUE FINAL DE LA TROMPETA. PUES SONARÁ LA TROMPETA Y LOS MUERTOS RESUCITARÁN con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:52, NVI)

Pero resulta que ¡Esta trompeta suena al final de la tribulación!

“INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE LA TRIBULACIÓN DE AQUELLOS DÍAS, se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos. La señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VENIR SOBRE LAS NUBES DEL CIELO con poder y gran gloria. Y AL SONIDO DE LA GRAN TROMPETA MANDARÁ A SUS ÁNGELES, Y REUNIRÁN DE LOS CUATRO VIENTOS A LOS ELEGIDOS, DE UN EXTREMO AL OTRO DEL CIELO.” (Mateo 24:29-31, NVI)

Para que cuadre con su teología, los pretribulacionistas tienen que ignorar el hecho de que la trompeta que sonará al momento del arrebatamiento es llamada la “última trompeta” por el escritor sagrado, y que, si el rapto ocurre justamente antes de la Gran Tribulación, no podría ser llamada así. Simplemente llamarla así sería un error, pues no sería la última. ¿Por qué? Porque a ese tiempo los juicios ni siquiera han empezado a caer sobre la tierra y todavía no han sonado las trompetas mencionadas en Apocalipsis, capítulos 8 y 9. No sería, por lo tanto, la última, sino la primera de muchas. ¿Notamos la contradicción en el sistema pretribulacionista? ¿O es que caso no parece extraño que una trompeta que suene antes de la tribulación se designe como la “última” trompeta ya que otras trompetas deben seguir?

Por eso, resulta lógico pesar que la “última trompeta”, “la final trompeta” y la “séptima trompeta” son una y la misma, y que suena, tal como lo dice la Biblia, al final de la Gran Tribulación y principios de la era milenial.

“TOCÓ EL SÉPTIMO ÁNGEL SU TROMPETA, y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: «EL REINO DEL MUNDO HA PASADO A SER DE NUESTRO SEÑOR Y DE SU CRISTO, Y ÉL REINARÁ POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS». Los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: «Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras, te damos gracias porque has asumido tu gran poder y has comenzado a reinar. Las naciones se han enfurecido; pero HA LLEGADO TU CASTIGO, EL MOMENTO DE JUZGAR A LOS MUERTOS, y de recompensar a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, sean grandes o pequeños, y de destruir a los que destruyen la tierra.” (Apocalipsis 11:15-19, NVI)

SOLO UN RETORNO DE CRISTO ES RETRATADO EN APOCALIPSIS

Si leemos cuidadosamente el libro de Apocalipsis, notaremos que el retorno de Cristo a esta tierra es descrito como un solo y único evento:

“Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace la guerra. Sus ojos resplandecen como llamas de fuego, y muchas diademas ciñen su cabeza. Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino solo él. Está vestido de un manto teñido en sangre, y su nombre es «el Verbo de Dios». Lo siguen los ejércitos del cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio. De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las naciones. «Las gobernará con puño de hierro». Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso. En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores. Vi a un ángel que, parado sobre el sol, gritaba a todas las aves que vuelan en medio del cielo: «Vengan, reúnanse para la gran cena de Dios, para que coman carne de reyes, de jefes militares y de magnates; carne de caballos y de sus jinetes; carne de toda clase de gente, libres y esclavos, grandes y pequeños». Entonces vi a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos, reunidos para hacer guerra contra el jinete de aquel caballo y contra su ejército. Pero la bestia fue capturada junto con el falso profeta. Este es el que hacía señales milagrosas en presencia de ella, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y adoraban su imagen. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego y azufre. Los demás fueron exterminados por la espada que salía de la boca del que montaba a caballo, y todas las aves se hartaron de la carne de ellos.” (Apocalipsis 19:11-21, NVI)

Apocalipsis no divide la Segunda Venida en dos fases como lo hacen los pretribulacionistas (un rapto secreto pretribulacional y otra venida en gloria, visible para todos, a principios del milenio). El rapto de la iglesia y el retorno de Cristo son descritos como el mismo evento postribulacional.

En un intento desesperado por salvar su postura, algunos pretribulacionistas afirman que Apocalipsis 4:1 es una referencia al rapto, pero obviamente este no es el significado original del versículo. ¡Basta con leer el contexto! Este es más bien uno de esos pasajes a los cuales los pretribulacionistas deben darles un significado “místico-secreto” sin explicación ¡Todo para que sea una referencia al rapto de la iglesia! ¡Pero eso es hacer muy mala eiségesis, no exégesis! Notemos lo que dice tal versículo:

“Después de esto miré, y allí en el cielo había una puerta abierta. Y la voz que me había hablado antes con sonido como de trompeta me dijo: «Sube acá: voy a mostrarte lo que tiene que suceder después de esto».” (Apocalipsis 4:1)

El significado claro de este versículo es que el Señor está invitando a Juan a acercarse a Él para recibir las visiones que debía registrar en el libro de Apocalipsis. Usarlo para referirse a un éxtasis pretribulacional es eiségesis (y una muy deficiente, por cierto).

PRIMERO “LA GRAN TRIBULACIÓN”, LUEGO “EL DÍA DEL SEÑOR”

El Nuevo Testamento contiene reiteradas advertencias a la iglesia a velar y mantenerse preparados para el Día del Señor, pues ese sería el día de su redención:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:10-13, RVR1960)

Sin embargo, el “Día del Señor” es una frase bíblica de significado muy específico. Identifica un período de tiempo durante el cual Dios interviene personalmente en la historia humana, para llevar a cabo Su plan. El día del Señor es un día especial que ocurrirá cuando la voluntad y el propósito de Dios para Su mundo y para la humanidad se cumplan. Los pasajes del Antiguo Testamento que tratan sobre el día del Señor, con frecuencia se refieren a juicios divinos que tendrán lugar hacia el final de los tiempos (Joel 2:30-32; Zacarías 14:1; Malaquías 4:1,5).

El Nuevo Testamento lo llama un día de “ira,” un día de “visitación,” y “el gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:14) y se refiere a un cumplimiento aún futuro cuando el Señor retornará a la tierra y la ira de Dios sea derramada sobre el mundo incrédulo (Ezequiel 38-39; Zacarías 14). El resultado final del día del Señor será que “La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y sólo Jehová será exaltado en aquel día” (Isaías 2:17). El último o final cumplimiento de las profecías concernientes al “día del Señor” vendrá al final de la historia, cuando con maravilloso poder, Dios castigará el mal y cumplirá todas Sus promesas:

“Después vi el cielo abierto y delante de mí había un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero porque juzga y combate con justicia. Sus ojos eran como una llama de fuego y tenía muchas coronas en su cabeza. Tenía un nombre escrito en él, pero solamente él lo conocía. Su ropa estaba empapada en sangre y su nombre era: La Palabra de Dios. Los ejércitos del cielo lo seguían montados en caballos blancos. Estaban vestidos con lino blanco fino y puro. De su boca salió una espada para vencer a las naciones. Las gobernará con vara de hierro y exprimirá las uvas en la pileta de la gran ira del Dios Todopoderoso. Este nombre estaba escrito en su ropa y en su muslo: Rey de reyes y Señor de señores. Después, vi a un ángel que estaba de pie en el sol y gritaba a todas las aves del cielo: «Vengan y reúnanse para la gran cena de Dios. Así ustedes podrán comerse los cuerpos de los reyes, los generales y los hombres famosos. Vengan a comer los cuerpos de los caballos y de sus jinetes y los cuerpos de toda la gente, esclavos y libres, grandes y pequeños». Vi entonces a la bestia y a los reyes de la tierra junto con sus ejércitos reunidos para declararles la guerra al jinete del caballo y a su ejército. Fueron capturados la bestia y el falso profeta que había hecho milagros delante de ella. Con esos milagros quería engañar a los que tenían la marca de la bestia y adoraban su imagen. La bestia y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde el azufre. Sus ejércitos fueron muertos con la espada que salía de la boca del jinete y todas las aves comieron sus cuerpos hasta quedar satisfechas.” (Apocalipsis 19:11-21, PDT)

Es a este, el Día del Señor, al que se le conoce como la Segunda Venida de Cristo y al cual, a los creyentes de la iglesia primitiva, se les mandó esperar anhelosamente y estar preparados. Su redención, la esperanza bienaventurada de la iglesia, tendría lugar en ese momento:

“Enseñándonos que, negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús.” (Tito 2:12-23, LBLA)
“Estoy convencido de que Dios empezó una buena obra entre ustedes y la continuará hasta completarla el día en que Jesucristo regrese.” (Filipenses 1:6, PDT)
“Él los fortalecerá hasta el final para que el día en que regrese nuestro Señor Jesucristo sean encontrados sin ninguna culpa.” (1 Corintios 1:8, PDT)
“Por eso ahora estoy sufriendo a causa de esa buena noticia, pero no me avergüenzo. Sé muy bien en quién he confiado y estoy seguro de que él puede guardar hasta ese día todo lo que ha puesto en mis manos.” (2 Timoteo 1:12, PDT)
“Ahora me espera una corona que recibiré como muestra de aprobación. El Señor, juez justo, me la dará ese día, y también a todos los que esperan con anhelo su llegada.” (2 Timoteo 4:8, PDT)
“Ustedes saben muy bien que el día en que el Señor regrese será una sorpresa, vendrá como cuando un ladrón llega en la noche. Cuando la gente diga: «Estamos en paz y a salvo», la destrucción vendrá de repente, así como le vienen de repente los dolores a una mujer a punto de dar a luz, nadie podrá escapar. Pero ustedes, hermanos, no están viviendo en la oscuridad como para que ese día los tome por sorpresa como un ladrón. Todos ustedes pertenecen a la luz y al día; no pertenecemos a la noche ni a la oscuridad. Entonces no debemos ser como los demás ni estar dormidos, sino estar despiertos y tener dominio propio. Pues los que duermen, duermen de noche y los que se emborrachan, se emborrachan de noche. Nosotros pertenecemos al día, así que debemos tener control de nosotros mismos, protegiéndonos con la coraza de la fe y el amor, y usando la esperanza de salvación como casco protector.” (1 Tesalonicenses 5:2-8, PDT)

Era este, el Día del Señor, y no un rapto secreto pretribulacional, lo que la iglesia debía esperar. Y el día del Señor vendría después de la tribulación. La iglesia no sería liberada antes. Las Escrituras indican que el Día del Señor comienza con un período de tiempo terriblemente intenso, pero probablemente muy corto, que ocurre después de la tribulación, durante el cual la ira de Dios se derrama sobre Sus enemigos. Los pretribulacionistas a menudo confunden el “Día del Señor” con el período de tiempo llamado la “Gran Tribulación”, y por eso colocan el rapto al inicio de la misma, sin embargo, no son lo mismo. El tiempo conocido como la Gran Tribulación es un tiempo de intensa persecución del pueblo escogido de Dios (la iglesia e Israel) de la mano del hombre de pecado (Anticristo), así como un tiempo de gran sufrimiento provocado por las consecuencias naturales del pecado acumulado de la humanidad.

Un estudio cuidadoso de la cronología del tiempo final demostrará que el Día del Señor ocurre después de la Gran Tribulación. Las Escrituras incluso nos dan un indicador de cuando el tiempo de la Gran Tribulación estará terminando y el tiempo del Día del Señor estará comenzando. El indicador es el fenómeno de los signos sobrenaturales en el sol, la luna y las estrellas.

Primero, observemos el significado bíblico dado a la frase, “el Día del Señor”. Los siguientes son algunos versículos que indican que el “Día del Señor” es una frase que se utiliza para designar la Segunda Venida de Cristo como el tiempo en el cual, no solo Su pueblo será liberado, sino también la ira de Dios será consumada sobre sus enemigos:

“Qué aflicción les espera a ustedes que dicen: «¡Si tan solo hoy fuera el día del Señor!». No tienen la menor idea de lo que desean. Ese día no traerá luz sino oscuridad. En ese día ustedes serán como un hombre que huye de un león, solo para encontrarse con un oso. Y, al escapar del oso, apoya su mano contra una pared en su casa y lo muerde una serpiente. Así es, el día del Señor será oscuro y sin remedio, sin un rayo de alegría ni esperanza.” (Amós 5:18-20, NTV)
“Pues este es el día del Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales, día para vengarse de sus enemigos. La espada devorará hasta quedar satisfecha, ¡sí, hasta que se emborrache de la sangre de ustedes! El Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales, recibirá hoy un sacrificio en la tierra del norte, junto al río Éufrates.” (Jeremías 46:10, NTV)
“Pues ustedes saben muy bien que el día del regreso del Señor llegará inesperadamente, como un ladrón en la noche. Cuando la gente esté diciendo: «Todo está tranquilo y seguro», entonces le caerá encima la catástrofe tan repentinamente como le vienen los dolores de parto a una mujer embarazada; y no habrá escapatoria posible.” (1 Tesalonicenses 5:2-3, NTV)
“Pues el Señor de los Ejércitos Celestiales tiene asignado un día de juicio. Él castigará al orgulloso y al poderoso y derribará todo lo que esté enaltecido. Cortará los altos cedros del Líbano y todos los poderosos robles de Basán. Aplanará las altas montañas y todas las colinas elevadas. Derribará cada torre alta y cada muro fortificado. Destruirá todos los grandes barcos mercantes y todas las naves magníficas. El orgullo humano será humillado, y la arrogancia humana será rebajada. Solo el Señor será enaltecido en aquel día de juicio. Los ídolos desaparecerán por completo. Cuando el Señor se levante para sacudir la tierra, sus enemigos se escabullirán en hoyos en el suelo. En cuevas en las rocas se esconderán del terror del Señor y de la gloria de su majestad. En aquel día de juicio abandonarán los ídolos de oro y de plata que se hicieron para rendirles culto. Abandonarán sus dioses y los dejarán a los roedores y a los murciélagos, mientras ellos se escabullen en cuevas y se esconden en los acantilados entre los peñascos. Tratarán de escapar del terror del Señor y de la gloria de su majestad, cuando él se levante para sacudir la tierra.” (Isaías 2:12-21, NTV)
“Griten de terror, porque ha llegado el día del Señor, el momento para que el Todopoderoso destruya. Todos los brazos están paralizados de temor, cada corazón se derrite y todos se aterran. Les sobrevendrán punzadas de angustia, como las de una mujer que está de parto. Se miran unos a otros sin poder hacer nada, con el rostro encendido de miedo. Pues miren, el día del Señor ya viene, el día terrible de su furia y de su ira feroz. La tierra quedará desolada, y con ella los pecadores serán destruidos. Los cielos se pondrán negros sobre ellos; las estrellas no darán luz. El sol estará oscuro cuando salga y la luna no iluminará. «Yo, el Señor, castigaré al mundo por su maldad y a los perversos por su pecado. Aplastaré la arrogancia de los soberbios y humillaré el orgullo de los poderosos.” (Isaías 13: 6-11, NTV)
“El día del Señor está cerca, el día cuando la destrucción viene de parte del Todopoderoso. ¡Qué terrible será aquel día!” (Joel 1:15, NTV)
“La tierra tiembla mientras avanzan y los cielos se estremecen. El sol y la luna se oscurecen y las estrellas dejan de brillar. El Señor va a la cabeza de la columna; con un grito los guía. Este es su ejército poderoso y ellos siguen sus órdenes. El día del Señor es algo imponente y pavoroso. ¿Quién lo podrá sobrevivir?” (Joel 2:10-11, NTV)
“¡Se acerca el día cuando yo, el Señor, juzgaré a todas las naciones paganas! Como le hiciste a Israel, así se hará contigo. Todas tus malas acciones recaerán sobre tu cabeza. Así como te tragaste a mi pueblo en mi monte santo, así tú y las naciones vecinas se tragarán el castigo que derramaré sobre ti. Sí, todas las naciones beberán, se tambalearán y desaparecerán de la historia.” (Abdías 1:15-16, NTV)
“Ese terrible día del Señor está cerca. Viene de prisa, un día de llanto amargo, un día cuando aún los hombres fuertes clamarán. Será un día cuando el Señor derramará su ira, un día de terrible aflicción y angustia, un día de ruina y desolación, un día de oscuridad y penumbra, un día de nubes y de negrura, un día de sonido de trompeta y gritos de batalla. ¡Caen las ciudades amuralladas y las más sólidas fortificaciones!” (Sofonías 1:14-18, NTV)

Debemos tener en cuenta que las señales en los cielos marcan la transición entre la Gran Tribulación y El Día del Señor. Hay tres eventos sucesivos: (1) La Gran Tribulación; (2) las señales en los cielos; (3) y el día del Señor.

“Y haré maravillas en los cielos y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se oscurecerá y la luna se pondrá roja como la sangre ANTES de que llegue el grande y terrible día del Señor” (Joel 2:30-31, NTV)
“El sol se oscurecerá, y la luna se pondrá roja como la sangre ANTES de que llegue el grande y glorioso día del Señor.” (Hechos 2:20, NTV)

La palabra clave en los versículos anteriores es “ANTES”. Las señales en los cielos vendrán antes del día del Señor. Ahora veamos lo inverso:

“Inmediatamente después de la angustia de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará luz, las estrellas caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán sacudidos” (Mateo 24:29, NTV)

La palabra clave aquí es “DESPUÉS”. El día del Señor vendrá después de la Gran Tribulación.

“Mientras yo miraba, el Cordero rompió el sexto sello, y hubo un gran terremoto. El sol se volvió tan oscuro como tela negra, y la luna se volvió tan roja como la sangre. Entonces las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como los higos verdes que caen de un árbol cuando es sacudido por el fuerte viento. El cielo fue enrollado como un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron movidas de su lugar. Entonces todo el mundo —los reyes de la tierra, los gobernantes, los generales, los ricos, los poderosos, todo esclavo y hombre libre— se escondió en las cuevas y entre las rocas de las montañas. Y gritaban a las montañas y a las rocas: «Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro de aquel que se sienta en el trono, y de la ira del Cordero; porque ha llegado el gran día de su ira, ¿y quién podrá sobrevivir?».” (Apocalipsis 6:12-17, NTV)

Debemos tener en cuenta que los primeros cinco sellos indican un tiempo de guerra, pestilencia, hambruna, martirio y ruina económica que son el resultado de la pecaminosidad de la humanidad. Estos representan la Gran Tribulación y son paralelos a la descripción de la Gran Tribulación en la primera parte de Mateo 24. Obsérvese también la similitud de Apocalipsis 6:16-17 con Isaías 2:12-21 (citado anteriormente) con respecto a los hombres que intentan esconderse en las rocas de las montañas.

La Gran Apostasía y la manifestación del “hombre de pecado” (el Anticristo, y con él la Gran Tribulación), deben venir antes del día del Señor (es decir, el día de la ira de Dios).

“Ahora, amados hermanos, aclaremos algunos aspectos sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y cómo seremos reunidos para encontrarnos con él. No se dejen perturbar ni se alarmen tan fácilmente por los que dicen que el día del Señor ya ha comenzado. No les crean, ni siquiera si afirman haber tenido una visión espiritual, una revelación o haber recibido una carta supuestamente de nosotros. No se dejen engañar por lo que dicen. Pues aquel día no vendrá hasta que haya una gran rebelión contra Dios y se dé a conocer el hombre de anarquía, aquel que trae destrucción. Se exaltará a sí mismo y se opondrá a todo lo que la gente llame «dios» y a cada objeto de culto. Incluso se sentará en el templo de Dios y afirmará que él mismo es Dios.” (2 Tesalonicenses 2:1-4, NTV)

Además, debemos tener en cuenta que estos versículos de 2 Tesalonicenses 2 se dan claramente como una advertencia a aquellos que esperaban que el rapto pudiera ocurrir en cualquier momento. El Espíritu está enseñando, a través de Pablo, que hay algunas cosas que deben ocurrir primero (a saber, la apostasía, la manifestación del hombre de pecado [hombre sin ley, hombre de anarquía] y el templo reconstruido). De acuerdo con Malaquías, Elías viene antes del Día del Señor, sin embargo, Apocalipsis 11:2-3 indica su venida durante la segunda mitad de la semana 70 de Daniel, es decir, durante la tribulación.

“Miren, les envío al profeta Elías antes de que llegue el gran y terrible día del Señor.” (Malaquías 4:5, NTV)
“Pero no midas el atrio exterior porque ha sido entregado a las naciones, las cuales pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. Mientras tanto yo daré poder a mis dos testigos, y ellos se vestirán de tela áspera y profetizarán durante esos 1260 días».” (Apocalipsis 11:2-3, NTV)

Debido a la naturaleza de los milagros realizados por estos dos testigos, muchos creen que son Moisés y Elías.

“Un período de setenta conjuntos de siete se ha decretado para tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a su rebelión, para terminar con su pecado, para obtener perdón por su culpa, para traer justicia eterna, para confirmar la visión profética y para ungir el Lugar Santísimo. ¡Ahora escucha y entiende! Pasarán siete conjuntos de siete más sesenta y dos conjuntos de siete desde el momento en que se dé la orden de reconstruir Jerusalén hasta que venga un gobernante, el Ungido. Jerusalén será reconstruida con calles y fuertes defensas, a pesar de los tiempos peligrosos. Después de este período de sesenta y dos conjuntos de siete, matarán al Ungido sin que parezca haber logrado nada y surgirá un gobernante cuyos ejércitos destruirán la ciudad y el templo. El fin llegará con una inundación; guerra, y la miseria que acarrea, está decretada desde ese momento hasta el fin. El gobernante firmará un tratado con el pueblo por un período de un conjunto de siete, pero al cumplirse la mitad de ese tiempo, pondrá fin a los sacrificios y a las ofrendas. Como punto culminante de todos sus terribles actos, colocará un objeto sacrílego que causa profanación hasta que el destino decretado para este profanador finalmente caiga sobre él».” (Daniel 9:24-27, NTV)
“Entonces oí a dos seres santos que hablaban entre sí. Uno de ellos preguntó: —¿Cuánto tiempo durarán los sucesos de esta visión? ¿Por cuánto tiempo la rebelión que causa profanación detendrá los sacrificios diarios? ¿Por cuánto tiempo pisotearán el templo y al ejército celestial? El otro le contestó: —Pasarán dos mil trescientas noches y mañanas; después el templo será restaurado” (Daniel 8:13-14, NTV)
“Mediante estas pruebas, muchos serán purificados, limpiados y refinados. Sin embargo, los perversos seguirán en su perversidad y ninguno de ellos entenderá. Solo los sabios comprenderán lo que significa. Desde el momento en que se detengan los sacrificios diarios y coloquen el objeto sacrílego que causa profanación para ser adorado, habrá 1290 días. ¡Benditos sean los que esperen y permanezcan hasta el fin de los 1335 días!” (Daniel 12:10-12, NTV)

Por lo tanto, si la posición pretribulacionista fuese correcta, el Día del Señor no tiene relevancia para la iglesia hoy, y pasajes como 1 Tesalonicenses 5: 4,6 no tienen sentido.

“Ahora bien, amados hermanos, con respecto a cómo y cuándo sucederá todo esto, en realidad no es necesario que les escribamos. Pues ustedes saben muy bien que el día del regreso del Señor llegará inesperadamente, como un ladrón en la noche. Cuando la gente esté diciendo: «Todo está tranquilo y seguro», entonces le caerá encima la catástrofe tan repentinamente como le vienen los dolores de parto a una mujer embarazada; y no habrá escapatoria posible. Pero ustedes, amados hermanos, no están a oscuras acerca de estos temas, y no serán sorprendidos cuando el día del Señor venga como un ladrón. Pues todos ustedes son hijos de la luz y del día; no pertenecemos a la oscuridad y a la noche. Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos.” (1 Tesalonicenses 5:1-6, NTV)

El punto es que, si la iglesia va a ser raptada varios años antes de que llegue el día del Señor, una lectura más probable de los vv. 4-6 habría sido algo así como: “Pero ustedes, hermanos, no deben pensar en ese día. ¡Habrán sido reunidos mucho antes con el Señor en las nubes!” Pues, ¿Qué sentido tiene prepararse para ese día (que vendrá después de la Gran Tribulación) si ya estamos en el cielo?

EL PATRÓN DE DIOS: LA IRA DE SATANÁS CONTRA LA IRA DE DIOS

Los pretribulacionistas argumentan que es imposible que la iglesia pase por la Gran Tribulación ya que la iglesia no ha sido puesta para ira, sino para salvación:

“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5:9, RVR1960)

Sin embargo, ignoran que sufrir persecución no significa “estar puesto para ira”, pues una cosa es la ira de Dios (de la cual todo creyente ha sido librado) y otra muy diferente es la ira de Satanás, la cual inevitablemente somos llamados a enfrentar a menudo:

“Por lo cual regocijaos, cielos y los que moráis en ellos. ¡AY DE LA TIERRA Y DEL MAR!, PORQUE EL DIABLO HA DESCENDIDO A VOSOTROS CON GRAN FUROR, SABIENDO QUE TIENE POCO TIEMPO.  Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia[b] de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo. Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para hacer que fuera arrastrada por la corriente. Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca. ENTONCES EL DRAGÓN SE ENFURECIÓ CONTRA LA MUJER, Y SALIÓ PARA HACER GUERRA CONTRA EL RESTO DE LA DESCENDENCIA DE ELLA, LOS QUE GUARDAN LOS MANDAMIENTOS DE DIOS Y TIENEN EL TESTIMONIO DE JESÚS.” (Apocalipsis 12:12-17, LBLA)

Como bien lo dijera Pablo:

“Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22, RVR1960)

El patrón de Dios en las Escrituras es permitir que sus santos sufran bajo la ira de Satanás (tal como ocurrirá durante la Gran Tribulación), pero que sean preservados sobrenaturalmente de la ira de Dios (tal como ocurrirá en el Día del Señor). Este patrón puede observarse en el caso de Israel durante las plagas de Egipto:

“Por eso los egipcios los hacían trabajar sin compasión. Les amargaban la vida forzándolos a hacer mezcla, a fabricar ladrillos y a hacer todo el trabajo del campo. Además, eran crueles en todas sus exigencias.” (Éxodo 1:13-14, NTV)
“Pero la sangre sobre los marcos de las puertas servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo. Esa plaga de muerte no los tocará a ustedes cuando yo hiera la tierra de Egipto.” (Éxodo 12:13, NTV)

Israel no se libró de la ira del faraón. Pero cuando llegó el momento de que Dios derramara Su ira sobre Faraón, ¡Su pueblo se salvó sobrenaturalmente! Lo mismo ocurrirá con la iglesia durante la Gran Tribulación y el derramamiento de la ira de Dios sobre los inicuos.

Este patrón se repite de nuevo en el caso de Noé y el diluvio:

“Cuando el Hijo del Hombre regrese, será como en los días de Noé. En esos días, la gente disfrutaba de banquetes, fiestas y casamientos, hasta el momento en que Noé entró en su barco y llegó el diluvio y los destruyó a todos.” (Lucas 17:26-27, NTV)

Noé tuvo que soportar la ira del mundo impío en el que vivía. Pero cuando llegó el momento de que Dios derramara su ira, Noé y los suyos fueron preservados sobrenaturalmente. Y así será también con la iglesia a pesar de que tenga que pasar por la Gran Tribulación.

El mismo patrón se repite una vez más en los días de Lot durante la destrucción de Sodoma:

“El mundo será como en los días de Lot, cuando las personas se ocupaban de sus quehaceres diarios —comían y bebían, compraban y vendían, cultivaban y edificaban— hasta la mañana en que Lot salió de Sodoma. Entonces llovió del cielo fuego y azufre ardiente, y destruyó a todos.” (Lucas 17: 28-29, NTV)
“Tiempo después, Dios condenó las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las redujo a montones de cenizas. Las puso como ejemplo de lo que le sucederá a la gente que vive sin Dios. Sin embargo, Dios también rescató a Lot y lo sacó de Sodoma, porque Lot era un hombre recto que estaba harto de la vergonzosa inmoralidad de la gente perversa que lo rodeaba. Así es, Lot era un hombre recto atormentado en su alma por la perversión que veía y oía a diario. COMO VEN, EL SEÑOR SABE RESCATAR DE LAS PRUEBAS A TODOS LOS QUE VIVEN EN OBEDIENCIA A DIOS, AL MISMO TIEMPO QUE MANTIENE CASTIGADOS A LOS PERVERSOS hasta el día del juicio final.” (2 Pedro 2: 6-9, NTV)

Lot sufrió a manos de personas malvadas, pero se salvó sobrenaturalmente de la ira de Dios. Así será también con nosotros.

JESÚS ENSEÑÓ CONTRA LA INMINENCIA DE SU SEGUNDA VENIDA

Una de las razones por las que muchos han aceptado el pretribulacionismo es la creencia de que las Escrituras enseñan que los cristianos de todas las edades deben creer que su venida es inminente, en el sentido de que no hay eventos que deben ocurrir antes de que regrese y que podría ocurrir en cualquier momento. Sin embargo, un estudio más detallado de las Escrituras muestra que Jesús enseñó de manera tal que contradijo a aquellos que creían que su segunda venida sería inminente.

“La multitud escuchaba todo lo que Jesús decía, y como ya se acercaba a Jerusalén, LES CONTÓ UNA HISTORIA PARA CORREGIR LA IDEA DE QUE EL REINO DE DIOS COMENZARÍA DE INMEDIATO. Les dijo: «Un hombre de la nobleza fue llamado a un país lejano para ser coronado rey y luego regresar. Antes de partir, reunió a diez de sus siervos y dividió entre ellos cinco kilos de plata, diciéndoles: “Inviertan esto por mí mientras estoy de viaje”; pero sus súbditos lo odiaban y enviaron una delegación tras él a decir: “No queremos que él sea nuestro rey”. Después de que lo coronaran rey, volvió y llamó a los siervos a quienes les había dado el dinero. Quería saber qué ganancias habían tenido.” (Lucas 19:11-15, NTV)

El punto aquí es que Jesús los estaba preparando por un largo tiempo entre su primera y segunda venida. Por lo tanto, no debían esperar que su regreso fuera inminente. En cambio, debían esperar un período de tiempo durante el cual debían prepararse y trabajar hasta que Él venga (v. 13).

La parábola de las diez vírgenes y de los tres siervos enseñan el mismo principio:

“Entonces, el reino del cielo será como diez damas de honor que tomaron sus lámparas y salieron para encontrarse con el novio. Cinco de ellas eran necias y cinco sabias. Las cinco que eran necias no llevaron suficiente aceite de oliva para sus lámparas, pero las otras cinco fueron tan sabias que llevaron aceite extra. Como EL NOVIO SE DEMORÓ, a todas les dio sueño y se durmieron…” (Mateo 25:1-5, NTV)
“También EL REINO DEL CIELO PUEDE ILUSTRARSE MEDIANTE LA HISTORIA DE UN HOMBRE QUE TENÍA QUE EMPRENDER UN LARGO VIAJE. Reunió a sus siervos y les confió su dinero mientras estuviera ausente. Lo dividió en proporción a las capacidades de cada uno. Al primero le dio cinco bolsas de plata; al segundo, dos bolsas de plata; al último, una bolsa de plata. Luego se fue de viaje. El siervo que recibió las cinco bolsas de plata comenzó a invertir el dinero y ganó cinco más. El que tenía las dos bolsas de plata también salió a trabajar y ganó dos más. Pero el siervo que recibió una sola bolsa de plata cavó un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su amo. DESPUÉS DE MUCHO TIEMPO, EL AMO REGRESÓ de su viaje y los llamó para que rindieran cuentas de cómo habían usado su dinero.” (Mateo 25:14-19, NTV)

Una vez más, el punto principal en ambas parábolas es que pasará mucho tiempo entre la primera y la segunda venida de Cristo. La iglesia primitiva claramente sabía que la venida de Jesús no era inminente, en el sentido de que podría ocurrir en cualquier momento. Entendieron que había algunas cosas que tenían que suceder antes de que Él regresara. Por lo tanto, no esperaban que Su regreso pudiera ocurrir en cualquier momento.

“Así que mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia: —Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino? Él les contestó: —Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo; pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.” (Hechos 1:6-8, NTV).

Los discípulos tenían que saber que tomaría algún tiempo para que el evangelio llegara a la mayor parte de la tierra, lo cual era necesario que sucediera antes de que Él regresara. Así, las Escrituras que parecen enseñar “inminencia” ciertamente no implican que Cristo podría venir en cualquier momento, mucho menos sorpresivamente y de forma secreta, sin que se hayan cumplido ciertos eventos previos también profetizados.

Los mismos apóstoles llegaron a entender que la Segunda Venida de Cristo no era inminente, y que no ocurriría en sus días, sino muchos años después de su muerte:

“Yo estoy ya a punto de ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, que en aquel día me dará el Señor, el juez justo; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:6-8, RVR1960)

Pablo sabía que Jesús no regresaría en sus días. Pero no fue el único. A Pedro se le dijo que el moriría antes de la Segunda Venida:

“Te digo la verdad, cuando eras joven, podías hacer lo que querías; te vestías tú mismo e ibas adonde querías ir. Sin embargo, cuando seas viejo, extenderás los brazos, y otros te vestirán y te llevarán adonde no quieras ir. Jesús dijo eso para darle a conocer el tipo de muerte con la que Pedro glorificaría a Dios. Entonces Jesús le dijo: «Sígueme».” (Juan 21:18-19, NTV)

Pedro sabía que Jesús no regresaría durante su vida:

“Pues nuestro Señor Jesucristo me ha mostrado que pronto tendré que partir de esta vida terrenal.” (2 Pedro 1:14, NTV)

Así pues, es evidente que los primeros discípulos no creían realmente que la segunda venida del Señor ocurriría en sus días, tampoco esperaban un retorno secreto, inesperado, o que podría ocurrir en cualquier momento. Daban por seguro que ocurriría en un tiempo aún futuro, pero también creían que algunos eventos tendrían que ocurrir antes de ello y que, ciertamente, no era inminente.

LA IDEA DE UN RAPTO PRETRIBULACIONAL CONVIERTE A 2 TESALONICENSES 2: 1-5 EN UNA ADVERTENCIA SIN SENTIDO

Si la posición pretribulacional es correcta, 2 Tesalonicenses 2:1-5 no tiene sentido. Debería leer algo como: “¡No temas, serás raptado antes de que esto ocurra!”. Sin embargo, dice:

“Ahora, amados hermanos, aclaremos algunos aspectos sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y cómo seremos reunidos para encontrarnos con él. No se dejen perturbar ni se alarmen tan fácilmente por los que dicen que el día del Señor ya ha comenzado. No les crean, ni siquiera si afirman haber tenido una visión espiritual, una revelación o haber recibido una carta supuestamente de nosotros. No se dejen engañar por lo que dicen. Pues aquel día no vendrá hasta que haya una gran rebelión contra Dios y se dé a conocer el hombre de anarquía, aquel que trae destrucción. Se exaltará a sí mismo y se opondrá a todo lo que la gente llame «dios» y a cada objeto de culto. Incluso se sentará en el templo de Dios y afirmará que él mismo es Dios. ¿No se acuerdan de que les mencioné todo esto cuando estuve con ustedes?” (2 Tesalonicenses 2:1-5, NTV)

Seamos honestos: ¿Por qué prepararnos para enfrentar algo que ni siquiera veremos? ¿Por qué los creyentes de Tesalónica estaban “perturbados” ante la posibilidad de haber comenzado ya en su época la Gran Tribulación y el Día del Señor? ¿Acaso no creían ellos en un rapto pretribulacional? Es obvio que no. Por el contrario, ellos estaban seguros de que pasarían por la Gran Tribulación y enfrentarían la persecución y apostasía que traería el Anticristo. Eso explica el por qué se sentían perturbados.

1 Y 2 TESALONICENSES NOS HABLAN DE UNA SOLA SEGUNDA VENIDA, NO DE DOS “SEGUNDAS VENIDAS”, O DE UNA SEGUNDA VENIDA DIVIDIDA EN DOS ETAPAS

Para mantener con vida su errada postura escatológica, los pretribulacionistas se ven obligados a enseñar que las referencias a la segunda venida en 2 Tesalonicenses capítulos 1 y 2; y 1 Tesalonicenses capítulo 4 se refieren a diferentes “venidas” (una antes y otra después de la tribulación). Pero una lectura cuidadosa de dichos pasajes no da razón alguna para tal interpretación. La lectura natural es la mejor. Todos estos capítulos describen el mismo evento.

“Y DIOS LES BRINDARÁ DESCANSO A USTEDES QUE ESTÁN SIENDO PERSEGUIDOS y también a nosotros CUANDO EL SEÑOR JESÚS APAREZCA DESDE EL CIELO. ÉL VENDRÁ CON SUS ÁNGELES PODEROSOS, en llamas de fuego, y traerá juicio sobre los que no conocen a Dios y sobre los que se niegan a obedecer la Buena Noticia de nuestro Señor Jesús. Serán castigados con destrucción eterna, separados para siempre del Señor y de su glorioso poder. Aquel día cuando él venga, recibirá gloria de su pueblo santo y alabanza de todos los que creen. Esto también los incluye a ustedes, porque creyeron lo que les dijimos acerca de él.” (2 Tesalonicenses 1:7-10, NTV)

Nótese de paso que en su Segunda Venida Cristo no viene con la iglesia, sino con sus “ÁNGELES PODEROSOS”. Esto no tiene sentido si la iglesia fue raptada y llevada al cielo con Él antes de la Gran Tribulación. Pero esto no termina ahí, Pablo afirma:

“Ahora, amados hermanos, ACLAREMOS ALGUNOS ASPECTOS SOBRE LA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y CÓMO SEREMOS REUNIDOS PARA ENCONTRARNOS CON ÉL [nótese que ambos sucesos son el mismo, no dos eventos separados]. No se dejen perturbar ni se alarmen tan fácilmente por los que dicen que el día del Señor ya ha comenzado. No les crean, ni siquiera si afirman haber tenido una visión espiritual, una revelación o haber recibido una carta supuestamente de nosotros. No se dejen engañar por lo que dicen. Pues AQUEL DÍA NO VENDRÁ HASTA QUE HAYA UNA GRAN REBELIÓN CONTRA DIOS Y SE DÉ A CONOCER EL HOMBRE DE ANARQUÍA, AQUEL QUE TRAE DESTRUCCIÓN [todo lo cual ocurrirá durante la Gran Tribulación]. Se exaltará a sí mismo y se opondrá a todo lo que la gente llame «dios» y a cada objeto de culto. Incluso se sentará en el templo de Dios y afirmará que él mismo es Dios. ¿No se acuerdan de que les mencioné todo esto cuando estuve con ustedes? Y ustedes saben qué es lo que lo detiene, porque solo puede darse a conocer cuando le llegue su momento. Pues esa anarquía ya está en marcha en forma secreta, y permanecerá secreta hasta que el que la detiene se quite de en medio. Entonces el hombre de anarquía será dado a conocer, pero EL SEÑOR JESÚS LO MATARÁ CON EL SOPLO DE SU BOCA Y LO DESTRUIRÁ CON EL ESPLENDOR DE SU VENIDA [nuevamente, un evento postribulacional].” (2 Tesalonicenses 2:1-8, NTV)
“Pues el Señor mismo DESCENDERÁ DEL CIELO [nótese que Pablo afirma que el Señor descenderá de los cielos a la tierra, no que se quedará estacionado en las nubes esperando a la iglesia para subir con ella de nuevo al cielo. La idea del rapto secreto es pura especulación y tergiversación del texto] con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas. Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre. Así que anímense unos a otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:16-18, NTV)

EL ERROR DE LA IGLESIA EN TESALÓNICA

En 2 Tesalonicenses 2:2 podemos observar el grave error cometido por los creyentes en Tesalónica. Los tesalonicenses habían asumido erróneamente que habían entrado ya en el tiempo del fin y que la venida de Jesús era inminente. Por lo tanto, habían dejado de trabajar:

“Incluso mientras estábamos con ustedes les dimos la siguiente orden: «Los que no están dispuestos a trabajar que tampoco coman». Sin embargo, oímos que algunos de ustedes llevan vidas de ocio, se niegan a trabajar y se entrometen en los asuntos de los demás. Les ordenamos a tales personas y les rogamos en el nombre del Señor Jesucristo que se tranquilicen y que trabajen para ganarse la vida.” (2 Tesalonicenses 3:10-12, NTV)

¿Acaso no se parece esto a lo que muchos creyentes pretribulacionistas han hecho en algunas ocasiones? Se niegan a trabajar, casarse, tener hijos, seguir con sus estudios o continuar con sus vidas normales, desconectándose del mundo real para esperar el inminente “rapto secreto de la iglesia”. Además, es de todos conocido que, desde el surgimiento del pretribulacionismo en 1830, los creyentes en este sistema han sido a menudo presa fácil de los falsos profetas y visionarios que señalan fechas, predicen la segunda venida, tienen sueños o visiones sobre el supuesto rapto, o generan pánico en sus seguidores con amenazas de ser dejados atrás. Esto ciertamente no se parece en nada a la paz que Cristo prometió a sus seguidores (Juan 14:26-27). Claro, esto no debería sorprendernos, ya que errores engendran errores. Por eso Pablo escribió para corregir a los tesalonicenses y asegurarles que ellos no deberían esperar un regreso inminente de Jesús:

“Ahora, amados hermanos, aclaremos algunos aspectos sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y cómo seremos reunidos para encontrarnos con él. No se dejen perturbar ni se alarmen tan fácilmente por los que dicen que el día del Señor ya ha comenzado. No les crean, ni siquiera si afirman haber tenido una visión espiritual, una revelación o haber recibido una carta supuestamente de nosotros. No se dejen engañar por lo que dicen. Pues aquel día no vendrá hasta que haya una gran rebelión contra Dios y se dé a conocer el hombre de anarquía, aquel que trae destrucción.”  (2 Tesalonicenses 2:1-3, NTV)

LA CREENCIA EN UN RAPTO PRETRIBULACIONAL VUELVE INNECESARIOS Y SIN SENTIDO LOS MANDAMIENTOS Y ADVERTENCIAS HECHAS POR JESÚS

En la discusión de Jesús sobre la gran tribulación en Mateo 24, Él ordena a sus seguidores soportar la persecución venidera y les advierte sobre los peligros del engaño. ¡Estos mandatos y advertencias parecen innecesarios si van a ser arrebatados antes de que comience la tribulación!

“Abundará el pecado por todas partes, y el amor de muchos se enfriará; pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.” (Mateo 24:12-13, NTV)
“Pues habrá más angustia que en cualquier otro momento desde el principio del mundo. Y jamás habrá una angustia tan grande. De hecho, a menos que se acorte ese tiempo de calamidad, ni una sola persona sobrevivirá; pero se acortará por el bien de los elegidos de Dios. Entonces, si alguien les dice: “Miren, aquí está el Mesías” o “Allí está”, no lo crean. Pues se levantarán falsos mesías y falsos profetas y realizarán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos de Dios.” (Mateo 24:21-24, NTV)

La pregunta es, si el rapto pretribulacional es verdad ¿por qué Jesús no les dijo a sus discípulos que serían “raptados” antes de que comenzaran estos grandes problemas? Los pretribulacionistas pretenden justificar su error interpretativo afirmando que estas palabras son dirigidas a Israel, no a la iglesia. Pero eso un error monumental, ya que Jesús dirigió estas palabras a sus discípulos, no a los judíos inconversos.

EL RAPTO PRETRIBULACIONAL, UNA CONTRADICCIÓN DE LUCAS 21:18

Si el rapto pretribulacional fuese cierto, Jesús no sabía de qué hablaba cuando le dijo a sus discípulos que, cuando comenzara la tribulación, ellos deberían “levantar la mirada”, ¡Pues su redención estaría cerca! Simplemente no tiene sentido, ya que, si los creyentes fueron arrebatados antes de la Gran Tribulación, su redención no estaría “cerca”, sino que sería algo pasado.

“Por lo tanto, cuando todas estas cosas comiencen a suceder, pónganse de pie y levanten la mirada, ¡porque la salvación está cerca!” (Lucas 21:28)

Esta pues, es una contradicción más en el sistema de interpretación pretribulacional, el cual se contradice a sí mismo a cada paso. Sin embargo, la Biblia no se puede contradecir a sí misma o no sería Palabra de Dios. Esto nos deja ante dos opciones: O el pretribulacionismo está equivocado, o lo está la Biblia. ¿Cuál eliges tú?

Yo, personalmente, elijo creer en la Biblia, no en teorías humanas:

“… Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado” (Romanos 3:4; LBLA)

LA IDEA DE UN RAPTO PRETRIBULACIONAL OBLIGA A SUS DEFENSORES A TORCER EL SIGNIFICADO ORIGINAL DE CIERTAS PALABRAS EN LA BIBLIA

Para sostener sus teorías erróneas, los pretribulacionistas deben asignarle un significado diferente a la palabra “descender” usada en 1 Tesalonicenses 4:16. Para los pretribulacionistas, “descender” no significa descender en realidad, sino “quedarse estacionado en las nubes y darse a la fuga nuevamente después de raptar a la novia.” Sin embargo, ese no es el significado real de dicha palabra.

La palabra katabaino, traducida “descender” en 1 Tesalonicenses 4:16 siempre implica un descenso completo[2], tal como ocurre con el Espíritu Santo en el bautismo de Jesús (Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22; Juan 1:29-34). Nada en el texto implica un alto o una reversión. Los pretribulacionistas, en cambio, sugieren que Jesús hará una pausa en el aire, reunirá a los santos y luego volverá al cielo.

Ignoran, sin embargo, que la figura de la iglesia ascendiendo de la tierra para recibir al Señor en el aire mientras desciende, es una analogía interesante tomada de la cultura de la época. En tiempos bíblicos era común que los líderes de una ciudad salieran a encontrarse con un dignatario visitante y lo escoltaran a él a la ciudad ¡no se iban con él a su casa!

La segunda venida de Cristo sigue también el patrón cultural para las nupcias orientales que estaba en boga en la época del Nuevo Testamento. En todo matrimonio había tres elementos fundamentales, cada uno de los cuales representa de forma simbólica la relación de Cristo con la iglesia:

  1. El precio de la Novia: En tiempos del Nuevo Testamento los matrimonios eran concertados por los padres. Ellos se reunían y llegaban a un contrato para que sus hijos se casaran., muchas veces antes de que el novio y la novia se hubieran visto. Estos contratos matrimoniales eran obligatorios. Para sellar el contrato, el futuro esposo o su padre tenía que pagar cierto precio o dote por la novia. Cuando la dote había sido pagada, el contrato de unión quedaba reconocido por la ley y podía cancelarse únicamente mediante el divorcio, incluso antes del intercambio de los votos matrimoniales y la consumación física de la unión (Mateo 1:18-19). Cuando Cristo murió en la cruz, el precio que pagó con su propia sangre fue como un pago legal, la dote, para su matrimonio con la iglesia (Hechos 20:28).
  2. El Compromiso: El compromiso en un matrimonio de la antigüedad quedaba marcado oficialmente por una ceremonia en la cual la novia y el novio se reunían en presencia de testigos, para entregarse regalos mutuamente. Después de la ceremonia, el novia y la novia regresaban por caminos separados a sus respectivos hogares. Durante el período entre el compromiso y la consumación del matrimonio, el hombre se mantenía ocupado en la preparación de un lugar para su novia, Por lo general esto significaba la construcción de una vivienda que se añadía como una ampliación a la casa de su padre, con el fin de que la nueva pareja tuviera un lugar seguro para empezar sus vidas juntos. José y María ya habían pasado por la ceremonia de compromiso cuando el ángel Gabriel le informó a María que sería la madre del mesías (Lucas 1:26-38, Mateo 1:18-25). De nuevo se representa bellamente a Cristo y a la Iglesia. Él ya le ha entregado sus regalos (Efesios 4:8) y se ha ido para prepararle a ella un lugar en la casa de su Padre (Juan 14:2). Todo este tiempo entre su primera y segunda venida es como el período de compromiso durante el cual la Iglesia está desposada con Cristo.
  3. La Fiesta de Bodas: La fase final de un matrimonio tenía lugar cuando el novio y sus amigos iban a la casa de la novia para la ceremonia de bodas y un gran festejo. Encontramos una ilustración de este evento en el relato de las bodas de Caná (Juan 2:1-11) y en la parábola de las vírgenes en Mateo 25:1-13. De igual forma, la cena de bodas del Cordero y su Esposa será la señal definitiva de la consumación total del plan de Dios para la iglesia. Esa fiesta no puede ocurrir sino hasta que Cristo regrese por su iglesia (Apocalipsis 19:6-16), lo cual ocurre al final de la Tribulación. Nótese también que era el novio quien llegaba a la casa de la novia para la cena de bodas, no se la llevaba a ella a la casa de él, pues la unión no podía ser consumada hasta después de la fiesta o cena de bodas. Tal como ocurre en la parábola de las diez vírgenes, la comitiva que sale a recibir al novio entra con él a la fiesta en la casa de la novia, no se va con él a ningún otro lugar (Mateo 25:1-13). La casa de la novia de Cristo es la tierra, y es aquí, y no en el cielo, donde se celebrarán las bodas del Cordero durante el reino milenial.

Como ya es evidente a este punto, aún el simbolismo de las parábolas de Jesús contradice toda hipótesis de un rapto pretribulacional. Lo colocan, en cambio, al final de la Tribulación y principio del Reino Milenial.

EL PRETRIBULACIONISMO NECESITA MANIPULAR LAS ESCRITURAS DE UNA MANERA QUE VA EN CONTRA DE SU SIGNIFICADO ORIGINAL, SOBRE TODO EN SU ESQUEMA DE JUICIOS Y RECOMPENSAS

El pretribulacionismo requiere un esquema de juicio complicado. Para acomodar las diversas venidas, resurrecciones y grupos de personas involucradas, es necesario que los pretribulacionistas postulen varios juicios diferentes (comúnmente 4, a veces más). Esto implica manipular las escrituras de una manera que va en contra de su significado simple. El postribulacionismo no requiere un esquema tan complicado.

Los cuatro juicios comúnmente postulados por los pretribulacionistas son:

(1) La Iglesia en el cielo durante la tribulación. El bimá o entrega de recompensas (2 Corintios 5:10).
(2) El juicio de las naciones antes del milenio (Mateo 25: 31-46).
(3) El juicio del Israel nacional a principios del milenio, en preparación para el Reino de David (Ezequiel 20: 33-38).
(4) El juicio final de los malvados después del milenio (Apocalipsis 20: 11-15).

Este esquema pretribulacional genera más dudas que respuestas, ya que deja a cuatro grupos de personas fuera de los 4 juicios arriba mencionados y requiere juicios adicionales que no se mencionan en las Escrituras. Dichos grupos son: (1) Los santos del Antiguo Testamento; (2) los mártires de tribulación; (3) los salvos durante el milenio (Isaías 2:2-3; 11:10; 55:1-7) y (4), los impíos que viven al final del milenio (Apocalipsis 20:7-9).

CONCLUSIÓN

El caos generado por el pretribulacionismo es verdaderamente enorme y requiere una explicación que no puede extraerse de la Biblia, pues esta rechaza el pretribulacionismo de forma categórica. Esto nos deja con una sola conclusión: el pretribulacionismo no solo es una innovación en materia teológica, sino que también contradice los postulados claros de la palabra de Dios. Sólo el postribulacionismo puede, de forma coherente, lógica y bíblica, explicar los eventos relacionados con la gran apostasía venidera, la aparición del Anticristo, la Gran Tribulación, el arrebatamiento de la iglesia y la Segunda Venida de Cristo.

BIBLOGRAFÍA Y REFERENCIAS:

[1] Robert H. Gundry, Church and the Tribulation: A Biblical Examination of Posttribulationism (Zondervan Academic; Primera Edición, 1999)

[2] Diccionario Strong’s para el Estudio de la Biblia.

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