Complementarianismo, Igualitarismo, Ministerio Femenino, Ministerio Pastoral, Mujeres

El episcopado (pastorado) femenino en la Biblia y la historia de la Iglesia

Ordenar mujeres al presbiterio (pastorado, episcopado, obispado, o como quieras llamarle) no es una novedad cultural, sino la recuperación de una práctica neotestamentaria que quedó oscurecida por siglos de influencias patriarcales. Las ancianas (presbýtidas), llamadas a ser “maestras del bien”, no forman un grupo paralelo ni secundario. Junto con los ancianos varones integran el presbýterion, el consejo de líderes maduros que Dios ha dado a su iglesia para pastorear, enseñar y guiar a toda la comunidad. Las iglesias del Nuevo Testamento —reunidas en casas en Corinto, Roma y Éfeso— eran lideradas por hombres y mujeres maduros en la fe que, juntos, ejercían el ministerio pastoral. Restaurar esta imagen bíblica completa no es doblegarse a la cultura, sino obedecer al texto con mayor fidelidad. Solo así la imagen de Dios —varón y mujer— brillará en toda su plenitud en el liderazgo de su pueblo.

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Cuando doce varones pesan más que todo el Evangelio

La semilla del ministerio femenino no es una concesión moderna a las presiones feministas, ni un invento de la teología progresista. Está plantada en el corazón mismo del Evangelio, en esas páginas que algunos leen con tanto cuidado para encontrar doce nombres y tan poco interés para descubrir todo lo demás. Y mientras el argumento de los doce varones siga circulando, habrá que seguir recordando que los Evangelios no se agotan en una lista, que Jesús hizo mucho más que elegir doce apóstoles, y que la resurrección, afortunadamente, fue anunciada primero por quienes, según los criterios humanos, no tenían derecho a hacerlo. Cosas del Reino.

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No había mujeres sacerdotisas en el Tabernáculo ni el Templo ¿Por qué deberíamos permitir mujeres en el ministerio hoy?

El argumento del Tabernáculo y la ausencia de mujeres sirviendo en él (y más adelante en el templo) parte de una premisa histórica correcta, pero salta a una conclusión teológica ridícula. Confunde la sombra con la sustancia, lo provisional con lo eterno. El Nuevo Pacto no conserva el viejo modelo sacerdotal: lo supera gloriosamente. Y en esa superación, el Espíritu Santo reparte dones de enseñanza, gobierno, pastoreo y liderazgo sin pedirle a nadie su carnet de identidad tribal ni su género.

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El lado oscuro del complementarismo neopuritano y la supuesta «masculinidad bíblica»

En un mundo donde la ideología de género amenaza con deconstruir la masculinidad y la feminidad, reinventándolas a su imagen y semejanza, la subcultura evangélica se ha lanzado en una carrera demente por decirnos qué significa ser hombre o mujer. El problema no es que lo hagan apelando a la Biblia (la Biblia tiene mucho que decirnos sobre lo que significa ser un hombre o una mujer de verdad). El problema es que lo hacen a partir de una visión distorsionada de la masculinidad y amparado en una interpretación puritana (y errada) de los roles de género.

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Igualitarismo, mucho más que Gálatas 3:28 – El ministerio de la mujer a través de los ojos de los primeros cristianos y el contexto cultural del medio oriente

En virtud de nuestra unión con Cristo, somos partícipes de los beneficios de Cristo, sin distinción, ni superioridad, ni ventaja sobre otro. Si una persona cree en Cristo, sin importar su sexo, clase social, raza o edad, está —unida a todos los demás santos— en Cristo Jesús, y por lo tanto, tiene derecho a todos los beneficios que esa unión confiere. Ese es el claro mensaje de Gálatas 3:28.

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Nuestras esposas | La Ezer Negued en nuestra vida y ministerio

Al ver Dios a Adán solo, varón sin hembra, su juicio es claro: eso no es bueno. Es la primera y única cosa que Dios destaca como necesitada de perfección en una creación en todo lo demás perfecta y buena: "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él." (Génesis 2:18). ¡Y así surgió la mujer! "Ayuda idónea" (en hebreo: ézer négued) le llamamos. Pero "ayuda idónea" no traduce adecuadamente el término original hebreo ‘ezer négued'.

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Abuso, misoginia y exclusión, el lado oscuro del complementarianismo neocalvinista

La existencia de la intolerancia contra las mujeres en nuestro mundo, y con demasiada frecuencia en la iglesia, no puede negarse. Pero no hay lugar para semejante actitud en el cuerpo de Cristo. Aunque las actitudes de la sociedad secular, basadas en prácticas y tradiciones de largo tiempo, han influido en la aplicación de principios bíblicos a circunstancias locales, los pentecostales creemos que es nuestro deber ayudar a redimir a las culturas que están en desacuerdo con los principios del Reino. Y redimir la cultura, en este caso, implica decir la verdad contra el lado oscuro del complementarianismo y sus oponentes.

Igualitarismo, Ministerio Femenino

Sobre Gálatas 3:28 y su verdadero mensaje

Gálatas 3:28 es lo que los teólogos igualitarios llaman la “Carta Magna de la Nueva Humanidad en Cristo”, ya que implica un igualitarismo completo entre grupos étnicos, clases sociales y entre los hombres y las mujeres. Se considera un versículo claro en el que Pablo escribe sin tener en mente ningún contexto limitante. El hecho de que Pablo nos habla de nuestra unidad espiritual en Cristo necesariamente implica igualdad social y eclesiástica. En otras palabras, Pablo no parece estar aboliendo estructuras sociales y eclesiásticas, pero sí que las hace irrelevantes (lo cual, aun así, llevaría a su abolición en última instancia). En la teología igualitaria, y particularmente en el dilema de la igualdad de la mujer y su rol dentro de la iglesia, las frases “todos sois uno en Cristo Jesús” y “no hay hombre ni mujer” implican tanto una intercambiabilidad funcional como unos patrones de autoridad estrictamente igualitarios y anti-jerárquicos.

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«Que la mujer guarde silencio» | Un análisis exhaustivo de 1 Corintios 14:34-35

Aunque las diferencias en el cristianismo acerca del rol las mujeres en el ministerio permanecen hasta el día de hoy, la evidencia histórica muestra que tanto los hombres como las mujeres se desarrollaban y participaban en todas las áreas de ministerio en la iglesia cristiana primitiva. La Escritura, los escritos externos de los líderes de la iglesia, los registros históricos y arqueológicos, los instrumentos testimoniales de la iglesia indican que las mujeres sirvieron como ministros, pastoras, diaconisas, líderes de la iglesia, apóstoles e incluso obispos.

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Ni machismo, ni feminismo ¡Igualdad Bíblica!

La cultura latina (junto con muchas otras) nos enseña que los hombres debemos ser machistas. En otras regiones del mundo, en donde el feminismo y la ideología de género han logrado enquistarse en el corazón mismo de la cultura, la masculinidad ha sido trastocada y la hombría anulada en favor de la mujer. La batalla de los sexos se pelea ahora en terreno sagrado, enfrentando a hombres y mujeres por el dominio de la fe y el ascenso a posiciones de liderazgo en la iglesia. De acuerdo con Jesús esta es la cultura propia del mundo: “Jesús los llamó y les dijo: —Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.” (Mateo 20:25, NVI), más no la cultura del Evangelio: “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor.” (Mateo 20:26, NVI). La cultura del Evangelio es que (hombre y mujer) somos iguales. En la cultura del Evangelio no hay cabida para ser machistas (ni feministas). ¿Qué opción nos queda entonces? El igualitarismo bíblico.