Complementarianismo, Cristianismo, Igualitarismo

Ni machismo, ni feminismo ¡Igualdad Bíblica!

Por Fernando E. Alvarado

La cultura latina (junto con muchas otras) nos enseña que los hombres debemos ser machistas. En otras regiones del mundo, en donde el feminismo y la ideología de género han logrado enquistarse en el corazón mismo de la cultura, la masculinidad ha sido trastocada y la hombría anulada en favor de la mujer. La batalla de los sexos se pelea ahora en terreno sagrado, enfrentando a hombres y mujeres por el dominio de la fe y el ascenso a posiciones de liderazgo en la iglesia. De acuerdo con Jesús esta es la cultura propia del mundo: “Jesús los llamó y les dijo: —Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.” (Mateo 20:25, NVI), más no la cultura del Evangelio: “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor.” (Mateo 20:26, NVI). La cultura del Evangelio es que (hombre y mujer) somos iguales. En la cultura del Evangelio no hay cabida para ser machistas (ni feministas). ¿Qué opción nos queda entonces? El igualitarismo bíblico.

¿QUÉ ES EL IGUALITARISMO BÍBLICO?

Según el igualitarismo cristiano, fundamentado en las Sagradas Escrituras, la igualdad de género es bíblicamente sólida en el liderazgo de la iglesia cristiana (incluido el pastorado) y en el matrimonio cristiano. Su fundamento teológico reside en las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo y otros principios cristianos formulados a lo largo del Nuevo Testamento. El igualitarismo cristiano se refiere a la creencia bíblica de que el género, en sí mismo, no privilegia ni restringe los dones o el llamado de un creyente a ningún ministerio en la iglesia o en el hogar. No implica que mujeres y hombres sean idénticos o indiferenciados, sino que afirma que Dios diseñó a hombres y mujeres para complementarse y beneficiarse mutuamente.

En las esferas teológicas el igualitarismo cristiano (también conocido como igualdad bíblica) significa igualdad de autoridad y responsabilidades entre géneros. Esto implica que las mujeres puedan ejercer la autoridad espiritual como clero (pastoras, misioneras, maestras, evangelistas, líderes denominacionales, etc.). La interpretación de los cristianos igualitarios de las escrituras y las convicciones espirituales los lleva a la conclusión de que la manera y la enseñanza de Jesús abolieron la discriminación contra las minorías raciales, los esclavos y las mujeres tanto en la iglesia como en el matrimonio.

Los cristianos igualitaristas creen que la Biblia enseña la igualdad fundamental de los creyentes de todos los grupos raciales y étnicos y de todas las clases económicas. Consideran que los principios fundamentales de la Biblia son que los hombres y las mujeres son igualmente creados a la imagen de Dios, igualmente responsables del pecado, igualmente redimidos por Cristo e igualmente dotados por el Espíritu de Dios para el servicio y responsables de usar los dones que Dios les ha dado.

En última instancia, el igualitarismo cristiano sostiene que todas las personas son iguales en valor fundamental y estatus moral. Una fuente importante de esta corriente de pensamiento es la noción cristiana de que la humanidad fue creada a la imagen viva de Dios (Imago Dei). Fieles a sus convicciones, los igualitarios afirman seguir el ejemplo de Jesucristo, quien no se conformó con una mentalidad desfavorable para las mujeres, sino que reaccionó contra las desigualdades basadas en diferencias sexuales. Por tal motivo, afirman que la Iglesia, como portadora de la humanidad redimida, debe representar especialmente esta igualdad de hombres y mujeres en su vida institucional. Igualitarismo cristiano.

Las creencias igualitarias son generalmente suscritas por cuáqueros, metodistas unidos, la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.), los Bautistas del Norte, la Iglesia del Nazareno, la Iglesia Wesleyana y denominaciones pentecostales como las Asambleas de Dios y la Iglesia de Dios Unida.

EL COMPLEMENTARISMO CRISTIANO

A menudo, el igualitarismo bíblico es visto como contrario al complementarismo, el cual sostiene que los roles diferentes, a menudo no superpuestos, entre hombres y mujeres, manifestados en el matrimonio, el liderazgo de la iglesia y en otros lugares, son requeridos bíblicamente. El complementarismo afirma que los hombres fueron creados para el rol de liderazgo y las mujeres fueron creadas para el rol de apoyo, por tal motivo, restringe a las mujeres de cualquier rol de liderazgo en la iglesia y la excluye de forma absoluta de su pertenencia al clero. La sumisión de la mujer es vista como la única opción bíblica aceptada.

En su versión más extrema, el complementarismo suele estar obsesionado con la autoridad masculina, confina a las mujeres al hogar y suele tomar una actitud pasiva hacia ante la violencia doméstica y al abuso conyugal. Entre los complementarios moderados, algunos consideran que la única restricción que debe imponerse a las mujeres es la de asumir el cargo pastoral; por lo tanto, consideran que cualquier otra función de liderazgo debe estar abierta a mujeres calificadas en la iglesia. La mayoría de los complementarios, sin embargo, creen que la mujer no debe ejercer ningún puesto de autoridad en lo absoluto, y que en los contextos en los que haya enseñanza de las Escrituras o ejercicio de liderazgo espiritual, tales tareas deben ser realizadas solamente por hombres calificados.

Los sectores complementaristas más extremos suelen rayar en una especie de “machismo cristiano” en el cual, muy a menudo, se sostienen la tradición y el status quo en lugar de remitir sus creencias sobre bases bíblicas. Defienden el dominio masculino y del patriarcado, así como la inferioridad y sumisión femeninas, lo cual consideran bíblico y compatible con la fe cristiana. En círculos evangélicos de corte reformado, suele promoverse cierto tipo de complementarismo Idealista, romántico y hasta caballeresco, en el cual la mujer es pintada como una damisela en peligro necesitada de un príncipe azul que venga en su ayuda. Los aspectos negativos de la sumisión femenina suelen ocultarse tras la afirmación de que el hombre no es superior a la mujer en cuanto a diseño; pero que al hombre le fue dado el rol de cabeza y líder tanto del hogar como de la iglesia (Efesios 5:23). Permiten que las mujeres estudien la Palabra de Dios y la teología (1 Timoteo 2:11) pero únicamente para poder guiar y enseñar a otras mujeres (Tito 2:4), servir como diaconisas (Romanos 16:1) o en calidad de consejeras de otras mujeres, pero siempre trabajando en sumisión al liderazgo masculino.

VERDADES BÍBLICAS QUE SUSTENTAN EL IGUALITARISMO CRISTIANO

Las creencias igualitarias no se fundamentan en las tendencias de la sociedad actual con su lógica feminista. El igualitarismo se fundamenta en la Biblia. De acuerdo con la Teología igualitaria, la Biblia enseña la igualdad completa de hombres y mujeres en la Creación y en la Redención (Génesis 1:26-28, 2:23, 5:1-2; 1 Corintios 11:11-12; Gálatas 3:13, 28, 5:1). Creemos que Dios se ha revelado a Sí mismo en la totalidad de las Escrituras, la Palabra autoritativa de Dios (Mateo 5:18; Juan 10:35; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20-21). También reconocemos la necesidad de hacer una distinción entre la inspiración y la interpretación: la inspiración se refiere al impulso y control divino por medio de los cuales la Escritura canónica completa es la Palabra de Dios. La interpretación, en cambio, se refiere a la actividad humana por medio de la cual buscamos comprender la verdad revelada, en armonía con la totalidad de la Escritura y bajo la dirección del Espíritu Santo. Creemos que, para ser verdaderamente bíblicos, los cristianos debemos examinar continuamente nuestra fe y práctica a la luz de la Escritura.

El igualitarismo fundamenta sus afirmaciones en las siguientes verdades bíblicas:

 LA CREACIÓN

  • La Biblia enseña que tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios, tuvieron una relación directa con Dios, compartieron conjuntamente las responsabilidades de engendrar y criar a los hijos, y de tener dominio sobre el orden creado (Génesis 1:26-28).
  • La Biblia enseña que mujer y el hombre fueron creados para una comunidad plena y de igualdad. La palabra “ayuda” (ezer), usada para designar a la mujer en Génesis 2:18 se refiere a Dios en la mayoría de los casos en que se usa en el Antiguo Testamento (1 Samuel 7:12; Salmo 121:1-2). Por lo tanto, la palabra no tiene ninguna implicación de subordinación o inferioridad de la mujer.
  • La Biblia enseña que la formación de la mujer tomada del hombre demuestra unidad e igualdad fundamental de los seres humanos (Génesis 2:21-23). En Génesis 2:18, 20 la palabra “idónea” (kenegdo) denota igualdad y adecuación mutua.
  • La Biblia enseña que el hombre y la mujer fueron coparticipantes en la Caída; Adán no fue menos culpable que Eva (Génesis 3:6; Romanos 5: 12-21; 1 Corintios 15:21-22).
  • La Biblia enseña que el señorío de Adán sobre Eva resultó de la Caída y por eso no fue parte del orden original de la Creación. Génesis 3:16 es una predicción de las consecuencias de la Caída más bien que una prescipción del orden ideal de Dios.

LA REDENCIÓN

La Biblia enseña que Jesucristo vino a redimir a las mujeres tanto como a los hombres. Por la fe en Cristo, todos nosotros llegamos a ser hijos de Dios, uno en Cristo y herederos de las bendiciones de salvación, sin referencia a distintivos raciales, sociales o sexuales (Juan 1: 12-13; Romanos 8:14-17, 2 Corintios 5:17; Gálatas 3:26-28).

LA COMUNIDAD

  • La Biblia enseña que en el día de Pentecostés el Espíritu Santo vino por igual sobre hombres y mujeres. Sin distinción, el Espíritu Santo mora en mujeres y hombres y reparte dones soberanamente, sin preferencia a un sexo más que al otro (Hechos 2:1-21; 1 Corintios 12:7, 11, 14:3 1).
  • La Biblia enseña que tanto las mujeres como los hombres son llamados a desarrollar sus dones espirituales y a utilizarlos como mayordomos de la gracia de Dios (1 Pedro 4:10-11). Tanto hombres como mujeres son dotados divinamente y capacitados para servir al cuerpo completo de Cristo, bajo Su autoridad (Hechos 1:14, 18:6, 21:5; Romanos 16:1-7, 12-13, 15; Filipenses 4:2-3; Colosenses 4:15; Marcos 15:40-41, 16:1-7; Lucas 8:1-3; Juan 20:17-18; comparar también ejemplos del Antiguo Testamento: Jue 4:4-14, 5:7; 2 Crónicos 34:22-28; Proverbios 31:30-31; Miqueas 6:4).
  • La Biblia enseña que, bajo el Nuevo Pacto, tanto mujeres como hombres ejercitan las funciones proféticas, sacerdotales y reales (Hechos 2:17-18, 21:9; 1 Corintios 11:5; 1 Pedro 2:9-10; Apocalipsis 1:6, 5:10). Por lo tanto, los pocos textos aislados que parecen restringir la libertad completa de la redención en el caso de las mujeres no deben ser interpretados de manera simplista o que contradiga el resto de la Escritura, sino que su interpretación debe tomar en cuenta su relación con la enseñanza más amplia de la Escritura y su contexto total (1 Corintios 11:2-16, 14:33-36; 1 Timoteo 2:9-15).
  • La Biblia define la función de liderazgo como la capacitación de otros para el servicio, más bien que como ejercicio de poder sobre ellos (Mateo 20:25-28, 23:8; Mar cos 10:42-45; Juan 13:13-17; Gálatas 5:13; 1 Pedro 5:2-3).

 LA FAMILIA

  • La Biblia enseña que esposos y esposas son coherederos de la gracia de la vida y que están ligados en una relación de mutua sumisión y responsabilidad (1 Corintios 7; 3-5; Efesios 5:21; 1 Pedro 3:1-7; Génesis 21:12). La función del marido como “cabeza” (kephale) se debe entender como en el sentido de dar amor y servicio de sí mismo dentro de la relación de sumisión mutua (Efesios 5:21-33; Colosenses 3:19; 1 Pedro 3:7).
  • La Biblia enseña que tanto las madres como los padres deben ejercitar el liderazgo en la crianza, educación, disciplina, y enseñanza de sus hijos (Éxodo 20:12; Levítico 19:3; Deuteronomio 6:6- 9, 21:18-21, 27:16; Proverbios 1:8, 6:20; Efesios 6:1-4; Colosenses 3:20; 2 Timoteo 1:5).

APLICANDO EL IGUALITARIO BÍBLICO

Ser igualitario en la iglesia significa que los dones espirituales de las mujeres y los hombres deben ser reconocidos, desarrollados y usados en ministerios de servicio y enseñanza en todos los niveles de participación; como líderes de grupos pequeños, consejeros, facilitadores, administradores, ujieres, servidores de la Santa Cena, y miembros de la Junta Directiva; y también en el cuidado pastoral, enseñanza, predicación y adoración. De esta manera la iglesia honrará a Dios como la fuente de los dones espirituales.

La iglesia. también cumplirá al mandato de Dios de la mayordomía sin la pérdida inmensa que representa para el reino de Dios el hecho de que más de la mitad de los miembros de la iglesia estén excluidos de cargos de responsabilidad. Al hacer esto, la iglesia será un modelo de la unidad y armonía que deben caracterizar a la comunidad de los creyentes. En un mundo fracturado por la segregación y la discriminación, la iglesia se separará por completo de prácticas mundanas y paganas que tienen como fin hacer que las mujeres se sientan inferiores por el sólo hecho de ser mujeres. Esto ayudará a evitar que abandonen la iglesia o rechacen la fe.

En el hogar cristiano, ser igualitarios significa que el marido y su esposa se preferirán el uno al otro, al buscar la satisfacción de las preferencias, los deseos y aspiraciones del otro. Ninguno de los cónyuges buscará dominar al otro, sino que cada uno actuará como siervo del otro, en humildad, considerando al otro mejor que a sí mismo. En caso de desacuerdo insuperable al tomar una decisión, deben buscar una solución por métodos bíblicos de resolver conflictos más bien que por la imposición de un cónyuge sobre el otro. De esta manera marido y esposa harán su parte cada uno para que el hogar Cristiano resista contra el uso del poder y la autoridad impropia de cónyuges. Así se protegerá el hogar del abuso contra la esposa y el niño que a veces es la consecuencia trágica de una interpretación jerárquica de la “jefatura” del marido.

En un hogar igualitario, el cual es un verdadero hogar cristiano, los cónyuges aprenderán a compartir las responsabilidades de liderazgo sobre la base de dones, capacidades y disponibilidad, con la consideración debida al cónyuge que resulte más afectado por la decisión. De esta manera los cónyuges aprenderán a respetar sus capacidades y su complementariedad, pues un hogar igualitario es un hogar liberado para salir de un “tradicionalismo” no bíblico. Al hacerlo así, expresarán abiertamente su obediencia a la Escritura, modelarán un ejemplo para otras parejas que buscan la libertad en Cristo, y resistirán los modelos de dominación y desigualdad a veces impuestos sobre la iglesia y la familiar.

Creemos que la doctrina de la igualdad entre el hombre y la mujer es fiel a la Escritura. Como igualitaristas es nuestra convicción que la Biblia, en su totalidad, es la Palabra liberadora que provee la manera más efectiva de que las mujeres y los hombres ejerciten los dones repartidos por el Espíritu Santo y así sirvan a Dios. El igualitarismo más que oponerse al complementarismo defectuoso de ciertos grupos religiosos, es más bien la expresión correcta del complementarismo bíblico.

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