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El Evangelio de Juan: Una refutación del unicitarismo

La doctrina unicitaria, promovida por grupos como heréticos como la Iglesia Pentecostal Unida, el Movimiento de la Fe en Jesús y otros similares, sostiene que Dios es una sola persona que se manifiesta en diferentes modos o roles (Padre, Hijo y Espíritu Santo), negando la distinción de personas dentro de la Trinidad. Esta perspectiva, conocida también como modalismo o sabelianismo, choca con la enseñanza histórica del cristianismo, que afirma la existencia de un solo Dios en tres personas distintas y coeternas.

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La incoherencia lógica del modalismo unicitario

Lejos de ser una expresión heterodoxa, el movimiento pentecostal histórico, desde su génesis en los avivamientos del siglo XX (como Azusa Street, 1906), se ha afirmado inequívocamente dentro del marco de la ortodoxia trinitaria, distinguiéndose con claridad y rechazando categóricamente las desviaciones unicitaristas o modalistas que surgieron posteriormente como corrientes marginales dentro de algunos grupos específicos. Esta adhesión al credo trinitario no es un mero formalismo, sino un pilar fundacional arraigado en una hermenéutica fiel de las Escrituras y en la herencia teológica recibida de la Iglesia universal.

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Historia de los Avivamientos Pentecostales del siglo XX: El Avivamiento en Noruega y Suecia (1907-1910)

El avivamiento que sacudió Noruega y Suecia entre 1907 y 1910 fue un fenómeno espiritual profundo y transformador que dejó una huella indeleble en la historia del cristianismo en Escandinavia. Este movimiento, caracterizado por un fervor pentecostal y una búsqueda apasionada de la presencia de Dios, no solo renovó la fe de miles de creyentes, sino que también sentó las bases para el crecimiento del pentecostalismo en Europa.

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Historia de los Avivamientos Pentecostales del siglo XX: El Avivamiento Metodista en Corea como precursor del Avivamiento de Pyongyang

En algunos medios “pentecostales” que promueven la introducción de la teología reformada en el pentecostalismo, a menudo se utiliza el Avivamiento de Pyongyang (1907), un movimiento principalmente presbiteriano, para promover la validez de un "pentecostalismo reformado". Tal pretensión, sin embargo, es falaz porque ignora el contexto histórico y espiritual que lo precedió. Este avivamiento no surgió en un vacío, sino que fue profundamente influenciado por el avivamiento metodista anterior, el cual enfatizó la santificación, la experiencia del Espíritu Santo y la oración ferviente. Los metodistas, con su teología wesleyana, prepararon el terreno espiritual y doctrinal para lo que ocurriría en Pyongyang. Por tanto, atribuir el avivamiento únicamente a una tradición reformada o presbiteriana es omitir la raíz metodista que lo precedió y, en gran medida, lo hizo posible.

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Historia de los Avivamientos Pentecostales del siglo XX: El Avivamiento de Pyongyang (Corea, 1907)

El Avivamiento de Pyeongyang, ocurrido en 1907 en la ciudad de Pyeongyang (hoy parte de Corea del Norte), es recordado como uno de los eventos más transformadores en la historia del cristianismo coreano y un hito que resonó en el movimiento pentecostal a nivel global. Este despertar espiritual no fue simplemente un momento de fervor religioso pasajero, sino una experiencia profunda que tocó el corazón de miles de personas, renovando sus vidas y redefiniendo el rumbo de la iglesia en Corea. Fue un tiempo en el que el cielo pareció abrirse sobre una nación en crisis, y el Espíritu Santo se movió de manera poderosa, dejando una huella imborrable en la fe de quienes lo vivieron.

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El pretexto de la «American Religion» como forma de crítica al pentecostalismo clásico

En el ámbito teológico contemporáneo, el pentecostalismo clásico, particularmente en su vertiente evidencialista, ha sido objeto de críticas recurrentes bajo el pretexto de ser un producto de la llamada "American Religion". Este término, popularizado por Harold Bloom en su obra The American Religion: The Emergence of the Post-Christian Nation (1992), describe una forma de religiosidad caracterizada por el individualismo, el pragmatismo y la búsqueda de experiencias espirituales intensas, típica de la cultura estadounidense. Sin embargo, lo que muchos críticos no parecen reconocer es que el movimiento que hoy busca reformar—o, en términos más crudos, "infectar"—al pentecostalismo, es decir, el nuevo calvinismo, es en sí mismo un producto de esa misma "American Religion" que tanto denuncian. Sobra decir que las críticas al pentecostalismo clásico bajo este pretexto no solo son selectivas, sino también hipócritas, ya que el nuevo calvinismo, lejos de ser una alternativa "pura" o "universal", es igualmente un fenómeno profundamente estadounidense.

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El caso del metodismo calvinista: ¿Pretexto para crear un pentecostalismo reformado?

El metodismo, como movimiento religioso, surgió en el siglo XVIII en el contexto de la Inglaterra anglicana, liderado principalmente por John Wesley y, en menor medida, por su hermano Charles Wesley y George Whitefield. Sin embargo, dentro del metodismo existieron corrientes teológicas divergentes, particularmente en lo que respecta a la soteriología. Mientras que John Wesley abrazó una soteriología arminiana, George Whitefield defendió una perspectiva calvinista. Esta aparente convivencia entre dos corrientes distintas dentro del metodismo, ha dado lugar al fantaseo, en ciertos círculos pentecostales (comprometidos más bien con el calvinismo que con su propia identidad pentecostal), a la promoción de la quimera teológica que denominan “pentecostalismo reformado”

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La crisis del pentecostalismo institucional y la vigencia de la pentecostalidad: Una crítica desde la esperanza

El pentecostalismo, como movimiento espiritual y eclesial, ha sido una de las fuerzas más dinámicas y transformadoras en el cristianismo global desde su surgimiento a principios del siglo XX. Sin embargo, en las últimas décadas, el pentecostalismo institucional ha enfrentado una crisis profunda en numerosos países, marcada por desafíos internos y externos que han debilitado su estructura y testimonio. Esta crisis no es meramente organizacional; toca la esencia misma de lo que significa ser pentecostal. No obstante, es crucial distinguir entre la crisis de la institucionalidad y la vigencia de la pentecostalidad, pues mientras la primera puede estar en declive, la segunda permanece como un testimonio vivo del poder del Espíritu Santo.

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El principio regulativo de la adoración: Una trampa de restricción

En el ámbito cristiano, comprendemos que la adoración se puede guiar por dos principios fundamentales: el principio normativo y el principio regulativo. Estos principios nos ayudan a pensar cómo debemos estructurar nuestras prácticas de adoración, y aunque ambos buscan honrar a Dios, tienen diferencias significativas.

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Los dones de sanidades: Un vistazo al poder restaurador que precede la eternidad

El pentecostalismo predica lo que llamamos el "evangelio completo", que no solo proclama la salvación del alma, sino también la sanidad del cuerpo y el bienestar integral del ser humano. Este mensaje es uno de los pilares fundamentales de nuestra fe, arraigado en la creencia de que Jesús no solo vino a redimirnos espiritualmente, sino que también trajo sanidad física como parte de su obra redentora. La sanidad divina no es un aspecto secundario, sino que está en el corazón del evangelio que predicamos, siendo una de las cuatro verdades cardinales de nuestra fe.