¿Baladas, salsa, merengue, rock, música clásica, reggae o reguetón? ¿cuál de estos géneros es apropiado en el culto cristiano? Estas preguntas frecuentemente surgen en la iglesia, generando debate sobre qué géneros musicales son "apropiados" para la adoración a Dios. Para responder, debemos reflexionar a la luz de las Escrituras y principios bíblicos.
Categoría: Neopentecostalismo
El principio regulativo de la adoración: Una trampa de restricción
En el ámbito cristiano, comprendemos que la adoración se puede guiar por dos principios fundamentales: el principio normativo y el principio regulativo. Estos principios nos ayudan a pensar cómo debemos estructurar nuestras prácticas de adoración, y aunque ambos buscan honrar a Dios, tienen diferencias significativas.
Pneumatología Pentecostal: Una pneumatología completa en un mundo de evangelios incompletos
La fortaleza del pentecostalismo radica, sin lugar a dudas, en su pneumatología vibrante y poderosa, una pneumatología que no se esconde, que no pide disculpas, y que hoy, en un mundo ávido de lo divino, sigue siendo un faro de esperanza y renovación. Es la pneumatología que muchos en otras tradiciones cristianas observan con escepticismo o incluso con vergüenza, pero que nosotros abrazamos con orgullo, porque sabemos que es la misma que movió a los primeros apóstoles y a la iglesia primitiva a transformar el mundo. Es la pneumatología que recuerda las palabras de Joel 2:28: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne”, y que Pedro proclamó en Pentecostés, asegurando que no era un evento único, sino el inicio de un mover que abarcaría toda la era de la iglesia (Hechos 2:17-21).
El Reino de Dios: Más allá de los sistemas políticos y económicos
La historia de la humanidad ha estado marcada por la búsqueda de sistemas políticos y económicos que aseguren justicia, equidad y prosperidad. Sin embargo, desde una perspectiva bíblica, y particularmente de nuestra comprensión pentecostal del Reino de Dios, entendemos que ningún sistema terrenal, ya sea de izquierda o de derecha, representa el Reino de Dios ni puede equipararse a su perfección y propósito. La búsqueda de similitudes entre los sistemas de este mundo y el Reino de Dios no solo es errónea, sino que desvía al cristiano de la verdadera esencia de su fe y misión en la tierra.
¡Disfruta la belleza de la adoración pentecostal! ¡Libre, espontánea y carismática!
En Salmos 47:7 se nos instruye a “cantar con inteligencia,” y en Juan 4:24, Jesús declara que el Padre busca adoradores que lo hagan “en espíritu y en verdad.” ¿Qué implica esto? Que Dios no solo quiere adoración con conocimiento teológico o la precisión de cada letra en los himnos, sino que busca una adoración pneumática, carismática, pentecostal, guiada por el Espíritu Santo. ¡Debemos adorar en espíritu y en verdad! Estas no son palabras vacías ni metáforas poéticas; son un llamado a una adoración que combina verdad y pasión, mente y espíritu.
El fuego que no se apaga: La defensa del continuismo en un mundo que niega lo sobrenatural
El cesacionismo —la creencia de que los dones milagrosos del Espíritu Santo cesaron con la muerte de los apóstoles o con el cierre del canon bíblico— ha penetrado en muchas iglesias pentecostales, al punto de que hoy nos encontramos con pentecostales que, en la práctica, se han convertido en cesacionistas. Esto es un fenómeno peligroso y contradictorio que requiere una respuesta clara y contundente. En el panorama teológico actual, es fundamental que como cristianos comprometidos con la verdad bíblica, y particularmente como pentecostales, presentemos una sólida defensa del continuismo.
Los dones de sanidades: Un vistazo al poder restaurador que precede la eternidad
El pentecostalismo predica lo que llamamos el "evangelio completo", que no solo proclama la salvación del alma, sino también la sanidad del cuerpo y el bienestar integral del ser humano. Este mensaje es uno de los pilares fundamentales de nuestra fe, arraigado en la creencia de que Jesús no solo vino a redimirnos espiritualmente, sino que también trajo sanidad física como parte de su obra redentora. La sanidad divina no es un aspecto secundario, sino que está en el corazón del evangelio que predicamos, siendo una de las cuatro verdades cardinales de nuestra fe.
El don de hacer milagros: Poder sobrenatural en acción
El don de milagros es uno de los nueve dones espirituales que el apóstol Pablo menciona en 1 Corintios 12, un capítulo dedicado a la diversidad de los dones otorgados por el Espíritu Santo para la edificación de la iglesia. Pablo señala que a algunos les es dado "el hacer milagros" (1 Corintios 12:10), haciendo una clara distinción entre este don y otros como el de sanidades o la profecía. El término griego utilizado aquí es "dýnamis", que connota poder o habilidad sobrenatural, es decir, actos que trascienden las leyes naturales. En este sentido, entendemos que el don de milagros implica una intervención divina directa en el orden natural, donde Dios se revela a través de eventos extraordinarios para glorificar su nombre y fortalecer la fe de su pueblo.
Don de fe: Confiar en lo invisible, alcanzar lo inimaginable
El don de fe, según la teología cristiana, es una capacidad sobrenatural otorgada por el Espíritu Santo que permite a los creyentes confiar en Dios de manera extraordinaria y en circunstancias imposibles, más allá de la fe salvadora común a todos los cristianos. Este don capacita a los creyentes para actuar con una confianza inquebrantable en la voluntad y el poder de Dios, en situaciones donde la razón o la lógica humana no pueden brindar una solución. No se trata simplemente de la fe que lleva a la salvación, sino de una fe especial que se manifiesta en momentos en los que Dios desea intervenir de manera poderosa en la vida del creyente o en la comunidad.
Ecos del cielo: El don de profecía y la voz de Dios en nuestro tiempo
La profecía ha desempeñado un papel central en la revelación divina a lo largo de las Escrituras, sirviendo como un medio a través del cual Dios comunica su voluntad a la humanidad. En el Antiguo Testamento, los profetas fueron figuras fundamentales, llamados por Dios para advertir, guiar y consolar al pueblo de Israel. Su función no solo incluía predecir eventos futuros, sino también interpretar la Ley y exhortar al arrepentimiento, siendo portadores de mensajes específicos para situaciones concretas de la historia de Israel (Isaías 1:10-17, Jeremías 7:1-7). Los profetas eran intérpretes del pacto de Dios con Israel, denunciando la injusticia y el pecado mientras anunciaban la misericordia y el juicio divino.