Navidad

La Navidad, emblema de una sana Cristología

La navidad fue, y continúa siendo aún hoy, un recordatorio tangible de la ortodoxia cristiana en relación con la deidad de Cristo, la Trinidad y el plan de salvación. A finales del s. IV, probablemente a fines del año 379 o del año 380, un viejo cristiano llamado Gregorio Nacianceno o Gregorio de Nacianzo, predicó un famoso sermón sobre la natividad. Un sermón que aún continúa resonando fuertemente en nuestros oídos. El carácter de dicho sermón no fue casual, lógicamente porque se preparó para la festividad que le da nombre, pero sobre todo porque fue escrito en un contexto de particular tensión en la historia de la Iglesia, en el cual estaba en cuestión nada menos que la naturaleza misma de Cristo. De modo que, aunque su tiempo poco tiene que ver con el nuestro, no puede desconocerse su aporte imperecedero a la comprensión de aquello que celebra la fiesta llamada navidad: el nacimiento de Cristo, o natividad.

Distintivos del Pentecostalismo, Ordo Salutis, Pentecostalismo Clásico, Salvación

Verdades Cardinales | La Salvación

La doctrina de la salvación forma el núcleo de nuestra fe cristiana y pentecostal, proclamando la victoria de Dios sobre el pecado en nuestra vida. Esta verdad resulta en liberación, sanidad y vidas restauradas. Ya sea un nuevo miembro o un cristiano maduro, cada creyente debe tener una comprensión clara de la salvación y la gran diferencia que esta verdad marca en nuestra vida e iglesia. La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios. La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47, Juan 3:3, Romanos 10:13-15, Efesios 2:8, Tito 2:11, Tito 3:5-7). La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24, Tito 2:12).