La Biblia declara que el hombre es la cabeza de la mujer. Para muchos cristianos esto significa que la mujer debe estar sometida al hombre quien, en su papel de “cabeza”, debe tenerla bajo su autoridad. Sin embargo, existen varias razones por las cuales este es un concepto completamente equivocado de lo que significa ser la “cabeza”. La tiranía, el maltrato y el abuso forman lo opuesto de lo que Dios espera de un hombre. Pues el plan divino le pide al esposo que muestre la ternura, amor, delicadeza, paciencia noble, y verdadera cortesía, que es digna de la cabeza del hogar.
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El problema de las Nuevas Masculinidades
Aunque los cristianos aplaudimos la inclusión de la mujer, su igualdad de derechos y su participación en la iglesia, por otro lado constatamos una desvirilización del hombre, tanto en su función de padre — al debilitarse su decir como representante de la ley —como en la forma de abordar al otro sexo. De igual modo sucede con los semblantes, pues asistimos a una feminización de los atuendos y de los cuidados de sí. El ser hombre ha perdido su atractivo y se constata que la masculinidad se coloca a la defensiva ante la protesta de las mujeres. Los hombres responden de diversas maneras, por ejemplo por la vía fundamentalista (machismo) o por la de la identificación, siendo la más habitual la de su maternización.
¿Qué dice la Biblia acerca del aborto?
El aborto es y seguirá siendo un asunto grave. Se trata de algo indeseable que, aunque en ocasiones se presente con tonalidades liberadoras, en el fondo lleva casi siempre un equipaje amargo de angustia, opresión, injusticia y soledad. Los estudios sociológicos confirman que el número de abortos tiende a aumentar en aquellos países donde tal práctica está liberalizada. Cada vez más sociedades occidentales liberalizan la práctica del aborto.