Feminismo, Ideología de Género, LGBTI, Masculinidad

El problema de las Nuevas Masculinidades

Por Fernando E. Alvarado

“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”

Proverbios 20:6

Las mujeres durante el siglo XX han irrumpido en ámbitos antes exclusivos de los hombres y han desarrollado su vertiente creativa fuera de los límites impuestos por la cultura de los siglos anteriores. Y lo han hecho para quedarse. Se puede constatar la presencia activa de la mujer en la política, ocupando cargos de máxima responsabilidad y es en este terreno donde las políticas de la igualdad entre los géneros han tenido más aplicación mediante la propuesta de cuotas igualitarias. Tal incursión de la mujer en la política es simplemente genial y merece nuestro apoyo.

Las mujeres han incursionado también en el ámbito religioso, ejerciendo roles ministeriales y de liderazgo como pastoras, evangelistas, misioneras, maestras, diáconos, etc. Las iglesias evangélicas (y particularmente las pentecostales) han sido bendecidas, y deben continuar siendo bendecidas, por el ministerio de las hijas de Dios, que tienen dones y recibieron una comisión por parte de Él. La Biblia afirma, una y otra vez, que Dios derrama su Espíritu sobre hombres y mujeres y, de este modo, concede dones a ambos sexos para el ministerio en su Iglesia. Por tanto, debemos seguir honrando los dones de las mujeres en el ministerio y en el liderazgo espiritual. La inclusión de la mujer en todos estos ámbitos es bíblica, correcta y debe continuar. Sin embargo, no todo marcha bien dentro de la iglesia y muchos están cayendo en extremos peligrosos, traspasando límites que Dios mismo ha establecido.

HOMBRES DE VERDAD: UNA ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Aunque los cristianos aplaudimos la inclusión de la mujer, su igualdad de derechos y su participación en la iglesia, por otro lado constatamos una desvirilización del hombre, tanto en su función de padre — al debilitarse su decir como representante de la ley —como en la forma de abordar al otro sexo. De igual modo sucede con los semblantes, pues asistimos a una feminización de los atuendos y de los cuidados de sí. El ser hombre ha perdido su atractivo y se constata que la masculinidad se coloca a la defensiva ante la protesta de las mujeres. Los hombres responden de diversas maneras, por ejemplo por la vía fundamentalista (machismo) o por la de la identificación, siendo la más habitual la de su maternización.

Una nueva amenaza se cierne sobre la iglesia y, particularmente, sobre el hombre cristiano y su concepto de sí mismo. ¿Cuál es esa amenaza? El intento por redefinir la masculinidad. Y es que nuestra sociedad moderna parece estar obsesionada con la idea de ‘feminizar’ al hombre de hoy. El mundo de la moda, dominado por feministas, gays y defensores de la ideología de género, apuesta por el maquillaje masculino, lacas para uñas, gel para cejas, zapatos de tacón, antiojeras e incluso sombras de ojos para hombres. Al mismo tiempo se multiplican los desfiles o las líneas de complementos como bolsos, faldas e incluso sostenes para hombres. Dicho mercado no carece de clientes: Una nueva generación de hombres jóvenes sumidos en la más profunda crisis de identidad sexual, mentalmente manipulados por los medios, carentes de prejuicios, formados en la era del relativismo moral y el libertinaje, se divierten cuidándose, arreglándose y jugando con las prendas al mejor estilo femenino.

LA CONSPIRACIÓN FEMINISTA

Una de las elaboraciones feministas que más fuertemente está golpeando a parte de la Iglesia latinoamericana es la conocida como “nuevas masculinidades” (NM). La premisa de esta teoría feminista de las Nueva Masculinidad es que el hombre, por ser varón, es violento y debe ser feminizado. Dicha teoría afirma que el varón ha fracasado viviendo su masculinidad bajo los antiguos estándares tradicionales, sociales y religiosos, incluida por supuesto la cosmovisión cristiana contemporánea. Por lo tanto, afirma, hay que redefinir lo que significa ser hombre. Y ser hombre, en la Nueva Masculinidad, es ser femenino.

¿Exageración? No lo creo. La tarea primaria de la Nueva Masculinidad, se dice, es volver feministas (y femeninos) a los varones, entendiendo este adjetivo como el esfuerzo por lograr la igualdad de la mujer. Para ello hay que buscar en la educación de los varones varias cosas:

1.- Que se desprendan lo que enseñaron sus padres y abuelos sobre la masculinidad conquistadora, proveedora y protectora.

2.- Que comprendan que su masculinidad es una construcción social, que se desarrolló por los procesos de socialización hasta que se naturalizó en ellos.

3.- Que puedan expresar su identidad de género como mejor les parezca (transexuales-afeminados, heterosexuales y bisexuales, mujeres marimacho, etc.)

4.- Que rompan con los estereotipos y puedan expresar su sensibilidad sin la carga de ser valientes, esforzados, dar la cara o responder por otros en su papel de hombre.

Para la Nueva Masculinidad sólo cuando se logre lo anterior, los crímenes contra las mujeres disminuirán y tendremos una sociedad menos violenta y más igualitaria. ¿El precio a pagar? La feminización del hombre, la niñez y la sociedad en su conjunto. Incluso muchos teólogos feministas conservadores han caído en el juego de las Nuevas Masculinidades, ya que aunque continúan afirmando que nacemos con el sexo y el género alineados, tenemos que cambiar nuestra manera de llegar a ser masculinos. Para dichos teólogos, la autoridad que ha ejercido el varón en su casa, como el que toma las últimas decisiones, al que deben responder los hijos, que tiene que trabajar para proveer y que exige que la mujer se encargue de su casa y del cuidado del hogar solo perpetúa el machismo y la violencia contra la mujer.

Pero, ¿Está esto de acuerdo con la enseñanza bíblica? A fin de cuentas lo que importa no son las ideas de una sociedad confundida o de la militancia feminista desorientada. Importa lo que Dios, el diseñador del hombre, diga al respecto. Si alguien sabe verdaderamente lo que es la auténtica masculinidad ese es Dios, el Creador de la misma.

LA VERDADERA MASCULINIDAD SEGÚN LA BIBLIA

¿Qué significa ser un hombre en el siglo XXI? Cuando miramos la cultura popular, no hay una respuesta clara. La Biblia, sin embargo, tiene mucho que decir al respecto. Ser masculino según la Biblia significa llegar “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Efesios 4:13). Es tener el carácter de Jesús, no solamente en su aspecto tierno y abierto, sino en su fuerza, convicción y coraje para enfrentar el error y caminar por la verdad (Hebreos 5:12-14).

Una característica de los hombres maduros es que ya no son como los niños “zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas” (Efesios 4:14). Esto incluye ideologías mundanales nacidas en el seno de movimiento hostil a la fe cristiana como lo es el feminismo y su lobby abortista, que denigra el ejercicio responsable de la maternidad y considera a las amas de casa como mujeres esclavizadas de segunda clase.

La Palabra de Dios exige que el hombre sea cabeza de su mujer, que se haga cargo de protegerla y de llevarla a la Escritura (Efesios 5:22-24), que la trate con delicadeza y sin violencia (1 Pedro 3:7), que no sea perezoso sino que trabaje (Proverbios 20:13; 2 Tesalonicenses 3.10), que discipline a sus hijos y les enseñe la verdad (Proverbios 29:17), todo esto con amor (Juan 13:34;1 Corintios 13:1-13). Y esta ardua tarea de la masculinidad bíblica por supuesto que está llena de obstáculos y tentaciones. Los principados y potestades que operan y luchan por las almas de los hombres (Efesios 6:12), la propia naturaleza pecaminosa humana, el mundo caído con su distorsión de la realidad y los perversos deseos de la carne (1 Juan 2:16), entre otros.

Como hombres, y como cristianos, debemos regresar a las Escrituras. Es urgente regresar a la Biblia en estos tiempos confusos para definir la masculinidad. Bíblicamente la masculinidad no es solo un asunto biológico, y tampoco es algo que escogemos ser, es parte del diseño de Dios para nuestras vidas — Dios no creo géneros, sino dos sexos “varón y hembra los creó”, y aunque somos iguales en valor y dignidad, y aunque podemos desempeñar las mismas carreras, aspirar a los mismos cargos y ejercer los mismos ministerios eclesiásticos, también es cierto que somos distintos en diseño, que algunos roles no son intercambiables y que nuestra conducta en ciertas áreas tampoco debe ser igual. Esto no tiene nada que ver con el machismo o la discriminación. Dios es quien ha definido qué es un hombre, qué hace un hombre y cómo debe comportarse un hombre. No es un asunto que debemos descubrir, no es un asunto de preferencias, no se trata de como nos sintamos, se trata de obedecer al diseño impuesto por Dios a nosotros. Necesitamos como hombres un llamado de atención como el que hizo David a su hijo antes de morir y como el que Pablo hiciera a los corintios:

“Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.” (1 Reyes 2:1–2)

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.Todas vuestras cosas sean hechas con amor.” (1 Corintios 16:13–14)

BIBLIOGRAFÍA:


• James Dobson, Love for a Lifetime (Sisters, OR: Multnomah Books), pág. 41
• Paul King Jewett, El hombre como hombre y mujer (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1975), p.172.
• Otto Piper, Ética cristiana (Londres: Thomas Nelson and Sons Ltd, 1970), pág. 299.
• Ada Lum, Single y Human (Downers Grove, IL: IVP, 1976) págs. 31,44-45.
• John Stott, El mensaje de 1 Timoteo y Tito (Downers Grove, IL: IVP, 1996), pág. 88.
• Wayne Grudem y John Piper, eds., Recuperar la virilidad bíblica y la feminidad (Wheaton, IL, Crossway Books, 1991) p. 86.
• Steven Goldberg, La inevitabilidad del patriarcado (Manria, Gran Bretaña: Temple Smith, 1977), pág. 121.

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