El postribulacionismo afirma que la Iglesia pasará a través de la gran tribulación. Esta ha sido la fe histórica de la Iglesia cristiana. El mismo hecho de que a la Iglesia le fue prometida tribulación a lo largo de su historia sostiene esta postura (2 Tesalonicenses 1:3-10). El postribulacionismo ubica la resurrección de los justos al final de la Gran Tribulación, coincidiendo con la de los santos muertos durante ella (Daniel 12:1-3; Apocalipsis 20:4) y con el arrebatamiento de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:13-18). Esta postura fue sostenida por la iglesia primitiva, y los registros extrabíblicos como la Didajé, el texto cristiano no canónico más antiguo que se conoce (50-70 d.C.) y los escritos de grandes hombres de Dios como Papías (discípulo del apóstol Juan), Clemente de Roma, Cipriano y otros, dan fe de ello.
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COVID-19, la escuela de Dios
El COVID-19 se ha extendido por todo el mundo, sembrando pánico e incertidumbre a su paso. La pregunta para nosotros, los cristianos, es: ¿Cómo debemos responder ante esta crisis? La respuesta: ¡Con fe y sin miedo! Debemos enfrentar el centro de esta tormenta y preguntar, “Señor, ¿qué quieres que aprenda a través de esta situación? ¿Cómo me quieres cambiar?”. Personalmente, el COVID-19 me ha enseñado (o más bien recordado) ciertas cosas.
Apologética | Jesús, Pablo, la gracia y el islam
Una respuesta a las herejías de Emerson Bukele.
¿Qué dice la Biblia acerca del aborto?
El aborto es y seguirá siendo un asunto grave. Se trata de algo indeseable que, aunque en ocasiones se presente con tonalidades liberadoras, en el fondo lleva casi siempre un equipaje amargo de angustia, opresión, injusticia y soledad. Los estudios sociológicos confirman que el número de abortos tiende a aumentar en aquellos países donde tal práctica está liberalizada. Cada vez más sociedades occidentales liberalizan la práctica del aborto.
Una respuesta al Islam|Contradicciones
Los musulmanes pueden ser habilidosos para discutir y crear argumentos (aparentemente sólidos) en contra de la Biblia, pero los cristianos debemos tener un criterio propio aún más sólido y un conocimiento profundo de la Palabra de Dios. Cualquier hombre puede, en primera instancia, hacer una buena historia, porque tiene la opción de las circunstancias y los argumentos. Pero el creyente maduro lo escudriña todo, lo examina todo, disecciona todo, investiga, hace preguntas y saca a relucir la verdad y los hechos. Por lo tanto, Proverbios 18:17 es más que oportuno al enseñarnos la igualdad de los contendientes y ordenarnos no solo escuchar los dos lados de una discusión sino exigir una investigación seria y profunda antes de tomar una decisión (Deuteronomio 19:16-18). Con este principio en mente, es importante que defendamos la verdad bíblica de una manera que pueda presentarse ante el examen de los demás.
Una respuesta al Islam|Falacias Argumentativas
En el cristianismo, la Biblia es considerada el “Libro de los libros”; más no es Dios hecho Libro. Sin embargo, los 66 libros que la componen nos permiten conocer a quien, en el cristianismo, es la Revelación Suprema de Dios: Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre. Jesús es el carácter central en la Biblia – en realidad todo el libro es acerca de Él. El Antiguo Testamento predijo Su venida y preparó el escenario para Su entrada al mundo. El Nuevo Testamento describe Su venida y Su obra para traer salvación a nuestro mundo pecador.
Una respuesta al Islam|Introducción
La narrativa bíblica, como obra divina, es sorprendentemente ordenada. Nos proporciona una vasta información sobre los contextos en que se desarrolla. Cuando miramos el Corán nos sorprende la situación inversa, ya que el Corán tiene muy poco contexto para referirse a él. Hay poca narración, y los pasajes intercalan otros pasajes con temas que no tienen conexión. Un tema similar es recogido y repetido en otra Sura, aunque con variaciones e incluso a veces material contradictorio (como por ejemplo las historias diferentes de Abraham y los ídolos encontrados en las Suras 21:51-59 y 6:74-83; 19:41- 49). Es lógico, entonces, que los musulmanes no busquen en su Libro Sagrado otros pasajes para derivar un contexto, ya que es inexistente o pobre (lo cual pone en evidencia el origen puramente humano del Corán). No es de extrañar que rechacen hacer lo mismo con la Biblia, la única, verdadera e infalible Palabra de Dios.
¿Por qué algunas Biblias omiten textos?
Mientras que hoy nadie posee los autógrafos originales, tenemos muchos ejemplares existentes, y el trabajo de los historiadores bíblicos a través de la ciencia de la crítica textual, nos da una gran confianza en que la Biblia de hoy es un reflejo exacto de la obra original de los escritores.
Pasajes problemáticos en la Biblia
Lo sorprendente de la Biblia es que, a pesar de haber sido escrita por diferentes autores a través de 15 siglos, la Biblia no se contradice a sí misma, ni tampoco contiene error alguno como muchos sugieren. Y es que, esencialmente, por encima de los autores humanos, la Biblia tiene su origen en Dios. 2 Timoteo 3:16 nos dice que la Biblia fue “inspirada” por Dios. Dios supervisó a los autores humanos de la Biblia para que, aunque utilizaban sus propios estilos de escritura y personalidades, registraran exactamente lo que Dios quería que se escribiera. La Biblia no fue dictada por Dios, sino que fue perfectamente guiada y enteramente inspirada por Él.
¿Podemos confiar en la Biblia?
Al considerar el potencial durante los 1.900 años pasados para que el texto de la Biblia fuera corrompido grandemente, y el hecho que esto no haya sucedido, los cristianos pueden tener confianza que Dios, aunque sin inspirar a los copistas en la transmisión de Su Palabra, los usó en Su preservación providencial de la misma. Isaías aseguró a sus oyentes 2.700 años atrás de la permanencia de la Palabra de Dios, diciendo: “…Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre…” (Isaías 40:8). Luego, después de más de siete siglos de transmisión, el apóstol Pedro repitió los sentimientos de Isaías, describiendo la Palabra de Dios como “incorruptible” y lo que “vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25).