Apologética, Islam

Una respuesta al Islam|Falacias Argumentativas

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Para el creyente musulmán el Corán es la Revelación. Los musulmanes devotos lo consideran como un dictado sobrenatural anotado por el profeta inspirado. Además, el musulmán ve al Corán como la revelación última que resume todos los Libros anteriores, en particular el de Moisés (la Torá) y el de Jesús (el Evangelio). En el Islam el Corán es considerado “el Libro” por excelencia. De alguna manera, es Dios hecho libro.En el cristianismo, la Biblia es considerada el “Libro de los libros”; más no es Dios hecho Libro. Sin embargo, los 66 libros que la componen nos permiten conocer a quien, en el cristianismo, es la Revelación Suprema de Dios: Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre. Jesús es el carácter central en la Biblia – en realidad todo el libro es acerca de Él. El Antiguo Testamento predijo Su venida y preparó el escenario para Su entrada al mundo. El Nuevo Testamento describe Su venida y Su obra para traer salvación a nuestro mundo pecador.

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¿POR QUÉ LOS MUSULMANES CONSIDERAN AL CORÁN SUPERIOR A LA BIBLIA?

El concepto de revelación no tiene el mismo significado en el islam y en el cristianismo. En el islam, por un lado, la Revelación es un libro, el Corán; en el cristianismo, por el otro, la Revelación es una persona, Jesucristo.Para el Islam, el Corán es la palabra revelada de Dios. Y el Profeta Mahoma es sólo su transmisor. Para el musulmán las palabras contenidas en el Corán han sido, supuestamente, dictadas íntegramente por Dios mismo. Por considerarse un “dictado divino” o una “recitación” de la palabra directa de Allah, los musulmanes consideran que su libro sagrado es superior a cualquier otro libro, incluyendo la Biblia, ya que ningún otro libro ha sido, supuestamente, dictado por Dios. Esta afirmación musulmana no debería preocuparnos, ya que no es nueva ni exclusiva. Sectas como los mormones afirman lo mismo acerca de sus propios libros sagrados. Y es que afirmarlo es una cosa, ¡Cualquiera puede decir que su libro sagrado es mejor que los demás!, pero probar que fue Dios quien dictó el Corán directamente a Mahoma, o que el Libro de Mormón procede de Dios, por ejemplo, es otra cosa. Y eso es algo que ninguna secta podrá hacer jamás de forma indubitable.

DESTACADA

Otro aspecto que llena de orgullo al musulmán es que el Corán es producto de un solo hombre, Mahoma. La Biblia, en cambio, es una colección de escritos de muchos autores diferentes. Por tal razón, la Biblia es vista por el musulmán como una mezcla de ideas humanas combinadas con lo que Dios reveló a sus profetas. Es, por lo tanto, inferior a la revelación coránica. Pero afirmar esto es totalmente absurdo. Por el contrario, es un punto débil en contra del islam. ¿Por qué? Porque Mahoma, siendo uno, se contradijo en numerosas partes y luego tuvo que abrogar en otras suras lo dicho con anterioridad. Esto de por sí pone en evidencia el origen puramente humano del Corán. No fue Dios, sino un trastornado Mahoma, quien originó lo que hoy llamamos Corán. La Biblia, en cambio, siendo obra de numerosos autores, situados en contextos culturales diferentes, a lo largo de unos mil seiscientos años, jamás se contradice. Solo un libro inspirado por Dios es capaz de tal proeza. Y no necesitamos para ello escudarnos en un supuesto “dictado de Dios”, lo cual luce más como un intento desesperado por validar el Corán.

Por el contrario, los cristianos creemos que Dios inspiró con su Espíritu Santo a los escritores de la Biblia, de modo que esta es perfecta, inspirada, inerrante y autoritativa. Por inspiración, entendemos esa acción especial del Espíritu Santo por la que guio a los escritores de la Biblia. Tal supervisión influyó en los pensamientos y la elección misma de palabras de los escritores, aunque también permitió que se manifestaran su trasfondo, sus habilidades y personalidad. Además, la inspiración se aplica a todo lo que escribieron tal como se encuentra en el canon de la Escritura. Las Escrituras son veraces y confiables en lo que tienen la intención de afirmar. Al carecer de error y ser completamente veraces, las Escrituras son absolutamente confiables (2 Samuel 7:28; Salmo 119:160; Juan 17:17; Colosenses 1:5). Todo lo que afirma y enseña la Biblia es verdad, y en ella se nos revela el propósito y la voluntad de Dios.

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Otra razón por la cual los musulmanes consideran la Biblia como inferior al Corán se halla en el hecho de que, diferencia del texto musulmán, la Biblia fue escrita en diferentes lenguas (hebreo, arameo y griego), mientras que el Corán fue escrito en árabe. Ambos textos han sido traducidos a multitud de lenguas para hacer comprensible su contenido. Sin embargo, la diferencia radica en que, en los actos de culto, la Biblia sí se usa en la lengua propia de cada pueblo. El Corán sólo se usa en árabe, la cual se considera la lengua de Dios. De ahí que sea tan importante la recitación del texto en árabe en dichos actos. Sin embargo, afirmar que el árabe es la lengua de Dios no solo falso, sino también ridículo. La lengua árabe pertenece a la rama semítica meridional de la familia afroasiática que se compone de más de 300 idiomas con sus escrituras, vocabularios y respectivos dialectos. A dicha familia lingüística pertenecen también otras lenguas como el arameo, el hebreo y el maltés. La primera prueba escrita de la lengua árabe es una inscripción encontrada en el desierto sirio, que data del siglo IV d.C. No es, por lo tanto, el idioma de Dios, sino una lengua humana como cualquiera.

Otra razón por la cual los musulmanes presumen de la superioridad de su libro sagrado es que no hay versiones diferentes del Corán en el lenguaje árabe, solamente traducciones diferentes y, por supuesto no se considera que ninguna de ellas tenga el valor y la autenticidad de la recitación original en árabe. Esto, sin embargo, no tiene nada de extraordinario. Uthmán ibn Affán, considerado el tercero de los califas ortodoxos (sucesores de Mahoma), hizo una recopilación y redactó la versión oficial del Corán, que es la que persiste en la actualidad. Solo dicha recopilación es considerada el auténtico Corán, la palabra de Dios dada al Profeta.[1] Pero obtenerla no fue fácil, hubo que afrontar el cisma y la violencia. Fue una labor que necesitó de unos 12 años, entre el 644 y el 656 de nuestra era.

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No obstante, tanto antes como después de Uthmán circularon diferentes versiones del Corán, entre ellas las de Ibn Masud, un amigo de Mahoma, por lo que existía el peligro de iniciarse un cisma debido a las luchas e intrigas de los diversos grupos de poder. Debido a estas intrigas el propio Uthmán fue asesinado, no sin antes intentar destruir las demás versiones, ordenando que se quemaran todas aquellas que discreparan de la suya, declarándolas oficialmente no canónicas.De todas formas, no se logró este propósito hasta el año 705, bajo el mandato del gobernador de Irak, Al Hachach, pues siguieron circulando diversas versiones del texto Coránico. A partir de este momento, algo tardío, se reforzó la idea de “la singularidad inimitable del Corán”, a modo de defensa contra los detractores. Fue bajo la supervisión de Ibn Mujahid, fallecido en el año 935, cuando se decidió la validez de vocales y consonantes entre siete de las diferentes versiones Coránicas existentes a la sazón. En la obra titulada “al Fihrist” del erudito musulmán Ibn an-Nadim, muerto en el 987, se nos informa sobre la existencia de los Coranes de Ibn Masâud, de Alî, y de Ubby ibn Ka´ab, ediciones del Corán diferentes en cuanto a determinadas expresiones y en cuanto a la situación de las Suras, con respecto al recopilado por Uthmán. En la obra de as-Suyuti, muerto en 1505, encontramos otras referencias sobre diferentes copias del Corán.

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El número de Suras actualmente admitidas mayoritariamente son 114, pero en el libro de ibn Masûd solo existen 112, ya que no escribió las dos últimas, y en el ejemplar de Ubby ibn Kâ´ab hay 116, ya que introdujo dos más. En el ejemplar de Ali ibn aby Talib, se añadió la Sura de a-Nurain, las dos luces, y se modificó la posición de las Suras y de las aleyas. Todo esto arroja por el suelo las afirmaciones islámicas de que el Corán nos ha llegado perfecto, tal como salió de la boca de Mahoma. En otro tiempo existieron diferentes versiones del mismo, pero fueron destruidas por intereses puramente políticos. El Corán pus, no es lo que lo que los musulmanes afirman que es, ya que ni siquiera pueden estar seguros (más allá del dogmatismo) que el ahora poseen sea el original.Un último argumento en favor de la superioridad coránica descansa en el débil hecho de que el orador en el Corán, el cual se halla en primera persona, afirma ser Allah (Dios) hablando directamente al hombre. Esto no debería sorprendernos. Es lo que se esperaría de una impostura. Lo mismo pasa con el libro de Doctrina y Convenios, un libro canónico del mormonismo. Pero seguramente los musulmanes no se atreverían a defender o aceptar dicho libro como sagrado ¿O sí?

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En definitiva, cristianos y musulmanes nos acercamos a nuestros textos sagrados de un modo muy distinto. Un cristiano se acerca a la Biblia como historia de salvación. El musulmán lo hace al Corán como “palabra eterna e increada”. Para el cristiano, la Palabra de Dios es una persona, Verbo encarnado en Jesús, la Palabra de Dios hecha hombre, y no un libro. El Nuevo Testamento nos transmite esa Palabra viva por testimonio de los apóstoles.

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MÁS ALLÁ DE LOS ARGUMENTOS, LA BIBLIA ES PERFECTA Y LIBRE DE ERRORES

Los argumentos islámicos para desvirtuar la Biblia han ´probado ser falsos. Meramente falacias y presunción vana. Pero, ¿Qué hay con los supuestos errores y contradicciones en el texto bíblico señalados directamente por eruditos musulmanes?En esta, la segunda entrega de “Una Respuesta al Islam”, analizaremos 10 de las 101 supuestas contradicciones en el texto bíblico citadas por el erudito musulmán Shabbir Ally para desvirtuar la Biblia. En próximos artículos abordaremos las restantes.

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¿INCITA DIOS A DAVID A REALIZAR EL CENSO DE SU PUEBLO (2 SAMUEL 4: 1), O LO HACE SATANÁS (1 CRÓNICAS 21: 1)?

Esto parece una aparente discrepancia a menos que, por supuesto, ambas declaraciones sean verdaderas. Fue hacia el final del reinado de David, y David estaba reconsiderando sus brillantes conquistas, que habían llevado a los reinos cananeos, sirios y fenicios a un estado de vasallaje y dependencia de Israel. Tenía una actitud de orgullo y admiración por sus logros, y estaba pensando más en términos de armamento y tropas que en términos de las misericordias de Dios. Por lo tanto, el Señor decidió que ya era hora de que David cayera de rodillas, donde una vez más sería arrojado nuevamente a la misericordia de Dios. Así que le permitió continuar con su censo, con el fin de averiguar cuánto bien le haría, ya que lo único que este censo lograría sería inflar el ego nacional (insinuado en la advertencia de Joab contra la realización del censo en 1 Crónicas 21: 3). Tan pronto como se completó la numeración, Dios intentó castigar a la nación con una plaga desastrosa que provocaría una enorme pérdida de vidas (de hecho, las vidas de 70,000 israelitas según 2 Samuel 24:15).

¿Qué hay de Satanás? ¿Por qué se involucraría en este asunto (según 1 Crónicas 21: 1) si Dios ya hubiera incitado a David a cometer la locura que tenía en mente? Parece que sus razones fueron totalmente maliciosas, sabiendo que un censo desagradaría al Señor (1 Crónicas 21: 7-8), por lo que también incitó a David a llevarlo a cabo. Sin embargo, esto no es nada nuevo, ya que hay un número de otras ocurrencias en la Biblia donde tanto el Señor como Satanás estuvieron involucrados en pruebas a los seres humanos. En el libro de Job, capítulos uno y dos, encontramos un desafío a Satanás por parte de Dios que le permite a Satanás traer a Job ciertas calamidades. El propósito de Dios era purificar la fe de Job y fortalecer su carácter por medio de la disciplina a través de la adversidad, mientras que el propósito de Satanás era puramente malicioso, deseándole a Job tanto daño como fuera posible para que se retractara de su fe en su Dios.

De manera similar, tanto Dios como Satanás están involucrados en los sufrimientos de los cristianos perseguidos según 1 Pedro 4:19 y 5: 8. El propósito de Dios es fortalecer su fe y permitirles compartir los sufrimientos de Cristo en esta vida, para que puedan regocijarse con Él en las glorias del cielo por venir (1 Pedro 4: 13-14), mientras que el propósito de Satanás es ‘devorarlos’ (1 Pedro 5: 8), o mejor dicho, atraerlos a la autocompasión y la amargura, y bajar a su nivel. Tanto Dios como Satanás le permitieron a Jesús las tres tentaciones durante su ministerio en la tierra. El propósito de Dios para estas tentaciones fue que él triunfase completamente sobre el mismo tentador que había atraído al primer Adán hasta su caída, mientras que el propósito de Satanás era desviar al Salvador de su misión mesiánica.

En el caso de las tres negaciones de Jesús por parte de Pedro en la corte del sumo sacerdote, fue el mismo Jesús quien señaló los propósitos de la participación de ambas partes cuando dice en Lucas 22:31-32: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Y, finalmente, la crucifixión misma confirma otro ejemplo en el que tanto Dios como Satanás están involucrados. Satanás expuso su propósito cuando llenó el corazón de Judas de traición y odio (Juan 13:27), causando que él traicionara a Jesús. El razonamiento del Señor detrás de la crucifixión, sin embargo, fue que Jesús, el Cordero sacrificado desde la fundación del mundo, debía dar su vida en rescate por muchos, para que una vez más el hombre pecador pudiera saborear la relación perdida desde el principio, en el jardín del Edén, y por lo tanto entrar en una relación que ahora es eterna.

Por lo tanto, tenemos otros cinco ejemplos en los que tanto el Señor como Satanás estaban involucrados, aunque con motivos completamente diferentes. El motivo de Satanás en todos estos ejemplos, incluido el censo de David, fue impulsado por intenciones maliciosas, mientras que el Señor en todos estos casos mostró un motivo completamente diferente. El suyo fue un motivo benevolente con miras a la victoria final, al tiempo que aumentaba la utilidad de la persona probada. En todos los casos, el éxito de Satanás fue limitado y transitorio; mientras que al final el propósito de Dios fue bien servido, lo que amplió sustancialmente su causa.

2 SAMUEL 24: 9 DA LA POBLACIÓN TOTAL PARA ISRAEL COMO 800,000, MIENTRAS QUE 1 CRÓNICAS 21: 5 DICE QUE FUE 1,100,000.

Hay varias maneras de entender no solo este problema sino también el próximo desafío, ya que ambos se refieren a los mismos pasajes y al mismo censo. Es posible que las diferencias entre los dos relatos estén relacionadas con la naturaleza no oficial e incompleta del censo (que se discutirá más adelante), o que el libro de Samuel presenta cifras redondeadas, particularmente para Judá. La respuesta más probable, sin embargo, es que un censo incluye categorías de hombres que el otro excluye. Es bastante concebible que la figura de 1 Crónicas 21:5 incluyera a todos los hombres disponibles en la edad de lucha, ya sea con o sin experiencia en la batalla, mientras que la cuenta de 2 Samuel 24:9 habla solamente de aquellos que estaban listos para la batalla. El informe de Joab en 2 Samuel 24 usa la palabra “hayil” , que se traduce como «hombres poderosos», o tropas experimentadas en batalla, y se refiere a ellos que suman 800,000 veteranos. Es razonable que haya 300,000 hombres adicionales en edad militar mantenidos en las reservas, pero que aún no estén involucrados en el combate de campo. Por lo tanto, los dos grupos constituirían los 1,100,000 hombres en la cuenta de 1 Crónicas 21.

2 SAMUEL 24: 9 DA LA CIFRA REDONDA DE 500,000 HOMBRES QUE PELEABAN EN JUDÁ, QUE ERA 30,000 MÁS QUE EL ÍTEM CORRESPONDIENTE EN 1 CRÓNICAS 21: 5.

Nótese que 1 Crónicas 21:6 claramente declara que Joab no completó la numeración, ya que aún no había tomado un censo de la tribu de Benjamín, ni tampoco la de Leví. Por lo tanto, los diferentes números indican la inclusión o exclusión de grupos particulares no especificados en la nación. Encontramos otra referencia a esto en 1 Crónicas 27: 23-24 donde dice que David no incluyó a aquellos de veinte años o menos y que, puesto que Joab no terminó el censo, el número no fue registrado en la Crónica del Rey David.

El procedimiento para llevar a cabo el censo había sido comenzar con las tribus transjordanas (2 Samuel 24: 5) y luego cambiar a la tribu más al norte de Dan y trabajar hacia el sur hacia Jerusalén (versículo 7). La numeración de Benjamín, por lo tanto, habría sido la última. Por lo tanto, Benjamín no sería incluido con el total de Israel ni tampoco con Judá. En el caso de 2 Samuel 24, la cifra para Judá incluía la figura ya conocida de 30,000 tropas reunidas por Benjamín. De ahí que el total de 500,000 incluye el contingente benjaminita. Obsérvese que después de la división del reino unido en el norte y el sur después de la muerte de Salomón en 930 a.C., la mayoría de los benjamitas permanecieron leales a la dinastía de David y constituyeron (junto con Simeón al sur) el reino de Judá. Por lo tanto, era razonable incluir a Benjamín con Judá y Simeón en la cifra subtotal de 500,000, aunque Joab puede no haberlo desglosado en el primer informe que le dio a David (1 Crónicas 21: 5). Por lo tanto, el total completado de las fuerzas de combate disponibles para David para el servicio militar fue de 1,600,000 (1,100,000 de Israel, 470,000 de Judá-Simeón y 30,000 de Benjamín).

2 SAMUEL 24:13 MENCIONA QUE HABRÁ SIETE AÑOS DE HAMBRE, MIENTRAS QUE 1 CRÓNICAS 21:12 MENCIONA SOLO TRES.

Hay dos formas de ver esto. La primera es suponer que el autor de 1 Crónicas enfatizó el período de tres años en el cual la hambruna iba a ser más intensa, mientras que el autor de 2 Samuel incluye los dos años anteriores y posteriores a este período, durante los cuales la hambruna empeoró y disminuyó respectivamente. Se puede notar otra solución al observar el uso de palabras en cada pasaje. Cuando comparamos los dos pasajes, notamos que la redacción es significativamente diferente en 1 Crónicas 21 de la que se encuentra en 2 Samuel 24. En 2 Samuel 24:13, la pregunta es «¿han venido siete años de hambre?» En 1 Crónicas 21:12 encontramos un imperativo alternativo, «toma para ti tres años de hambre …» De esto podemos concluir razonablemente que 2 Samuel registra el primer acercamiento del profeta Gad a David, en el cual la perspectiva alternativa era de siete años; mientras que el relato de Crónicas nos da el segundo y último acercamiento de Natán al Rey, en el que el Señor (sin duda en respuesta a la sincera súplica de David en oración privada) redujo la severidad de esa sombría alternativa a tres años en lugar de un lapso completo de siete. Sin embargo, al final resultó que David optó por la tercera preferencia de Dios, y por lo tanto recibió tres días de severa pestilencia, resultando en la muerte de 70,000 hombres en Israel.

¿TENÍA OCOZÍAS 22 (2 REYES 8:26) O 42 AÑOS DE EDAD (2 CRÓNICAS 22: 2) CUANDO COMENZÓ A GOBERNAR SOBRE JERUSALÉN?

Debido a que estamos lidiando con cuentas que fueron escritas hace miles de años, no esperaríamos tener los originales en nuestra posesión hoy, ya que se habrían desintegrado hace mucho tiempo. Por lo tanto, dependemos de las copias tomadas de copias de esos originales, que a su vez fueron copiados continuamente durante siglos. Los que hicieron la copia eran propensos a cometer dos tipos de errores de escritura. Una se refería a la ortografía de los nombres propios y la otra a los números. La discrepancia aquí es numérica. Se dice que Ocozías tenía 22 años en 2 Reyes 8:26; mientras que en 2 Crónicas 22: 2 se dice que Ocozías tenía 42. Afortunadamente hay suficiente información adicional en el texto bíblico para mostrar que el número correcto es 22. Anteriormente en 2 Reyes 8:17, el autor menciona que el padre de Ocozías tenía 32 años cuando se convirtió en rey, y murió ocho años más tarde, a la edad de 40. ¡Por lo tanto, Ocozías no podía tener 42 años en el momento de la muerte de su padre a los 40 años! Tales errores de escribas no cambian las creencias judías o cristianas en lo más mínimo. En tal caso, otra parte de la escritura a menudo corrige el error (2 Reyes 8:26 en este caso). También debemos recordar que los escribas que fueron responsables de las copias fueron meticulosamente honestos al manejar textos bíblicos. Los entregaron tal como los recibieron, sin cambiar incluso los errores obvios, que son pocos en verdad.

¿TENÍA JOAQUÍN 18 AÑOS (2 REYES 24: 8) U 8 AÑOS (2 CRÓNICAS 36: 9) CUANDO SE CONVIRTIÓ EN REY DE JERUSALÉN?

Una vez más, hay suficiente información en el contexto de estos dos pasajes para decirnos que 8 es incorrecto y 18 correcto. La edad de 8 años es inusualmente joven para asumir el liderazgo gubernamental. Sin embargo, hay ciertos comentaristas que sostienen que esto puede ser completamente posible. Sostienen que cuando Joaquín tenía ocho años, su padre lo hizo co-regente, para que pudiera ser entrenado en las responsabilidades de dirigir un reino. Joaquín luego se convirtió oficialmente en rey a la edad de dieciocho años, después de la muerte de su padre.
Un escenario más probable, sin embargo, es que este es otro caso de error de escritura, que se evidencia comúnmente con números. Puede ser útil decir aquí que había tres formas conocidas de escribir números en hebreo. La más antigua, una serie de anotaciones utilizadas por los colonos judíos en el siglo V a.C, los Papiros Elefantinos (que se describen con más detalle a continuación) fue seguida por un sistema mediante el cual se usaban letras alfabéticas para los números. Se introdujo un sistema adicional mediante el cual la ortografía de los números en su totalidad fue prescrita por el gremio de los sopherim. Afortunadamente, tenemos un gran archivo de documentos en papiro de estas tres fuentes a las que podemos hacer referencia.

Al igual que con muchas de estas discrepancias numéricas, es el número de década que varía. Es instructivo observar que las anotaciones numéricas utilizadas por los colonos judíos en el siglo V a. C., durante el tiempo de Esdras y Nehemías, de donde proviene este pasaje, evidencian la forma anterior de la notación numérica. Esto consistía en una carrera horizontal terminando en un gancho hacia abajo en su extremo derecho para representar los números en decenas (por lo tanto, dos trazos horizontales uno encima del otro serían 20). Los trazos verticales se usaron para representar algo menos de diez. Así, ocho serían / III IIII, pero dieciocho serían / III IIII con la adición de una línea horizontal y un gancho hacia abajo sobre ella. Del mismo modo, veintidós serían seguidos por dos ganchos horizontales, y cuarenta y dos serían seguidos por dos conjuntos de ganchos horizontales. Si, entonces, el manuscrito primario del cual se estaba realizando una copia era borroso, el copista podría perder una o más de las notaciones decenales. Es mucho menos probable que el copista hubiera visto erróneamente un trazo extra de diez que no estaba presente en su original, y que habría dejado de observar uno que había sido manchado.

En la Nueva Versión Internacional (NVI) de la Biblia, las correcciones se han incluido en los textos. Sin embargo, para mayor claridad, las notas a pie de página en la parte inferior de la página mencionan que los primeros manuscritos en hebreo incluyen el error de los escribas, mientras que los Septuaginta MSS y siríacos, así como un manuscrito en hebreo, incluyen los números correctos. Solo tiene sentido corregir los números una vez que se ha anotado el error de escritura. Esto, sin embargo, de ninguna manera niega la autenticidad ni la autoridad de las Escrituras que tenemos.

La confirmación de este tipo de error de copista también se encuentra en varios escritores paganos. Por ejemplo, en la inscripción de roca Behistún establecida por Darío I, encontramos que el número 38 da la cifra para los muertos del ejército de Frada de 55,243, con 6,572 prisioneros, según la columna babilónica. Copias de esta inscripción encontradas en Babilonia, registran el número de prisioneros como 6.973. Sin embargo, en la traducción aramea de esta inscripción descubierta en el Elefantino en Egipto, el número de prisioneros era solo de 6,972. Similarmente en el número 31 de la misma inscripción, la columna babilónica da 2.045 como el número de muertos en el ejército rebelde de Frawartish, junto con 1.558 prisioneros, mientras que la copia aramea tiene más de 1.575 como el recuento de prisioneros.

¿EL REY JOAQUÍN GOBERNÓ SOBRE JERUSALÉN DURANTE TRES MESES (2 REYES 24: 8), O DURANTE TRES MESES Y DIEZ DÍAS (2 CRÓNICAS 36: 9)?

Aquí nuevamente, como encontramos en el desafío número 2 y 4, el autor de las Crónicas ha sido más específico con su numeración, mientras que el autor de Reyes simplemente está redondeando el número de meses, suponiendo que los diez días adicionales no son lo suficientemente significativos como para mencionarlos.

¿LEVANTÓ EL JEFE DE LOS VALIENTES DE DAVID SU LANZA Y MATÓ A 800 HOMBRES (2 SAMUEL 23: 8) O SOLO A 300 HOMBRES (1 CRÓNICAS 11:11)?

Es muy posible que ambos autores hayan descrito dos incidentes diferentes, aunque por el mismo hombre, o que un autor solo haya mencionado en parte lo que el otro autor menciona en su totalidad.

¿TRAJO DAVID EL ARCA DEL PACTO A JERUSALÉN DESPUÉS DE DERROTAR A LOS FILISTEOS (2 SAMUEL 5 Y 6), O ANTES (1 CRÓNICAS CAPÍTULOS 13 Y 14)?

Esto no es realmente un problema. Shabbir Ally debería haber continuado leyendo más allá de 1 Crónicas 15, ya que entonces habría visto que David trajo el Arca después de derrotar a los filisteos. La razón de esto es que los israelitas movieron el Arca del pacto dos veces. La primera vez, lo movieron de Baal, antes de la derrota de los filisteos, como vemos en 2 Samuel 5 y 6 y en 1 Crónicas 15. Una vez que el profeta Samuel narra la victoria de David sobre los filisteos, él nos habla de las dos veces cuando el Arca fue movida Sin embargo, en 1 Crónicas, el orden es el siguiente: el arca fue primero movida de Baal; entonces David derrotó a los filisteos; y finalmente, el Arca fue movida de la casa de Obed-Edom.

Por lo tanto, las dos cuentas no son contradictorias en absoluto. Lo que tenemos aquí es simplemente un profeta que elige darnos la historia completa del Arca de inmediato (en lugar de referirse a ella más adelante) y otra que presenta la historia de una manera diferente. En ambos casos, el tiempo de los eventos es el mismo. Lo mismo podría decirse del Corán. En Sura 2 se nos presenta la caída de Adán, luego se muestra la misericordia de Dios a los israelitas, seguido por el ahogamiento de Faraón, seguido de Moisés y el becerro de oro, seguido de la queja de los israelitas sobre la comida y el agua, y luego nos presentan a la cuenta del becerro de oro otra vez. Después de esto, leemos sobre Moisés y Jesús, luego leemos sobre Moisés y el becerro de oro, y luego sobre Salomón y Abraham. Si uno quiere hablar de cronología, ¿qué tiene que ver Moisés con Jesús, o Salomón con Abraham? Cronológicamente, la sura debería haber comenzado con la caída de Adán, luego moverse a Caín y Abel, a Enoc, a Abraham, a Lot, a Isaac, a Jacob y a Esaú, luego a José, a los hijos de Israel y Moisés, en ese orden. Si se puede encontrar una confusión cronológica tan flagrante en este sura del Corán, entonces Shabbir haría bien en explicarlo antes de criticar lo que ellos consideran un error en la Biblia.

¿SE SUPONÍA QUE NOÉ TRAERÍA 2 PARES DE CRIATURAS VIVIENTES (GÉNESIS 6: 19-20), O IBA A TRAER 7 PARES DE ANIMALES «LIMPIOS» (GÉNESIS 7: 2, VER TAMBIÉN GÉNESIS 7: 8,9)?

Esta es, de hecho, una pregunta extraña para plantear. Es obvio que Shabbir Ally ha citado erróneamente el texto en el capítulo 6 de Génesis, que no hace mención de ningún animal «limpio» en su figura, mientras que el capítulo 7 específicamente delinea entre los animales limpios e inmundos. Génesis 7: 2 dice que Noé debía traer 7 pares de animales «limpios» y 2 pares de toda clase de animales «inmundos». ¿Por qué Shabbir no mencionó la segunda mitad de este versículo que estipula 2 pares en su desafío? Es obvio que no hay discrepancia entre las dos cuentas. El problema es la pregunta en sí. Shabbir intenta respaldar su argumento mencionando que los versículos 8 y 9 del capítulo 7 demuestran que solo dos pares entraron al arca. Sin embargo, estos versículos no dicen nada acerca de dos pares que entran al arca. Simplemente dicen que fueron pares de animales limpios e inmundos o pájaros y criaturas que ingresaron al arca. La razón para incluir siete de las especies limpias es perfectamente evidente: debían usarse para la adoración del sacrificio después de que el diluvio había retrocedido (como de hecho lo fueron, según Génesis 8:20). Obviamente, si no hubiera habido más de dos de cada una de estas especies limpias, se habrían extinguido al sacrificarlas en el altar. Pero en el caso de los animales y pájaros inmundos, una sola pareja sería suficiente, ya que no serían necesarios para el sacrificio de sangre.En la próxima entrega consideraremos más de las supuestas contradicciones bíblicas planteadas por el erudito musulmán Shabbir Ally.

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  • 101 Cleared-up Contradictions in the Bible Por: Jay Smith, Alex Chowdhry, Toby Jepson, James Schaeffer

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REFERENCIAS:

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