Priscila y Aquila forman una de las parejas más citadas y de mayor relieve en el Nuevo Testamento. Su nombre aparece en Hechos, Romanos, 1 Corintios y 2 Timoteo, y en esas páginas se nos muestran como colaboradores de primer orden en la misión cristiana primitiva, con un papel que va mucho más allá del simple acompañamiento: abrieron su casa para que la iglesia se reuniera, fueron maestros de líderes emergentes y, en cuatro de las seis referencias neotestamentarias, el nombre de Priscila aparece antes que el de su esposo. Este artículo recorre con calma todas las menciones bíblicas de la pareja, su actividad ministerial, el testimonio de las fuentes extrabíblicas y las implicaciones de su liderazgo para comprender el lugar de la mujer en las comunidades cristianas primitivas. El análisis sugiere que Priscila ejerció una función docente reconocida dentro del movimiento cristiano naciente, lo que plantea serias dificultades a los modelos restrictivos del ministerio femenino.