Debido a que los seres humanos somos seres caídos y pecaminosos, no podemos pensar, ni haremos nada bueno (en lo que a Dios se refiere) por nosotros mismos, esta inhabilitad causada por el pecado hace imposible que el hombre, por sí mismo, pueda siquiera creer en el evangelio de Cristo y venir a Él. Por lo tanto, al deseando la salvación de todos y habiendo provisto la expiación para todas las personas, Dios tomó, de forma unilateral, la iniciativa en el propósito de llevar a todas las personas a la salvación al llamar a todas las personas, de todo el mundo, a arrepentirse y creer en el Evangelio (Hechos 17:30; Mateo 28:18-20), y al permitir que aquellos que escuchen el evangelio respondan positivamente en fe. El hombre no posee mérito alguno al venir a Cristo, pues no fue su sola voluntad la que lo trajo. Sin la ayuda de la gracia, el hombre ni siquiera puede optar por agradar a Dios o creer en la promesa de salvación del evangelio. Como dijo Jesús en Juan 6:44, "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió" (NVI). Jesús también prometió: "Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por lo tanto, es la obra de un Dios trino en el hombre la que atrae a todas las personas a Jesús, lo que les permite venir a Jesús con fe.
Categoría: Calvinismo
El Teísmo Abierto no es arminianismo, es herejía
El “Teísmo Abierto” (también conocido como “apertura teológica” y la “apertura de Dios”), es un intento por explicar la presciencia de Dios en relación con el libre albedrío del hombre. El argumento del teísmo abierto esencialmente es éste: (1) Los seres humanos son verdaderamente libres; (2) Si Dios conociera absolutamente todo el futuro, los seres humanos no podrían ser realmente libres y (3) por lo tanto, Dios no sabe absolutamente todo sobre el futuro. El Teísmo Abierto sostiene que el futuro es desconocido. Por lo tanto, Dios conoce todo lo que puede ser conocido – pero Él desconoce el futuro. El Teísmo Abierto basa estas creencias en partes de la Escritura donde se describe a Dios como “arrepintiéndose”, o “sorprendiéndose” o “cambiando de parecer” (Génesis 6:6; 22:12; Éxodo 32:14; Jonás 3:10). Muchos teístas abiertos se autodefinen como arminianos. Se dan cuenta de que parte de su teología es arminiana, pero se dan cuenta también de que gran parte de lo que creen acerca de la presciencia de Dios no se basa en las obras de Arminio. Son libres de mantener sus creencias sobre el futuro y las decisiones libres de los hombres, pero el teísmo abierto no es el arminianismo. De hecho, los arminianos tenemos mucho más en común con los calvinistas con respecto a la naturaleza de la omnisciencia de Dios que con los teístas abiertos. Existen también diferencias marcadas entre el arminianismo clásico y el teísmo abierto.
¿Quién fue Jacobo Arminio?
Jacobo Arminio es uno de los teólogos más difamados y mal entendidos en la historia de la iglesia. En una era de grandes debates sobre la predestinación, el libre albedrío y otros conceptos relacionados, se acusó a Arminio de ser pelagiano, semipelagiano o hereje de todo tipo. Esta es una tendencia que comenzó en su tiempo y ha continuado hasta nuestros días. La verdad es que Arminio fue un teólogo brillante que sacudió los cimientos del calvinismo hasta la médula. Sin embargo, Arminio era un teólogo ortodoxo en su forma de pensar, y sus ideas emanaban de la Reforma Protestante, aunque buscó reformar algunas ideas de Calvino y Lutero que consideraba erróneas a la luz de la Biblia. Contrariamente a la creencia común, Arminio creyó en la total depravación del hombre y en que es necesaria una gran obra de gracia, es decir, la gracia preveniente, para llevar a una persona al arrepentimiento. También rechazó enfáticamente el pelagianismo y el semipelagianismo.
Expiación universal, más no incondicional
El Arminianismo afirma que Cristo llevó el pecado del mundo y Su expiación fue destinada, extendida y ofrecida a todos los hombres. Sin embargo, esto no significa que todos serán salvos. La expiación universal hecha por Cristo debe aplicarse al individuo; y esa aplicación está condicionada a la fe: Él salva a todos los que invocan su nombre con fe (Romanos 10:13). Cristo fue presentado como una propiciación, un sacrificio expiatorio, para todo el mundo (1 Juan 2:2) y, sin embargo, ese sacrificio expiatorio es efectivo por medio de la fe para la salvación (Romanos 3: 23-25).
La Expiación General en el Antiguo Testamento
La naturaleza provisional ilimitada de la expiación queda clara, junto con su aplicación condicional, en el Antiguo Testamento: La expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y para el Israel de Dios de manera eficiente. Cristo es el Cordero que fue inmolado por todos, la provisión fue hecha para todos y el Sumo Sacerdote que hizo la propiciación la efectuó por todos.
Las Cartas Paulinas y la expiación general
Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).
Expiación Universal en las Epístolas Generales
En contraposición al calvinismo, los arminianos sostenemos que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él. El don de Dios ha sido comprado, ofrecido y presentado a todos (1 Juan 5:11), pero tiene que ser recibido personalmente por fe (1 Juan 5:12; Juan 1:12).
Expiación universal en los escritos de Juan
El mensaje central del evangelio es que Cristo murió por los pecados de la humanidad (1 Corintios 15: 3; 1 Juan 4:10) y, por lo tanto, se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios (Efesios 5: 2; Romanos 8: 3). A través de este sacrificio, Cristo canceló la deuda de la transgresión y se convirtió en pecado por la provisión de justicia para todos (Juan 1:29; Colosenses 2:14; 2 Corintios 5:21). En este gran intercambio, Cristo lleva el pecado de la humanidad e imputa justicia a los fieles (Romanos 3: 21-22; 4: 6, 5:17, 10: 3). Él es, por lo tanto, el sacrificio expiatorio a Dios por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2: 2; Hebreos 1: 3) para que, a través de la fe, cualquiera pueda obtener la justicia de Dios (Filipenses 3: 9).
¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?
¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en Iglesias arminianas?
¿Estás seguro que eres salvo?
¿Soy salvo? ¿Puedo estar verdaderamente seguro de mi salvación en esta vida? Es una pregunta que todos los cristianos nos hemos hecho en algún momento. El desafío de la adversidad, la tentación de pecar, cualquier punto bajo en nuestro camino espiritual, puede llevar a una persona a dudar de su identidad como hijo de Dios. A veces la inseguridad de la propia salvación puede originarse en el incumplimiento de ciertos estándares legalistas y extrabíblicos impuestos por una comunidad a otros, o simplemente pueden ser momentos de duda sin ninguna explicación. Cualquiera sea la causa, es una experiencia común que la mayoría de los cristianos pueden atestiguar en algún momento de su caminar.