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Los 5 Puntos del Calvinismo: La Depravación Total del Hombre.

Por Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La teología calvinista es identificada en la mente popular como los “cinco puntos del calvinismo,” que son un resumen de los juicios (o cánones) presentados por el Sínodo de Dort y que fueron publicados como una respuesta detallada (punto por punto) a los cinco puntos de la Protesta Arminiana. Calvino mismo nunca usó tal modelo, y nunca combatió el Arminianismo directamente. Estos puntos, pues, funcionan como un resumen de las diferencias entre el calvinismo y el Arminianismo, pero no como una suma completa de los escritos de Calvino o de la teología de las iglesias reformadas en general. Los 5 puntos del calvinismo son: Depravación total, elección incondicional, gracia irresistible, expiación limitada y perseverancia final de los santos. Analicemos bíblica y racionalmente el primero de dichos puntos: la depravación total del hombre.

EL SÍNODO DE DORT Y LA CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER:
El Sínodo de Dort (1618-1619) fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda. fue convocado con el fin de solucionar una seria controversia en las iglesias holandesas iniciadas por el surgimiento del Arminianismo. Jacobo Arminio, un teólogo profesor en la Universidad Leiden, cuestionó la enseñanza de Calvino y sus seguidores en un número de puntos importantes. Después de la muerte de Arminio, sus seguidores presentaron sus posiciones en cinco de estos puntos en la “Protesta de 1610”. En este documento o en escritos tardíos más explícitos, los teólogos arminianos enseñaron que la elección estaba basada en fe prevista, que la expiación fue universal, que la depravación es parcial, que la gracia es resistible, y la posibilidad de una caída de la gracia. En los Cánones el Sínodo de Dort rechazó estas posiciones e impuso la doctrina calvinista en estos puntos: la elección incondicional, la expiación limitada, la depravación total, la gracia irresistible, y la perseverancia de los santos. Estas doctrinas fueron descritas en el documento final llamado Cánones de Dort. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse.

La doctrina calvinista alcanzó su máxima expresión en la confesión de Fe de Westminster. En 1643, el parlamento inglés convocó a “teólogos piadosos, doctos y juiciosos” para que se reunieran en la Abadía de Westminster para dar su opinión sobre cuestiones de adoración, doctrina, gobierno y disciplina de la Iglesia de Inglaterra. Sus reuniones, que se llevaron a cabo a lo largo de cinco años, produjeron la confesión de fe, así como una Catecismo Mayor y un Catecismo Menor, publicado formalmente en 1646. La Confesión es una exposición sistemática de la ortodoxia calvinista (a la cual los eruditos neo-ortodoxos se refieren como “calvinismo escolástico”), influenciada por la teología puritana y de los covenants. Incluye doctrinas comunes a la mayoría de la cristiandad, como la Trinidad y la muerte sacrificial y resurrección de Jesús, e incluye doctrinas específicas del movimiento protestante tales como sola scriptura y sola fide. Sus rasgos más controvertidos incluyen la doble predestinación, el pacto de obras con Adán, la doctrina puritana que dice que la seguridad de salvación no es necesariamente concomitante con la fe, una concepción minimalista de la adoración, y un sabatarianismo estricto. Aunque se hizo primeramente para la Iglesia de Inglaterra, permanece como un ‘estándar subordinado’ de doctrina para la Iglesia de Escocia, y ha influido sobre las iglesias presbiterianas de todo el mundo. Por más de tres siglos, varias iglesias a lo largo del mundo han adoptado la confesión y sus catecismos como su estándar de doctrina. Muchos grupos, sin embargo, han rechazado o modificado dicha confesión de fe. La Confesión de Fe de Westminster fue modificada y adoptada por los congregacionalistas de Inglaterra dando lugar a la Declaración Saboya (1658). De la misma forma, los bautistas de Inglaterra modificaron la Declaración Saboya para producir la Confesión Bautista de Londres de 1689. Los presbiterianos, congregacionalistas y bautistas ingleses llegaron a ser conocidos todos ellos (junto con otros) como los “no conformistas”, puesto que no se conformaron al Acta de Uniformidad de 1662 que establecía la Iglesia de Inglaterra como la única iglesia aprobada legalmente, aunque ellos estaban unidos de muchas formas por sus confesiones comunes, basadas todas en la Confesión de Westminster.

EL CALVINISMO Y LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE:
La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, dice que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal”. (PALMER, Edwin H. Doctrinas claves. El estandarte de la verdad. Edinburgh, 1976. Pág. 18).

La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza”. (RAMÍREZ, Alonzo (traductor). Confesión de Fe de Westminster. Ed. CLIE. Lima, 1999. Cap. IX, Sec. III. Pág. 91).

De acuerdo con la doctrina calvinista, por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. De acuerdo con Calvino, además de la imputación del pecado original en nosotros, la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, etc. están corrompidos por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios, sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo: “Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección. Su inhabilidad no consiste en la inhabilidad de ejercer su voluntad libremente sino a la inhabilidad de querer ejercer voliciones santas” (BOETTNER, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 56).

En este sentido, de acuerdo con el calvinismo, podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en Adán. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad, sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno, Dios, aparte de la gracia especial que produce salvación, también obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, estas obras no son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado.

La doctrina calvinista de la depravación total del hombre halla su fundamento en ciertos pasajes de la Escritura, entre ellos:

• 1 Corintios 2:14 “…Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente…”
• Génesis 2:17 “…Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás…”
• Romanos 5:12 “…Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”
• 2 Corintios 1:9 “…Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos…”
• Efesios 2:1-3 “…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás…”
• Efesios 2:12 “…En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo…”
• Jeremías 13:23 “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
• Salmos 51:5 “…He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
• Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…”
• Romanos 3:10-12 “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”
• Job 14:4 “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”.

En resumen: De acuerdo con el calvinismo clásico la depravación del hombre, como consecuencia de la caída, es total. Él no posee libre albedrío, porque él está obligado a Satanás que lleva al hombre cautivo a su voluntad. Todos los hombres nacen en este mundo espiritualmente muerto en delitos y pecados. El hombre es depravado en el sentido de que está muerto, ciego, sordo, imposible de enseñar y aprender las cosas de Dios y gobernado por Satanás a través de su corazón perverso y alma corrupta. En consecuencia, se necesita mucho más que la asistencia del Espíritu para traer un pecador a Cristo, se necesita la regeneración por la cual el Espíritu hace que el pecador viva y le da una nueva naturaleza. La fe no es algo con que el hombre contribuya a la salvación, sino que es en sí mismo una parte del don de la salvación de Dios. Es el regalo de Dios para el pecador, no el don del pecador a Dios.

LA POSTURA ARMINIANA:
El sistema teológico conocido como Arminianismo debe su nombre al pastor y teólogo holandés Jacob Harmenszoon (n. Oudewater, 1560/m. Leiden, 1609), conocido mayormente por su nombre latinizado Jacobo Arminio. Jacobo Arminio, sin embargo, no es el creador de dichas doctrinas. Otros antes de él sostuvieron las mismas ideas, tanto en el movimiento anabaptista como a lo largo del cristianismo histórico. A disgusto de muchos calvinistas fanáticos, Arminio obtuvo su preparación teológica a los pies de Teodoro de Beza, el sucesor de Calvino en Ginebra; de modo que su formación teológica fue profundamente calvinista. Sin embargo, poco tiempo después de su ordenación al ministerio, comenzó a tener conflictos con la postura de los calvinistas holandeses en lo tocante al papel que juega la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. Arminio concordaba con los calvinistas en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia. Arminio creía que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios. Evidentemente Arminio concordaba con Agustín, Lutero, y Calvino en este punto. Sin embargo, el punto en disputa radicaba en el papel de la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. La postura Arminiana sostiene que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, de acuerdo con la doctrina Arminiana, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.

El arminianismo sostiene que Dios concede a todos los hombres una gracia previa que hace posible la salvación de todos, al equipar el libre albedrío con la capacidad de responder afirmativamente al llamado del evangelio, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Esta gracia previa es universal, pero no irresistible. De manera que la decisión final está en las manos del hombre, no en las manos de Dios. Sin embargo, el hombre no puede dar el paso inicial hacia la salvación, a menos que sea capacitado primero por la gracia “resistible” de Dios. Pero el paso final es una decisión de la voluntad humana en la que Dios no interviene. Como Dios es omnisciente, Él predestinó a todos aquellos que Él sabía de antemano que iban a dar ese paso, creer y perseverar hasta el fin con asistencia de su gracia. Los 5 puntos del Arminianismo pueden expresarse de la siguiente manera:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• En lo tocante a si una persona en verdad regenerada ciertamente persevera en la fe, es necesario un mayor estudio. Más adelante este último artículo fue alterado para enseñar definitivamente que un creyente verdaderamente regenerado podía perder su fe y, con ella, su salvación.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA AL RESPECTO?
La Biblia es clara en relación con la Depravación del hombre. Romanos 3:10 y 23 nos dice que no hay ni uno solo justo que todos están separados por sus pecados de la gloria de Dios. En Génesis 6:5 Dios dijo que el pensamiento del hombre es de continuo hacia el mal. Todos los seres humanos se encuentran depravados arruinados por el pecado y necesitados de salvación, el hombre por sí mismo no puede buscar a Dios. Esto es verdad, pero el calvinismo enseña que ni siquiera puede el hombre responder a la extensión de gracia o a la invitación que Dios mismo le hace.

Si para el calvinista la solución al problema de la depravación e inhabilidad del hombre es colocar la regeneración como algo previo a la fe, para el arminiano la solución se encuentra en lo que Arminio llamó “gracia preveniente”. Con este término, Arminio busca referirse a aquella gracia que precede a la regeneración, y que, excepto cuando es finalmente resistida, inevitablemente llevará a la regeneración. Por definición, “gracia preveniente” es aquella obra del Espíritu Santo que “abre el corazón” del no regenerado (Hechos 16:14) a la verdad del evangelio, y lo capacita para responder positivamente en fe. De esta manera es Dios y no el hombre, el que toma la iniciativa en la salvación. Nadie puede ser salvo sin ser llamado primero por Dios. Escrituralmente este concepto intenta expresar la verdad encontrada en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 y Juan 16:8. La gracia preveniente por tanto incluye tres aspectos:

1. En primer lugar, convicción: si la mente del no regenerado se encuentra enceguecida (2 Corintios 4:4) a la verdad, este trabajo del Espíritu Santo abre sus ojos para ver y entender. De esta manera el pecador depravado es convencido de sus pecados y de su culpa, de que Dios es justo y de que Cristo ha provisto redención para él, si acepta el regalo de Dios en fe.
2. En segundo lugar, persuasión: enfatizando que la convicción no es algo meramente intelectual sino más bien el Espíritu hace que esta verdad afecte y compunja el corazón del pecador.
3. En tercer lugar, capacitación: siendo claro a través de las escrituras que el arrepentimiento y la fe no pueden ser ejercidos excepto si son concedidos como un don por Dios, las mismas escrituras y la naturaleza de estos dones enseñan que este don es entregado a modo de persuasión.

Podemos llegar a ser conscientes de nuestra necesidad de arrepentimiento solo cuando la gracia de Dios suscita esa conciencia dentro de nosotros. La gracia de Dios hace el primer movimiento. En la teología arminiana y bíblica, ese don inicial de la gracia se llama la gracia preveniente. (Preveniente significa “yendo antes”.) Esta enseñanza enfatiza una conexión entre la ley moral y nuestra salvación, pero por causa de la gracia preveniente de Dios que nos mueve a arrepentirnos, este arrepentimiento no es una expresión de nuestras buenas obras, sino que es la actividad de la gracia de Dios en nosotros (sobre este tema sugiero la lectura del libro: United Methodist Questions, United Methodist Answers; F. Belton Joyner Jr.).

La gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio (Romanos 10:17). Mientras que algunos calvinistas pudieran encontrar verdad en todo lo anterior y estar de acuerdo con ello, el punto de división principal entre calvinistas y arminianos en esta área específica es simplemente este: los calvinistas creen que esta obra es realizada sólo en los elegidos; los arminianos creen que esta obra es realizada tanto en el corazón de los elegidos como los no elegidos. Algunos que experimentan esta obra creen y son salvos; otros son llevados a exactamente el mismo punto de posibilidad, pero rechazan el evangelio, y por lo mismo son condenados (para un mayor estudio del tema sugiero la lectura del libro: Grace, Faith and Free Will, escrito por Robert E. Picirilli).

Como arminianos, fundamentados en la palabra de Dios, estamos de acuerdo en que el hombre se encuentra cegado por el pecado y totalmente sin esperanza (1 Corintios 4:4), pero diferimos en la interpretación de que ni siquiera puede responder a Dios, una vez que Dios le extiende su gracia al buscarle, de lo contrario, Dios creyó por nosotros o nos hizo u obligó a creer al programar nuestra mente a responder. Si el hombre no pudiera responder a Dios, la Biblia no llamaría continuamente al hombre a responder a Él en todas sus páginas ¿Como explicamos los reclamos que Dios presenta al ser humano por no responder a Él, si el hombre no pudiera hacerlo? ¿Acaso se le olvidó a Dios que no puede, pues no está predestinado por él a salvación? Romanos 10:21 nos dice: “…Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor…” Mateo 23:37 reafirma dicho punto: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (nótese la apelación de Dios al albedrío humano).

La doctrina de la gracia preveniente es una doctrina fundamental de la teología arminiana. No obstante, la gracia preveniente es simplemente aquella gracia de Dios que convence, llama, ilumina y capacita, y que precede la conversión y torna el arrepentimiento y la fe posibles. Los calvinistas la interpretan como irresistible y eficaz; la persona a quien se le opera creerá y se arrepentirá para salvación pues Dios le obligará a hacerlo sin que tan siquiera lo note. Los arminianos interpretamos dicha gracia como resistible; las personas son siempre capaces de resistir a la gracia de Dios, como la Escritura también lo enseña (Hechos 7:51). Pero sin la gracia preveniente, ellas inevitable e inexorablemente resistirán a la voluntad de Dios por causa de su esclavitud al pecado. La “gracia preveniente” prepara al alma para su entrada en el estado inicial de la salvación. Es la gracia preparatoria del Espíritu Santo ejercida para el hombre debilitado por el pecado. Por lo que se refiere a los impotentes, es tenida como fuerza capacitadora. Es aquella manifestación de la influencia divina que precede la vida de regeneración completa. El arrepentimiento y la fe son solamente posibles porque la vieja naturaleza está siendo dominada por el Espíritu de Dios. La persona que recibe la total intensidad de la gracia preveniente (esto es, a través de la proclamación de la Palabra y la llamada interna correspondiente de Dios) es vivificada espiritualmente por obra del Espíritu Santo. Entretanto, tal persona no está aun completamente regenerada. El puente entre la regeneración parcial por la gracia preveniente y la completa regeneración por el Espíritu Santo es la conversión, que incluye arrepentimiento y fe. Estos se vuelven posibles por dádiva de Dios, pero son libres respuestas de parte del individuo. En otras palabras, el Espíritu Santo opera con el concurso humano y por medio de este. En esta cooperación; no obstante, se da siempre a la gracia divina preeminencia especial. Es lo que torna el sinergismo arminiano “evangélico.” Los arminianos toman extremadamente en serio el énfasis neotestamentario en la salvación como un don de gracia que no puede ser merecido (Efesios 2:8), aun cuando los calvinistas quisieran hacer creer que pensamos lo contrario. La gracia preveniente no interfiere en la libertad de la voluntad. Ella no dobla la voluntad o vuelve cierta la respuesta de la voluntad. Ella solamente capacita la voluntad para que escoja libre y coopere con, o resista, la gracia. Esta cooperación no contribuye para la salvación, como si Dios hiciera una parte y los humanos hiciesen otra parte. Antes, la cooperación con la gracia en la teología arminiana es simplemente la no resistencia a la gracia. Es meramente decidir permitir la gracia hacer su obra renunciando a todos los intentos de autojustificación y auto-purificación y admitiendo que solamente Cristo puede salvar. Dios no toma esta decisión por el individuo; es una decisión que los individuos, bajo la presión de la gracia preveniente, deben tomar por sí mismos (Para un análisis más amplio recomiendo la lectura del interesante libro de Roger E. Olson, Arminian Theology: Myths and Realities, p. 35-36).

BASE BÍBLICA PARA LA GRACIA PREVENIENTE:
• Jeremías 31:3 “…Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia…”
• Mateo 23:37 “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
• Lucas 19:10 “…Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido…”
• Juan 1:9 “…Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo…”
• Juan 6:44 “…Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…”
• Juan 12:32 “…Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo…”
• Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”
• Hechos 16:14 “…Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía…”
• Hechos 17:26-27 “…Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros…”
• Romanos 2:4 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
• Romanos 10:17 “…Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios…”
• Efesios 2:8 “…Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios…”
• Filipenses 2:13 “…Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad…”
• 2Timoteo 1:9 “…Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio…”
• Tito 2:11 “…Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres…”
• Apocalipsis 3:20 “…He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo…”

CONCLUSIÓN:
Como arminianos, y fieles a la enseñanza bíblica, sostenemos que:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• Un creyente verdaderamente regenerado puede perder su fe y, con ella, su salvación.

Además:
• Concordamos con el calvinismo en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia.
• Entendemos que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral.
• Reconocemos que la voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.
• Sin embargo, sostenemos que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.

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¿Calvinismo o Arminianismo? ¿Qué creía la Iglesia Primitiva?

Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
¿Fue la Reforma Protestante del s. XVI un retorno pleno, completo y acabado hacia el cristianismo primitivo? No del todo. Afirmar tal cosa sería faltar a la verdad. Fue más bien un intento por alcanzar dicho objetivo. Muchos cristianos evangélicos creen que la Reforma de Lutero volvió la iglesia a las normas de los creyentes primitivos. Muchos también creen que los cristianos evangélicos de hoy enseñan lo mismo que enseñaba Lutero. Sin embargo, ninguna de estas suposiciones está en lo correcto. Repasemos un poco la historia.

A través de los siglos, la iglesia católica romana se había apartado poco a poco de la teología de la iglesia primitiva y de la Biblia. En lugar de eso, la iglesia católica antes de la Reforma enseñaba un sistema de salvación por obras y ritos. Los católicos de la Edad Media entendían que la salvación era cuestión de observar ciertas prácticas ceremoniales como el hacer peregrinaciones, el contemplar reliquias, y el comprar indulgencias. La Reforma se inició como respuesta al abuso en la práctica católica romana de conceder indulgencias. En la teología católica, la indulgencia es el perdón de los pecados que concede libertad de las penas incurridas por ellos. Se creía que el papa tenía el poder de conceder indulgencias tanto a las personas vivas como también a los que estaban en el purgatorio, con tal que el que las recibía o el que las pedía estuviera arrepentido y diera limosnas a la iglesia o a alguna obra caritativa.

Lo cierto es que al papa le faltaban los fondos necesarios para reedificar la iglesia de San Pedro en Roma. Por lo tanto, autorizó a cierto dominico llamado Juan Tetzel a que reuniera los fondos por medio de la venta de indulgencias en Alemania. Tetzel era orador entusiasta y aparentemente hacía muchas afirmaciones fantásticas acerca del poder de las indulgencias. Él jugaba con las preocupaciones de los fieles por el alma de sus parientes difuntos, diciendo: “Tan pronto como la moneda resuena en el cofre, el alma de su amado brinca del purgatorio” (Lutero, Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, Tomo 1: Letter to the Archibishop Albrecht of Mainz (Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Baker Book House, 1982), p. 26). Las afirmaciones de Tetzel no pasaron sin ser desafiadas. Un monje agustino llamado Martín Lutero, ardiendo con indignación, se confrontó con Tetzel y desmintió sus afirmaciones ridículas. Cuando la iglesia no hizo nada para hacer callar a Tetzel, Lutero clavó 95 proposiciones contra las indulgencias en la puerta de la iglesia en Wittenberg, Alemania. En la actualidad muchos cristianos tienen conceptos erróneos en cuanto a estas 95 proposiciones. No eran una lista de doctrinas reformadas, sino sólo una lista de afirmaciones sobre las indulgencias. En ellas propuso un debate público sobre el tema de las indulgencias. Sin la invención de la imprenta, las ideas de Lutero hubieran caído en el olvido. Sin embargo, sin que Lutero lo supiera, sus 95 proposiciones fueron impresas por los impresores de la ciudad y se distribuyeron en casi toda Europa.

Pronto estalló un choque fuerte entre Tetzel y Lutero. Para apoyar su posición contra Tetzel, Lutero, siendo monje agustino, no más tenía que resucitar algunos puntos de la teología olvidada de Agustín. Siguiendo la teología de Agustín, Lutero propuso que la salvación dependía exclusivamente de la predestinación. Enseñó que los hombres no podemos hacer nada bien, que no podemos ni creer en Dios. Sostuvo que Dios concede el don de la fe y de las buenas obras a quiénes él quiera, esto es, a los predestinados según su voluntad desde antes de la creación del mundo. A los demás él los elige arbitrariamente para la condenación eterna (Lutero, Bondage of the Will, pp. 171-174).

Además, Lutero afirmó que uno no puede ser salvo si no cree en la doctrina de la predestinación absoluta. Hablando de la predestinación, dijo: “Porque el que esto no sabe, no puede ni creer en Dios ni adorarlo. En realidad, el que no sabe eso no conoce a Dios. Y con tal ignorancia, como todos saben, no hay salvación. Porque si usted duda, o si rehúsa a creer que Dios sabe de antemano todas las cosas y las fija según su voluntad, no dependiendo de nada sino sólo de su propio consejo inmutable, ¿cómo podrá usted creer en sus promesas, y confiar y descansar en ellas?… [El que no cree eso] confiesa que Dios es engañador y mentiroso—¡es incrédulo, la impiedad mayor de todas, la negación del Dios Altísimo!” (Lutero, Bondage of the Will, pp. 44).

Lutero tomó prestadas unas cuantas doctrinas más de las enseñanzas de Agustín, incluso la doctrina de la guerra santa. Cuando el pueblo pobre de Alemania se sublevó contra el trato inhumano de la nobleza, Lutero sabía que los nobles bien pudieran culparlo a él y a sus enseñanzas. Pero sabía igualmente bien que su vida dependía del favor de los nobles. Por eso, el exhortó a los nobles que suprimieran la rebelión a viva fuerza, incitándolos con las siguientes palabras:

”Esta, pues, no es hora de estar dormido; ahora no hay lugar para la paciencia ni la misericordia. Esta es la hora de la espada, no de la gracia… Cualquier campesino que muera se perderá de cuerpo y de alma, y será del diablo para la eternidad. Pero las autoridades tienen la conciencia limpia y una causa justa. Pueden decir a Dios con plena confianza: ‘He aquí, Dios mío, tú me has nombrado como príncipe y señor, de eso no tengo la menor duda. Y me has dado la espada para castigar a los malhechores… Por tanto, los castigaré y los mataré hasta que deje de latir mi corazón. Tú serás mi juez y me justificarás.’ Por eso digo que el que se muere en la batalla como aliado de la autoridad puede ser un mártir verdadero a los ojos de Dios… Hora rara ésta, cuando ¡el príncipe puede ganar un lugar en el cielo con el derramar sangre, mejor que pueda otro con el orar! ¡Apuñala a quien pueda, apaléalo y mátalo! Si te murieras en la batalla, ¡bien de ti! Una muerte más bendita no la hay” (Lutero, Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, tomo 4: Against the Robbing and Murdering Peasants, pp. 252, 253). Los nobles siguieron estas palabras de Lutero sin vacilar, pisoteando las cuadrillas de campesinos salvajemente. En la guerra breve que siguió, cometieron atrocidades indecibles. Los campesinos que no murieron en el combate fueron torturados horriblemente y luego ejecutados.

La Reforma no fue un retorno al espíritu de los cristianos primitivos ni a sus enseñanzas. Es cierto que Lutero rechazó muchas de las prácticas pervertidas que se habían apoderado de la iglesia después de Constantino; por ejemplo, el uso de las imágenes y de las reliquias, las oraciones a los santos, las misas celebradas a favor de los muertos en el purgatorio, el celibato obligatorio del clero, la venta de las indulgencias, y las peregrinaciones religiosas como obra de mérito. Al eliminar estas prácticas, Lutero sí se acercó unos cuantos pasos al cristianismo primitivo. Pero, por otra parte, en su retorno a la teología de Agustín, Lutero también se alejó unos cuantos pasos del cristianismo primitivo.

Quizás la contribución mayor de Lutero al cristianismo occidental fue su énfasis sobre la Biblia como la única fuente de autoridad. “Sola Scriptura” (sólo la Escritura) se hizo uno de los estandartes de la Reforma. Sin embargo, “sola Scriptura” muchas veces fue solamente un lema, no una práctica. Lutero tradujo la Biblia al alemán para que el pueblo la leyera. Pero a la vez, procuró asegurarse de que la leyeran sólo tomando en cuenta las interpretaciones de él. Lutero procuró dirigir la atención de los lectores lejos de las partes de la Biblia que contradecían su teología. También procuró subrayar lo que le gustó. Lutero, por ejemplo, elogiaba de forma exagerada el libro de Romanos (Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, tomo 6: Preface to Romans, p. 447) mientras socavaba la autoridad de otros como la carta a los Hebreos (Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, tomo 6: Preface to Hebrews, pp. 476, 477) por oponerse en algunos puntos a sus ideas. No es de extrañar que llamara a la epístola de Santiago epístola de “paja”, e intentara sacarla del Nuevo Testamento junto con la epístola a los hebreos, Judas y el apocalipsis. Así, el lema de Lutero de “sola Scriptura” fue, al menos en parte, un mito. A fin de cuentas, no quedaron las Escrituras como la única fuente de autoridad para la Reforma, sino la interpretación que daba Lutero (y otros reformadores como Calvino) a las Escrituras.

No deseo ser malentendido. No es mi intención desacreditar la figura de Lutero. Admiro personalmente su valentía y reconozco la mano de Dios en su labor. Reconozco también que las contribuciones positivas de Lutero al cristianismo son mucho mayores que sus faltas. He hablado más de sus faltas que de sus puntos fuertes porque la iglesia evangélica siempre le ha puesto sobre un pedestal. La mayoría de los evangélicos ya saben sus puntos fuertes y sus realizaciones positivas. Lutero era un hombre valiente de Dios, quien arriesgó la vida para avivar a una iglesia muerta espiritualmente. Podemos admirar sus cualidades ejemplares sin repetir sus errores. Lutero quiso hacer volver la iglesia a las creencias de los cristianos primitivos, pero él sabía muy poco de lo que creían los cristianos de los siglos más tempranos. La mayoría de los escritos de los cristianos primitivos no estaban disponibles a los cristianos del Occidente cuando la Reforma empezó. Por eso, Lutero creyó equivocadamente que las enseñanzas de Agustín eran las mismas que tenían los cristianos primitivos. Cuando los escritos de los cristianos primitivos se hicieron disponibles, las doctrinas de la Reforma ya se habían fijado, y nadie tenía el valor de cambiarlas.

Juan Calvino, considerado por muchos el más grande teólogo protestante de la historia y padre del sistema teológico que hoy lleva su nombre, cometió el mismo error que Lutero: Perpetuar en su teología las ideas de Agustín de Hipona y anteponer su interpretación privada del texto a la Biblia misma. Calvino instauró una dictadura teocrática bajo la promesa de convertir a Ginebra en la Ciudad de Dios. Dictaba leyes y asesinaba a los humanistas en nombre de la Reforma. Distinguía a Calvino la intolerancia religiosa hacia quienes profesaban ideas distintas. Por orden suya fue quemado en la hoguera el científico español Miguel Servet (1553). La condena de Servet (condenado por antitrinitario y contrario el bautismo de infantes), si bien ejemplar, no fue ni la única ni la última de Calvino. El mismo Casiodoro de Reina (traductor de la famosa Biblia que lleva su nombre) fue perseguido por los calvinistas y tildado de hereje por oponerse a la ejecución de Servet y afirmar que las diferencias de opinión entre cristianos nunca deberían llevar a que algunos, con el respaldo del gobierno, impongan sus convicciones a otros, y menos que recurran a la pena de muerte para extirpar a los que piensan distinto en materia teológica. Pero Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”.

No necesito decir más. Al estudiar la vida de los dos más grandes reformadores protestantes podemos notar algo: Aunque sus obras fueron notables, ambos se distanciaron un poco del espíritu y teología de la iglesia primitiva. Ambos creyeron erróneamente que el agustinianismo era la creencia de la iglesia primitiva; ambos emplearon la fuerza del Estado para imponer sus ideas; ambos mostraron intolerancia hacia ideas opuestas a las suyas (persiguiendo incluso a otros cristianos con ideas distintas a ellos) y ambos marcaron la teología protestante para siempre. Desde entonces, la teología calvinista o reformada ha marcado el pensar del mundo cristiano, llevando a considerar herejes y mostrando intolerancia hacia sus hermanos creyentes que rechazan la intromisión del agustinianismo en el movimiento evangélico moderno.

LA IGLESIA PRIMITIVA HUBIERA RECHAZADO LA MAYOR PARTE DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA Y SUS POSTULADOS:

Los cristianos primitivos no creían en la predestinación, la gracia irresistible, la elección incondicional, la expiación limitada ni la perseverancia final de los santos como lo entiende el calvinismo de hoy. A diferencia del calvinismo, los cristianos primitivos creyeron firmemente en el libre albedrío y el sinergismo evangélico enseñado por el arminianismo.

Por ejemplo, Justino Mártir (n. 100 d.C. – m. 168 d.C.), uno de los primeros apologistas cristianos, propuso el siguiente argumento a los romanos: “Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos… Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer.” (Justino, First Apology, capítulo 43).

Clemente de Alejandría (n. 150 d.C. – m. 217 d.C.) escribió de semejante manera: “Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario.” (Clemente, Stromata/Miscellanies, tomo 1, capítulo 17).

Arquelao, obispo de Kashkar, en Mesopotamia (n. desconocido – m. 282 d.C.), escribiendo pocos años después, dijo lo mismo: “Toda la creación de Dios, Dios la hizo muy bien. Y él ha dado a cada persona el poder del libre albedrío, y por la misma norma ha instituido la ley de juicio… Y por cierto todo el que quiera, puede guardar sus mandamientos. Pero el que los desprecia y se vuelve en contra de ellos, sin duda alguna tendrá que hacer frente a esa ley de juicio… No cabe duda de que cada persona, utilizando el poder de su libre albedrío, puede fijar su camino en la dirección que él quiera.” (Arquelao, Disputation with Manes, secciones 32, 33).

Metodio de Olimpo, obispo y mártir cristiano (nacido en Licia, Asia Menor, en el siglo III y martirizado en Calcide di Eubea, Grecia Central, hacia el año 311 d.C.), escribió de semejante manera: “Aquellos [paganos] que deciden que el hombre no tiene libre albedrío, sino afirman que se gobierna por las disposiciones inevitables de la suerte, son culpables de impiedad ante el mismo Dios, ya que le hacen la causa y el autor de las maldades humanas.” (Metodio, The Banquet of the Ten Virgins, discurso 8, capítulo 16). ¿Acaso no suena como si se dirigiera a algunos calvinistas de hoy en día, que hacen a Dios responsable de todo mal y pecado humano?

Los cristianos primitivos se oponían a las ideas agustinianas, y más adelante calvinistas, sobre la predestinación o elección incondicional. Ellos eran fieles defensores del libre albedrío humano, la gracia resistible, la expiación ilimitada y la posibilidad de caer del estado de gracia. Los cristianos primitivos no creían en el libre albedrío sin base, sino se basaron firmemente en las siguientes Escrituras y otras semejantes:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3.16).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9).

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22.17).

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30.19).

De esta manera, vemos que en el principio el mundo pagano, no los cristianos, creían en la predestinación. Mas, en una de las peculiaridades de la historia cristiana, tanto Lutero como Calvino apoyaron la noción fatalista del mundo pagano y se opusieron a los cristianos primitivos. Por ejemplo, Lutero escribió lo siguiente acerca de la suerte y la predestinación:

“¿Por qué será tan difícil que nosotros los cristianos entendamos estas cosas? ¿Por qué se nos consideran irreligiosos, raros y vanos si discutimos estas cosas y las sabemos, cuando los poetas paganos, y todo el mundo, hablaban de ellas muchas veces? Hablando sólo de Virgilio [un poeta pagano romano], ¿cuántas veces habla él de la suerte? ‘Todas las cosas quedan fijas bajo ley inmutable.’ Otra vez: ‘Fijo está el día de todos los hombres.’ Otra vez: ‘Si la suerte te llama.’ Y otra vez: ‘Si tú quieres romper la cadena de la suerte.’ La meta de este poeta es mostrar que la suerte tuvo más que ver con la destrucción de Troya, y con la grandeza de Roma, que todos los esfuerzos unidos de los hombres… De eso podemos ver que todo el mundo tenía el conocimiento de la predestinación y de la presciencia de Dios igual como tenían el conocimiento de la existencia de la deidad. Y los que quisieron mostrarse sabios disputaban tanto que, siendo entenebrecidos sus corazones, se hicieron necios (Romanos 1.21-22). Negaron o fingieron no saber las cosas las cuales los poetas, y todo el mundo, y hasta sus propias conciencias, creyeron ser conocidas en todo el mundo, y muy ciertas, y muy verdaderas.” (Lutero, Bondage, pp. 43, 44).

A diferencia de Lutero y Calvino, los cristianos primitivos tuvieron explicaciones lógicas y bíblicas para explicar la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre como dos principios complementarios, no contradictorios. Por contraste, eran los gnósticos paganos quienes enseñaban que los humanos somos predestinados arbitrariamente o para la salvación o para la condenación. En su obra titulada, De los puntos principales, Orígenes (n. Alejandría, 185 – m. Tiro o Cesarea Marítima, 254), considerado un padre de la Iglesia oriental, destacado por su erudición y estimado como uno de los tres pilares de la teología cristiana, escribe de muchos de los argumentos de la biblia que los gnósticos usaban. Contestó muchas de las preguntas acerca del libre albedrío y de la predestinación que sus discípulos le hicieron al respecto. Orígenes escribió:

“Una de las doctrinas enseñadas por la iglesia es la del juicio justo de Dios. Este hecho estimula a los que creen en él para que vivan piadosamente y que eviten el pecado. Reconocen que lo que nos trae o alabanza o culpa está dentro de nuestro poder. Es nuestra responsabilidad vivir en justicia. Dios exige esto de nosotros, no como si dependiéramos de él, ni de otro, ni de la suerte (como creen algunos), sino como si dependiera de nosotros mismos. El profeta Miqueas demostró eso cuando dijo: ‘Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia’ [Miqueas 6.8]. Moisés también dijo: ‘Yo he puesto delante de ti el camino de la vida y el camino de la muerte. Escoge lo bueno y sigue en él’ [Deuteronomio 30.15, 19]. Tome en cuenta cómo nos habla Pablo de manera que da a entender que tenemos libre albedrío y que nosotros mismos somos causa o de nuestra ruina o de nuestra salvación. Él dice: ‘¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino obedecen a la injusticia’ [Romanos 2.4-8]. Pero hay ciertas declaraciones en el Antiguo Testamento como también en el Nuevo que pudieran hacernos concluir lo contrario: Que no depende de nosotros o el guardar sus mandamientos para ser salvos, o el desobedecerlos para perdernos. Así que, examinémoslos uno por uno. Primero, las declaraciones en cuanto a Faraón han causado dudas en muchos. Dios dijo varias veces: ‘Yo endureceré el corazón de Faraón’ [Exodo 4.21]. Claramente, si Faraón fue endurecido por Dios y pecó como resultado de ese endurecimiento, él no fue responsable por su pecado. Y no tuvo libre albedrío. Vamos a añadir a este pasaje otro que escribió Pablo: ‘Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?’ [Romanos 9.20-21]. Ya que sabemos que Dios es tanto bueno como justo, veamos cómo el Dios bueno y justo pudo endurecer el corazón de Faraón. Tal vez por un ejemplo usado por el apóstol en la epístola a los Hebreos podemos ver que, en una sola obra, Dios puede mostrar misericordia a un hombre mientras endurece a otro, sin la intención de endurecerlo. ‘La tierra’, dice él, ‘bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa al agricultor, por la bendición de Dios. Pero la que produce espinos y abrojos no tiene valor, y está próxima a ser maldecida. Su fin es el ser quemada’ [Hebreos 6.7-8]. Tal vez nos parezca raro que aquel que produce la lluvia dijera: ‘Produzco tanto los frutos como también los espinos de la tierra’. Mas, aunque raro, es cierto. Si no hubiera lluvia, no hubiera ni frutos ni espinos. La bendición de la lluvia, por tanto, cayó aun sobre la tierra improductiva. Pero ya que estaba descuidada y no cultivada, produjo espinos y abrojos. De esta manera, las obras maravillosas de Dios son semejantes a las lluvias. Los resultados opuestos son semejantes a las tierras o cultivadas o descuidadas. También las obras de Dios son semejantes al sol, el cual pudiera decir: ‘Yo hago suave y hago duro’. Aunque estas acciones son opuestas, el sol no hablaría mentira, porque el calor que suaviza la cera es el mismo que endurece el lodo. De semejante manera, por una parte, los milagros hechos por mano de Moisés endurecieron a Faraón a causa de la maldad de su corazón. Pero suavizaron a la multitud egipcia, que salió de Egipto con los hebreos [Exodo 12.38]. Veamos a otro pasaje: ‘Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia’ [Romanos 9.16]. Aquí Pablo no niega que los humanos tenemos que hacer algo. Sino alaba la bondad de Dios, quien lleva lo que se hace a su fin deseado. El sencillo deseo humano no basta para alcanzar el fin. Solo el correr no basta para que el atleta gane el premio. Tampoco basta para que los cristianos ganemos el premio que da Dios por Cristo Jesús. Estas cosas se llevan a cabo sólo con la ayuda de Dios. Como si hablara de la agricultura, Pablo dice: ‘Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento’ [1 Corintios 3.6-7]. Ahora pudiéramos decir con razón que la cosecha del agricultor no es trabajo sólo del agricultor. Tampoco es trabajo sólo del que riega. Al fin y al cabo, es trabajo de Dios. Así mismo, no es que no tengamos nada que hacer para que nos desarrollemos espiritualmente a la perfección. Mas, con todo, no es obra de sólo nosotros, porque Dios tiene una obra aun más grande que la nuestra. Así es en nuestra salvación. La parte que hace Dios es muchísimo mayor que la nuestra.” (Orígenes, First Things, tomo 3, capítulo 1, acortado).

Aunque no creyeron en la predestinación, los cristianos primitivos creyeron fuertemente en la soberanía de Dios y en su habilidad de prever el futuro. Por ejemplo, entendieron que las profecías de Dios acerca de Jacob y Esaú (Romanos 9.13 y Génesis 25.23) resultaron de esta habilidad de prever el futuro, y no de una predestinación arbitraria de los hombres a una suerte fija. Vieron que hay una gran diferencia entre el prever algo y el causarlo. Para pesar de los calvinistas más obstinados, esto suena a arminianismo ¡Y era la doctrina de la iglesia cristiana primitiva!

GRACIA IRRESISTIBLE, ELECCIÓN INCONDICIONAL, EXPIACIÓN LIMITADA Y PERSEVERANCIA FINAL DE LOS SANTOS EN EL CONTEXTO DE LA IGLESIA PRIMITIVA.

Los cristianos primitivos no creían en la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos o seguridad eterna del creyente (una vez salvo, siempre salvo). Por el contrario, los cristianos primitivos reconocían la posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación. Tampoco sostenían que la gracia fuera irresistible, que la elección fuera incondicional o que la expiación fuera limitada. En otras palabras, ellos no eran calvinistas.

La Didaché (o Didajé), considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento (estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.), señala que de nada servirá haber tenido fe durante toda la vida si en el último momento nos apartamos: “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (La Didaché 16,1-2, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93). Tal afirmación lleva implícita la posibilidad de caer de la gracia. En otras palabras: Ni la gracia es irresistible ni es imposible caer de ella por apostasía o pecado deliberado y habitual. La doctrina calvinista simplemente no cabía en la mentalidad cristiana primitiva.

Clemente Romano (un cristiano insigne de finales del siglo I, uno de los llamados Padres apostólicos y quien fuera obispo de Roma), también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos: “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre… Consideremos cuan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado” (Clemente a los Corintios XXI,1-4, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición, pág. 198).

Nótese que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina calvinista “Salvo siempre Salvo”. La posibilidad de la apostasía, y con ella la pérdida de la salvación, fue enseñada por los cristianos primitivos:

“Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oído, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿qué mundo acogerá a los desertores de Dios?” (Clemente a los Corintios XXVIII,1-2, Ibid. pág. 204).

“…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…” (Clemente a los Corintios LVIII,2, Ibid. pág. 231).

Para Ignacio de Antioquía, uno de los padres apostólicos por su cercanía cronológica con el tiempo de los apóstoles (n. 35 d.C. – m. entre 98-110 d.C.), no bastaba proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de su perseverancia y fidelidad. También establece que la salvación está a disposición del hombre que, por su libre albedrío, elige entre la vida y la muerte:

“Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2, Ibid. pág. 500-501).

“Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.” (Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2, Ibid. pág. 462).

Justino Mártir, el gran apologeta cristiano, quien tenía una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1.400 años de antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad). Justino afirmó:

“De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni este vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga. Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompensa y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompensa o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.” (Justino Mártir, Primera Apología 43.1-8, Ibid pág. 228-229).

Para Ireneo (n. Esmirna Asia Menor, c. 130 – m. Lyon, c. 202), obispo de la ciudad de Lyon y considerado como el más importante adversario del gnosticismo del siglo II, la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en la fe:

“Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mateo 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio, no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Romanos 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10). Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia… Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.” (Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2).

Ireneo enfatiza también que la salvación final del creyente implica esfuerzo y lucha:

“Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan», quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanta más gloria tendremos ante Dios.” (Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7).

Rechaza además lo que se conocería más de un milenio después como la doctrina de Salvo siempre Salvo:

“Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”. (Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2).

Hilario, nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367, habla de cómo el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío:

“Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente” (Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]: Nun, 20, Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol I, pág. 386).

“La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección” (Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 Ibid. pág. 386-387)

Atanasio, nacido alrededor del año 296 y fallecido el 2 de mayo del año 373, en su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados graves:

“Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como esté dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no está más en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que está en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido, como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.” (Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25, Traducido desde Athanasius,Discourse Against the Arians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407).

Cirilo de Jerusalén (n. 315 d.C. – m. 386 d.C.) concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los calvinistas. Para salvarse se requiere perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso por lo que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado:

“Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confió en el amor de Dios para siempre jamás». No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas” (Cyril of Jerusalem,Catechetical Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7).

Basilio, (n. 330 – m.1 de enero, 379), conocido como Basilio el Magno y quien fuera obispo de Cesarea, reconoció que aquellos que se salven serán aquellos que se mantengan fieles hasta el fin. Habló también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa:

“Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu” (Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40; Traducido de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol VIII, p. 25).

Jerónimo (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), conocido también como Jerónimo de Estridón y quien tradujo la Biblia del griego y del hebreo al latín declaró que los creyentes pueden caer del estado de gracia y perder su salvación por medio de las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de la vida:

“No va de acuerdo a la justicia divina olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado y ministras a los santos por su nombre, y para recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de su propia libre elección, dice «Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona de la vida que el Señor les prometió a quienes le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue, añade: «Que nadie diga cuándo es tentado, es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte». Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados por la necesidad ni a la virtud ni al vicio. De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien los trae a la perfección, ya que no es de quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a la meta” (Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI).

El mismo Agustín de Hipona, a quien Calvino y sus seguidores frecuentemente citan en defensa de sus puntos de vista (y en cuyas enseñanzas descansa la estructura completa del calvinismo), rechazaba la posición calvinista y declara que es el hombre por su propia elección quien pierde la gracia y se hace malvado. Esto es contrario a la enseñanza de Calvino, quien afirmaba que quienes no fueron predestinados nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran resistirla y se salvarían:

“Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque él perdió la gracia que él recibió de Dios y por su propia libre elección se hizo malvado” (Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia 6,9. Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens, pág. 157).

Debe ser triste para un calvinista descubrir que ni siquiera el verdadero padre del calvinismo creía en él, pero esa es la realidad. Lo que hoy llamamos calvinismo no es más que una distorsión del cristianismo bíblico. Nunca nadie en la iglesia primitiva, ni en los siglos posteriores a la muerte de los apóstoles, creyó en los 5 puntos del TULIP.

CONCLUSIÓN:
Como arminiano estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos en la doctrina cristiana, pero aquel calvinista que, sinceramente y sin prejuicios, se ha tomado el tiempo de estudiar la Biblia, la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina calvinista no solo no fue creída por la iglesia primitiva, sino explícitamente rechazada. ¿Cómo podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia primitiva, y luego los cristianos de los siglos posteriores, no entendían la Biblia? Aún siglos antes del surgimiento del calvinismo, la doctrina calvinista era rechazada como herética. Y es que un estudio de los textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiásticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, nos enseña que la Iglesia primitiva y de siglos posteriores creía que:

• El hombre, aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia (sinergismo). Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios.
• Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad. Por la tanto, no hay tal cosa como una elección incondicional, tampoco gracia irresistible ni mucho menos expiación limitada.
• La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y ni siquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
• Así, la salvación es por gracia, pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
• Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).
• Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios. Por ende, la gracia es resistible y la salvación puede perderse.
• El determinismo, fatalismo o predestinación, no es una doctrina bíblica. Por el contrario, la iglesia primitiva luchó contra los paganos (principalmente gnósticos) para contrarrestar dicha doctrina.

A la luz de lo anterior ¿Podrías decir que la iglesia cristiana primitiva era calvinista o arminiana? Ciertamente no era calvinista ¿Puede un calvinista fundamentar históricamente la validez de su doctrina? No lo creo. Al menos no honestamente.

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Raíces Históricas y Fundamento Teológico del Calvinismo.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

INTRODUCCIÓN:
El calvinismo (a veces llamado tradición reformada, la fe reformada o teología reformada) es un sistema teológico protestante y un enfoque de la vida cristiana que pone el énfasis en la soberanía de Dios sobre todas las cosas. Esta vertiente del cristianismo protestante es así nombrada en relación al reformador religioso francés del siglo XVI Juan Calvino, quien sistematizó muchas de las más conocidas doctrinas que forman parte de la teología reformada. Si bien la tradición reformada fue desarrollada por teólogos como Martin Bucer, Heinrich Bullinger, Pietro Martire Vermigli, Ulrico Zuinglio, Teodoro de Beza y Guillaume Farel (e influyó en reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Knox), debido a la gran influencia y al papel de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVII, la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa también las doctrinas y prácticas de las Iglesias reformadas.

¿QUIÉN FUE JUAN CALVINO?
Juan Calvino (Jean Cauvin o Calvin; Noyon, Francia, 1509 – Ginebra, 1564) fue un teólogo y reformador protestante. Educado en el catolicismo, cursó estudios de teología, humanidades y derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante (Las Institución de la Religión Cristiana), que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes.

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Un Consistorio de ancianos y de pastores, dotado de amplios poderes para castigar, vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.

La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino finalmente falleció a la edad de 54 años, en mayo de 1564, en brazos de Teodoro de Beza, su sucesor. Su cuerpo fue expuesto al público, pero ante la afluencia de visitantes, los reformadores temieron ser acusados de promover la veneración de santos. Por lo que es enterrado al día siguiente en una tumba anónima, en el Cementerio de los Reyes de Ginebra. Se desconoce la ubicación exacta de la tumba, pero se colocó una piedra funeraria en el siglo XIX para marcar la ubicación tradicionalmente considerada como su lugar de descanso (Stepanek, Sally; John Calvin, Chelsea House Publishers, 1987, ISBN 0-87754-515-4).

Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. A pesar de ser considerado uno de los más grandes reformadores de la historia, Calvino tenía un lado muy oscuro. Muchos calvinistas desconocen, o ignoran voluntariamente, los hechos que cualquier historiador secular y honesto podría constatar. Intencionalmente, muchos ocultan que Calvino, habiendo dispuesto ser instalado como un líder protestante en Ginebra, Suiza, estableció una dictadura, convirtiéndose en un autócrata civil y religioso. La ciudad de Ginebra fue apodada la Roma protestante, mientras que a Calvino se le llamaba el Papa de la Reforma. Así que rompió con las verdaderas intenciones de la Reforma, y estableció una teocracia protestante. Su iglesia creía ser la depositaria de la única verdad. Calvino nunca podía considerar cualquier opinión contraria o diferente, o cualquier disidencia doctrinal o en asuntos políticos, declarando que eran un crimen contra el Estado y la Iglesia. Como tales, merecían ser castigados por la autoridad civil con la mayor severidad y crueldad.

No había límite al poder de Calvino. Ejercía su autoridad y hegemonía, y cualquier persona que persistía con enseñanzas heterodoxas tenía que morir en la hoguera. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”. Calvino logró destruir los lazos normales entre las personas y la decencia simple, induciéndolos a espiar a los demás. Su método de intimidación y terror fue perfeccionado a fin de mantener el control de todas las actividades menores.
Se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas, inspiradas por él, con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de la predestinación: según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvarán y quiénes no, con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una conducta también prevista por el Creador. Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta; curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante, caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista.

FUENTES DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA: ¿CALVINISMO O AGUSTINIANISMO?
Las ideas de Calvino, sin embargo, están lejos de ser originales. Juan Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín de Hipona, Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430), un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín exclusivamente para ciertas doctrinas como la predestinación. Por ejemplo, como Calvino señala en su De aeterna Dei Praedestinatione (1552), él basó su doctrina de la predestinación sobre la evidencia de los libros de Agustín. Las tabulaciones hechas por estudiosos han mostrado en la Opera Omnia de Calvino, más de 3.200 referencias explícitas a los padres de la iglesia; de estas, más de 1700 son referencias de citas de Agustín. Los números aumentan cuando se toman en cuenta las veces que Calvino hace eco o alude al mismo.

No hay duda que Calvino impuso sobre la Biblia ciertas interpretaciones erróneas de origen católico romano. Muchos líderes calvinistas están de acuerdo en que los escritos de Agustín fueron la fuente real de la mayoría de lo que hoy se conoce como Calvinismo. Los calvinistas David Steele y Curtis Thomas señalan que “las doctrinas básicas de la posición calvinista habían sido fuertemente defendidas por Agustín contra Pelagio durante el quinto siglo” (David N. Steele and Curtis C. Thomas, the Five points of Calvinism; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1963, 19).

En su revelador libro, “El otro lado del Calvinismo”, Laurence M. Vance documenta minuciosamente que “Juan Calvino no originó las doctrinas que llevan su nombre…” (Laurence M. Vance, the Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed., 1999, 37).

Para este mismo efecto Vance cita numerosos calvinistas. Por ejemplo, Kenneth G. Talbot y W. Gary Crampton escriben, “el sistema de doctrina que lleva el nombre de Juan Calvino en ninguna manera lo origino él…” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism, Edmonton, AB: Still Water Revival Books, 1990, 78). B. B. Warfield declaró, “el sistema de doctrina enseñada por Calvino es sólo el Agustinianismo común a todo el grupo de los reformadores” (Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 22). Así también a Agustín se le reconocen muchos credos que salen de la reforma. Esto no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que la mayoría de los reformadores habían sido parte de la iglesia católica romana, de los cuales Agustín fue elogiado como uno sus “Santos” más grandes. John Piper reconoce que Agustín fue la mayor influencia de Calvino, quien continuó reverenciándolo a él y a sus doctrinas, incluso después de que se separaron del Catolicismo Romano (John Piper, the legacy of Sovereign Joy: God’s triumphant Grace in the lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 24-25).

C. H. Spurgeon admitió que el calvinismo “proviene principalmente de los escritos de Agustín” (Charles Haddon Spurgeon, ed., Exposition of the Doctrine of Grace, Pasadena, CA: Pilgrim Publications, n. d., 298). Alvin L. Baker escribió, “Casi no hay doctrina de Calvino que no lleve las marcas de la influencia de Agustín” (Alvin L. Baker, Berkouwer’s Doctrine of Election: Balance or imbalance?; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1981, 25).

Por ejemplo, el siguiente escrito hace eco a través de los escritos de Calvino: “Aun cuando los ha nombrado a ser regenerados… a quien él predestino a la vida eterna, como el más misericordioso otorgador de gracia, mientras que a aquellos a quienes él ha predestinado a la muerte eterna, también es el más justo otorgador de castigo” (St. Augustine, A treatment On the Soul and its Origins, Book IV, 16).

C. Gregg Singer dijo, “las principales características de la teología de Calvino se encuentran en los escritos de Agustín hasta tal punto que muchos teólogos consideran que el Calvinismo es el desarrollo más completo del Agustinianismo” (C. Gregg Singer, John Calvin: His Roots and Fruits; Abingdon Press, 1989, vii). Tales declaraciones son sorprendentes ante el hecho indiscutible de que, como señala Vance, la iglesia católica tiene un mayor derecho sobre Agustín que los mismos Calvinistas (Vance, Other Side, 40). Calvino mismo dijo: “Agustín es tan integral conmigo, que si quisiera escribir una confesión de mi fe, podría hacerlo con toda plenitud y satisfacción de sus escritos” (John Calvin, “A Treatise on the Eternal Predestination of God,” in John Calvin, Calvin’s Calvinism, trans. Henry Cole; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1987, 38; cited in Vance, Other Side, 38).

Las enseñanzas agustinas que Calvino presentó en su Institución de la Religión Cristiana, incluyen la soberanía de Dios como la causa de todo (incluyendo el pecado), la predestinación de algunos para salvación y otros para la condenación, la elección y la reprobación, fe como un irresistible don de Dios — de hecho, todos los conceptos claves del corazón del Calvinismo. Buscamos en vano la evidencia de que alguna vez Calvino desaprobara alguna de las herejías de Agustín. El calvinista Richard A. Muller admite, “Juan Calvino fue parte de una larga línea de pensadores que fundamentaron su doctrina de la predestinación sobre la interpretación agustiniana de Pablo” (Richard A. Muller, Christ and the Decree; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988, 22). En cada edición ampliada de sus escritos, las citas de Calvino dependen más y más de Agustín.

Podría presentar documentación adicional, pero esto debe ser suficiente para trazar brevemente la influencia católico-romana, a través de Agustín, en los escritos y teología de Calvino — y a través de Calvino, en los púlpitos y las casas de los protestantes en toda Europa, Inglaterra y América. No es de extrañar que aquellos que, como Arminio, se atrevieron a cuestionar el calvinismo fueron abrumados por la oposición. Por supuesto, diversos sínodos y asambleas se llevaron a cabo para formular credos aceptados para castigar a los disidentes. Pero las condiciones estaban a favor del calvinismo, y ninguna influencia fue permitida para mitigar este error. El ejemplo supremo de tales abusos fue el infame Sínodo de Dort.

El Sínodo de Dort fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda en 1618-1619, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, vocación eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del Calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado por fin su verdadera cara.

LOS 5 PUNTOS DEL CALVINISMO:
Las enseñanzas del calvinismo suelen resumirse en los denominados 5 puntos, sostenidos tanto por el Sínodo de Dort como por diversas confesiones de fe o credos como la Confesión de Fe de Westminster. De estos cinco puntos sale el acróstico TULIP (tulipán, en inglés), que abarca de manera simplificada y concreta la teología reformada. Estos cinco puntos también se conocen como los “cinco puntos del calvinismo” y “Doctrinas de la gracia”. Estos son:

T: Depravación total (Total Depravity)
U: Elección incondicional (Unconditional Election)
L: Expiación limitada (Limited Atonement)
I: Gracia irresistible (Irresistible Grace)
P: Perseverancia de los santos (Perseverance of the Saints)

(1.- DEPRAVACIÓN TOTAL:
El calvinismo afirma que toda humanidad ha sido afectada, dañada, y distorsionada por la entrada del pecado al mundo. Esto no significa que el hombre es tan malo como pudiera ser, sino que cada aspecto de nuestra vida está afectado por el pecado, de manera que estamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:5), y no podemos cambiar nuestra situación por nosotros mismos (Col. 2:13). El Canon de Dort afirma: “Por consiguiente, todos los hombres son concebidos en pecado, y al nacer como hijos de ira, incapaces de algún bien saludable o salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado; y no quieren ni pueden volver a Dios, ni corregir su naturaleza corrompida, ni por ellos mismos mejorar la misma, sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera” (Canon de Dort, Capítulo 3-4, IIL). Los calvinistas fundamentan bíblicamente sus doctrinas del pecado y la depravación total del hombre en diversos pasajes de ambos testamentos (Is. 53:6; 2 Cr. 6:36; Ro. 3:9-12; 1 Jn. 1:8,10; Mr. 10:18; Miq. 7:2-4; Jer. 17:9; Mt. 15:19; Gen. 6:5, 8:21).

(2.- ELECCIÓN INCONDICIONAL:
Dios elige a quien Él quiere elegir. Este es uno de los puntos más conflictivos, sin embargo, está muy ligado al anterior. Debido a que el calvinismo considera que estamos muertos —literalmente inhabilitados de tomar cualquier tipo de decisión que nos ayude— la única salida a nuestra muerte espiritual es que Dios nos saque de ella (2 Ti. 1:9). La elección incondicional significa que Dios escoge dar vida eterna sin haber visto nada bueno en los elegidos (Juan 15:16, Ro. 9:15-16; Ef. 1:4-5; 1 Tes. 1:4-5; 2 Tes. 2:13; 1 Cor. 1:27-29). La Confesión de Westminster declara: “Por el decreto de Dios, para la manifestación de Su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados para vida eterna; y otros son preordenados para muerte eterna” (Confesión de Westminster, Capítulo 3, IV). Como el hombre está muerto en el pecado, es incapaz de iniciar una búsqueda de Dios; por tanto, en la eternidad pasada, Dios eligió a ciertas personas para salvación y a otras para condenación. La elección y predestinación son incondicionales; no están basadas en la respuesta del hombre (Romanos 8:29-30; 9:11; Efesios 1:4-6, 11-12) porque el hombre es incapaz de responder a Dios, ni de querer hacerlo.

(3.- EXPIACIÓN LIMITADA:
Como Dios determinó que solo ciertas personas debían ser salvas, como resultado de la elección incondicional de Dios, Él determino que Cristo debía morir solo por los elegidos. Todos los que Dios ha elegido y por quienes Cristo murió serán salvos (Mateo 1:21; Juan 10:11; 17:9; Hechos 20:28; Romanos 8:32; Efesios 5:25). Esta doctrina también es conocida como expiación “específica” o “particular”. Más allá, en escritos de algunos reformadores como Juan Calvino, John Owen y Charles Hodge vemos: “Suficiente para todos, efectivo para algunos”. La expiación de Cristo es suficiente para que toda la humanidad sea salva (independientemente de si creyeren o no), pero solo es eficiente para los que creen. La sangre de Cristo pudiese salvar a todos, si esa fuese la voluntad de Dios; pero esa no es su voluntad. Fundamentan tal afirmación en diversos textos (Jn. 6:37-40; Ef. 1:4; Is. 53:11; 2 Cor. 5:21; Jn. 10:11-29). El Sínodo de Dort establece: “Porque este fue el consejo absolutamente libre, la voluntad misericordiosa y el propósito de Dios Padre: que la virtud vivificadora y salvadora de la preciosa muerte de Su Hijo se extendiese a todos los predestinados para, únicamente a ellos, dotarlos de la fe justificante, y por esto mismo llevarlos infaliblemente a la salvación” (Canon de Dort, Capítulo 2, VIII).

(4.- GRACIA IRRESISTIBLE:
El calvinismo afirma que nadie se puede negar o resistir a la gracia salvadora de Dios. Esta doctrina también se conoce como “llamamiento eficaz”. Cuando la gracia llega, nunca puede ser rechazada: su efectividad es perfecta. Esto significa que si Dios ha elegido a alguien, no hay forma en que esa persona no llegue a ser salva. Su razonamiento es: ¿Quiénes somos nosotros para decirles que ‘no’ al Señor? La Confesión de Westminster afirma: “Todos los que Dios predestinó para vida, y solo esos, Él se place, en su tiempo, llamar efectivamente por Su Palabra y el Espíritu… ” (Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 10, I). En otras palabras, a aquellos a quienes Dios eligió, los atrae a Sí Mismo a través de la gracia irresistible. Dios hace que el hombre esté dispuesto a venir a Él. Cuando Dios llama el hombre responde (Juan 6:37, 44; 10:16).

(5.- PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS:
El calvinismo afirma que los elegidos —los realmente salvos— perseverarán hasta el final (Filipenses 1:6). En la soberanía de Dios, aquellos que Él eligió para salvación van a sostener esa confesión de conversión hasta su muerte, perseverando en vidas de santidad (Ro. 8:35-39; 2 Pe. 1:10; Jn. 10:28,29; 1 Jn. 3:9; 1 Pe. 1:5,9). Una vez más, la Confesión de Westminster afirma: “A quienes Dios ha aceptado en su Amado, y que han sido llamados eficazmente y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en él hasta el fin, y serán salvados eternamente. … Esta perseverancia de los santos depende no de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección, que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios el Padre” (Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 17, I,II). Aquellos que Dios ha elegido y atraído a Sí Mismo a través del Espíritu Santo, perseverarán en la fe. Ninguno de los que Dios ha elegido se perderá; ellos están eternamente seguros (Juan 10:27-29; Romanos 8:29-30; Efesios 1:3-14). Esta enseñanza a dado lugar a la afirmación de “salvo siempre salvo”.

FRUTOS AMARGOS DEL CALVINISMO:
Las iglesias reformadas, congregacionales, presbiterianas y muchas iglesias bautistas e independientes, entre otras, se identifican como calvinistas. Pero no todos los que se denominan calvinistas sostienen los 5 puntos ya mencionados. Algunos calvinistas, percibiendo a través del estudio bíblico los errores de la doctrina calvinista, aceptan sólo 4, otros 3 y algunos (como ciertas denominaciones bautistas) sostienen solamente un punto del calvinismo original. Y es que el calvinismo ha producido frutos amargos y nocivos para el alma, algunos más que otros. Uno de ellos (y quizá el peor de todos) es el hiper-calvinismo, el otro, la doctrina que enseña que “una vez salvo, siempre salvo”.

(1.- HIPERCALVINISMO: El hiper-calvinismo (que no es más que el calvinismo original enseñado por su fundador, Juan Calvino) es la creencia de que Dios salva a los elegidos a través de Su soberana voluntad con poco o ningún uso de métodos que atraigan a la salvación (tales como el evangelismo, la predicación, y la oración por los perdidos). Una falla antibíblica, es que el hiper-calvinismo sobre enfatiza la soberanía de Dios y sub-enfatiza la responsabilidad del hombre en la obra de salvación. Una obvia repercusión del hiper-calvinismo, es que suprime cualquier deseo de evangelizar a los perdidos. La mayoría de las iglesias o denominaciones que mantienen la teología del hiper-calvinismo, están marcadas por el fatalismo, la frialdad, y la falta de seguridad de la fe. Hay poco énfasis en el amor de Dios por los perdidos y Su propio pueblo, y en vez de ello, hay una antibíblica preocupación por la soberanía de Dios, Su elección de los salvos, y Su ira hacia los perdidos. El “evangelio” hiper-calvinista es una declaración de la salvación de Dios de los elegidos y Su condenación a los perdidos.

La Biblia enseña claramente que Dios es soberano sobre todo el universo (Daniel 4:34-35). Pero con la soberanía de Dios, la Biblia también enseña que Su motivación para salvar a los perdidos es el amor (Efesios 1:4-5; Juan 3:16; 1 Juan 4:9-10) y que el medio de Dios para salvar a los perdidos es la proclamación de Su Palabra (Romanos 10:14-15). La Biblia también declara que el cristiano debe ser apasionado y determinado en compartir su fe con los no creyentes; como embajadores de Cristo, debemos “rogar” a la gente que se reconcilie con Dios (2 Corintios 5:20-21). El hiper-calvinismo toma una doctrina bíblica, la soberanía de Dios, y la lleva hasta un extremo antibíblico. Al hacerlo, el hiper-calvinista minimiza el amor de Dios y la necesidad de la evangelización.

(2.- LA DOCTRINA “SALVO, SIEMPRE SALVO”: Otra enseñanza derivada del calvinismo (fruto natural de la doctrina de la perseverancia final de los santos) es la doctrina conocida como “una vez salvo, siempre salvo”. Esta doctrina enseña que cuando alguien llega a conocer a Cristo como su Salvador, es introducido en una relación con Dios que garantiza una salvación eternamente segura; por lo tanto, nada puede hacerle perder la salvación (Romanos 8:30, 8:33-34, 8:38-39). Obviamente, esta doctrina complace a la mente carnal, pues le da seguridad de salvación bajo cualquier condición. Sin embargo, aunque ciertos versículos sacados de contexto parecen confirmarla, esta enseñanza no es bíblica. Una persona que haya conseguido la salvación por haber demostrado fe en Jesús pudiera perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos invita “a contender ardientemente por la fe”; eso quiere decir que mantenerse fiel requiere un gran esfuerzo, pues “el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron (Judas 3, 5, LBLA). A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice: “si seguimos pecando a propósito después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ningún sacrificio que cubra esos pecados” (Hebreos 6:4-6, NTV). 2 Pedro 2:20-22 nos dice también: “Y cuando la gente escapa de la maldad del mundo por medio de conocer a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pero luego se enreda y vuelve a quedar esclavizada por el pecado, termina peor que antes. Les hubiera sido mejor nunca haber conocido el camino a la justicia, en lugar de conocerlo y luego rechazar el mandato que se les dio de vivir una vida santa. Demuestran qué tan cierto es el proverbio que dice: «Un perro vuelve a su vómito». Y otro que dice: «Un cerdo recién lavado vuelve a revolcarse en el lodo»” (Nueva traducción Viviente).
Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado (Romanos 11:17-22).

La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras que pertenecen a la oscuridad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3). Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). Los cristianos del siglo primero se alegraron mucho cuando se enteraron de que sus hermanos seguían siendo fieles. ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente?

El apóstol Pablo, cuyos escritos se usan para defender la doctrina calvinista del “salvo, siempre salvo”, ciertamente se oponía a dicha doctrina (2 Timoteo 4:6-8). Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió: “Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Corintios 9:27; LBLA). En otra ocasión afirmó: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14, Nueva Biblia al Día).

CONCLUSIÓN:
¿Cuál sería entonces nuestra conclusión acerca del calvinismo como doctrina y de las iglesias que lo practican? Aunque los consideramos nuestros hermanos en Cristo, no podemos pasar por alto los orígenes, desarrollo, historia y errores teológicos del calvinismo. Tampoco podemos permitir que dicha enseñanza se infiltre en nuestras congregaciones de forma sigilosa. Debemos denunciar los errores doctrinales del calvinismo.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, GRACIA DIVINA, Libre Albedrío

FACTS: Los 5 Puntos del Arminianismo.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
El arminianismo es una doctrina teológica concerniente a la gracia divina y a la salvación del hombre, que nació en el seno de la comunidad reformada de los Países Bajos, y de allí se extendió a otros países protestantes a fines del s. XVI y principios del XVII. El nombre proviene de Jacobo Arminio (Jacobo Armenszoon o Harmenszoon) también conocido por su nombre latinizado Jacobus Arminius).

Jacobo Arminio (Leiden, 19 de octubre de 1609) fue un pastor, catedrático y teólogo holandés, nacido en Oudewater el 10 de octubre de 1560, es decir, 4 años antes de la muerte de Calvino. Su padre, Herman, murió cuando Jacobo era un niño, dejando sola a su madre y a varios hijos. Un sacerdote, Teodoro Aemelius, lo adoptó y envió al pequeño a una escuela en Ultrech. En 1575, su madre fue asesinada durante la masacre de Oudewater, a manos de los soldados españoles. Luego de la tragedia, Arminio fue enviado a estudiar teología en la Universidad de Leiden por la compasión de los amigos, entre los que se encontraba Rudolph Snellius. Arminio permaneció en Leiden desde 1576 hasta 1582 logrando destacarse entre sus pares. Sus maestros más influyentes fueron Lambertus Danaeus, Johannes Drusius, Guillaume Feuguereius y Johann Kolman. Kolman creía y proclamaba que la ortodoxia calvinista convertía a Dios en un tirano caprichoso y un verdugo asesino. Bajo la influencia de este hombre, Arminio desarrolló una doctrina teológica que se enfrentaría a la rigidez calvinista.

Después de haber completado sus estudios bajo la tutoría de Theodore Beza, en Génova (Suiza) en 1582, fue llamado a tomar el pastorado en Ámsterdan para lo cual fue ordenado en 1588. Prontamente se ganó una buena reputación como pastor y fiel defensor de la doctrina. En 1590 se casó con Lijsbet Reael. Arminio, que vivió gran parte de su vida en medio de disputas teológicas, no solo con los calvinistas, sino también con otros movimientos teológicos de la época, finalmente enfermó y falleció en Leiden el 19 de octubre de 1609. Su conducta de vida nunca pudo ser reprobada, y sus seguidores lo tenían en gran estima, siendo respetado aún por sus detractores, a causa de su buen testimonio.

ARMINIO, LOS REMONSTRANTES Y WESLEY.

Arminio es el más conocido fundador de la escuela “anticalvinista” en la teología protestante reformada, de tal modo que su nombre dio origen al arminianismo, como denominación que representaba su ideología, aunque al principio sus seguidores eran llamados “remonstrants”, debido al célebre documento de cinco puntos en el que disentía con Calvino, llamado Remonstratioe (1560). Su teología no fue completamente desarrollada mientras vivió, sino que sus seguidores, se basaron en sus ideas para dar fuerza al movimiento.[1] Uno de los grandes admiradores de la doctrina arminiana fue Juan Wesley, el fundador del movimiento metodista, muchos años más tarde.

ARMINIANISMO EN EXPANSIÓN.

Las obras de Arminio (en latín) fueron publicadas en Leiden en 1629, y en Frankfort en 1631 y 1635. El arminianismo ha sido fuente inspiradora para muchos de los fundadores y predicadores en la época de los grandes avivamientos. Actualmente las tesis arminianas han llegado a tener aceptación entre cristianos de diferentes denominaciones de varios países. Denominaciones arminianas son las diferentes Iglesias metodistas (Iglesia Metodista Episcopal, Iglesia Metodista Unida, Iglesia Metodista Libre), las Asambleas de Dios, la Iglesia del Nazareno, el Ejército de Salvación (The Salvation Army), la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Wesleyana, la Iglesia de Dios, la mayoría de las Iglesias pentecostales, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las Iglesias de Cristo y otras del movimiento restauracionista, y los menonitas en su mayoría.[2] Muchos anglicanos (como C.S. Lewis), así como la Iglesia copta, la Iglesia ortodoxa y muchas otras del cristianismo histórico, creen en la libertad de la voluntad humana y que toda persona tiene la posibilidad de recibir salvación y que, una vez que recibe la salvación, también la puede perder.

ARMINIO, EL REFORMADO.

Aunque Jacobo Arminio es considerado el teólogo más famoso que aportó la Iglesia Reformada Holandesa, su fama es una gran ironía puesto que dicha iglesia era históricamente un bastión del calvinismo más ortodoxo y Arminio (en contradicción a ello) dio su nombre a un movimiento que se basó en la oposición a calvinismo histórico (el arminianismo) y esto a pesar de haber obtenido su preparación teológica a los pies de Teodoro de Beza, el sucesor de Calvino en Ginebra; de modo que su formación teológica fue profundamente calvinista. No obstante, en contraposición a Calvino, Arminio se opuso a la doctrina calvinista de la doble predestinación. Además, Arminio no quería que nadie pensara que Dios podía ser la causa del pecado y del mal tal como, indirectamente, enseña el calvinismo. Para él, tal pensamiento era la mayor blasfemia imaginable.

LA REMONSTRANCIA O PROTESTA ARMINIANA DE 1610.

La muerte de Arminio no provocó el fin del conflicto. En enero de 1610, un grupo de 46 ministros y dos catedráticos de la Universidad Estatal de Leyden para la educación de los predicadores, dirigidos por Johannes Wtenbogaert (1557-1644), resumieron sus puntos de vista sobre estos temas y presentaron su documento a los Estados. Las cinco proposiciones teológicas en los que revelaron sus puntos de vista llegaron a conocerse como “Los Cinco Artículos de Remonstrancia”. Dichas proposiciones teológicas expresaban un desacuerdo con la doctrina prevalente en Holanda de la doble predestinación supralapsariana (la creencia que Dios había decidido, incluso antes de la creación o la caída de Adán, que seres humanos en particular serían creados para salvación, mientras otros serían creados para condenación). Aquellos que los defendieron eligieron ser conocidos como “Remonstrantes”. La oposición se llamaba a sí misma “Contra-Remonstrantes”. Los cinco artículos de Remonstrancia o Protesta Arminiana de 1610 fueron:

ARTÍCULO 1: ACERCA DE LA ELECCIÓN

“Que Dios, por un propósito eterno e inmutable en Jesucristo, su Hijo, antes de la fundación del mundo, ha determinado, de la raza caída, pecaminosa de los hombres, salvar en Cristo, por causa de Cristo, y a través de Cristo, aquellos que por la gracia del Santo Espíritu creerán en este su Hijo Jesús, y perseverarán en esta fe y obediencia de fe, por esta gracia hasta el fin; y, por otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como alienados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna, y el que no cree al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece en él”, y según otros pasajes de la Escritura.

ARTÍCULO 2: ACERCA DE LA EXPIACIÓN

“Que, de acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, murió por todos los hombres y por cada hombre, de modo que ha obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, la redención y el perdón de los pecados; aun así, nadie realmente disfruta de este perdón de pecados, excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3:16: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”; y en la Primera Epístola de Juan 2: 2: “Y él es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los pecados del mundo entero”.

ARTÍCULO 3: LA DEPRAVACIÓN TOTAL DE LA HUMANIDAD

“Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que el, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo, Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer”.

ARTÍCULO 4: ACERCA DE LA GRACIA

“Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Hechos 7 y en otros muchos lugares.”

ARTÍCULO 5: SEGURIDAD EN CRISTO Y EL ESPÍRITU

“Que aquellos que están incorporados en Cristo por una fe verdadera, y de esta manera se han hecho partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por lo tanto pleno poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para ganar la victoria, siendo bien entendido que esto es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo les asiste por medio de su Espíritu en todas las tentaciones, extendiendo a estos su mano, y si sólo están listos para el conflicto y desean su ayuda, y no están inactivos, les impide caer, de modo que ellos por ninguna artimaña o poder de Satanás, pueden ser engañados, ni arrancados de las manos de Cristo, según la palabra de Cristo, Juan 10:28: “Nadie los arrebatará de mi mano”. Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros comienzos de su vida en Cristo, regresando nuevamente a este mundo malvado presente, de apartarse de la santa doctrina que les fue dada, de perder una buena conciencia, siendo desprovistos de gracia, eso debe ser determinado más particularmente de las Sagradas Escrituras antes de que puedan enseñar esto con la plena persuasión de sus mentes.

LA INTOLERANCIA CALVINISTA SE MANIFIESTA.

Finalmente, un sínodo fue convocado en noviembre de 1618 por la Iglesia Reformada Holandesa en la ciudad de Dordrecht, o Dort, para tratar el asunto. También asistieron teólogos reformados de ocho iglesias extranjeras (incluyendo la Iglesia de Inglaterra). El sínodo se reunió hasta mayo de 1619 y, después de un debate, condenó la posición de los Remonstrantes en términos que se convertirían en los famosos “Cinco Puntos del Calvinismo” (TULIP):

  • Depravación total de la humanidad, que a causa del pecado ha quedado en un estado de esclavitud.
    • Elección incondicional de los que han de ser salvos (y lógicamente también de aquellos que han de ser condenados), basada solamente en la libre gracia de Dios.
    • Expiación limitada, por la que la muerte de Cristo es eficaz solamente para los escogidos.
    • Gracia irresistible, que asegura la respuesta al evangelio de los que Dios ha escogido para salvación.
    • Perseverancia final otorgada a los que han sido escogidos, de manera que, aun pasando por periodos de tentaciones y caídas, no caen totalmente de la gracia salvadora.

A los Remonstrantes que habían asistido al sínodo se les dijo que cesaran de servir como ministros (estos estuvieron de acuerdo) y dejar de difundir sus doctrinas (estos se resistieron). Su protector político, Johan van Oldenbarnevelt (1547-1619), fue invitado con engaños a una reunión donde fue arrestado. Falsamente acusado de traición, fue decapitado poco después de que terminó el sínodo. Otro partidario, Hugo Grocio (que se convirtió en el padre del derecho internacional), fue condenado a cadena perpetua, pero logró escapar. A través de Holanda más de 200 pastores Remonstrantes fueron privados de sus posiciones y en algunos casos encarcelados o desterrados. La causa Remonstrante fue condenada y anatemizada por el odio calvinista.

La posición Remonstrante no sería legal en Holanda hasta 1795. Mientras tanto, el arminianismo (como se llamaba) vivió fuera de Holanda. Aunque el calvinismo trató de exterminarlo por la fuerza y el uso violento del poder estatal, la doctrina Remonstrante creció en influencia en la Iglesia de Inglaterra; y los primeros bautistas generales ingleses, especialmente Thomas Helwys (c.1575 al 1616), expresaron una versión más cercana a la de Arminio. Y un poco más de un siglo después, otro teólogo (Juan Wesley), que tampoco tuvo la intención de lanzar un movimiento, usaría el término para describir sus pensamientos sobre la predestinación.

FACTS: LOS 5 PUNTOS DEL ARMINIANISMO.

En contraposición al TULIP calvinista, los teólogos arminianos crearon el acrónimo FACTS (en inglés) para representar los 5 puntos del arminianismo clásico:

F – LIBERADO POR GRACIA PARA CREER: Es la Gracia Preveniente de Dios la que nos guía al arrepentimiento y a la fe, y nos concede la oportunidad de recibirle o rechazarle, la Gracia de Dios, esta gracia preveniente es para todo el mundo. Las Escrituras indican muy claramente que las personas tienen opciones y toman decisiones sobre muchas cosas (por ejemplo, Deuteronomio 23:16; 30:19; Josué 24:15; 2 Samuel 24:12; 1 Reyes 18:23, 25; 1 Crónicas 21; 10; Hechos 15:22, 25; Filipenses 1:22). Además, explícitamente habla del libre albedrío humano (Éxodo 35:29, 36: 3, Levítico 7:16, 22:18, 21, 23, 23:38, Números 15: 3, 29:39, Deuteronomio 12: 6, 17; 16:10; 2 Crónicas 31:14; 35: 8; Esdras 1: 4, 6; 3: 5; 7:16; 8:28; Salmo 119: 108; Ezequiel 46:12; Amós 4: 5; 2 Corintios 8: 3; Filemón 1:14; ver 1 Corintios 7:37) y atestigua que los seres humanos violan la voluntad de Dios, mostrando que él no predetermina su voluntad o acciones en el pecado. La biblia habla de una atracción divina resistible que busca llevar a las personas al Señor en arrepentimiento (Hechos 7: 51-53, Lucas 7:30, Juan 5:34, Hechos 3:26, Lucas 13:34; Ezequiel 24:13; Mateo 23:37; Romanos 2: 4-5; Zacarías 7: 11-14; Hebreos 10:29; 12:15; Judas 4; 2 Corintios 6: 1-2; Salmo 78: 40-42). El arminianismo sostiene el sinergismo evangélico, el cual defiende la cooperación del hombre con la gracia divina a través de la fe como necesaria para salvación (Marcos 16:16-18, Juan 3:36); la voluntad del hombre, por asistencia divina, es hecha libre para creer o rechazar a Cristo. Arminio afirmaba firmemente la necesidad de la gracia de Dios para la redención de todo ser humano, pero consideraba que la gracia puede ser rechazada por el hombre en su libre albedrío (Hechos 7:51).

A – EXPIACIÓN ILIMITADA: Cristo murió por toda la humanidad, pero su sacrificio es solo efectivo en los que creen. Referencias como Juan 1:29, 3:16, 6:33; Romanos 11:12, 15 y 1 Juan 2: 2 enseñan que la muerte de Jesús fue en favor de todo el mundo. El uso de este vocablo en estas referencias (entre otras) apunta a todas las personas constituyentes de la raza humana. Arminio consideraba que la expiación de Cristo es para todos y no sólo para algunos elegidos, aunque no todos la aceptan y por lo tanto no reciben sus beneficios (Juan 3:16, 3:36).

C – ELECCIÓN CONDICIONAL: El Señor nos escogió, eligió, en Cristo en base a su presciencia es decir bajo su conocimiento anticipado de todas las cosas. Dios es todo-amoroso y por eso ama a todos (Juan 3:16, Romanos 5: 8, Romanos 8: 35,38-39, 2 Corintios 5:14, Tito 3: 4-5, 1 Juan. 4:7-8, 10). Elegir arbitrariamente unos para la salvación y otros para la condenación niega aquel atributo moral divino. La oferta del Evangelio es universal; Dios desea que los oyentes (todos) del Evangelio sean salvos; la elección es condicional y la expiación es ilimitada; la predicación del Evangelio es gracia para todos perdidos. Por estas razones, es claro que sólo el arminianismo clásico puede anunciar el contenido de Ezequiel 33:11, 1 Timoteo 2: 4, 4:10, Tito 2:11 y 2 Pedro 3: 9; sin incurrir en una actuación fingida, pues predicarle a alguien el Evangelio, sin estar seguro de que Cristo murió por él, no es una predicación sincera, es una mera actuación. Frente al concepto calvinista de predestinación (o “elección”) incondicional, el arminianismo enseña que la predestinación se ha basado en la presciencia de Dios, quien tiene el conocimiento previo de quién creerá y quién no creerá en Cristo (Romanos 8:29, 1 Pedro 1:2). El arminianismo se opone a la postura calvinista, donde esta última enseña que algunos están predestinados para salvación y otros para perdición. Ante la pregunta de si existen personas que nacen condenadas al tormento eterno, incluso si se arrepienten y aceptan lo que hizo Jesús en la cruz, el arminianismo responde con claro y contundente no. Eso no armonizaría con el carácter de Dios; pues Él dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

T – TOTAL DEPRAVACIÓN: Incapacidad de ser salvos por medio de nuestras obras, ya que estamos muertos en nuestros delitos y pecados. El hombre fue creado “a imagen de Dios” (Génesis 1:17) y “Dios hizo al hombre recto” (Eclesiastés 7:29), dicen las Escrituras. Pero el hombre cayó (Génesis 3). El pecado de Adán afectó a toda la humanidad (Romanos 5:12-21, 1 Corintios 15:21-22). Desde la caída adámica, la humanidad pasó al estado de depravación total. El pecado, con su sombra, cubrió toda la existencia humana, cada área de ella. En Adán cada ser humano estaba presente de forma potencial, por eso, cuando él escogió el mal, sus descendientes heredaron el estigma del pecado.

S – SEGURIDAD EN CRISTO: La seguridad de nuestra salvación está en Cristo, solo apartados de él corremos el grave peligro de caer de la Gracia y por ende perder la salvación. El arminianismo enseña que la destitución de Dios por causa de la rebelión es posible a pesar de haber sido parte de Su pueblo elegido. La posición arminiana empieza desde la perdición y separación de Dios, del mismísimo Satanás. Habiendo sido él un querubín, ocupando el más alto rango angelical, puesto sobre los ángeles creados, conociendo a Dios íntimamente, habiendo sido parte de Su reino por milenios, no obstante, decide por su libre albedrío rebelarse contra el Creador (Isaías 14:12-15). Él junto con los ángeles que le siguieron, fueron destituidos de la gloria de Dios (Judas 1:6). Adán, habiendo sido creado y criado por Dios mismo hasta cierta edad, cuando él ya pudo valerse por sí solo, junto con Eva su mujer, deciden por esa libertad otorgada comer del fruto prohibido, trayendo sobre sí y sobre la humanidad el pecado y la destitución (Génesis 3:1-24, Romanos 5:12-21). El pueblo judío fue liberado de la esclavitud de Egipto, lo cual tipifica ser liberado del pecado. Sin embargo, por sus tendencias pecaminosas no heredaron la tierra prometida. Solo Caleb y Josué con los suyos y la segunda y tercera generación de judíos entró en ella (Números 13:1-14:38, Hebreos 3:7-4:11, Judas 1:5). Indiscutiblemente, si un número predeterminado de seres humanos ya estaba predeterminado para salvación como el calvinismo enseña, la venida de Jesús, el Hijo de Dios, no hubiese sido requerida. El pasado, presente y futuro son simultáneos para Dios. Él en su presciencia ya sabe quiénes lograron entrar en Su presencia, pero esto no se debe a un mero capricho suyo o a un destino prefijado e ineludible. Todos fuimos “predestinados” para salvación, es decir, con el objetivo de ser salvos. Pero eso no quiere decir que necesariamente todos seremos salvos, porque, aunque Dios nos predestinó para salvación, también nos dio libertad para salvarnos o perdernos: el libre albedrío. Por lo tanto, de acuerdo con la doctrina arminiana, es posible “caer de la gracia” y no es correcto pensar que los que ya recibieron la gracia nunca se perderán. Cabe destacar, sin embargo, que cuando se habla de perder la salvación, no es porque Dios la arrebata nuevamente después de haberla otorgado en Jesús, sino que es el mismo hombre quien la desecha una vez que rompe su comunión con Dios a través del pecado o la apostasía (Hebreos 6:4-9).

REFERENCIAS:

[1] McNeill, John T., Los Forjadores del Cristianismo, Volumen 2. Terrassa, España, CLIE, 1987.

[2] Wynkoop, M. B., Bases Teológicas de Arminio y Wesley, Casa Nazarena, Kansas City 1973.