Teología

El Triage Teológico

Por Fernando E. Alvarado

¿Hereje o hermano? ¿Dónde marcamos el límite? ¿En qué momento otro creyente cruza la línea entre la fe cristiana ortodoxa y la herejía? Es indiscutible que la Verdad de Dios debe ser defendida en cada punto y en cada detalle, pero los cristianos responsables deben determinar cuáles temas merecen el primer lugar de nuestra atención en un tiempo de crisis teológica. Muy probablemente, el concepto de triage teológico sea de utilidad en esta área.

El término triage o triaje es un neologismo que proviene de la palabra francesa “trier” que se define como escoger, separar o clasificar. Desde que este término comenzó a utilizarse en las batallas napoleónicas persiste como concepto de clasificación o priorización de la atención urgente de pacientes, dando prioridad de atención a los heridos de mayor gravedad. El término “triage teológico” fue acuñado por el Dr. Albert Mohler, quien haciendo uso de la premisa de clasificación médica del triage durante la guerra por los franceses, propone que teológicamente hay temas de la fe cristiana que deben ser priorizados por su gravedad o importancia.[1]

El Dr. Albert Mohler, teólogo histórico estadounidense, apologeta, catedrático y noveno presidente del Southern Baptist Theological Seminary en Lousville, Kentucky, afirmó:

“Viviendo en una época de mucha negación doctrinal y confusión teológica, los cristianos pensantes deben estar listos para el desafío de la madurez cristiana, aun en medio de esta emergencia teológica. Debemos poder separar estos asuntos con una mente entrenada y un corazón humilde, para así poder proteger lo que el apóstol Pablo llamó el “tesoro” que se nos ha sido confiado. Debido a la urgencia de este desafío, una enseñanza del salón de emergencia puede ayudarnos.”[2]

La negación doctrinal y la confusión teológica mencionada por el Dr. Mohler tiene dos expresiones principales. Cada una de ellas amenaza la salud espiritual y la unidad de la iglesia. Estas son: El minimalismo doctrinal y el aislacionismo teológico.

El minimalismo doctrinal está matando la iglesia por indiferencia, pervirtiendo la fe y amputando el Evangelio. El término minimalismo, en su ámbito más general, es la tendencia a reducir a lo esencial, a despojar algo de aquellos elementos que se consideran sobrantes. La frase que resume la filosofía minimalista es la famosa «menos es más» y, llevado al ámbito teológico, implica un desinterés o indiferencia doctrinal. El intento de eliminar todo aquello que incomode, choque o confronte al Evangelio con el mundo. Asimismo, busca crear una unidad artificial entre posturas contrarias, considerando toda diferencia teológica como irrelevante. El minimalismo doctrinal se hace evidente cuando oímos a cristianos menospreciar la doctrina diciendo cosas tales como: “Esto no importa realmente”, “No peleemos por este tema”, o “La doctrina solo divide” y el clásico “todas las religiones son iguales en sus aspectos esenciales”.

El lado opuesto al minimalismo doctrinal es el aislacionismo o separatismo doctrinal, y representa también una clara amenaza para la unidad de la iglesia. El separatismo doctrinal está presente en círculos fundamentalistas. Esto se debe a que el verdadero fundamentalismo cree erróneamente que todos los desacuerdos conciernen a las doctrinas de primer nivel. De esta forma, las doctrinas de segundo o tercer nivel se elevan a una importancia de primer nivel, generando una continua tensión entre creyentes con ideas distintas y provocando que aquellos que deberían considerarse “hermanos en la fe” permanezcan equivocada e irremediablemente divididos, por decir menos.

Para evitar ambos extremos, el ya mencionado triage teológico resulta sumamente útil, ya que pone nuestra atención en los temas primarios de la fe, dejando los asuntos secundarios en el lugar en el cual corresponden. El triage teológico sigo el modelo enseñado por el apóstol Pablo, quien dio prioridad a la proclamación del evangelio sobre la muerte de Jesús, su sepultura y su resurrección. Tales doctrinas constituían para Pablo el mensaje que él consideraba estar “en primer lugar” (1 Corintios 15:3). De la misma manera, los cristianos de hoy somos llamados a priorizar ciertos temas doctrinales por encima de otros de menor importancia.

Para lograr lo anterior, es conveniente dividir las creencias cristianas en tres tipos de doctrinas, con una categoría subsiguiente para cuestiones sobre las que no se requiere ni se prohíbe ninguna postura. Estas son:

  1. Doctrinas primarias
  2. Doctrinas secundarias
  3. Doctrinas terciarias
  4. Adiaphora (“cosas indiferentes”)

LAS DOCTRINAS PRIMARIAS

Las doctrinas primarias, o de primer nivel, representan las verdades más fundamentales de la fe cristiana, y una negación de estas doctrinas representa nada menos que una eventual negación del cristianismo mismo. Tales doctrinas incluyen la completa deidad y humanidad de Cristo, la Trinidad, la salvación por medio de la fe en Cristo, la autoridad e inspiración de las Escrituras, la Segunda Venida de Cristo, la resurrección corporal de los muertos y el juicio final, entre otras. En estas afirmaciones doctrinales debemos estar todos de acuerdo.

Un intento claro por identificar estas doctrinas primeras puede hallarse en el denominado Credo Apostólico. Escrito unos 300 años después del nacimiento de Cristo, el Credo de los Apóstoles resume las creencias cristianas fundamentales. Ha sido utilizado tanto como una declaración de fe, así como en la adoración por muchas denominaciones cristianas históricas. Dicho credo proclama:

“Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia universal, la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección del cuerpo; y la vida perdurable. Amén.”[3]

Difícilmente un verdadero hermano en la fe niegue estas doctrinas. Quizás un nuevo creyente tenga dificultades para entenderlas o no conozca cuán amplias son, pero ningún verdadero hijo de Dios rechazará estas verdades elementales para la fe. Como es de suponer, las doctrinas primarias separan a quienes son cristianos de sana doctrina de aquellos que no lo son. Quienes disienten en tales aspectos pueden ser considerados herejes, cismáticos o heterodoxos. La afirmación de tales doctrinas nos permite excluir de la fe cristiana ortodoxa a grupos heréticos como los testigos de Jehová, los mormones, la ciencia cristiana, los unitarios y otras sectas. Pero, al mismo tiempo, permite que creyentes con diferencias teológicas menores como pentecostales, bautistas, presbiterianos, metodistas y anglicanos puedan estrecharse la mano en señal de hermandad espiritual.

DOCTRINAS SECUNDARIAS

El conjunto de doctrinas secundarias se distingue del conjunto de doctrinas primarias por el hecho de que los verdaderos creyentes pueden estar en desacuerdo sobre ellas sin incurrir en herejía o ser considerados apóstatas de la fe. Si bien este desacuerdo creará límites importantes entre los creyentes, aún permite que éstos puedan ser considerados hermanos en Cristo y dignos de nuestra confraternidad. Cuando los cristianos se organizan en congregaciones y formas denominacionales, estos límites se hacen evidentes. No obstante, nadie es considerado hereje por disentir en cuanto a una doctrina secundaria. A este grupo de doctrinas pertenecen, por ejemplo: el modo de bautismo (inmersión o aspersión; credobautismo o paidobautismo), naturaleza y forma de celebrar la cena del Señor (transustanciación, consustanciación, etc.), los dones espirituales (continuismo o cesacionismo), la organización eclesiástica, las formas de alabanza, diversos entendimientos de los roles de género y el rol de la mujer en la iglesia (complementarianismo o igualitarismo) y la escatología (premilenialismo, amilenialismo, posmilenialismo). De hecho, ciertos elementos de la escatología incluso podrían considerarse de tercer orden, es decir, doctrinas terciarias.

DOCTRINAS TERCIARIAS

Los asuntos de tercer orden, o doctrinas terciarias, son doctrinas sobre las cuales los cristianos pueden estar en desacuerdo y permanecer en comunión cercana, incluso dentro de las mismas denominaciones o congregaciones locales. A esta categoría pertenecen los debates menores sobre escatología como la naturaleza del arrebatamiento o rapto de la iglesia (rapto pretribulacionista, midtribulacionista, postribulacionista, rapto preíra, rapto parcial, etc.). Esto se debe a que los cristianos que afirman el regreso corporal, histórico y victorioso del Señor Jesucristo pueden diferir en el orden o la secuencia de tales eventos sin romper la comunión de la iglesia. Asimismo, los cristianos pueden encontrarse en desacuerdo sobre cualquier número de cuestiones relacionadas con la interpretación de textos difíciles como el relato de la creación (creacionismo de tierra joven, creacionismo de tierra antigua, etc.) y muchos otros. Sin embargo, al estar unidos en asuntos de importancia más urgente, los creyentes pueden aceptarse unos a otros sin compromiso cuando se cuestionan asuntos de tercer orden.

ADIAPHORA

En el cristianismo, la adiáfora son asuntos que no se consideran esenciales para la fe, pero sin embargo son permisibles para los cristianos o permitidos en la iglesia. La conciencia del cristiano queda libre en cuanto a creencias y comportamientos generales dentro del ámbito de todo aquello que no sea contrario a la Palabra. En esta categoría se incluyen elementos culturales como el tipo de música, la vestimenta apropiada, regulaciones dietéticas (qué comer o no comer), estilos de adoración, uso del velo, etc.

UN LLAMADO AL EQUILIBRIO

El cristiano es llamado a mantener el equilibrio doctrinal, Un equilibrio sano y libre de fanatismo sectario o indiferencia. Como bien lo señala Gavin Ortlund, “cuando debamos separarnos formalmente de otros cristianos, debemos tener especial cuidado de que no haya en nuestro corazón desprecio, condescendencia, o sospecha indebida hacia ellos. Si ellos son el pueblo de Dios, ellos tienen Su favor y afecto, y por lo tanto deben tener los nuestros también. “Miren que no desprecien a uno de estos pequeñitos, porque les digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de Mi Padre que está en los cielos” (Mt. 18:10).”[4]

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES


[1] TCG, El Triage Teológico, disponible en: https://www.coalicionporelevangelio.org/video/que-es-el-triage-teologico/

[2] Albert Mohler, A Call for Theological Triage and Christian Maturity. Artículo disponible en inglés en: https://albertmohler.com/2004/05/20/a-call-for-theological-triage-and-christian-maturity-2

[3] Credo de los Apóstoles, disponible en: https://www.rca.org/es/about/theology/creeds-and-confessions/the-apostles-creed/el-credo-de-los-apostoles/

[4] Gavin Ortlund, When Should Doctrine Divide? Artículo disponible en inglés en: https://gavinortlund.com/2017/06/07/when-should-doctrine-divide/

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