Avivamiento Espiritual, Pentecostalismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

¿De verdad estamos en avivamiento?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

El 10 de noviembre de 1904, el Western Mail, un periódico del sur de Gales, reportó un inusual fenómeno religioso: “Una noche el entusiasmo… fue tan grande que después del sermón la vasta congregación permaneció por dos horas orando y cantando hasta las dos y media de la mañana siguiente. Los comerciantes cierran más temprano para alcanzar un lugar en la capilla, y los trabajadores de estaño y acero atestan el lugar con sus ropas de trabajo.” El último gran avivamiento religioso en Gales había comenzado, y no pararía hasta el verano de 1905. Su principal vocero, el joven predicador revivalista Evan Roberts[1], desencadenó una intensa reacción religiosa que sacudiría Gales: Cerca de 100.000 personas entregaron sus vidas a Cristo, las estadísticas de crimen en Gales cayeron de forma dramática, las iglesias estuvieron, por un tiempo, repletas. Pero también hubo consecuencias institucionales y organizacionales. El panorama religioso mundial estaba a punto de cambiar para siempre, la “Primavera del Espíritu” había llegado, y el avivamiento religioso que comenzó en Gales se extendería, contagiando al cristianismo estadounidense. Dicho avivamiento tendría su máxima expresión en la floreciente ciudad de Los Ángeles al año siguiente, con el Avivamiento de la Calle Azusa, el cual duró hasta cerca de 1912.

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El avivamiento de la calle Azusa enfatizó la obra del Espíritu Santo, los milagros y visiones, la santidad como estilo de vida, la sanidad divina y el don de hablar en otras lenguas. Para 1914, nuevas iglesias y denominaciones llamadas “pentecostales”, habían sido establecidas. El avivamiento religioso fue rechazado con altivez, siendo calificado como mero emocionalismo. Nadie imaginaba que, de aquel humilde principio, surgiría un movimiento que se extendería alrededor de todo el mundo, contribuyendo a la renovación del cristianismo global y transformando, como una fuerza imparable, el paisaje religioso de la época.

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¿CUÁNTO HA QUEDADO DE ESTE AVIVAMIENTO?

Las iglesias pentecostales nacieron producto de un avivamiento sin precedentes en la historia del cristianismo. De eso no hay duda. Pero, una cosa es haber nacido entre las llamas y otra muy diferente es mantenerse ardiendo. Por eso, cabe preguntarnos: ¿Cuánto de ese avivamiento original puede verse en nuestras iglesias pentecostales en el s. XXI? ¿Qué es en sí un avivamiento y cómo podemos medirlo?

A grandes rasgos, un avivamiento puede definirse como una visitación especial del favor de Dios donde Él derrama su gracia sobre creyentes e incrédulos. Esto trae como consecuencia la conversión de muchos que hasta ese momento no habían creído, un aumento de la santificación del pueblo de Dios, y cambios cuantificables en los estilos de vida de aquellos afectados por este mover. Los avivamientos han ocurrido de forma cíclica en la historia de la iglesia, generalmente en períodos en los cuales el pueblo de Dios ha caído en decadencia y frialdad espiritual, abandonando su primer amor. Fenómenos de este tipo pueden observarse en el libro de los Jueces, donde identificamos 7 ciclos en un período de aproximadamente 350 años en los cuales el pueblo de Israel se desviaba pecando contra Dios, era oprimido por otra nación, entonces clamaba a Dios y Él escuchaba, trayendo renovación y liberación a su pueblo, para luego volver a repetirse el ciclo.

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Ya en el Nuevo Testamento, pudiéramos considerar el primer avivamiento de la iglesia a partir del día de Pentecostés, donde después de la prédica de un solo sermón, 3,000 personas se convirtieron a Cristo (Hechos 2:41). Este avivamiento sobresale por ir acompañado de señales, prodigios y una manifestación extraordinaria de los dones espirituales. Desde la perspectiva pentecostal, está es la clase de avivamiento que anhelamos: La misma que se dio en Pentecostés, en Gales y en la Misión de la Calle Azusa.

¿Puede verse esto hoy en día en nuestras iglesias? Si y no. Ciertamente, Dios sigue siendo el mismo y la experiencia pentecostal vino para quedarse. La promesa del Padre no ha sido, ni será nunca, retirada de la iglesia del Señor: “Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para los que están lejos, es decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios” (Hechos 2:39, NTV). No obstante, debemos admitir con honestidad que el fenómeno pentecostal no ocurre en igual medida en todas nuestras congregaciones, ni en la misma magnitud que en el pasado. Según estudios internos de algunas de las principales denominaciones pentecostales, se estima que solo entre el veinte y el treinta por ciento de aquellos que asisten a iglesias pentecostales o carismáticas han experimentado el fenómeno conocido como bautismo o llenura del Espíritu Santo. En algunos países la cifra es aún menor. El diagnóstico es claro: Algo anda mal en nuestras iglesias. El avivamiento en las iglesias pentecostales va en caída libre.

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¿CÓMO DETERMINAMOS SI HAY UN AVIVAMIENTO REAL EN NUESTRAS IGLESIAS?

Para muchos pentecostales, estar en avivamiento significa simplemente ruido: música con buen ritmo, aplausos, gritos de amén y aleluyas, danzas, coreografías bien elaboradas, horas y horas de canto frenético, predicadores gritones, estadios llenos, asistencia numerosa los domingos, etc. Pero, ¿Son estos los distintivos de una iglesia en avivamiento? Para algunos pentecostales modernos quizá sí, pero no de acuerdo con la Biblia. ¿Cuáles son entonces las características de una iglesia en avivamiento?

Al analizar la iglesia neotestamentaria, la cual sin duda era una iglesia en avivamiento, podemos notar ciertas características. Estas han acompañado cada avivamiento importante a lo largo de la historia de la iglesia:

(1.- LA CENTRALIDAD DE LA PALABRA: Si hay algo que podemos decir de todo avivamiento es que la Palabra ha tenido una centralidad poco vista en muchas de las iglesias de nuestros días. En su sermón del día de Pentecostés, Pedro no fundó su mensaje en ideas humanas, filosofías de hombres o corrientes de moda. La Palabra de Dios ocupó el lugar central en su predicación (Hechos 2:16-21; 2:25-28; 2:34-35). Lo mismo puede decirse no solo de los sermones de Pedro, sino también de las predicaciones de otros líderes de la iglesia primitiva (Hechos 3:22-25; 7:1-53; 8:32-33, etc.).

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(2.- MENSAJES CRISTOCÉNTRICOS Y CRUZCÉNTRICOS: Cuando revisamos el sermón que Pedro predicó el día de Pentecostés, nos percatamos que fue un mensaje cristocéntrico y cruzcéntrico. Cristo, y este crucificado, fue el hilo conductor de su mensaje (2:22-24; 2:29-33). ¿Se parece esto a los mensajes motivacionales, moralistas o incluso legalistas que resuenan hoy en día en nuestras iglesias? ¿Hablamos de Cristo, su vida perfecta y su muerte sustitutiva en todos nuestros sermones? El mensaje predicado por los primeros cristianos no consistía en palabras de ánimo, consejería, psicología, liderazgo o mentoreo. No. El mensaje de la Iglesia era simple: Jesús murió y resucitó por el hombre pecador para que éste pudiese ser reconciliado con Dios: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42)

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(3.- CONFRONTACIÓN DEL PECADO: La predicación durante los momentos de avivamiento ha sido osada, atrevida, confrontadora de la pecaminosidad del hombre. El discurso de Pedro tampoco fue la excepción en esta área. Él confrontó a los judíos con su pecado de forma osada (Hechos 2:36-40). Lo mismo hizo Esteban (Hechos 7), Pablo (Hechos 24:24-25) y muchos otros.

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(4.- UN DESPERTAR HACIA LA SANTIDAD DE DIOS: La predicación contra el pecado ha ido acompañada de una exaltación de la santidad de Dios; pues nosotros no podemos ver toda nuestra pecaminosidad hasta no haber visto la santidad de Dios por lo que verdaderamente es (Hechos 5:1-11; 1 Pedro 1:16).

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(5.- UN GRAN NÚMERO DE NUEVAS CONVERSIONES Este mensaje era sumamente efectivo produciendo conversiones masivas de 3.000 a 5.000 hombres (Hechos 2:41; 4:4). El crecimiento de la Iglesia era sostenido y exponencial. Era algo innegable. Todo el pueblo de Jerusalén lo reconocía. El libro de Hechos nos enseña que el Señor mismo “añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Y también nos dice: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14).

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(6.- CAMBIOS EN LOS ESTILOS DE VIDA DE PERSONAS, POBLADOS, E INCLUSO CIUDADES: La predicación de la Palabra en el poder del Espíritu Santo transforma vidas, induce al cambio y nos lleva al abandono del pecado y las viejas prácticas (Hechos 19:19)

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(7.- PERSONAS PARTICULARES USADAS POR DIOS: Todo avivamiento ha requerido de personas dispuestas a dejarse usar por Dios, dispuestas a pagar el precio del discipulado aun cuando esto les cueste la vida o los lleve a experimentar persecución y rechazo (Hechos 13:1-3)

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(8.- SEÑALES, MILAGROS Y EJERCICIO DE LOS DONES ESPIRITUALES: La mano de Dios estaba sobre la Iglesia y hechos sorprendentes y sobrenaturales acontecían con regularidad. El Fuego que habían recibido del Espíritu en el día de Pentecostés no se apartaba de ellos, al contrario, éste era su combustible espiritual para siempre avanzar. El testimonio de los apóstoles y los primeros creyentes era acompañado de “señales, prodigios y milagros”, hechos que confirmaban y testificaban la veracidad y poder del mensaje que predicaban (Hechos 5:15; 19:12)

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La Biblia es clara al señalar las evidencias de un verdadero avivamiento. Desafortunadamente, hoy impera un concepto nada bíblico de lo que es un avivamiento real. Hoy en día se tiende a usar la palabra avivamiento simplemente cuando vemos a muchas personas acudir a una iglesia, pero donde muchas veces no encontramos ni la centralidad de la Palabra de que hablamos, ni el mensaje Cristo y Cruzcéntrico, ni la confrontación del pecado, ni el temor reverente hacia la santidad de Dios. Llamar avivamiento a algo que carece de las características anteriores no es consistente con las visitaciones especiales de Dios en los últimos 2,000 años. Tener una megaiglesia no es señal de avivamiento, tener una banda profesional tocando cada domingo tampoco. Luces, humo, zapateos y gritería, el volumen con el que gritas… ¡Nada de eso es avivamiento! Necesitamos reevaluar nuestra misma definición del término.

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CONCLUSIÓN

Dios desea iglesias en avivamiento. Iglesias que ardan en el poder del Espíritu Santo. Pero para ello es necesario devolver la Palabra a su honroso lugar dentro de la iglesia. Es necesario renovar nuestra predicación y poner a Cristo y el mensaje de la cruz en el centro de nuestra predicación. Necesitamos predicaciones que confronten el pecado y exalten la santidad de Dios. Solo así las almas vendrán a los pies de Cristo y serán transformadas. Cuando esto se logre las señales y milagros nos seguirán sin necesidad de buscarlos, pues son nuestra herencia y nuestra promesa. Entonces, y solo entonces, el anhelado avivamiento será una realidad en nuestras iglesias.

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REFERENCIAS:

[1] Evan John Roberts (1878–1951), minero y predicador metodista galés, nació en Island House, Bwlchymynydd, el 8 de junio de 1878 y murió en Hillside, Tŷ Gwyn Road, Cardiff, el 29 de enero de 1951. Figura destacada del Avivamiento galés ocurrido entre el otoño de 1904 y el verano de 1905.

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