Dispensacionalismo, ESCATOLOGÍA, Postribulacionismo, Premilenarismo Histórico

La construcción del Tercer Templo y la apostasía futura de la Iglesia según el premilenarismo histórico

Por Fernando E. Alvarado

La construcción del ‘Tercer Templo’ está en el corazón mismo del dispensacionalismo. Los dispensacionalistas creen que la construcción de un tercer templo judío en Jerusalén es una señal profética de la Biblia, que anuncia el fin del mundo. El Tercer Templo también está asociado con la Segunda Venida de Jesucristo y se cree que la Bestia lo profanará antes de la venida de Cristo y el Milenio. Esta importancia desmedida que el dispensacionalismo le otorga a la construcción de un nuevo templo judío es, sin embargo, rechazada por otros sistemas de interpretación escatológica, entre ellos el amilenarismo, el posmilenialismo y el premilenarismo histórico, clásico o apostólico.

A diferencia del dispensacionalismo (nacido apenas en el s. XIX), el premilenarismo histórico (que puede trazar su origen en las creencias de la iglesia primitiva) no le concede a la construcción de un templo físico la importancia que adquiere en la teología dispensacionalista. De hecho, el premilenarismo histórico le otorga un significado diferente. ¿Qué enseña el premilenarismo histórico sobre este tema? En el Nuevo Testamento resulta más que evidente que el templo de Jerusalén deja de ostentar la relevancia que hasta ese momento había tenido en el elaborado ritual judío de ofrendas, sacrificios y holocaustos, conservando tan sólo su función principal de “casa de oración” (Isaías 56:7). Este cambio no es, sin embargo, abrupto sino progresivamente anunciado y documentado, en primer lugar por Salomón y el profeta Isaías:

“Pero ¿será posible, Dios mío, que tú habites en la tierra? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!” (1 Reyes 8:27)

“Así dice el Señor: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden construir? ¿Qué morada me pueden ofrecer?” (Isaías 66:1)

Y por el mismo Señor Jesús: “… ─Destruyan este templo ─respondió Jesús─, y lo levantaré de nuevo en tres días. ─Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días? Pero el templo al que se refería era su propio cuerpo… se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre… se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” (Juan 2:19-21; 4:19-24).

Nuevas condiciones que fueron ratificadas así por Esteban: “Sin embargo, el Altísimo no habita en casas construidas por manos humanas” (Hechos 7:48); y por el apóstol Pablo: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres” (Hechos 17:24), concluyendo con la revolucionaria doctrina según la cual somos los creyentes quienes hemos sido ahora constituidos, individual y colectivamente en la iglesia, como templos del Espíritu Santo:

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?… ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños” (1 Corintios 3:16; 6:19)

Y añade: “Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16), dando lugar al Nuevo Pacto de gracia en la era del Espíritu iniciada en Pentecostés, que brinda acceso a Dios a todos sin restricciones de tiempo ni de lugar, cuando acudimos a Él con un corazón contrito en el interior de nuestro ser mediante la fe en la persona de Cristo, gracias a la presencia permanente del Espíritu en los suyos; feliz cambio de condiciones sancionado por Dios en la historia con la destrucción definitiva del templo de Jerusalén por los romanos en el 70 d.C. y su imposibilidad de ser reconstruido por el pueblo judío hasta nuestros días, como ha sido su intención y deseo, en la misma explanada del hoy llamado “muro de los lamentos” y en el lugar dónde se encuentra actualmente erigida la mezquita conocida como “La cúpula de la roca”.

¿Construirá Israel un Tercer Templo antes de la Segunda Venida de Cristo? Quizá si, Quizá no. Pero ¿Qué importa? Al premilenarismo histórico la construcción de un tercer templo en Jerusalén le es indiferente pues, a diferencia del dispensacionalismo, el premilenarismo clásico no considera a Israel como el reloj de Dios en ninguna manera. ¿Por qué? ¿Acaso no es esta una doctrina clave del dispensacionalismo? Sí, pero no del premilenarismo clásico. Resulta curioso que si bien Jesús profetizó la destrucción de la ciudad de Jerusalén por los romanos (Marcos 13; Lucas 21; Mateo 24), él nunca dijo nada sobre la reconstrucción de esa ciudad, y mucho menos del establecimiento de un futuro estado israelí o de un tercer templo. Según la versión de Lucas, después de su destrucción “Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su fin.” (Lucas 21:24, NTV), A eso sigue, en los tres evangelios sinópticos, no un estado israelí sino el retorno de Cristo. Esto es muy significativo, pues indica que, si bien el regreso de los judíos al territorio palestino anticipa el pronto fin de los tiempos de los gentiles, jamás señala a un Estado político de Israel que goce de algún estatus privilegiado ante Dios o que sea, en algún sentido, el reloj profético de Dios.

La Biblia menciona que algunos eventos de los últimos tiempos ocurrirán en un templo en Jerusalén. Daniel 9:27 nos habla de la profanación del templo por Antíoco Epífanes en el período macabeo. Mateo 24:15 profetiza la destrucción y profanación de este a manos del ejército romano. Y 2 Tesalonicenses 2:4, hablando del anticristo, nos dice, “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.  ¿A cuál templo se refería Pablo? Pablo ciertamente no aludía a la restauración del viejo ritual judío con su templo y su sistema sacrificial. ¿Cómo lo sabemos? Porque en el Nuevo Testamento se nos dice repetidamente que el sistema de adoración mosaico, con sus templos, ritos y ceremonias, ha caducado: “Cuando Él dijo: Un nuevo pacto, hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:13, NBLA). Esto es enseñado con claridad en Hebreos 9 y el resto de la carta a los Hebreos.

Entonces, ¿Cuál es el templo futuro en el cual se el anticristo venidero se sentará “en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”? De acuerdo con el premilenarismo histórico es la iglesia. El Nuevo Testamento explica que somos el templo de Dios. El templo en el Antiguo Testamento era una sombra de lo que sería la Iglesia. El Señor mora en nosotros, no en un edificio (ni siquiera en uno construido en Jerusalén). Estos son algunos versículos que hablan esto:

“Jesús le respondió: ‘Si alguien me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada’”. (Juan 14:23)

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” (1 Corintios 3:16)

“¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos?” (1 Corintios 6:19)

“Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: ‘Habitare en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo’” (2 Corintios 6:16)

Así pues, en el premilenarismo histórico, la iglesia es el templo final que será profanado por el anticristo. Pero ¿Cómo es esto posible? A través de la apostasía. Pablo afirma: “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él… Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” (2 Tesalonicenses 2:1-4).

La apostasía en el Nuevo Testamento viene de la palabra griega ἀποστασία que se lee de manera idéntica en español. Literalmente significa “apartarse de la posición en que estaba”.  Este apartamiento tiene una connotación negativa que implica “deserción”, es decir, abandonar las obligaciones, creencias o ideales. El apóstol Pablo usa este término para referirse a un período de la historia escatológica en que habrá engaño doctrinal, moral y espiritual generalizado que traerá un renegar o “apostatar” contra Dios de muchos que se hacían llamar cristianos dentro de la iglesia (2 Tesalonicenses 2:3). Como bien lo señalara Juan Calvino, “la sede de la abominación que [Pablo] menciona se levantará en el momento en que se produzca una rebelión universal en la Iglesia. No obstante, muchos miembros individuales, dispersos por aquí y por allá, no dejarán de perseverar en la unidad de la verdadera fe”.[1] Lo que se hará evidente es la presencia del trigo y la cizaña en la iglesia, tal como fue profetizado por nuestro Señor Jesucristo (Mateo 13:24-30).

Esta apostasía, la abominación desoladora en el lugar donde no debe estar (la iglesia, el templo de Dios) ocurrirá cuando la fe de los padres —fe a la cual los hijos se adhieren por un tiempo de una manera meramente formal— será finalmente abandonada del todo por muchos de los creyentes de la última generación antes de la venida de Cristo. En este sentido la apostasía será muy real. De una manera general, la iglesia visible abandonará la verdadera fe.[2] La iglesia visible, hablando de la iglesia institucional y reconocida en la sociedad como cristiana se rebelará contra Dios. ¿Es esto posible? Claro que sí. Esa rebelión y apartamiento doctrinal y espiritual de la iglesia ya la hemos estado viendo en ejecución desde hace mucho tiempo, pero se magnificará exponencialmente en el futuro.

¿Significa esto que el premilenarismo clásico cree en una iglesia que será derrotada? No. Por el contrario. Si continuemos leyendo la carta que Pablo escribe a los tesalonicenses notaremos que, luego de hablar de la tremenda y dolorosa apostasía futura, él mismo tiene palabras de esperanza y garantía de salvación para los creyentes cuando les muestra lo que Dios tiene para ellos y lo que el Señor espera de nosotros:

“Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Fue para esto que Él los llamó mediante nuestro evangelio, para que alcancen la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estén firmes y conserven las doctrinas que les fueron enseñadas, ya de palabra, o por carta nuestra” (2 Tesalonicenses 2:13-15).

El premilenarismo histórico afirma, en concordancia con la Biblia, que, aunque temporalmente se le permitirá al diablo “hacer guerra contra los santos, y vencerlos” y el maligno recibirá “autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Apocalipsis 13:7), tenemos la firme esperanza de que “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13).

REFERENCIAS:


[1] 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐂𝐚𝐥𝐯𝐢𝐧𝐨, 𝐈𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐥𝐢𝐠𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐚 (𝐆𝐫𝐚𝐧𝐝 𝐑𝐚𝐩𝐢𝐝𝐬, 𝐌𝐢𝐜𝐡𝐢𝐠𝐚𝐧: 𝐋𝐢𝐛𝐫𝐨𝐬 𝐃𝐞𝐬𝐚𝐟𝐢́𝐨, 𝟐𝟎𝟏𝟐) 𝐩. 𝟗𝟖𝟐.

[2] 𝐖𝐢𝐥𝐥𝐢𝐚𝐦 𝐇𝐞𝐧𝐝𝐫𝐢𝐤𝐬𝐞𝐧, 𝐂𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐚 𝟏 𝐲 𝟐 𝐓𝐞𝐬𝐚𝐥𝐨𝐧𝐢𝐜𝐞𝐧𝐬𝐞𝐬 (𝐆𝐫𝐚𝐧𝐝 𝐑𝐚𝐩𝐢𝐝𝐬, 𝐌𝐢𝐜𝐡𝐢𝐠𝐚𝐧: 𝐒𝐋𝐂, 𝟏𝟗𝟖𝟎) 𝐩. 𝟏𝟗𝟔.

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