Gobierno Humano

El cristiano y la desobediencia civil.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

La desobediencia civil se define como un acto público no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido habitualmente con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno. Es decir, la desobediencia civil implica la violación de una ley mediante una acción, generalmente pacífica, destinada a ser contemplada por la ciudadanía y la clase política. Su finalidad es generar una reflexión colectiva capaz de tumbar la ley injusta, concienciando a los ciudadanos sobre el mal que provoca e invitándoles a movilizarse para acabar con ella. La ley que se incumple puede ser directamente la que se combate (por ejemplo, acoger a un inmigrante sin papeles cuando hay una ley que lo prohíbe). Pero también se puede incumplir una ley distinta de la que se quiere derogar, usando dicho incumplimiento como instrumento para combatir la ley injusta (por ejemplo, cortar una carretera ilegalmente para detener un autobús que lleva a la deportación a un grupo de inmigrantes sin papeles, y ello con el fin de denunciar la ley en virtud de la que se les deporta). En tal sentido, la desobediencia civil implica el derecho ciudadano a desobedecer una ley que considera injusta. Y es que la desobediencia civil se ampara en el ejercicio de tres derechos fundamentales reconocidos en la generalidad de constituciones:

(1.- LIBERTAD DE EXPRESIÓN: El ciudadano que practica la desobediencia civil ejerce su libertad de expresión por cuanto busca transmitir un mensaje de denuncia contra la ley injusta.

(2.- LIBERTAD DE CONCIENCIA: También ejerce su libertad de conciencia, pues la ley choca contra sus principios éticos más elementales y siente la necesidad moral de combatirla, ya que permanecer quieto ante la injusticia es incompatible con su conciencia.

(3.- PARTICIPACIÓN POLÍTICA: Finalmente, la desobediencia civil se ampara en la participación política, pues al ejercerla el ciudadano busca participar en los asuntos públicos mejorando la realidad social a través de la denuncia de una ley que viola los derechos de sus semejantes.

I.- EL DILEMA CRISTIANO FRENTE A LA DESOBEDIENCIA CIVIL:

El emperador de Roma desde el año 54 al 68 fue Nerón Claudio César Augusto Germánico, también conocido simplemente como Nerón. El emperador no era conocido por ser una persona piadosa y participó en una variedad de actos ilícitos, siendo el matrimonio homosexual uno de ellos. En el año 64 d.C, ocurrió el gran incendio de Roma, siendo Nerón mismo el sospechoso del incendio. En sus escritos, el senador e historiador romano Tácito registró: “…Para deshacerse del informe [que él había iniciado el fuego], Nerón sujetó la culpa e infligió las torturas más exquisitas en una clase odiada por sus abominaciones, que el pueblo llamaba cristianos…” (Anales, XV).

Fue durante el reinado de Nerón que el apóstol Pablo escribió su epístola a los romanos. Mientras que uno podría esperar que él alentara a los cristianos de Roma para que se levantaran contra el Gobierno que los oprimía, él en el capítulo 13 escribe:

“…Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra…” (Romanos 13:1–7).

Incluso bajo el reinado de un emperador cruel y sin dios, Pablo, escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo, les dice a sus lectores que estén en sujeción al gobierno. Además, afirma que no existe una autoridad distinta de la que fue establecida por Dios, y que los gobernantes están sirviendo a Dios en sus cargos políticos. Pedro escribe casi lo mismo en una de sus dos cartas del Nuevo Testamento:

“…Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey…” (1 Pedro 2:13-17).

Tanto las enseñanzas de Pablo y de Pedro, han dado lugar a un buen número de preguntas de los cristianos donde se refiere a la desobediencia civil. ¿Pablo y Pedro quieren decir que los cristianos siempre tienen que someterse a cualquier cosa que el gobierno ordene, sin importar lo que se les pida?

II.- POSTURAS EN RELACIÓN CON LA DESOBEDIENCIA CIVIL:

Hay al menos tres posiciones generales sobre el tema de la desobediencia civil:

(A.- ANARQUISTA: El punto de vista anarquista dice que una persona puede elegir desobedecer al gobierno cuando quiera y cuando se sienta personalmente justificado para hacerlo. Tal postura no tiene base bíblica alguna, como se evidencia en los escritos de Pablo en Romanos 13.

(B.- PATRIÓTICA EXTREMISTA: El patriota extremista dice que una persona debería siempre seguir y obedecer a su país, sin importar la orden. Esta idea tampoco tiene base bíblica. Además, no está apoyada en la historia de las naciones.

(C.- SUMISIÓN BÍBLICA: La posición que las escrituras defienden es la posición de la sumisión bíblica, con el permiso que se le da al cristiano de actuar en desobediencia civil al gobierno si este ordena algo perverso, de tal modo que se obligue a un cristiano a que actúe en una forma que es contraria a las claras enseñanzas y requisitos de la palabra de Dios.

III.- LA DESOBEDIENCIA CIVIL EN LAS ESCRITURAS:

La Biblia contiene varios ejemplos de desobediencia civil justificada:

(1.- LAS PARTERAS Y FARAÓN: En Éxodo 1, el faraón egipcio dio la orden clara a dos parteras hebreas de que tenían que matar a todos los judíos varones recién nacidos. Una patriota extrema habría ejecutado la orden del gobierno, sin embargo, la biblia dice que las parteras desobedecieron al faraón y “temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños” (Éxodo 1:17). La biblia dice que las parteras mintieron al faraón acerca de por qué estaban dejando que los niños vivieran; aunque a pesar de que mintieron y desobedecieron a su gobierno, “Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, Él prosperó sus familias” (Éxodo 1:20-21).

(2.- RAHAB: En Josué 2, Rahab directamente desobedeció una orden del rey de Jericó para preparar los espías israelitas que habían entrado en la ciudad para obtener información para la batalla. En su lugar, ella los hizo descender con una cuerda para que pudieran escapar. Aunque Rahab había recibido una orden clara de un alto funcionario del gobierno, ella se resistió a la orden y libró su vida de la destrucción de la ciudad cuando Josué y el ejército israelí la destruyó.

(3.- SAÚL. JONATÁN Y EL PUEBLO DE ISRAEL: El libro de 1 Samuel registra una orden dada por el rey Saúl durante una campaña militar donde nadie podía comer hasta que Saúl hubiera ganado su batalla con los filisteos. Sin embargo, Jonatán el hijo de Saúl, quien no había escuchado la orden, comió la miel para refrescarse a sí mismo de la dura batalla que el ejército había librado. Cuando Saúl se enteró, ordenó que su hijo muriera. Sin embargo, el pueblo se resistió a Saúl y a su orden y libraron de morir a Jonatán (1 Samuel 14:45).

(4.- ABDÍAS: Otro ejemplo de desobediencia civil de acuerdo con la sumisión bíblica se encuentra en 1 Reyes 18. Este capítulo introduce brevemente un hombre llamado Abdías que “temía grandemente al Señor”. Cuando la reina Jezabel mataba a los profetas de Dios, Abdías tomó cien de ellos y los ocultó de ella para que pudieran vivir. Ese acto constituye un claro desacato a los deseos de la autoridad gobernante.

(5.- EL CASO DE JOÁS: En 2 de Reyes, se registra la única rebelión aparentemente aprobada contra un funcionario del gobierno. Atalía, la madre de Ocozías, empezó a destruir la descendencia real de la casa de Judá. Sin embargo, Joás el hijo de Ocozías, fue llevado por la hija del rey y lo ocultó de Atalía, para que el linaje se preservara. Seis años más tarde, Joiada reunió hombres en torno a él, declaró a Joás como rey y mataron a Atalía.

(6.- LOS JÓVENES HEBREOS Y DANIEL: Daniel registra varios ejemplos de desobediencia civil. La primera se encuentra en el capítulo 3 donde Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron a adorar la estatua de oro en desobediencia a la orden del rey Nabucodonosor. La segunda está en el capítulo 6, donde Daniel desafía el decreto del rey Darío de no orar a nadie más que al rey. En ambos casos, Dios rescató a Su pueblo de la pena de muerte que se había impuesto.

(7.- PEDRO Y JUAN: En el nuevo testamento, el libro de los Hechos registra la desobediencia civil de Pedro y Juan hacia las autoridades que en ese momento estaban en el poder. Después que Pedro sanó a un hombre cojo de nacimiento, Pedro y Juan fueron arrestados por predicar acerca de Jesús y fueron puestos en la cárcel. Las autoridades religiosas estaban decididas a que no enseñaran acerca de Jesús; sin embargo, Pedro dijo, “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20). Más tarde, los gobernantes confrontaron a los apóstoles nuevamente y les recordaron la orden de no enseñar acerca de Jesús, pero Pedro respondió, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

(8.- DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN: Un último ejemplo de la desobediencia civil se encuentra en el libro del Apocalipsis, donde el anticristo ordena a todos aquellos que están vivos durante los tiempos finales que adoren una imagen de sí mismo. Pero el apóstol Juan, quien escribió Apocalipsis, dice que aquellos que se convierten en cristianos en ese momento, desobedecerán al anticristo y a su gobierno y se negarán a adorar la imagen (Apocalipsis 13:15), así como los compañeros de Daniel violaron el decreto de Nabucodonosor para adorar a su ídolo.

CONCLUSIÓN:

Las directrices para la desobediencia civil de un cristiano se pueden resumir así:

  • Los cristianos deben resistir un gobierno que obliga o impone la maldad y deben trabajar en forma no violenta dentro de las leyes de la tierra para cambiar un gobierno que permite el mal.
  • La desobediencia civil está permitida cuando las leyes o las órdenes del gobierno constituyen una violación directa de las leyes y mandatos de Dios.
  • Si un cristiano desobedece un gobierno perverso, a menos que pueda escapar del gobierno, debería aceptar el castigo del gobierno por sus acciones.
  • A los cristianos ciertamente se les permite trabajar para instalar nuevos líderes del gobierno en el marco de las leyes que se han establecido.

Por último, a los cristianos se les manda orar por sus dirigentes y para que Dios intervenga en Su momento para cambiar cualquier camino impío que estén siguiendo: “…Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad…” (1 Timoteo 2:1-2).

Gobierno Humano

¿Es Dios quien quita y pone gobernantes?

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

Dios reclama que nos sujetemos al principio de autoridad, pero no reclama que nos sujetemos sin juicio crítico a todo gobernante que se sienta en el sillón de la autoridad. Romanos 13 ha sido para muchos una barrera infranqueable para poder presentar posiciones críticas ante gobiernos, para enfrentarse a decisiones de organismos públicos, para tener una participación política responsable, o para introducirse siquiera en los caminos de la política. El razonamiento es: “tenemos el mandato de someternos a los gobernantes, porque esos gobernantes, sean buenos o malos, corruptos o no, violentos o no, respetuosos de los derechos humanos o no, justos o injustos, han sido establecidos por Dios y hay que someterse a ellos, porque si nos enfrentamos, nos estamos resistiendo a lo establecido por Dios y acarreamos condenación”. Lo cierto es que, en algunos casos, cuando el gobernante de turno abusa de su poder para imponer la injusticia y la arbitrariedad, esa forma de pensar choca insoportablemente con nuestra fe y nos crea problemas de conciencia.

​​I.- PROBLEMAS DE CONCIENCIA:

¿Debemos entonces quedarnos de brazos cruzados frente a las violaciones de libertades democráticas fundamentales por parte del gobernante? Muchos hermanos siguen diciendo que sí, que eso está en las manos de Dios y no nos toca a nosotros cuestionarlo. Pero claro, cuando esas violaciones afectan a la libertad para predicar el Evangelio, entonces tenemos un problema, y muchos hermanos entienden entonces que Romanos 13 tiene excepciones y apelan a Hechos 5.29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. Sin embargo, cuando reconocemos excepciones surge un problema: ¿Dónde situamos el límite? ¿Qué es normativo y qué es excepción? ¿Nos quedamos tan tranquilos diciendo que impedir la predicación del Evangelio es una excepción, pero no lo es el asesinato de civiles, las humillaciones, las violaciones, la corrupción? ¿Acaso nos repugnan estos menos? ¿Acaso le repugnan menos a Dios? Y tenemos otro problema: ¿A qué autoridad hay que obedecer? Porque hay situaciones en las que no es fácil decidirlo: En el siglo XIX, por ejemplo, ¿Cuál era la autoridad establecida por Dios en Latinoamérica? ¿Acaso no era el gobierno español? ¿Acaso era legítimo oponerse a aquella autoridad establecida por Dios? ¿Fueron entonces desobedientes a la Palabra los cristianos que participaron activamente en las insurrecciones independentistas? Y, si hablamos de la actualidad, ¿Acaso el gobierno venezolano no ha sido establecido por Dios? ¿Y el de Nicaragua y Cuba? ¿Deben los hermanos venezolanos, nicaragüenses y cubanos someterse a las arbitrariedades e injusticias de sus líderes políticos? Es aquí donde la cosa se complica. Sin embargo, ir al texto original de Romanos 13 nos puede ayudar.

​​II.- LO QUE REALMENTE ENSEÑA EL TEXTO ORIGINAL:

Cuando allí habla de “autoridades superiores” y “autoridad”, el término que utiliza es “exousía”, y este término no describe a la persona, al gobernante que ejerce la autoridad, sino a la institución de la autoridad. Lo vemos más claro si nos fijamos en otros textos que incluyen la misma palabra: Romanos 9.21 dice: “… ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro…”, y aquí aparece otra vez “exousía”, que se traduce en este lugar como “potestad”, confirmando que este concepto de “autoridad” se refiere una capacidad de gobierno, no a la persona concreta que lo ejerce?

2 Corintios 13.10 vuelve a utilizar la misma palabra: “…Conforme a la autoridad que el Señor me ha dado…” y evidentemente aquí “autoridad” se refiere también a la capacidad, no a la persona. Este concepto está aún más evidente en Colosenses 1.16: “…Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él…”. Aquí “exousía” se traduce como “potestades” y está claro de nuevo que habla de instituciones, no de gobernantes concretos; podríamos entenderlo mejor con el ejemplo análogo del trono: el trono es la institución, no la persona que se sienta en él. Las autoridades de las que habla Romanos 13 no son personas concretas, sino instancias de gobierno; de hecho, hace una distinción entre los cargos y las personas que los ocupan: cuando habla seguidamente de estas personas, no usa el término “exousía”, sino “árjontes” (“magistrados”, literalmente “gobernantes”). Podemos así comprender Romanos 13:1 en estos términos: “…Sométase toda persona a las instituciones superiores de autoridad; porque no hay institución de autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas…”. Dios estableció la existencia de la autoridad humana como un elemento de limitación de los efectos descontrolados del pecado: En ausencia de un principio de autoridad, los más poderosos aplastarían sin limitación a los más débiles, y por eso Dios estableció el elemento de la autoridad; la autoridad como institución es, pues, una instancia para poner límites al ejercicio incontrolado del poder.

​​ III.- ¿ACASO NO ES DIOS QUIEN QUITA Y PONE REYES?

Daniel 2.21 que muchos usan a su conveniencia en cada elección para sustentar su autoridad una vez resultan ganadores, nos dice: “…Él cambia los tiempos y las épocas; quita y pone reyes, da sabiduría a los sabios e inteligencia a los inteligentes…” (Daniel 2:21, Dios Habla Hoy). A la luz de lo anterior, muchos sugieren que todo lo que ocurre es la voluntad perfecta de Dios, o que todos los líderes políticos, por muy corruptos o malos que sean, han sido puestos por Dios. Sin embargo, no es correcto decir que Dios pone a todos los presidentes que existen actualmente en el mundo porque entonces ¿Qué caso tendría hacer elecciones o para qué serviría el libre albedrío si Dios tomara la decisión por nosotros? Es más, por lógica, si Dios pusiera a todos los presidentes y líderes del mundo ¿Acaso Adolfo Hitler, José Stalin, y Mao Zedong fueron puestos por Dios? Todos conocemos la historia y pasado de estos hombres y decir que Dios pone a todos por Su voluntad no tiene sentido. La verdad es que Daniel 2:21 ha sido descontextualizado gravemente, pues no es cierto que Dios pone a todos los presidentes o líderes o reyes del mundo. Este versículo claramente dice: “Dios quita y pone reyes” pero el versículo nunca dice: “Dios quita a todos los reyes y pone a todos los otros reyes”. No debemos leer letras donde no las hay.

Ahora bien, es verdad que Dios quita a algunos reyes (por ejemplo, Saúl) y pone a otros reyes (por ejemplo, David), pero algunos reyes son puestos o quitados por decisión del pueblo (tal como ha ocurrido en Venezuela, Nicaragua o El Salvador, o como nos lo relata la Biblia en Jueces 9). Asumir que Dios puso a los malos y perversos reyes de Israel es un error, los perversos reyes de Israel son la consecuencia de la forma de vivir del pueblo de Israel. Tampoco podemos decir que Hitler, Stalin, o el actual presidente de Venezuela, Cuba o Nicaragua estuvieron o siguen estando en el poder por la voluntad de Dios, pues no todo lo que sucede en este mundo sucede por la voluntad de Dios. Una cosa es su voluntad permisiva y otra muy diferente es su voluntad perfecta.

​​La voluntad permisiva de Dios es esa voluntad en la cual Dios no decreta lo que ocurre ni tampoco es Su voluntad que suceda ya que la misma no está de acuerdo con Su Ley. Sin embargo, Dios permite que el hombre se revele contra Él permitiendo a las personas que hagan cosas tales como mentir, robar, etc. Jeremías 19:5 nos dice: “…Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento…”. Es obvio que Dios no quería que eso pasara, pero, en su respeto de la libertad humana, Dios lo permitió. Lucas 8:32 nos habla de ese mismo principio: “Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso.”. Dios siempre es respetuoso, aún de las decisiones de los malos y perversos. Sólo así puede juzgarlos responsables de sus actos. De lo contrario, Dios mismo sería el responsable de las consecuencias de las malas decisiones de otros. Romanos 1:22-23 nos muestra la triste realidad del ser humano: “…Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles…”. Por eso mismo, Dios los entrega a una mente reprobada, para que hagan cosas que no convienen y lleven las consecuencias, positivas o negativas, de sus propios actos.

La voluntad perfecta de Dios para el gobierno de las naciones es el reino de Su Hijo: “…Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar…” (Isaías 11:1-9). Ningún gobernante humano representará jamás esa voluntad perfecta. Mientras tanto, Dios nos ha dado la oportunidad de elegir lo que queremos y Él respeta nuestras decisiones. Muchas veces tomamos decisiones que no van de acuerdo con Su voluntad, pero Él permite que experimentemos las consecuencias porque nos ha dado la oportunidad de la libre voluntad. Cabe mencionar que Dios no escogió específicamente a todos los reyes del pueblo de Israel, pero sí permitió que todos esos reyes reinaran sobre Israel. A veces para juicio o desencadenar su justo castigo sobre una nación que le había dado la espalda.

La Biblia no nos manda a creer que todos los gobernantes actuales o del pasado, o los que vendrán en el futuro, llegarán a serlo porque así lo decretó Dios. Lo que la Biblia sí dice en 1 Timoteo 2.2 es que oremos por los reyes o presidentes que están al frente con autoridad, a fin de que haya paz y bendición en su nación. Sea cual sea nuestra posición con respecto al nuevo presidente y gobierno que llegue al poder, no podemos afirmar que Dios lo puso o que fue la voluntad de Dios que él ganara, pero si podemos orar por él para que su mente y corazón sean receptivos a Dios durante su estancia al frente del país.

​​CONCLUSIÓN:

Es triste que este concepto haya sido tan mal interpretado por algunos hermanos, que les lleve a justo lo contrario, a permitir sin resistencia que los injustos, cuando se sientan en el lugar de autoridad, hagan ejercicio abusivo del poder que da la institución política. La Biblia nos muestra ejemplos de oposición legítima al abuso de poder por parte de quienes están en autoridad, y no limitados al tema de la predicación del Evangelio, sino a cuestiones tan materiales como la propiedad privada. Tal es el caso de la viña de Nabot (1 Reyes 21; 2 Reyes 9:25-26); cuando Nabot se opuso a Acab, ¿Se estaba oponiendo a la institución de la autoridad? No, sino que se oponía a quien usaba esa institución para abusar de los gobernados: No se oponía a la autoridad, sino a quien ejercía la autoridad; su oposición era legítima y la Biblia la apoya.

​​Dios nos reclama que nos sujetemos al principio de autoridad, pero no reclama que nos sujetemos sin juicio crítico a todo gobernante que se sienta en el sillón de la autoridad. De hecho, Romanos 13:3 dice que “…los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo…”. Por tanto, los gobernantes honran la institución de la autoridad y son dignos de ejercerla cuando así actúan, pero cuando el gobernante infunde temor al que hace el bien, debe ser destituido y su lugar debe ser ocupado por otro, y los cristianos podemos, y debemos, participar activamente en esa destitución, porque no nos estaremos oponiendo a la institución de la autoridad, al contrario, la estaremos dignificando y estaremos apoyando los objetivos para los que fue establecida por Dios.