Una de las objeciones actuales más comunes a la manifestación de los dones espirituales (carismata) tales como el hablar en otras lenguas y el profetizar (entre otros) es la idea de que desaparecieron cuando los apóstoles murieron. Según esta teoría, nadie debe esperar recibir dones espectaculares de parte del Espíritu puesto que pertenecen exclusivamente al pasado. Esta perspectiva está perdiendo credibilidad en nuestros días. Sin embargo, todavía es común oír en algunos círculos la pregunta: “Si los dones espirituales de 1 Corintios 12:7-10 son válidos para los cristianos más allá de la muerte de los apóstoles, ¿por qué estuvieron ausentes de la historia de la iglesia hasta su supuesta reaparición en el siglo veinte con el movimiento pentecostal?” Eso no necesariamente es cierto. Como cualquier historiador eclesiástico reconocerá, apenas conocemos una pequeña fracción de lo que sucedió en la historia de la iglesia. Es terriblemente presuntuoso concluir que los dones del Espíritu estuvieron ausentes en las vidas de las personas de las cuales no sabemos prácticamente nada. En otras palabras, ¡la ausencia de evidencia no es necesariamente la evidencia de ausencia! Simplemente no sabemos lo que estaba sucediendo en los miles y miles de iglesias y reuniones de cristianos en los pasados siglos. Ninguno de los oponentes del continuismo puede decir con confianza que los innumerables miles de cristianos en toda la tierra habitada, a través de la historia, jamás oraron en lenguas en sus devociones privadas. La ausencia de una referencia explícita a ciertos carismas es, por lo tanto, una base débil sobre la cual argumentar para su retiro permanente de la vida de la iglesia.