Liturgia, Ritos y Ceremonias, Sanidad Divina

¿Es bíblico ungir con aceite a los enfermos?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En las Escrituras con frecuencia se hace referencia a la unción, que a menudo se asocia con la oración de sanidad por los enfermos. Por ejemplo, en Marcos 6:13 leemos que los apóstoles “ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”; y en Santiago 5:14-15 leemos: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

En el sentido ritual que se le da hoy día, “ungir” significa aplicar aceite o ungüento sobre la cabeza o el cuerpo de una persona con un propósito sagrado. En la antigüedad, este no siempre era el caso. Esto se hacía por varias razones: A veces era un gesto de hospitalidad o del aseo habitual. Los enfermos o heridos eran ungidos con aceite o ungüento como medicina; no obstante, también se llevaban a cabo unciones por razones sagradas. Por ejemplo, bajo la ley de Moisés se utilizaba el santo aceite de la unción (Éxodo 40:15). Los profetas ungían a sacerdotes y reyes y los enfermos eran ungidos con aceite como parte del proceso de sanar por fe y la imposición de manos. Actualmente, en algunas iglesias, se acostumbra a ungir con aceite de oliva a los enfermos. ¿Por qué se utiliza aceite de oliva más bien que otros tipos de aceite? En las Escrituras no existe ninguna explicación concreta al respecto, a pesar de que en las parábolas del Nuevo Testamento se utiliza el aceite como símbolo de la sanación y la luz (Mateo 25:1–13; Lucas 10:34).

LA UNCIÓN CON ACEITE EN EL CONTEXTO HEBREO Y SU INTRODUCCIÓN EN EL CRISTIANISMO

El término ungir aparece con frecuencia en las Escrituras con el sentido de derramar sobre algo o alguien aceite o alguna otra sustancia oleosa. Uno de los usos de la unción, desde el punto de vista terapéutico, consiste en aplicar directamente el aceite. El origen de esta práctica en el cristianismo primitivo parece hallar su origen en las tradiciones de los pueblos de la Palestina antigua, entre los cuales era común que se usara aceite de oliva como medicina (Lucas 10:34). El uso literal del aceite como medicina puede haber sido la base para su posterior y actual uso simbólico en el cristianismo. Hay ejemplo de esto en Marcos 6:13 y Santiago 5:14-15, en donde se menciona dicha práctica hebrea como asimilada por los primeros creyentes.

Ahora bien, es evidente que la iglesia primitiva no atribuía ninguna eficacia sacramental a la ceremonia del ungimiento, aunque posteriormente la iglesia empleó lo que se suponía era “óleo santo”, con el propósito de curar a los enfermos. Alrededor del siglo VIII ya se utilizaba el pasaje de Santiago 5:14 como fundamento para la práctica de lo que los católicos llaman Extremaunción, el último rito para los moribundos. El Concilio de Trento, en su Decimocuarta Sesión en 1551 d.C., declaró oficialmente que Santiago enseña aquí la eficacia sacramental del aceite.

Pero el rito de la unción de los enfermos no sólo es practicado por la iglesia católica, sino que es un acto litúrgico comunitario realizado también por otras Iglesias cristianas (Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana). En dicho ritual, un presbítero signa con ‘óleo sagrado’ a un fiel por estar enfermo, en peligro de muerte o simplemente por su edad avanzada. Con esta acción se significa que le es concedida al enfermo o al anciano una gracia especial y eficaz para fortalecerlo y reconfortarlo en su enfermedad, y prepararlo para el encuentro con Dios.

El óleo utilizado en este rito es conocido como óleo de los enfermos, y es bendecido cada año por el obispo en la misa crismal celebrada el Jueves Santo por la mañana. En el rito central del sacramento de la unción de los enfermos, el presbítero traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras:

“Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.” (Codex Iuris Canonici, can. 847, 1).

En el catolicismo:

“El sujeto de la ‘Unción de los Enfermos’ es cualquier fiel que, habiendo llegado al uso de razón, comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez” (Catecismo de Juan Pablo II, número 1514).

Dicho individuo –como en todos los sacramentos- debe estar bautizado, tener uso de razón, pues hasta entonces no es capaz de cometer pecados personales, razón por la cual los católicos y otras confesiones no se le administran a niños menores de siete años. Además, el sujeto debe tener la intención de recibirlo y manifestarla.

LO QUE ES (Y LO QUE NO ES) LA UNCIÓN CON ACEITE PARA LOS EVANGÉLICOS

Los evangélicos no consideramos la unción de los enfermos como un sacramento impuesto a la iglesia. Tampoco lo prohibidos. Sin embargo, creemos que aquellas iglesias que han optado por incorporar dicha práctica en su liturgia deben tomar en cuenta algunas consideraciones sobre el ungimiento con aceite. Para empezar, debemos tener en mente que el ungimiento es sólo un rito, algo simbólico. El poder sanador no estaba en el aceite, sino que éste simbolizaba al Espíritu Santo en su ministerio de sanidad (1 Corintios 12:9), es una imagen del poder suavizador y sanador del Espíritu de Dios. El ungimiento no es el que sana al enfermo, Jesús es el que sana. Ningún poder humano puede salvar al enfermo, pero por medio de la oración de fe, el Poderoso Salvador ha cumplido su promesa en favor de aquellos que han invocado su nombre. Ningún poder humano puede salvar o perdonar al pecador. Nadie puede hacerlo fuera de Cristo, el misericordioso médico del cuerpo y del alma.

INSTRUCCIONES BÍBLICAS PARA EL UNGIMIENTO DE LOS ENFERMOS

La única instrucción bíblica específica con respecto al ungimiento de los enfermos se encuentra en Santiago 5:14-15. El apóstol enumera una serie de pasos para el ungimiento del enfermo:

(1.- Primero, una persona enferma invita a los ancianos, los líderes de la iglesia, a que vengan a orar por ella. Esta es, claramente, una ocasión privada, y sucede en el hogar de una persona.
(2.- Segundo, los ancianos oran sobre la persona enferma. Si bien la práctica de imposición de manos sobre la persona no es mencionada, la imposición de manos se encuentra implícita en el hecho. De todas maneras, el ungimiento requiere algún contacto físico con la persona.
(3.- Tercero, el acto de ungir está combinado con la oración. El aceite de oliva es utilizado durante la ceremonia. Tal como se mencionó anteriormente, el significado del aceite no está claro, pero el hecho de que el aceite era utilizado con propósitos médicos (Isaías 1:6) puede sugerir que era usado para indicar que esta es una oración por sanidad. También podría ser que el aceite sea un símbolo de la presencia del Espíritu Santo, el agente divino dador de la vida (Isaías 61:1-3).
(4.- Cuarto, durante la oración, el nombre del Señor es invocado. Esta es otra manera de decir que los que oran no están confiando en su propio poder sino en el poder del Señor resucitado. Su solicitud reconoce que se es incapaz de satisfacer las necesidades de la persona enferma. Esto excluye la autoglorificación y todo sentido de orgullo o superioridad religiosa.

¿Y ENTONCES QUÉ? ¿DEBEMOS O NO DEBEMOS UNGIR A LOS ENFERMOS?

Sí y no. Personalmente no me molesta que algunos cristianos lo hagan. No es pecado hacerlo. Sin embargo, no es un mandato bíblico ungir con aceite a los enfermos. Pero, ¿Acaso Santiago no nos manda ungir a los enfermos con aceite? No, no lo hace. Para empezar, si leemos bien Santiago 5:14-15 notaremos que Santiago hace un énfasis en la fe para sanar a los creyentes, no en el objeto en sí. En caso contrario, Santiago hubiese escrito algún procedimiento en la elaboración, el tipo de aceite, y modo de aplicación, lo cual nunca ocurre. En cuanto a su propiedad simbólica, debido a las cualidades sanadora que se creía posee el aceite, nosotros podemos verlo como un símbolo de lo que Dios puede hacer por nuestro cuerpo y alma. Pero nada más.

CADA COSA EN SU CONTEXTO

La unción de los enfermos con aceite de oliva debe entenderse en su contexto. La naciente iglesia (conformada en gran parte por judíos) se movía en medio de las sombras o símbolos de las cosas celestiales (la ley de Moisés). Era natural que, en sus inicios, incorporase algunas prácticas culturales judías y que estas fuesen vistas inicialmente como parte de las enseñanzas del Evangelio. Este argumento cobra fuerza si se considera que la epístola de Santiago se dirige a creyentes judíos que padecían persecución probablemente bajo Herodes Agripa I (Hechos 7.31-34; ca. 44 d.C.), lo que alude a que posiblemente que hayan padecido heridas por causa del evangelio. La prueba interna está en el primer capítulo de esta epístola. Además, en ese tiempo era común las amenazas de muerte, los asaltos, los ataques de fieras salvajes, los apedreamientos, azotes, prisiones, etcétera (Lucas 10.30; Hechos 7.58-60, 12.1-5, 14.19; 2 Corintios 11.22-33; Filipenses 2.25-27). Esto nos lleva a concluir que el aceite citado en Santiago 5:14-15 (como en Marcos 6.13) simplemente alude a la costumbre judía de emplearlo como un remedio con fines medicinales para el cuerpo sin carácter ritual o sobrenatural.

Además, de ser cierto que el aceite posee propiedades milagrosas, fuera de sus funciones naturales, el Señor Jesucristo hubiera indicado instrucciones al respecto. Pero la Biblia refiere otras enseñanzas. Lucas 9:1-2 nos dice:

“Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos”.

Estos versículos especifican que son la autoridad y el poder de Dios concedidos por Jesús a sus discípulos los que sanaban a los enfermos; no el aceite. Además, Pedro, Pablo y los demás apóstoles también creían por fe en el nombre y en la autoridad concedida por el Señor para sanar enfermos. En Hechos 3:6-8 leemos:

“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios”.

También en Hechos 5:14-16 se nos relata:

“Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que, al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados”.

Y más adelante se añade en Hechos 8:5-7 que:

“Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados”.

Pero eso no termina ahí. En Hechos 9:33-34 leemos:

“Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó”.

Y luego, en Hechos 14:8-10 se nos relata que:

“Cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”.

En todos estos versículos es evidente que el aceite en sí no contiene poderes sobrenaturales para sanar y que el rito de ungir con aceite no era un sacramento ni una norma para la iglesia. Santiago mismo, mientras habla de esa costumbre judía de ungir con aceite a los enfermos, no pierde de vista que lo que vale no es el rito en sí, sino la autoridad de Jesucristo: Su nombre, Su autoridad y Su poder para la sanidad por medio de la fe.

EL VERDADERO PROPÓSITO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS MENCIONADA POR SANTIAGO

Entonces, si Santiago no pretendía instaurar un sacramento, ¿Cuál es el propósito específico del aceite mencionado en Santiago 5:14? Un análisis exegético de este versículo puede darnos la respuesta:

(1.- “¿ESTÁ ALGUNO ENFERMO ENTRE VOSOTROS?”

La palabra griega para enfermo en el vs. 14 es “asteneo”. Y su significado es “débil, deficiente en fuerza, delicado, sin energía”; lo cual nos hace concluir que Santiago estaba hablando acerca del que está enfermo en el sentido “físico”. En el vs. 15 la palabra griega para enfermo es “kamno” palabra que lleva la connotación de “cansado, débil, agotado”. Lógicamente el resultado de estar físicamente enfermo. Santiago, en su única enseñanza acerca de los ancianos (pastores) de la Iglesia, exhorta a los enfermos, quienes están en necesidad de sanidad física, de llamar a los ancianos.

(2.- “Y OREN POR ÉL, UNGIÉNDOLE CON ACEITE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR”

Santiago pide que los ancianos hagan dos cosas y es claro en cuanto al orden en que se deben realizar. La palabra “ungiéndole”, de acuerdo a la gramática griega, es un participio aoristo que le precede al verbo principal, en este caso, “oren”, verbo que se encuentra en el imperativo aoristo. El aoristo es indicación de una simple acción (una vez), contrario a un participio presente (acción continua). El imperativo aoristo, al igual que el participio, es una orden de una acción futura que se debe realizar una sola vez, contrario a una acción continua. Por lo tanto, la orden de Santiago, es que, primeramente, haya unción, luego oración en el nombre del Señor. De manera que el texto debe leer, “ungiéndole con aceite, oren por él, en el nombre del Señor”.

(3.- “UNGIÉNDOLE CON ACEITE”

En el idioma griego existen dos verbos que se traducen ‘unción’. Lamentablemente, como en muchos casos, las traducciones no siempre hacen justicia a las palabras originales, como lo es en este caso. Está el verbo “aleifo” el cual es la base de “aleifantes”, verbo usado por Santiago en el vs.14 y el otro verbo es crio o “ekrio”. “Crio” es el verbo que envuelve todo acto ritual de consagración, de índole religioso. Es el verbo de donde se deriva Cristo, el Ungido. Algunos textos donde se hace uso de este verbo son, Lucas 4:8; Hechos 4:27; 10:38; Hebreos 1:9. En cambio “aleifo” es un verbo con significado Secular. La diferencia es material, y se pierde cuando ambos verbos son traducidos como “unción”. Sólo el segundo verbo (“crio”) debe ser traducido de esta manera, pues se usa con referencia al acto sagrado mientras que el primero (“aleifo”) se refiere al uso común del aceite. ¡La diferencia en el Griego no se puede ignorar! Usar la palabra “ungir” en nuestra versión española deja una mala impresión.[1]

“Aleifo” es un término general usado para un ungimiento cualquiera, “Crio” está más limitado en su uso y está confinado a ungimientos sagrados y simbólicos.[2] “Aleifos” usualmente, se usa cuando se frota o aplica aceite o ungüento sobre el cuerpo. Era muy común en los tiempos bíblicos el frotar sobre el cuerpo aceite o bálsamo (especies mezclada con aceite) como una forma de fragancia después de un baño (Rut 3:3; 2 Crónicas 28:15; Daniel 10:3; Lucas 7:38), y como medicina. (Isaías 1:6; Ezequiel 16:9; Jeremías 8:22; 46:11; Marcos 6:13; Lucas 10:34). Es un hecho muy bien documentado que el aceite era una de las medicinas más comunes en tiempos bíblicos. Es evidente que Santiago está prescribiendo ambas, oración y medicina.[3]

Lo que aquí se recomienda, debía de hacerse como un medio natural para restaurar la salud, algo que, mientras hacían oración y súplicas a Dios, no debían de descuidar.[4] Significa que el cuerpo enfermo de una persona debe ser frotado con aceite tal y como una enfermera hoy frota el cuerpo de su paciente con alcohol. Cuando Santiago ordena a los ancianos a hacerlo, en su visita a un paciente, significa que la iglesia, por quien actúan los ancianos, se interesa tanto en el cuerpo, así como en el alma.[5]

CONCLUSIÓN

El ungimiento con aceite no es un requisito imperativo para la sanidad de los enfermos. Tampoco debe ser una imposición como doctrina de parte de maestros, falsos o sinceros; pues dentro de la dispensación de la Gracia, el creyente ya está ungido por el Espíritu Santo y la fe en Jesucristo hace posible la sanidad física si está dentro de los términos de Su soberanía y Su voluntad. Ha quedado claro que el uso del aceite se limitaba dentro de las utilidades del marco cultural judío en el cual se movía Santiago. Quienes afirman que la unción con aceite es el único método bíblico para procurar la sanidad de los enfermos cometen un gran error ¿O acaso la oración exclusiva del justo no es suficiente para que el poder de Dios se manifieste, sin importar la circunstancia? Santiago mismo lo declara: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Entonces, ¿para qué el aceite?

REFERENCIAS:

[1] R.C.H. Lenski, The Interpretation of the Epistle of James, págs 660-661.

[2] W.E. Vine’s Expository Dictionary of NT Words

[3] Expositor’s Bible Commentary, vol. 12, p. 204.

[4] Adam Clarke’s Commentary, vol. 6, p. 827.

[5] R.C.H. Lenski, The Interpretation of the Epistle of James, p. 661-662.

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