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Una respuesta al cesacionismo | ¿Han cesado los dones carismáticos porque el canon bíblico está completo?

Por Fernando E. Alvarado

«Debido a que tenemos la Biblia no necesitamos los dones espirituales. Pablo quiso dejar esto en claro cuando dijo: “El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1ª Corintios 13:8-13). Lo “perfecto”, se refiere a la Biblia tal y como la conocemos hoy día, y que, por lo tanto, los dones extraordinarios no son necesarios.»

Un argumento muy gastado a favor del cesacionismo tiene que ver con la finalización, cierre y suficiencia del canon de las Escrituras. De acuerdo con la interpretación de algunos cesacionistas (como John MacArthur y otros teólogos de The Master´s Seminary), las señales, prodigios y dones milagrosos acompañaron y autentificaron la verdad del Evangelio hasta que la última palabra de la Escritura canónica estuvo escrita. Cuando el canon estuvo completo, la necesidad de tales manifestaciones de poder divino cesó. Así pues, según esta teoría, la Biblia misma ha sustituido a los fenómenos milagrosos en la vida de la Iglesia. 1 Corintios 13 suele ser usado en defensa de esta teoría. Sin embargo, hay varios problemas con este argumento.

En primer lugar, los dones espirituales o manifestaciones del Espíritu son para “edificar la iglesia” (1 Co. 14:12), y esa es una necesidad permanente en el Cuerpo de Cristo, tanto antes como después de completado el canon. El gran capítulo del amor (1 Corintios 13) fue escrito para controlar o dirigir la correcta aplicación de los dones espirituales (1 Corintios 14), no para prohibirlos, condenarlos o decretar su cese. Lo que el apóstol Pablo pretendía no era anunciar el cese de los dones con la plenitud del canon (tal idea estaba, con toda certeza, muy lejos de la mente de Pablo). Él estaba empujando la discusión de los dones espirituales hacia la edificación corporativa. En el capítulo siguiente, Pablo mismo nos dice: “Así también ustedes, puesto que anhelan dones espirituales1, procuren abundar en ellos para la edificación de la iglesia.” (1 Co. 14:12, NBLA). Los creyentes debían desear y procurar más manifestaciones de Dios para el gozo del cuerpo y la edificación de su pueblo, no por jactancia, vanagloria o cualquier otro motivo egoísta o carente de amor. Pero decir, con base en 1 Corintios 13, que los dones cesarían con la llegada del canon completo es ir más allá de lo que el texto dice y, obviamente, distorsionar las palabras de Pablo.

Más allá de cualquier intento cesacionista por forzar el texto de 1 Corintios 13:10, la Biblia no dice en ninguna parte que los dones carismáticos cesarían cuando el canon bíblico estuviera completo. Es más, ningún autor bíblico afirma que la Escritura haya ocupado el lugar o suplantado en manera alguna la realidad de las señales, prodigios y demás manifestaciones del Espíritu. Así pues, «lo perfecto» no podría ser el canon bíblico porque tal interpretación simplemente no aplica en el contexto. Si se entiende 1 Corintios 13:10 como sugieren los cesacionistas, esto crearía otros problemas interpretativos más complejos ¿Por qué? Porque Pablo también afirma que ”cuando venga lo perfecto… veremos cara a cara… conoceré como fui conocido” (vv. 10, 12,13). Esto implicaría que en el momento en que el canon estuviera completo, los creyentes serían automáticamente maduros. Y que por supuesto entenderían todo a la perfección. Pero la experiencia demuestra que muchos creyentes de hoy son tan o más inmaduros que muchos creyentes que no tenían el canon completo. También implicaría que los cristianos que vivimos en este tiempo tenemos mucha más madurez que Pablo, Timoteo, Bernabé, Epafrodito y todos los siervos de Dios que vivieron cuando el canon aún no estaba completo. Pero eso no es lo que la realidad demuestra, sino todo lo contrario.

El tema principal de los capítulos 12,13 y 14 de 1 Corintios tenían que ver no con una exposición detallada acerca de los dones, sino con el abuso que los Corintios estaban haciendo de esos dones debido a la inmadurez en que se encontraban. Notemos como, antes de dar entrada al capítulo trece, Pablo hace una introducción a ese capítulo (al final del capítulo 12), diciendo así: “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente.» (Según el cap..13 “El camino más excelente sería el amor). Así, Pablo inició el capítulo 13, en donde el tema principal es el amor. En la mente de Pablo, la solución, al problema del mal uso de los dones, consistía en que los creyentes de Corinto deberían madurar en su amor cristiano. Así que, este era el objetivo de Pablo al escribir el capítulo 13. Pablo jamás pretendió darnos un argumento cesacionista, sino mostrarnos el camino hacia la madurez en el ejercicio de los dones espirituales. Ni la terminación del canon bíblico, ni el cese de los dones, son el tema de Pablo en 1 Corintios 13. Es el amor que nos lleva a la madurez y al uso correcto de los dones carismáticos.

La insistencia de los cesacionistas en usar 1 Corintios 13:10 para sostener el cese de los dones espirituales nos lleva a cuestionarlos: ¿Por qué la presencia del canon completo acaba con la necesidad de los dones carismáticos y demás manifestaciones espirituales? Cualquier cesacionista estará de acuerdo en que las señales, prodigios y el poder del Espíritu Santo eran esenciales para dar testimonio de la verdad del Evangelio tanto durante el ministerio de Jesús como en la edad apostólica:

“Con todo, se detuvieron allí mucho tiempo hablando valientemente confiados en el Señor que confirmaba la palabra de su gracia, concediendo que se hicieran señales y prodigios por medio de sus manos.” (Hechos 14:3, LBLA)
“Testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios, y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según su propia voluntad.” (Hechos 2:4, LBLA)

Por lo tanto, es justo preguntarles: Si las señales milagrosas eran necesarias en aquel entonces, ¿por qué no iban a serlo ahora en una época donde la mismísima inspiración e infalibilidad de las Escrituras (y de la fe cristiana en su totalidad) es cuestionada a diario? En otras palabras, parece razonable asumir que los milagros que confirmaron el Evangelio en el primer siglo, donde quiera que fuera predicado, servirían igual para confirmar el Evangelio en los siglos posteriores, incluyendo el nuestro. Pablo, cuyas palabras en 1 Corintios 13:10 suelen ser distorsionadas para apoyar el cesacionismo, dijo lo siguiente:

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.” (1 Corintios 2:1-6 RVR1960)

En Romanos 15:19 Pablo lo repite:

“Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.”

Si los cesacionistas creen que en esta, la era de la incredulidad y desprecio por la Palabra escrita de Dios, las señales y milagros no son necesarios para convalidarla ante los incrédulos, están muy equivocados o son ciegos a la realidad. Los creyentes aceptamos la suficiencia de las Escrituras, pero esto jamás negará la necesidad de señales, milagros y prodigios como evidencia de autenticidad y respaldo divino ante los incrédulos e inconversos. Jesús mismo dio testimonio de la necesidad de señales milagrosas y del ejercicio de los dones carismáticos no solo para edificación de los creyentes, sino como testimonio a los incrédulos: “Jesús entonces le dijo: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creerán»” (Juan 4:48, LBLA)

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.” (Marcos 16:17-20; Reina-Valera 1960)

La iglesia neotestamentario así lo entendió:

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” (Hechos 4:29-32; Reina-Valera 1960)

Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva entendieron la necesidad de las señales, prodigios y milagros para convalidar su predicación. Hoy, aunque el canon está completo, tal necesidad sigue aún vigente, ¿Por qué? Porque vivimos en una época en la cual la teología liberal y el escepticismo cuestionan como nunca antes la validez, inspiración e inerrancia de las Sagradas Escrituras. Los eventos redentores únicos que narra la Biblia están siendo reinterpretados como mitos; los milagros y los sucesos sobrenaturales que se narran en las Escrituras están siendo cuestionados y rechazados como puros cuentos de hadas. Esta pérdida de fe en la palabra ha llevado a muchos incluso a negar la misma resurrección de Jesús y a cuestionar la autoría divina y la inspiración de la Escritura.

Los dones carismáticos y su presencia en la iglesia de hoy son un firme testimonio a favor de la inspiración bíblica y una convalidación del canon. Las señales, los milagros y los prodigios confirman hoy la palabra que predicamos tanto como lo hicieron en los días de Jesús y sus apóstoles. Los dones carismáticos son amigos de la Palabra, no su adversario. Cuando los cesacionistas cuestionan la validez de los mismos y su vigencia en la iglesia de hoy, se colocan sin querer del lado equivocado. Esto resulta irónico si se considera que (como ellos mismos lo declaran) los cesacionistas son generalmente acérrimos defensores de la Sola Scriptura, de la suficiencia y la inerrancia de la misma, pero al mismo tiempo niegan que lo que esta dice sobre las señales y prodigios se aplique para nuestros días, llegando incluso a torcerla para que diga lo contrario de lo que dice.

El cesacionista honesto, aquel que realmente quiera descubrir lo que dice la Biblia acerca de los dones y su vigencia actual, y no imponer su propia interpretación al texto, debería preguntarse: Si las señales, prodigios y milagros eran esenciales aun cuando el Hijo de Dios estaba físicamente presente, ¡Cuanto más en su ausencia! Sin duda, los pentecostales y carismáticos amamos la Biblia (nuestro movimiento nació en un instituto bíblico producto del estudio de la palabra), pero tampoco estamos dispuestos a caer en la bibliolatría ni estamos preparados para decir que la Biblia, a pesar de toda su gloria y excelencia, puede hacer lo que Jesús no pudo hacer. Jesús pensó que era necesario utilizar los fenómenos milagrosos del Espíritu Santo para confirmar y dar testimonio de su propio ministerio. Si era esencial para él, ¡cuánto más para nosotros! En otras palabras, si la gloriosa presencia del mismísimo Hijo de Dios no excluyó la necesidad de los fenómenos milagrosos, ¿cómo podemos decir que la posesión de la Biblia sí lo hace?

Un día sin duda los dones de lenguas, las sanidades, la profecía y otros dones acabarán. Perderán su razón de ser. Pero ese tiempo aún no ha llegado. Usar 1 Corintios 13:10 para afirmar que los dones han cesado no solo es un error, sino una necedad. Ni siquiera Juan Calvino (que según muchos era cesacionista) estaría de acuerdo con la interpretación de que 1 Corintios 13:10 se refiere al canon. En su comentario sobre 1 Corintios 13:10, Calvino afirmó:

“¿Pero cuándo vendrá esa perfección? Comienza, de hecho, a la muerte, porque luego posponemos, junto con el cuerpo, muchas enfermedades; pero no se manifestará completamente hasta el día del juicio…” [1]

Cuando Pablo afirma que los dones cesarán “cuando venga lo perfecto” no se refiere al canon bíblico completo. Se refería a la Segunda Venida de Cristo y al posterior estado de eterna bienaventuranza que experimentaremos los creyentes en el cielo nuevo y la tierra nueva. Entonces, y solo entonces, los dones cesarán; las lenguas, la interpretación de lenguas, las sanidades, las profecías cesarán, porque entonces y solo entonces, su propósito habrá sido cumplido.

Los dones del Espíritu Santo son necesarios y apropiados para nuestro tiempo presente, cuando aún no somos completamente maduros, y solo conocemos en parte. Llegará el día cuando los dones serán innecesarios, pero ese día aún no ha llegado. Claramente, el tiempo de cumplimiento al que Pablo se refiere con “entonces”, en el que veremos “cara a cara” y en el cual “conoceré como fui conocido” nos habla no de un canon completo, sino de estar en la gloria de la eternidad con Jesús. Ciertamente, eso es “lo perfecto” de lo cual se habla en 1 Corintios 13:10 que pondrá fin a la necesidad de los dones carismáticos, señales y milagros.

CITAS Y REFERENCIAS:

[1] COMENTARIO BIBLICO DE JUAN CALVINO, Sobre 1 Corintios 13:10. Disponible en línea en: https://www.bibliaplus.org/es/commentaries/3/comentario-biblico-de-juan-calvino/1-corintios/13/10  

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