Por Fernando E. Alvarado
El pentecostalismo, como movimiento espiritual y eclesial, ha sido una de las fuerzas más dinámicas y transformadoras en el cristianismo global desde su surgimiento a principios del siglo XX. Sin embargo, en las últimas décadas, el pentecostalismo institucional ha enfrentado una crisis profunda en numerosos países, marcada por desafíos internos y externos que han debilitado su estructura y testimonio. Esta crisis no es meramente organizacional; toca la esencia misma de lo que significa ser pentecostal. No obstante, es crucial distinguir entre la crisis de la institucionalidad y la vigencia de la pentecostalidad, pues mientras la primera puede estar en declive, la segunda permanece como un testimonio vivo del poder del Espíritu Santo.

EL ABUSO DE PODER PASTORAL: UNA HERIDA EN EL CUERPO DE CRISTO
Uno de los factores más evidentes de la crisis del pentecostalismo institucional es el abuso de poder pastoral. En muchas congregaciones, líderes han utilizado su autoridad para beneficio personal, generando escándalos que han dañado la credibilidad del movimiento. Este fenómeno no es nuevo; ya en el siglo I, el apóstol Pedro advirtió a los ancianos contra el ejercicio de un liderazgo dominante y codicioso: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (1 Pedro 5:2-3, RVR1960). Estas palabras resuenan con urgencia en nuestro contexto actual.
Autores como Amos Yong (2005) han señalado que la centralización del poder en figuras carismáticas ha llevado a una «clericalización» del pentecostalismo, alejándolo de su ethos originalmente participativo y comunitario (Yong, 2005, p. 45). Este abuso de poder no solo ha generado desconfianza entre los creyentes, sino que también ha desviado la atención de la misión central de la iglesia: proclamar el evangelio y vivir en santidad. Como bien lo expresa un pastor anónimo en una entrevista recogida por Anderson (2004): «Cuando el pastor se convierte en un CEO y la iglesia en una empresa, perdemos de vista lo que significa ser un cuerpo guiado por el Espíritu» (Anderson, 2004, p. 89).
LA INFLUENCIA DEL NEOPENTECOSTALISMO: ¿PÉRDIDA DE IDENTIDAD?
Otro factor crítico es la creciente influencia del neopentecostalismo, que ha infectado a denominaciones clásicamente pentecostales con teologías de la prosperidad y prácticas centradas en el éxito personal más que en la experiencia del Espíritu. Este fenómeno ha diluido la identidad pentecostal, que históricamente se ha caracterizado por su énfasis en la santidad, la llenura del Espíritu y la expectativa escatológica. Como señala Allan Anderson (2004), «el neopentecostalismo ha traído consigo una comercialización de la fe que contrasta con la sencillez y autenticidad del pentecostalismo clásico» (Anderson, 2004, p. 78).
Esta pérdida de identidad se manifiesta en la adopción de prácticas que poco tienen que ver con la espiritualidad pentecostal original. Por ejemplo, la obsesión por el crecimiento numérico y la acumulación de riquezas ha llevado a muchas congregaciones a abandonar su compromiso con los pobres y marginados, un aspecto central del mensaje de Jesús (Lucas 4:18-19). En palabras de Samuel Soliván (1998), «el neopentecostalismo ha convertido el evangelio en un producto de consumo, perdiendo de vista su poder transformador» (Soliván, 1998, p. 102).

ATAQUES EXTERNOS: EL DESAFÍO DEL CESACIONISMO Y EL NUEVO CALVINISMO
Además de estos desafíos internos, el pentecostalismo enfrenta ataques externos, particularmente desde el bando cesacionista y el nuevo calvinismo. Estos movimientos, con su soteriología y su rechazo a los dones espirituales contemporáneos, han cuestionado la validez teológica del pentecostalismo. Sin embargo, como argumenta Craig Keener (2011), «la experiencia pentecostal no puede ser descartada simplemente como una aberración teológica; es una manifestación viva del poder de Dios que encuentra fundamento en las Escrituras» (Keener, 2011, p. 23).
El nuevo calvinismo, con su énfasis en la soberanía de Dios y la predestinación, ha sido particularmente crítico con el pentecostalismo, acusándolo de ser emocionalista y carente de profundidad teológica. Sin embargo, esta crítica pasa por alto el hecho de que el pentecostalismo ha sido, desde sus inicios, un movimiento profundamente bíblico. Como señala Steven Land (1993), «la espiritualidad pentecostal no es simplemente emocional; es una respuesta integral a la presencia y acción del Espíritu Santo» (Land, 1993, p. 56).
LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA CRISIS: LA PENTECOSTALIDAD SIGUE VIVA
A pesar de estos desafíos, es importante recordar que la crisis del pentecostalismo institucional no equivale a la crisis de la pentecostalidad. La experiencia pentecostal, entendida como el encuentro personal y transformador con el Espíritu Santo, sigue vigente en millones de creyentes alrededor del mundo. Como escribió William Seymour, uno de los pioneros del movimiento pentecostal, «el Espíritu Santo no está limitado por las estructuras humanas; Él sigue moviéndose donde quiere» (Seymour, 1906, citado en Robeck, 2006, p. 112). Esta verdad nos lleva a una conclusión esperanzadora: aunque las instituciones humanas pueden fallar, el Espíritu Santo jamás estará en crisis. Él sigue siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8).
En este sentido, la crisis actual puede ser vista como una oportunidad para que el pentecostalismo retorne a sus raíces espirituales y teológicas. Como sugiere Steven Land (1993), «la esencia del pentecostalismo no está en sus estructuras, sino en su pasión por Dios y su compromiso con la misión del Reino» (Land, 1993, p. 56). Esta pasión, alimentada por el Espíritu, es lo que garantiza la continuidad y relevancia del movimiento.

UN LLAMADO A LA RENOVACIÓN
En conclusión, aunque el pentecostalismo institucional enfrenta una crisis en algunos países, la pentecostalidad como experiencia espiritual sigue viva y vigente. El Espíritu Santo, que es el corazón del pentecostalismo, no está en crisis. Él sigue obrando en la vida de quienes buscan su presencia con sinceridad y humildad. Como pueblo pentecostal, estamos llamados a renovar nuestro compromiso con la santidad, la unidad y la misión, confiando en que el mismo Espíritu que inició este movimiento lo sostendrá hasta el fin.
Esta renovación no será fácil, pero es necesaria. Requiere un retorno a las Escrituras, una mayor transparencia en el liderazgo y un rechazo firme a las prácticas que desvían la atención del evangelio. Como bien lo expresa el teólogo pentecostal Frank Macchia (2006): «El futuro del pentecostalismo depende de su capacidad para mantener viva la llama del Espíritu, sin dejarse seducir por los cantos de sirena del poder y el éxito» (Macchia, 2006, p. 134).
Aunque la crisis por la cual atraviesan muchas iglesias pentecostales es más que evidente, tampoco podemos ni debemos caer en la desesperanza, sino más bien recordar que el Espíritu Santo, el corazón del pentecostalismo, jamás estará en crisis. Ruego a Dios que mis palabras sirvan como un llamado a la reflexión y a la acción. Que recordemos que, aunque las estructuras humanas fallen, el Espíritu Santo sigue siendo fiel. Y que, como dijo el apóstol Pablo, «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17, RVR1960). Que esa libertad nos guíe hacia un pentecostalismo renovado, auténtico y fiel a su llamado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Anderson, A. (2004). An Introduction to Pentecostalism: Global Charismatic Christianity. Cambridge University Press.
Keener, C. (2011). Miracles: The Credibility of the New Testament Accounts. Baker Academic.
Land, S. (1993). Pentecostal Spirituality: A Passion for the Kingdom. Sheffield Academic Press.
Macchia, F. (2006). Baptized in the Spirit: A Global Pentecostal Theology. Zondervan.
Robeck, C. (2006). The Azusa Street Mission and Revival: The Birth of the Global Pentecostal Movement. Nelson Reference & Electronic.
Soliván, S. (1998). The Spirit, Pathos, and Liberation: Toward an Hispanic Pentecostal Theology. Sheffield Academic Press.
Yong, A. (2005). The Spirit Poured Out on All Flesh: Pentecostalism and the Possibility of Global Theology. Baker Academic.