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El don de lenguas: ¿Un don con carácter misionero y evangelístico?

Por Fernando E. Alvarado.

El argumento cesacionista que sostiene que las «verdaderas lenguas» del Nuevo Testamento son xenoglosia (la capacidad sobrenatural de hablar en idiomas humanos conocidos, pero no aprendidos) y que su único propósito es misionero, se utiliza con frecuencia para desacreditar la práctica contemporánea de la glosolalia en movimientos como el pentecostalismo. Los cesacionistas afirman que las lenguas habladas por los pentecostales son «falsas» porque no cumplen con este criterio de ser idiomas humanos conocidos y de tener una finalidad evangelística o misionera. Sin embargo, este argumento tiene varios puntos débiles que lo hacen inviable desde una perspectiva bíblica y teológica.

Aunque en el evento de Pentecostés, descrito en Hechos 2, se registra un caso de xenoglosia donde los discípulos hablaban en lenguas que eran comprendidas por los judíos de diversas regiones, no se indica que esto fuera un modelo misionero a seguir en todas las manifestaciones del don de lenguas. Los que escucharon a los discípulos en Pentecostés exclamaron que estaban oyendo «las maravillas de Dios» en sus propios idiomas (Hechos 2:11), pero esta no fue una predicación del evangelio como tal. Más tarde, Pedro predicó el mensaje de salvación de manera comprensible para todos los oyentes, lo que refuerza que el don de lenguas no tenía como fin directo la evangelización, sino ser una señal de la obra del Espíritu Santo.

Además, en los otros pasajes del Nuevo Testamento que hablan sobre el don de lenguas, como en 1 Corintios 12 y 14, Pablo no relaciona este don exclusivamente con la misión o evangelización. De hecho, el apóstol destaca que el don de lenguas es una forma de comunicación espiritual entre el creyente y Dios, y que su objetivo principal es la edificación personal y, cuando es interpretado, la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:4-5). Esto contradice la idea cesacionista de que las lenguas son únicamente un medio para evangelizar a los no creyentes. El uso de las lenguas en las iglesias de Corinto, el cual no tenía ningún propósito misionero, sino que era una manifestación espiritual para la edificación de los creyentes, es prueba de ello.[1]

LAS LENGUAS NO TIENEN LA PREDICACIÓN, LAS MISIONES O EL EVANGELISMO COMO FIN PRIMARIO

El don de lenguas, aunque a veces ha sido entendido como una herramienta para fines misioneros y evangelísticos (sobre todo por aquellos que buscan invalidar la experiencia pentecostal y el uso devocional de las lenguas), está, bíblicamente, más relacionado con nuestra comunión con Dios, la edificación personal y el profetismo dentro del culto cristiano. Si bien algunos podrían pensar en el evento de Pentecostés en Hechos 2 como un ejemplo de su uso misionero, ese no es el caso. Al observar más de cerca el relato bíblico, notamos que el propósito de las lenguas en ese momento no fue para predicar el evangelio ni para llevar a cabo un proyecto misionero. En lugar de ser una herramienta de proclamación, las lenguas en Hechos fueron una manifestación sobrenatural que señalaba la presencia del Espíritu Santo y la proclamación de las maravillas de Dios.

En Hechos 2:11, después de que los discípulos comienzan a hablar en otras lenguas, los oyentes, quienes eran de diferentes regiones, exclaman: “les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Biblia Reina Valera, 1960). Este detalle es clave, ya que lo que los discípulos estaban proclamando no era un mensaje de evangelización o una predicación del evangelio, sino una glorificación de las obras de Dios. Fee (2014) señala que este acto de adoración no debe confundirse con el acto de predicación del evangelio (p. 723).[2] En otras palabras, lo que los discípulos estaban haciendo no era presentar un mensaje evangelístico, sino exaltar a Dios en lenguas que los presentes podían entender.

Este reconocimiento de las «maravillas de Dios» no contiene el contenido central del evangelio, como la muerte y resurrección de Jesucristo, que más tarde Pedro proclamará en su sermón. Lo que ocurrió fue una manifestación de alabanza en otras lenguas, una evidencia de la obra del Espíritu Santo entre los creyentes, no un acto de evangelización directa.

Es importante notar que después de la manifestación de las lenguas, la predicación propiamente dicha ocurrió a través de Pedro. En Hechos 2:14-36, Pedro se levanta y predica un mensaje claro y comprensible a todos los presentes, explicando lo que había sucedido y proclamando a Cristo como el Salvador resucitado. Si las lenguas hubiesen tenido un propósito misionero o evangelístico, no habría sido necesario que Pedro predicara en la lengua común de todos los oyentes.

Pedro tuvo que intervenir para explicar el significado de lo que acababa de ocurrir, ya que algunos pensaban que los discípulos estaban borrachos.[3] Esto demuestra que el propósito de las lenguas no fue hacer evangelismo, sino señalar la presencia y el poder del Espíritu Santo. La predicación, como instrumento de evangelización, vino después de que las lenguas cumplieran su propósito de evidenciar la intervención divina.

Incluso teólogos no pentecostales como Wayne Grudem (2010) subrayan que el uso de las lenguas en este contexto no fue un medio para comunicar el evangelio, sino un signo que apuntaba a la llegada del Espíritu Santo y al cumplimiento de las promesas divinas.[4] El Espíritu Santo estaba sellando a los creyentes y demostrando su presencia de una manera poderosa y visible, para que todos los presentes, tanto judíos como gentiles, supieran que algo nuevo estaba ocurriendo. Sin embargo, la proclamación del mensaje del evangelio quedó en manos de Pedro, quien, bajo la inspiración del Espíritu, predicó en términos claros y comprensibles para todos.

Al observar detenidamente otros textos del Nuevo Testamento, especialmente las cartas de Pablo, nos damos cuenta de que el propósito principal de este don no era para evangelizar a otras culturas, sino para fomentar la comunión íntima con Dios y edificar a la iglesia.

EL DON DE LENGUAS COMO COMUNIÓN PERSONAL CON DIOS

En 1 Corintios 14:2, Pablo nos dice que “el que habla en lengua no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios” (Biblia Reina Valera, 1960). Esto nos muestra que el don de lenguas tiene una dimensión vertical, es decir, es una forma de comunicación directa entre el creyente y Dios. No se trata de un medio para llevar el mensaje a otros, sino de una forma de adoración y comunión íntima. Esto explica por qué Pablo describe el don como algo que edifica a la persona que lo usa.[5] Aunque en un contexto congregacional puede ser interpretado para beneficio de todos (1 Corintios 14:5), su función principal parece ser para profundizar nuestra relación personal con Dios, no para predicar el Evangelio.

EDIFICACIÓN PERSONAL Y SU LUGAR EN LA ADORACIÓN

En 1 Corintios 14:4, Pablo nuevamente afirma que «el que habla en lengua a sí mismo se edifica» (Biblia Reina Valera, 1960). Este enfoque en la edificación personal nos dice mucho sobre la naturaleza del don. Nos ayuda a comprender que el hablar en lenguas, aunque puede ser un acto profundamente espiritual, está más orientado a nuestro crecimiento interno que a la proclamación del evangelio a otros. Este don permite a los creyentes expresarse en oración y adoración de una manera que trasciende nuestras capacidades lingüísticas normales, lo que refuerza una comunión profunda con Dios.[6] Dentro del contexto de la iglesia, este don, cuando se acompaña de interpretación, también puede edificar a los demás, pero sigue siendo algo que fortalece principalmente nuestra vida espiritual individual.

EL DON DE LENGUAS COMO SEÑAL PROFÉTICA

Además de su uso para la comunión personal con Dios, Pablo nos enseña en 1 Corintios 14:22 que «las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos» (Biblia Reina Valera, 1960). Al principio, podríamos pensar que esto refuerza la idea de un uso misionero, pero cuando leemos el contexto completo, nos damos cuenta de que Pablo está advirtiendo que el uso de las lenguas sin interpretación puede ser confuso para los no creyentes. Las lenguas sin interpretación no son necesariamente una herramienta de evangelización, sino más bien una señal de juicio para los incrédulos que no entienden lo que está sucediendo.[7] De esta forma, las lenguas pueden tener un valor profético dentro del culto, pero no como una herramienta directa de predicación misionera.

AUSENCIA DE USO MISIONERO EN LA PRÁCTICA DE PABLO

Pablo, como sabemos, fue un misionero que llevó el evangelio a diferentes culturas e idiomas, pero no encontramos evidencia en el Nuevo Testamento de que haya utilizado el don de lenguas para evangelizar. Aunque él mismo afirma que habla en lenguas «más que todos vosotros» (1 Corintios 14:18), también dice que preferiría hablar cinco palabras claras en la congregación que diez mil en lenguas (1 Corintios 14:19). Esto nos muestra que su prioridad en el ministerio misionero era la claridad y comprensión, no el uso del don de lenguas para comunicarse con otros pueblos.[8] Esto refuerza la idea de que el don de lenguas es más útil en un contexto personal o congregacional que en la misión evangelística.

¿XENOGLOSIA O GLOSOLALIA?

Los cesacionistas a menudo argumentan que la glosolalia,[9] es decir, la emisión de sonidos que no corresponden a lenguas humanas conocidas, no puede ser un don genuino del Espíritu Santo. Sin embargo, esta crítica pasa por alto la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 14:2, donde dice que “el que habla en lengua no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios”. Esta descripción sugiere que las lenguas no tienen que ser necesariamente un idioma humano conocido, sino que pueden consistir en expresiones espirituales que no son comprensibles para los oyentes sin la interpretación divina.

El enfoque cesacionista en la xenoglosia[10] es demasiado restrictivo y no abarca la diversidad de manifestaciones del don de lenguas descritas en las Escrituras. La glosolalia, tal como la practican muchos pentecostales es, bíblicamente, una forma válida del don de lenguas, en la que el creyente está involucrado en una profunda comunión espiritual con Dios, aunque el lenguaje usado no sea entendible por otros sin interpretación (p. 117).[11] Así, la glosolalia no debe descartarse automáticamente como «falsa» simplemente porque no es xenoglosia.

El argumento cesacionista también falla al no reconocer la diversidad de dones espirituales y su propósito en la edificación de la iglesia. En 1 Corintios 12:10, Pablo habla de «diversos géneros de lenguas», lo que indica que no todas las lenguas son iguales en su forma o función. Algunas pueden ser usadas para la edificación personal, mientras que otras, cuando son interpretadas, pueden ser para la edificación de la congregación. Esta diversidad señalada en las Escrituras refuta la idea de que todas las lenguas deben ser idiomas humanos conocidos, lo cual es una reducción del espectro de cómo opera el Espíritu Santo en la vida del creyente.[12]

Además, el mismo Pablo afirma que preferiría hablar en lenguas en privado y profetizar en público (1 Corintios 14:18-19), lo que demuestra que las lenguas no siempre tienen que tener un propósito comunicativo para los demás, sino que también pueden tener una dimensión vertical de adoración y comunión con Dios. El cesacionismo, al ignorar esta dimensión de edificación personal y adoración, limita indebidamente el propósito del don de lenguas y no respeta la amplitud de su aplicación en la vida cristiana.

¡NO IMPIDÁIS EL HABLAR EN LENGUAS!

Aunque el don de lenguas podría tener algunas aplicaciones misioneras (hemos sabido de este tipo de experiencias entre nuestros misioneros), la evidencia bíblica nos muestra que su propósito principal está en la comunión personal con Dios, la edificación de nuestra vida espiritual y el fortalecimiento de la iglesia cuando se usa con interpretación. No encontramos en las Escrituras indicios de que Pablo o los misioneros de la iglesia primitiva dependieran del don de lenguas para su labor misionera. De este modo, el don de lenguas es más espiritual que pragmático, más enfocado en nuestra relación con Dios y en la edificación de la iglesia que en la evangelización de las naciones.

El argumento cesacionista de que las verdaderas lenguas son exclusivamente xenoglosia con un fin misionero es insostenible a la luz de la enseñanza bíblica. Las Escrituras presentan las lenguas como una manifestación del Espíritu Santo con múltiples propósitos, incluyendo la edificación personal y comunitaria, no limitándose a la evangelización. La glosolalia, tal como se practica en movimientos pentecostales, es consistente con la descripción bíblica del don de lenguas, ya que no se trata necesariamente de lenguas humanas conocidas, sino de un lenguaje espiritual que puede ser interpretado y convertirse en un mensaje profético para la iglesia. El argumento cesacionista, por tanto, es inválido al no abarcar la diversidad y profundidad del don de lenguas en el Nuevo Testamento.

BIBLIOGRAFIA Y FUENTES


[1] Fee, G. D. (2014). The First Epistle to the Corinthians (Revised Edition). Wm. B. Eerdmans Publishing Co., p. 665.

[2] Fee, 2014, p. 723.

[3] Carson, D. A. (2013). Showing the Spirit: A Theological Exposition of 1 Corinthians 12-14. Baker Academic, p. 114.

[4] Grudem, W. (2010). Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine. Zondervan, p. 1055.

[5] Fee, 2014, p. 661.

[6] Carson, 2013, p. 105.

[7] Ibid., p. 123.

[8] Grudem, 2010, p. 1053.

[9] Glosolalia es el fenómeno de hablar en lenguas que no son reconocibles como lenguas humanas conocidas. Este término se utiliza comúnmente para describir el don de lenguas mencionado en el Nuevo Testamento, particularmente en 1 Corintios 12-14. A diferencia de la xenoglosia, que se refiere a hablar en un idioma humano no aprendido, la glosolalia involucra la emisión de sonidos y expresiones que no corresponden a ningún lenguaje humano identificable, y que, según la teología pentecostal, es una forma de comunicación espiritual entre el creyente y Dios. Grudem (2010) define la glosolalia como «el fenómeno de hablar en una lengua que no es reconocible como un idioma humano normal, lo cual, según Pablo, es una forma de oración espiritual en el Espíritu» (p. 1070). En su análisis, Grudem señala que este tipo de lenguas no debe entenderse como un medio de comunicación humana, sino más bien como una expresión de adoración y edificación personal que puede ser interpretada para la edificación de la iglesia (Véase: Grudem, W. (2010). Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine. Zondervan).

[10] Xenoglosia es el fenómeno sobrenatural en el cual una persona es capaz de hablar o entender un idioma humano que nunca ha aprendido de manera natural. Este término se utiliza a menudo en discusiones teológicas sobre los dones espirituales, particularmente en referencia a lo que sucedió en el día de Pentecostés, cuando los apóstoles hablaron en lenguas entendidas por personas de diferentes regiones y culturas (Hechos 2). En este contexto, la xenoglosia se refiere a la capacidad divina de comunicarse en lenguas extranjeras para testimonio o señal de la obra del Espíritu Santo. Según Grudem (2010), «xenoglosia es la capacidad sobrenatural de hablar en un idioma humano no aprendido por el hablante, tal como se describe en el evento de Pentecostés» (p. 1061). Esta capacidad es vista como una manifestación particular del don de lenguas, pero no la única, ya que en otros contextos bíblicos, las lenguas no necesariamente corresponden a idiomas humanos conocidos (Véase: Grudem, W. (2010). Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine. Zondervan).

[11] Carson, 2013, p. 117.

[12] Grudem, 2010, p. 1062.

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