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Evidencialismo en las declaraciones de fe pentecostales clásicas: ¿Por qué la creencia en las lenguas como evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo sigue siendo relevante en nuestra época?

Por Fernando E. Alvarado.

Las declaraciones de fe de las iglesias pentecostales clásicas han sido, históricamente, evidencialistas en cuanto al hablar en lenguas como la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo. Estas confesiones de fe establecen claramente que el hablar en lenguas es una señal visible y audible de la llenura del Espíritu. Sin embargo, en años recientes, hemos visto una tendencia en algunos pastores y líderes dentro de estas mismas denominaciones que han comenzado a desviarse de estas doctrinas fundamentales, debilitando así su mensaje y comprometiendo la integridad doctrinal que las distingue. Este desvío tiene serias consecuencias tanto teológicas como prácticas, ya que lleva a una erosión de las enseñanzas bíblicas y a la aceptación de manifestaciones espirituales sin fundamento bíblico claro.

LA EVIDENCIA INICIAL DE LAS LENGUAS EN LAS DECLARACIONES DE FE PENTECOSTALES

Las Asambleas de Dios, en sus Verdades Fundamentales, declaran explícitamente que el bautismo en el Espíritu Santo es subsecuente a la conversión y que el hablar en otras lenguas, es la evidencia física inicial de esta experiencia.[1] Esta declaración está basada en los pasajes del libro de los Hechos, como Hechos 2:4; 10:44-46; y 19:6, donde el hablar en lenguas se presenta consistentemente como una señal clara de la llenura del Espíritu.

Otras denominaciones pentecostales comparten esta misma perspectiva. Por ejemplo, la Iglesia de Dios (Cleveland, TN) afirma en su declaración de fe que el bautismo en el Espíritu Santo se evidencia inicialmente por el hablar en otras lenguas, como lo enseña el Nuevo Testamento».[2] De igual manera, la Iglesia Internacional de la Cuadrangular sostiene que «la manifestación física inicial del bautismo en el Espíritu Santo es el hablar en lenguas».[3]

Desafortunadamente, y a pesar de la claridad de estas declaraciones doctrinales, muchos líderes y pastores dentro de estas mismas denominaciones han comenzado a desviarse de este principio evidencialista. Esto se puede atribuir a diversos factores, como la presión cultural o el deseo de evitar conflictos con aquellos que no han experimentado el hablar en lenguas. Estos líderes, al suavizar o negar la doctrina del evidencialismo, fallan en adherirse a las enseñanzas oficiales de sus propias denominaciones, lo que resulta en una teología diluida y sin fundamento bíblico sólido. Este desvío de la norma del hablar en lenguas ha llevado a una crisis de identidad dentro del movimiento pentecostal,[4] pues va más allá de ser solo una cuestión de interpretación doctrinal. Es más bien una cuestión de fidelidad a las Escrituras y a las confesiones de fe que han caracterizado al pentecostalismo clásico. Por lo tanto, tal negación de las lenguas como evidencia inicial genera confusión entre los creyentes sobre la naturaleza del bautismo en el Espíritu Santo, ya que erosiona un aspecto central de la identidad pentecostal y abre las puertas de nuestras congregaciones ante cualquier manifestación espiritual antibíblica que llega a tomarse como sustituto de las lenguas como evidencia inicial.[5]

¿ACASO EXAGERAMOS LA IMPORTANCIA DE LAS LENGUAS COMO EVIDENCIA INICIAL?

No, no estamos exagerando. Negar el evidencialismo, es decir, la creencia de que el hablar en lenguas es la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo, representa un riesgo tanto teológico como práctico para nuestras comunidades de fe. Al rechazar esta enseñanza, nos arriesgamos a abrir la puerta para aceptar cualquier tipo de manifestación, incluso aquellas que no son bíblicas o que, en el peor de los casos, pueden ser profanas. Este tipo de negación, además, muchas veces surge porque no lo hemos experimentado personalmente o porque, por compasión, tratamos de no incomodar a aquellos que no lo han vivido. La Biblia, sin embargo, establece un patrón claro en el libro de los Hechos que debemos considerar seriamente (Hechos 2:4, 10:44-46; 19:6, NVI). Dicho patrón no puede ser modificado a conveniencia, para encajar con otros movimientos cristianos, evitar discusiones o por complacer a quienes desearían que dicha enseñanza fuese eliminada de nuestras declaraciones de fe. Y esto por dos razones básicas:

1. Riesgo teológico: desviación de un patrón bíblico claro

Al observar las Escrituras, particularmente el libro de los Hechos, encontramos un patrón claro: el hablar en lenguas es una manifestación evidente y visible de la llenura del Espíritu Santo. En tres ocasiones se nos relata que, al recibir el Espíritu, los creyentes hablaron en lenguas (Hechos 2:4; 10:44-46; 19:6). Negar este patrón pone en peligro la solidez de nuestra doctrina y abre la puerta a que cualquier manifestación, por muy emocional o sensacional que parezca, sea aceptada como una obra del Espíritu. Dejar de lado este estándar bíblico es un riesgo que compromete nuestra comprensión de la obra del Espíritu Santo. La evidencia inicial del Espíritu es clara en cada relato de la experiencia en Hechos. No es nuestro derecho negarlo o modificarlo.[6]

Además, si no aceptamos el hablar en lenguas como señal de la llenura del Espíritu, ¿cómo discernimos si alguien realmente ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo? La Biblia nos da un testimonio claro de cómo Dios confirma esta experiencia a través de las lenguas, y al negarlo, debilitamos nuestra teología al no permitir que la Escritura sea la autoridad final (Hechos 2:4; 10:46; 19:6, NVI). Como lo señala Horton (2009), “el hablar en lenguas era la señal visible y externa que los apóstoles reconocieron como el don del Espíritu”.[7]

2. Riesgo práctico: confusión y permisividad a lo profano

En la práctica, esto también puede generar confusión. Cuando negamos el hablar en lenguas como una evidencia bíblica del bautismo en el Espíritu, dejamos un vacío que puede ser llenado por cualquier tipo de manifestación, incluso aquellas que no son bíblicas. Esto puede llevar a aceptar prácticas que no tienen un fundamento en la Palabra de Dios. Al no tener una referencia clara como el hablar en lenguas, algunas congregaciones pueden ser vulnerables a aceptar manifestaciones puramente emocionales o incluso profanas. Las experiencias espirituales, sin embargo, deben ser evaluadas a la luz de la Escritura y no meramente por el entusiasmo emocional.[8]

Si no tenemos un criterio claro y bíblico para evaluar las manifestaciones del Espíritu, podemos caer en el desorden que Pablo advierte en 1 Corintios 14:33: “porque Dios no es un Dios de confusión, sino de paz” (NVI). Negar el evidencialismo nos deja sin un marco de referencia claro, y esto puede abrir la puerta a la aceptación de cualquier manifestación sin el debido discernimiento bíblico. Cuando no existe un criterio bíblico claro, la experiencia subjetiva puede volverse el único árbitro de lo que es auténtico.[9]

EL PELIGRO DE HACER TEOLOGÍA A PARTIR DE LA AUSENCIA DE EXPERIENCIA

A menudo, hacemos teología basada en lo que no hemos experimentado. Esta es una trampa sutil pero peligrosa. Porque no hemos hablado en lenguas o no lo hemos visto en otros, concluimos que no es necesario o que ya no es para este tiempo. Este enfoque pone nuestra experiencia personal por encima de la revelación de la Escritura, lo cual nos puede llevar a conclusiones equivocadas. Sin embargo, la experiencia personal nunca debe reemplazar la enseñanza clara de la Biblia.[10]

Este tipo de teología no solo es peligrosa para nuestra comprensión de la obra del Espíritu, sino que también limita nuestra expectativa de lo que Dios puede hacer. Al basarnos en nuestra experiencia limitada, en lugar de en la Palabra de Dios, cerramos la puerta a lo que Él quiere manifestar en nuestras vidas. Las Escrituras son claras: “para ustedes es la promesa, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar” (Hechos 2:39, NVI). La promesa del Espíritu Santo y del hablar en lenguas sigue vigente, pues la promesa es para todos los creyentes de todas las generaciones”.[11]

TEOLOGÍA DE LA CONSOLACIÓN: EL RIESGO DE ACOMODAR LAS EMOCIONES HUMANAS

Es natural que queramos consolar a aquellos que no han experimentado el hablar en lenguas, para que no se sientan excluidos o inferiores. Sin embargo, si nuestra teología se construye sobre la base de no querer incomodar a los demás, corremos el riesgo de diluir las verdades bíblicas. En lugar de desafiar a los creyentes a buscar más de Dios y desear una manifestación plena de Su Espíritu, podríamos minimizar la importancia del hablar en lenguas para que aquellos que no lo han experimentado no se sientan mal. No obstante, el confort emocional nunca debe ser la base de nuestras doctrinas, sino la verdad bíblica.[12]

Este enfoque, aunque bien intencionado, puede limitar la obra del Espíritu en nuestras vidas. No se trata de hacer que alguien se sienta inferior, sino de animar a todos los creyentes a buscar más de Dios y experimentar Su llenura. El apóstol Pablo nos exhorta a anhelar las manifestaciones espirituales, especialmente las lenguas y la profecía (1 Corintios 14:1, NVI). Si nos conformamos con menos por temor a herir sentimientos, podemos terminar privando a los creyentes de experimentar la plenitud del Espíritu. No debemos perder de vista que la expectativa bíblica es que los creyentes busquen la plenitud del Espíritu.[13]

UNA VERDAD NO NEGOCIABLE

Al no enseñar y predicar la doctrina del evidencialismo, los pastores y líderes están debilitando el énfasis en la llenura del Espíritu y la importancia de la manifestación de los dones espirituales en la vida de los creyentes. Esto puede llevar a que los creyentes no busquen activamente la llenura del Espíritu Santo y, en consecuencia, no experimenten la plenitud de su poder en sus vidas. Este es un asunto delicado, ya que negar o minimizar la evidencia inicial de las lenguas puede resultar en una congregación que no busca fervientemente los dones espirituales, lo que lleva a un estancamiento espiritual.[14]

Además, este desvío crea una desconexión entre la enseñanza bíblica y la práctica cristiana. Al no enfatizar la importancia de las lenguas, muchos líderes permiten que otras manifestaciones espirituales o emocionales ocupen el lugar de lo que la Biblia establece como la señal clara del bautismo en el Espíritu. Esto puede llevar a una falta de discernimiento y a la aceptación de experiencias espirituales que no tienen fundamento en la Palabra de Dios (desmayos, sueños, visiones, risa descontrolada, danza frenética, convulsiones, etc.). Cuando los líderes se apartan de la norma bíblica, corren el riesgo de permitir que la experiencia personal se convierta en el criterio para validar las manifestaciones espirituales.

LA IMPORTANCIA DE VOLVER A LAS RAÍCES DOCTRINALES

Es crucial que, como comunidad pentecostal, volvamos a nuestras raíces doctrinales y reafirmemos la importancia del evidencialismo. Las lenguas no son una mera opción o una manifestación más entre muchas; son la evidencia bíblica del bautismo en el Espíritu Santo, tal como se enseña en Hechos. La fidelidad a esta enseñanza es esencial para mantener la integridad de nuestra fe y asegurar que no nos desviemos hacia manifestaciones espirituales que no tienen fundamento bíblico.

Volver a las raíces pentecostales implica no solo una reafirmación de las lenguas como evidencia inicial, sino también un llamado a nuestras congregaciones a buscar con fervor la plenitud del Espíritu Santo.[15] Esta búsqueda es vital para la vida de la iglesia y para la misión de llevar el evangelio a todas las naciones con el poder del Espíritu.

Las verdades de nuestra fe no están en venta, no son negociables. No las dejaremos atrás solo para evitar el conflicto o encajar con aquellos que rechazan el pentecostalismo. Estamos conscientes de que negar el evidencialismo es peligroso tanto teológicamente como en la vida práctica de la iglesia. Abre la puerta a aceptar manifestaciones no bíblicas o incluso profanas, genera confusión y nos lleva a hacer teología basada en la ausencia de experiencia. Además, al tratar de consolar a aquellos que no han hablado en lenguas, corremos el riesgo de diluir las verdades bíblicas y minimizar la importancia de buscar la plenitud del Espíritu Santo. Como creyentes, necesitamos mantenernos fieles a la Palabra y no permitir que nuestras limitaciones o emociones personales influyan en nuestra comprensión de la obra de Dios en nuestras vidas.


BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

[1] Asambleas de Dios. (2009). Verdades Fundamentales. Gospel Publishing House, p. 12.

[2] Iglesia de Dios (Cleveland, TN). (2018). Declaración de Fe. Pathway Press, p. 9.

[3] Iglesia Internacional de la Cuadrangular. (2016). Declaración de Fe. The Foursquare Church, p. 7.

[4] Macchia, F. (2006). Baptized in the Spirit: A Global Pentecostal Theology. Zondervan, p. 156.

[5] Menzies, R. (2016). Empowered for Witness: The Spirit in Luke-Acts. T&T Clark, p. 145.

[6] Menzies, R. (2016). Empowered for Witness: The Spirit in Luke-Acts. T&T Clark, p. 128.

[7] Horton, S. (2009). What the Bible Says About the Holy Spirit. Gospel Publishing House, p. 223.

[8] Arrington, F. (2018). The Acts of the Apostles: An Exegetical and Contextual Commentary. Zondervan, p. 312.

[9] Stronstad, R. (2012). The Charismatic Theology of St. Luke: Trajectories from the Old Testament to Luke-Acts. Baker Academic, p. 98.

[10] Menzies, R. (2016), p. 132.

[11] Horton, S. (2009), p. 226.

[12] Ibid., p. 228.

[13] Stronstad, R. (2012), p. 102.

[14] Horton, S. (2009), p. 220.

[15] Macchia, F. (2006), p. 160.

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