Por Fernando E. Alvarado.
Cuando escuchamos la palabra «pentecostal», es normal que lo primero que venga a la mente sea el don de lenguas. Es algo que ha marcado nuestra identidad y experiencia como movimiento. Sin embargo, aunque hablar en lenguas ha sido una de las expresiones más visibles de nuestra espiritualidad, no es el único don que valoramos ni el único que el Espíritu Santo nos otorga. Los pentecostales también destacamos otros dones que son igual de importantes para la vida de la iglesia y para el ministerio, y uno de ellos es el don de palabra de ciencia. A través de la palabra de ciencia, el Espíritu nos revela conocimientos que no podríamos obtener por nuestros propios medios. Esto nos ayuda a tomar decisiones, a ministrar a otros y a entender situaciones de una manera que trasciende lo que es visible a simple vista.

EL DON DE PALABRA DE CIENCIA EN LA BIBLIA
Cuando leemos 1 Corintios 12:8, encontramos una lista de dones que el Espíritu Santo distribuye según su voluntad, y uno de ellos es el don de palabra de ciencia. La palabra «ciencia», traducida del griego gnosis, nos habla de un conocimiento especial, algo que Dios revela y que nosotros, por nuestras propias capacidades, no podríamos descubrir. Este tipo de conocimiento no es accesible por medios humanos ordinarios, sino que viene directamente del Espíritu.[1]
Cuando exploramos la Biblia en busca de ejemplos del don de palabra de ciencia, nos damos cuenta de cómo Dios ha revelado su conocimiento en momentos clave para guiar a su pueblo. Estos ejemplos no solo ilustran la manifestación del don, sino que también nos inspiran a confiar en que Dios sigue hablando de maneras específicas y sobrenaturales en nuestras vidas hoy. A continuación, presentamos algunos ejemplos bíblicos que nos muestran cómo este don ha sido usado a lo largo de las Escrituras.
1. Pedro y Ananías y Safira (Hechos 5:1-11)
Uno de los ejemplos más claros del don de palabra de ciencia lo encontramos en la historia de Ananías y Safira en Hechos 5:1-11, donde Pedro recibe un conocimiento sobrenatural sobre la deshonestidad de este matrimonio. ¿Cómo lo supo? No fue por sus propios medios; fue por revelación divina. Pedro, sin información previa, recibe conocimiento divino de que esta pareja había mentido sobre el dinero que habían obtenido de la venta de su propiedad. El Espíritu le revela la verdad, lo que resulta en un juicio inmediato. Este es un ejemplo de cómo el don de palabra de ciencia puede ser usado para traer corrección en situaciones donde la verdad está oculta[2], así como una muestra clara de cómo Dios sigue trabajando de manera personal y directa en la iglesia.[3] Este don no es algo distante o abstracto; es una muestra de cómo Dios nos cuida y nos guía.
2. Jesús y la Samaritana (Juan 4:16-19)
En el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, vemos otro ejemplo del don de palabra de ciencia. Jesús le dice a la mujer detalles sobre su vida personal que ella nunca le había mencionado: «Has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido» (Juan 4:18). Esta revelación produce un cambio en la mujer, quien se da cuenta de que está ante alguien que tiene conocimiento divino. Este evento muestra cómo la palabra de ciencia no solo es usada para la corrección, sino también para despertar el corazón de una persona hacia la verdad espiritual.[4]
3. Natanael bajo la higuera (Juan 1:47-49):
Cuando Natanael se acerca a Jesús, este le dice: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. Natanael, sorprendido, pregunta cómo lo conoce, y Jesús le dice: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael reconoce de inmediato la capacidad sobrenatural de Jesús y responde: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios”.
4. Los pensamientos de los fariseos (Mateo 9:4, Lucas 5:22):
En varias ocasiones, Jesús percibe los pensamientos y motivaciones ocultas de las personas. Por ejemplo, cuando los fariseos cuestionan en su corazón por qué Jesús perdona los pecados, Él les responde directamente, mostrando que conocía sus pensamientos: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?”.

5. El joven rico (Marcos 10:17-22):
Cuando el joven rico se acerca a Jesús preguntando qué debe hacer para heredar la vida eterna, Jesús, conociendo su apego a las riquezas, le dice que venda todo lo que tiene y lo dé a los pobres. Aquí, Jesús revela una comprensión profunda del corazón y las prioridades de este hombre, algo que el joven aún no había expresado directamente.
6. El episodio de la moneda para el tributo (Mateo 17:24-27):
Cuando Pedro es interrogado sobre si Jesús paga el impuesto del templo, Jesús, antes de que Pedro pueda decirle lo que ocurrió, le pregunta sobre los impuestos y luego le instruye a encontrar una moneda en la boca de un pez para pagar por ambos. Jesús mostró un conocimiento preciso no solo de la situación externa, sino también de la forma exacta en que resolverían el problema.
7. Eliseo y los movimientos del rey de Siria (2 Reyes 6:8-12)
En la vida de Eliseo también encontramos manifestaciones del don de palabra de ciencia. El profeta tenía conocimiento detallado de los planes secretos del rey de Siria, hasta el punto de que el rey llegó a creer que había un traidor entre sus propios hombres. Sin embargo, uno de sus siervos le dijo: «Eliseo, el profeta que está en Israel, le cuenta al rey de Israel las palabras que hablas en tu recámara» (2 Reyes 6:12). Este pasaje muestra cómo Dios usa este don no solo para el beneficio individual, sino para proteger y dirigir a su pueblo en tiempos de conflicto.[5]
8. Pablo y Elimas el mago (Hechos 13:6-12)
Otro ejemplo del don de palabra de ciencia se da en el encuentro de Pablo con Elimas el mago. Pablo, lleno del Espíritu Santo, percibe la corrupción en el corazón de Elimas y lo reprende severamente, revelando su verdadera naturaleza. Este acto de discernimiento resulta en la ceguera temporal de Elimas. Dicho incidente muestra cómo el don de palabra de ciencia puede desenmascarar el engaño y proteger la integridad del evangelio en contextos de oposición espiritual.[6]
9. Samuel y Saúl (1 Samuel 9:19-20)
El profeta Samuel también es un ejemplo de alguien que operó en el don de palabra de ciencia. Cuando Saúl llega a buscar a las asnas perdidas de su padre, Samuel ya sabía de antemano que Dios lo había escogido para ser rey y que las asnas ya habían sido encontradas. Esto fue una revelación directa de Dios, que no solo trajo tranquilidad a Saúl, sino que también marcó el comienzo de su reinado. Este relato subraya cómo la palabra de ciencia puede ser usada para traer dirección divina y afirmar el propósito de Dios en la vida de una persona.[7]
Todos estos ejemplos bíblicos nos muestran cómo el don de palabra de ciencia ha sido usado a lo largo de la historia de la salvación para revelar la verdad, traer corrección, y guiar al pueblo de Dios. Cada uno de estos relatos refleja la manera en que Dios sigue hablando y revelando su conocimiento a través de su Espíritu.

FUNCIÓN DEL DON EN LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA
En nuestra vida eclesial, el don de palabra de ciencia tiene un lugar especial, ya que constituye una herramienta poderosa para la dirección pastoral y el ministerio de sanidad[8], sobre todo cuando nos encontramos en situaciones donde necesitamos discernimiento, ya sea para tomar decisiones difíciles o para ministrar a alguien que está luchando con un problema que no entendemos completamente. Es en esos momentos que este don puede ser una bendición enorme, porque Dios nos revela algo que, de otro modo, no podríamos saber.
El uso adecuado de este don trae convicción, revela la verdad y nos ayuda a crecer como cuerpo de Cristo.[9] Así, no solo se trata de recibir información, sino de utilizarla para edificar a los demás y para buscar siempre la verdad en el amor. El don de palabra de ciencia nos recuerda que el Espíritu sigue hablando a la iglesia hoy. Este don no es algo que quedó en el pasado; sigue siendo relevante para nosotros hoy, en medio de nuestras luchas, preguntas y decisiones.[10]
INTERPRETACIONES TEOLÓGICAS DEL DON DE PALABRA DE CIENCIA EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA
A lo largo de los siglos, la iglesia ha interpretado el don de palabra de ciencia de diferentes maneras.
Interpretación en la Iglesia Primitiva
En la Iglesia primitiva, el don de palabra de ciencia fue comprendido como una manifestación directa del Espíritu Santo, otorgada para edificación de la comunidad. Los Padres de la Iglesia, como Justino Mártir y Orígenes, entendieron este don como una capacidad sobrenatural para comprender las Escrituras y los misterios de Dios. Orígenes, por ejemplo, hablaba de la necesidad de este don para penetrar en los significados más profundos de las Escrituras, que no eran accesibles solo por medio de la razón humana.[11] A partir de esta interpretación, se hacía hincapié en que el conocimiento revelado por el Espíritu no era meramente intelectual, sino una sabiduría que transformaba el corazón y la mente del creyente.
Es interesante notar cómo, en esta etapa temprana, la palabra de ciencia no estaba limitada a una comprensión teológica abstracta, sino que estaba íntimamente conectada con la vida diaria de la comunidad cristiana. Los creyentes dependían de este don para recibir orientación espiritual en tiempos de persecución y para discernir la voluntad de Dios en circunstancias difíciles.[12]
La Edad Media: Interpretación monástica y mística
Durante la Edad Media, especialmente en el contexto monástico, el don de palabra de ciencia comenzó a ser visto de una manera más contemplativa. Los monjes y teólogos medievales, como Bernardo de Claraval y Tomás de Aquino, relacionaron este don con la contemplatio o contemplación de Dios. Para Tomás de Aquino, este don era una forma de conocimiento infuso, es decir, un conocimiento directo y sobrenatural que no podía ser alcanzado por medios naturales.[13] Este conocimiento no solo involucraba la comprensión de las Escrituras, sino también una percepción profunda de la naturaleza y el propósito de la creación.
En esta época, el don de palabra de ciencia también fue asociado con el discernimiento de espíritus, ya que los líderes espirituales de la Iglesia usaban este don para guiar a las almas en su búsqueda de Dios y para proteger a la comunidad de herejías y desviaciones doctrinales.[14] Aquí, vemos una evolución en la función del don, desde una herramienta para la comprensión teológica hasta un recurso esencial en la vida espiritual y pastoral.

Reforma Protestante: Nuevas interpretaciones
Con la llegada de la Reforma Protestante en el siglo XVI, el don de palabra de ciencia fue reinterpretado por los reformadores en un nuevo marco teológico. Martín Lutero y Juan Calvino, dos de las figuras más influyentes del movimiento reformista, subrayaron la centralidad de las Escrituras como la única fuente de revelación divina. Lutero, en particular, rechazaba la idea de una revelación continua fuera de la Biblia, lo que limitaba el papel del don de palabra de ciencia a una correcta interpretación de la Palabra de Dios.[15]
Por otro lado, Calvino, aunque compartía una postura similar en cuanto a la supremacía de las Escrituras, aceptaba que el Espíritu Santo seguía iluminando las mentes de los creyentes para una comprensión más profunda y personal de la Biblia.[16] En este sentido, el don de palabra de ciencia fue interpretado como una ayuda indispensable para el ministerio de la predicación y la enseñanza bíblica, siempre bajo el control de las Escrituras.
Siglo XX: El renacimiento carismático y pentecostal
El siglo XX trajo consigo un renacimiento del interés por los dones espirituales, especialmente en los movimientos carismático y pentecostal. En estos contextos, el don de palabra de ciencia fue revalorizado como una manifestación activa del Espíritu en la vida cotidiana de los creyentes. A diferencia de las interpretaciones más restrictivas de los reformadores, los pentecostales creemos que este don puede manifestarse a través de revelaciones específicas que Dios da para situaciones concretas, como la sanidad, la dirección ministerial o la advertencia sobre peligros inminentes.[17]
A través de palabras específicas dadas por el Espíritu, los creyentes pueden ser usados como canales para comunicar la voluntad de Dios en contextos públicos y privados, edificando a la iglesia de Cristo. Para nosotros, los pentecostales, el don de palabra de ciencia sigue siendo una evidencia clave de la obra del Espíritu en el mundo actual.

LA CONFUSIÓN ENTRE EL DON DE PALABRA DE CIENCIA, PROFECÍA Y DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS
El don de palabra de ciencia es uno de los dones más malinterpretados en la Iglesia, siendo frecuentemente confundido con el don de profecía y el discernimiento de espíritus. La razón de esta confusión radica, en parte, en la naturaleza sobrenatural de estos dones, ya que todos involucran una comunicación especial de parte del Espíritu Santo y, en ocasiones, su manifestación puede parecer similar. Sin embargo, al examinar las Escrituras y el contexto en el que Pablo menciona estos dones en 1 Corintios 12, podemos identificar diferencias claras que nos ayudan a entender sus funciones específicas dentro de la Iglesia.
El don de palabra de ciencia y su confusión con el don de profecía
El don de palabra de ciencia, según 1 Corintios 12:8, es la capacidad de recibir un conocimiento especial revelado por el Espíritu Santo. Este conocimiento puede referirse a una verdad divina, un misterio espiritual o información específica que Dios da para una situación concreta. Este don se distingue del don de profecía porque, mientras la palabra de ciencia puede incluir información revelada, no necesariamente implica una proclamación profética. El don de profecía, en cambio, se define como la capacidad de hablar en nombre de Dios, comunicando su mensaje para edificación, exhortación o consolación (1 Corintios 14:3, NVI). Así, aunque ambos dones incluyen una dimensión de revelación, la profecía está más orientada a la proclamación y dirección pública, mientras que la palabra de ciencia puede ser una revelación más privada o específica.[18]
Por ejemplo, en Hechos 5:1-11, cuando Pedro confronta a Ananías y Safira sobre su mentira, él recibe una revelación específica del Espíritu sobre el engaño de la pareja. Este es un caso típico de palabra de ciencia, ya que se trata de un conocimiento específico y oculto que Dios le da a Pedro. En cambio, en Hechos 11:27-28, Agabo profetiza sobre una hambruna venidera, lo cual es un mensaje dirigido a toda la comunidad para su preparación. En este último caso, claramente estamos ante el don de profecía. La distinción aquí es clara: el don de palabra de ciencia revela información, mientras que el don de profecía comunica un mensaje de Dios para guiar a su pueblo.
La relación entre el don de palabra de ciencia y el discernimiento de espíritus
El don de palabra de ciencia también se confunde a menudo con el discernimiento de espíritus. Ambos dones comparten el elemento de revelación divina, pero el discernimiento de espíritus, mencionado en 1 Corintios 12:10, se refiere específicamente a la capacidad de distinguir entre diferentes influencias espirituales: si una manifestación es del Espíritu Santo, de un espíritu maligno, o simplemente de origen humano. Este don es particularmente útil en situaciones donde hay confusión espiritual o engaño, ya que permite identificar la fuente de una enseñanza, profecía o experiencia sobrenatural.[19]
Un ejemplo bíblico claro de discernimiento de espíritus lo encontramos en Hechos 16:16-18, cuando Pablo, después de varios días de escuchar a una joven esclava poseída por un espíritu de adivinación, discierne que su proclamación no viene de Dios, sino de un demonio. En contraste, el don de palabra de ciencia no necesariamente se enfoca en discernir la fuente de una manifestación espiritual, sino en recibir conocimiento específico de Dios sobre una situación. Es importante destacar que el discernimiento de espíritus evalúa la naturaleza espiritual de una experiencia, mientras que la palabra de ciencia se enfoca en el contenido revelado por Dios.
Por tanto, aunque el discernimiento de espíritus y el don de palabra de ciencia pueden funcionar juntos en algunas situaciones (como cuando Dios revela que una enseñanza es falsa o que una persona está bajo una influencia espiritual negativa), son dones con propósitos distintos. El discernimiento de espíritus actúa como una evaluación espiritual, mientras que la palabra de ciencia provee una revelación informativa.
Diferencias clave según la Escritura
Al resumir las diferencias bíblicas entre estos dones, podemos observar que el don de palabra de ciencia implica la revelación de conocimiento específico o detallado sobre una situación o una verdad espiritual (1 Corintios 12:8). El don de profecía, por otro lado, se refiere a comunicar un mensaje de Dios que puede incluir predicción, exhortación o consolación, con un enfoque más amplio en edificar a la comunidad (1 Corintios 14:3). Finalmente, el discernimiento de espíritus es una habilidad espiritual para identificar la naturaleza de una manifestación espiritual, ya sea que provenga de Dios, de un espíritu maligno o del espíritu humano (1 Corintios 12:10).
Cada uno de estos dones tiene su propio papel en la edificación del Cuerpo de Cristo. La palabra de ciencia nos ayuda a comprender situaciones desde la perspectiva de Dios, la profecía nos orienta con una proclamación divina, y el discernimiento de espíritus nos protege de la influencia de espíritus malignos o del error humano. En conjunto, estos dones se complementan, asegurando que la Iglesia funcione con sabiduría, dirección y discernimiento bajo la guía del Espíritu Santo.

¡NECESITAMOS TODOS LOS DONES DEL ESPÍRITU!
El don de palabra de ciencia es una bendición de Dios para su iglesia. Todos hemos pasado por momentos en los que no sabemos qué camino tomar, y hemos orado por dirección. Es en esos momentos cuando el Espíritu puede darnos una palabra de ciencia, revelándonos algo que nos permita avanzar con seguridad y sabiduría.
Este don nos permite recibir discernimiento y conocimiento que va más allá de nuestra capacidad humana. Pero también viene con una responsabilidad: debemos usarlo con humildad, siempre buscando el bienestar de los demás y la edificación del cuerpo de Cristo. A medida que seguimos caminando en la fe, confiemos en que el Espíritu Santo seguirá hablando, revelando y guiando, a través de este y otros dones, mientras nos mantenemos abiertos a su obra en nuestras vidas.
BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS
[1] Fee, G. D. (2014). The First Epistle to the Corinthians. Eerdmans. p. 201.
[2] Fee, 2014, p. 205.
[3] Grudem, W. (1994). Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine. Zondervan.p. 105.
[4] Grudem, 1994, p. 112.
[5] Horton, M. (2005). The Christian Faith: A Systematic Theology for Pilgrims on the Way. Zondervan, p. 132.
[6] Wagner, C. P. (1988). Your Spiritual Gifts Can Help Your Church Grow. Regal Books, p. 145.
[7] Bruce, F. F. (2000). The Acts of the Apostles. Eerdmans, p. 178.
[8] Horton, 2005, p. 156.
[9] Bruce, 2000, p. 132.
[10] Moltmann, J. (1975). The Church in the Power of the Spirit: A Contribution to Messianic Ecclesiology. Harper & Row, p. 245.
[11] Orígenes, De Principiis, 4.2.7, Catholic University of America Press, p. 245.
[12] González, J. L. (2010). Historia del pensamiento cristiano. Editorial Clie, p. 58.
[13] Tomás de Aquino, Summa Theologica, II-II, q. 45, a. 1, p. 896.
[14] Rogers, E. F. (2012). After the Spirit: A Constructive Pneumatology from Resources Outside the West. Wipf & Stock, p. 132.
[15] Lutero, Martín. Lectures on Galatians, 1535, p. 52.
[16] Calvino, Juan. Institutes of the Christian Religion, 1559, II, p. 234.
[17] Macchia, F. D. (2006). Baptized in the Spirit: A Global Pentecostal Theology. Zondervan., p. 121.
[18] Grudem, 1994, p. 104.
[19] Yong, A. (2005). The Spirit Poured Out on All Flesh: Pentecostalism and the Possibility of Global Theology. Baker Academic, p. 237.