Asambleas de Dios, Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios, la Trinidad y la Unidad de la Deidad (II)

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato y padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras y subió al cielo; y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, que habló por los profetas…»

Credo Niceno-Constantinopolitano

Tal como lo señalé en el artículo anterior, a los pentecostales se nos acusa a menudo de no ser claros en cuanto a definir las doctrinas que profesamos. Si bien esto podría ser cierto para algunas iglesias independientes o no afiliadas a una denominación específica, tal generalización es inexacta con respecto a las principales denominaciones pentecostales, las cuales, de igual forma que las denominaciones protestantes históricas, tienen sus credos o confesiones de fe.

En el caso particular de las Asambleas de Dios (la más de las denominaciones pentecostales, con alrededor de 69 millones de miembros), dicha confesión de fe es conocida como “Declaración de verdades fundamentales”. Tal declaración contiene las 16 doctrinas que, de acuerdo con las Asambleas de Dios, la definen como denominación evangélica y pentecostal.

En esta ocasión te invito a conocer el Artículo 2 de la Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios (en próximos artículos abordaremos las declaraciones de fe de otras denominaciones penetcostales).

ARTÍCULO 2, EL ÚNICO DIOS VERDADERO

“El único Dios verdadero se ha revelado como el eterno existente en sí mismo «YO SOY», el Creador del cielo y de la tierra y Redentor de la humanidad. Se ha revelado también encarnando los principios de relación y asociación como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo (Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10-11; Mateo 28:19; Lucas 3:22)”

LA DEIDAD ADORABLE

a. Definición de vocablos

Los vocablos “trinidad” y “personas” según se relacionan con la Deidad, aunque no se encuentran en la Biblia, son vocablos que están en armonía con ella, por lo tanto, podemos comunicar a los demás nuestro entendimiento inmediato de la doctrina de Cristo respecto al Ser de Dios, según se distingue de «muchos dioses y muchos señores». Por tanto, podemos hablar debidamente del Señor nuestro Dios, que es un solo Señor, como una Trinidad o como un Ser de tres personas, sin apartarnos por ello de las enseñanzas bíblicas. (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 14:16-17)

b. Distinción y relación en la Deidad

Cristo enseñó una distinción de personas en la Deidad que expresó en términos específicos de relación, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero que esta distinción y relación, en lo que a su forma se refiere es inescrutable e incomprensible, pues la Biblia no lo explica. (Lucas 1:35; 1 Corintios 1:24; Mateo 11:25-27; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; 1 Juan 1:3-4(

c. Unidad del Único Ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Por lo tanto, de la misma manera, hay eso en el Padre que lo constituye Padre y no Hijo; hay eso en el Hijo que lo constituye Hijo y no Padre; y hay eso en el Espíritu Santo que lo constituye Espíritu Santo y no Padre ni Hijo. Por lo que el Padre es el Engendrador; el Hijo es el Engendrado; y el Espíritu Santo es el que procede del Padre y del Hijo. Así que, por cuanto estas tres personas de la Deidad están en un estado de unidad, existe un solo Señor Dios Todopoderoso y tiene un solo nombre. (Juan 1:18; Juan 15:26; Juan 17:11; Juan 17:21; Zacarías 14:9)

d. Identidad y cooperación en la Deidad

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son idénticos en lo que respecta a persona; ni se les confunde en cuanto a relación; ni están divididos en cuanto a la Deidad; ni opuestos en cuanto a cooperación. El Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo en cuanto a relación. El Hijo está con el Padre y el Padre está con el Hijo, en cuanto a confraternidad. El Padre no procede del Hijo, sino el Hijo procede del Padre, en lo que respecta a autoridad. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, en cuanto a naturaleza, relación, cooperación y autoridad. Por tanto, ninguna de las personas de la Deidad existe ni opera separada o independientemente de las otras. (Juan 5:17-30; Juan 5:32; Juan 5:37; Juan 8:17-18)

e. El título Señor Jesucristo

El título “Señor Jesucristo” es un nombre propio. En el Nuevo Testamento nunca se le aplica al Padre ni al Espíritu Santo. Por tanto, pertenece exclusivamente al Hijo de Dios. (Romanos 1:1-3; Romanos 1:7; 2 Juan 3)

f. El Señor Jesucristo, Dios con nosotros

El Señor Jesucristo, en lo que respecta a su naturaleza divina y eterna, es el verdadero y unigénito Hijo del Padre, pero en lo que respecta a su naturaleza humana, es el verdadero Hijo del Hombre. Por lo tanto, se le reconoce como Dios y hombre; quien, por ser Dios y hombre, es «Emanuel», Dios con nosotros. (Mateo 1:23; 1 Juan 4:2; 1 Juan 4:10; 1 Juan 4:14; Apocalipsis 1:13; Apocalipsis 1:17)

g. El título Hijo de Dios

Siendo que el nombre Emanuel abarca lo divino y lo humano, en una sola persona, nuestro Señor Jesucristo, el título Hijo de Dios describe su debida deidad, y el título Hijo del Hombre su debida humanidad. De manera que el título Hijo de Dios pertenece al orden de la eternidad, y el título Hijo del Hombre al orden del tiempo. (Mateo 1:21-23; 2 Juan 3; 1 Juan 3:8; Hebreos 7:3; Hebreos 1:1-13)

h. Transgresión de la doctrina de Cristo

Por tanto, es una transgresión de la doctrina de Cristo decir que el Señor Jesús derivó el título de Hijo de Dios sólo del hecho de la encarnación, o por su relación con la economía de la redención. De modo que negar que el Padre es un Padre verdadero y eterno y que el Hijo es un Hijo verdadero y eterno es negar la distinción y relación en el Ser de Dios; una negación del Padre y del Hijo; y una substitución de la verdad de que Jesucristo fue hecho carne. (2 Juan 9; Juan 1:1; Juan 1:2; Juan 1:14; Juan 1:18; Juan 1:29; Juan 1:49; 1 Juan 2:22-23; 1 Juan 4:1-5; Hebreos 12:2)

i. Exaltación de Jesucristo como Señor

El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, después de limpiarnos del pecado con su sangre, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, sujetándose a Él ángeles, principados, y potestades. Después de ser hecho Señor y Cristo, envió al Espíritu Santo para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla y confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios el Padre hasta el fin, cuando el Hijo se sujete al Padre para que Dios sea todos en todo. (Hebreos 1:3; 1 Pedro 3:22; Hechos 2:32-36; Romanos 14:11; 1 Corintios 15:24-28)

j. Igual honor para el Padre y el Hijo

Siendo que el Padre ha dado al Hijo todo juicio, no es solo un deber de todos en el cielo y en la tierra postrarse ante El, sino que es un gozo inefable en el Espíritu Santo adscribir al Hijo todos los atributos de la deidad y rendirle todo el honor y la gloria contenidos en todos los nombres y títulos de la Deidad excepto los que denotan relación, honrando así al Hijo como se honra al Padre. (Juan 5:22-23; 1 Pedro 1:8; Apocalipsis 5:6-14; Filipenses 2:8-9; Apocalipsis 7:9-10; Apocalipsis 4:8-11) [1]

EXPLICACIÓN

Las Asambleas de Dios, en plena comunión con el cristianismo histórico, sostiene tanto la unidad como la Trinidad de Dios. Esta fe trinitaria halla su expresión en formulaciones teológicas previas como el Credo de Atanasio:

“Quien quiera ser salvo debe sobre todo asirse de la fe universal. Quien no la observe en su totalidad y sin violarla, sin duda perecerá por la eternidad. Ahora bien, esta es la fe universal: Adoramos un Dios en Trinidad y la Trinidad en unidad, sin confundir las personas ni dividir el ser divino. Porque el Padre es una persona, el Hijo otra, y el Espíritu es también otra. Pero la deidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo es una, igual en gloria, coeterna en majestad. Lo que es el Padre, es el Hijo y también lo es el Espíritu Santo. El Padre es increado; el Hijo es increado; el Espíritu es increado. El Padre es infinito; el Hijo es infinito; el Espíritu Santo es infinito. El Padre es eterno; el Hijo es eterno; el Espíritu es eterno: Y, sin embargo, no hay tres seres eternos, pero uno que es eterno; así como no hay tres seres increados e ilimitados, sino uno que es increado e ilimitado. El Padre es todopoderoso; el Hijo es todopoderoso; el Espíritu es todopoderoso: Y sin embargo, no hay tres seres todopoderosos sino uno que es todopoderoso. Así, el Padre es Dios; el Hijo es Dios; el Espíritu Santo es Dios: Y sin embargo no hay tres dioses sino un Dios. Así el Padre es Señor; el Hijo es Señor; el Espíritu Santo es Señor: Y sin embargo no hay tres señores, sino un Señor. Como la verdad Cristiana nos compele a reconocer cada persona en particular como Dios y Señor, así la religión universal nos prohíbe decir que hay tres dioses o señores. El Padre no fue hecho, creado o engendrado; el Hijo tampoco fue hecho o creado, pero sí fue engendrado por el Padre; el Espíritu tampoco fue hecho o creado, pero procede del Padre y del Hijo. Así, hay un Padre, no tres padres; un Hijo, no tres hijos; un Espíritu Santo, no tres espíritus. Y en esta Trinidad, ninguno es antes o después, mayor o menor que el otro; sino que las tres personas son, en sí mismas, coeternas y co-­‐iguales; y por ello debemos adorar la Trinidad en unidad y al único Dios en tres personas. Así es como debe pensar acerca de la Trinidad quien quiera ser salvo. Es necesario para la salvación eterna que la persona también crea fielmente que nuestro Señor Jesucristo se hizo carne. Porque esta es la verdadera fe que creemos y confesamos: Que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y hombre. Él es Dios, engendrado antes de todos los mundos del ser del Padre, y él es hombre, nacido en el mundo del ser de su madre –existe plenamente como Dios, y plenamente como hombre, con un alma racional y un cuerpo humano; igual al Padre en divinidad, subordinado al Padre en humanidad. Aunque él es Dios y hombre, no está dividido, sino que es un Cristo. El está unido porque Dios ha tomado en sí mismo la humanidad; no ha transformado la divinidad en humanidad. Él es completamente uno en la unidad de su persona, sin confusión de sus naturalezas. Pues, así como el alma racional y el cuerpo son una persona, así el Cristo es Dios y hombre. El sufrió la muerte por nuestra salvación. El descendió al infierno y se levantó de nuevo de la muerte. El ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. El vendrá de nuevo a juzgar a los vivos y a los muertos. En su venida, toda la gente se levantará corporalmente para dar cuentas de sus obras. Los que han hecho el bien, entrarán a la vida eterna, los que han hecho el mal, entrarán al fuego eterno. Esta es la fe universal. Uno no puede ser salvo sin creer en esto con firmeza y fidelidad.” [2]

Dicho en lenguaje más sencillo: La doctrina de la Trinidad se puede resumir en cuatro puntos: (1) El Padre es Dios (Juan 6:27; Romanos 1:7; 1 Pedro 1:2), (2) Jesucristo es Dios (Juan 1:1, 14; 8:58; Romanos 9:5; Colosenses 2:9), (3) El Espíritu Santo es Dios (Hechos 5:3-4; 1 Corintios 3:16), (4) Hay un solo Dios (Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1 Timoteo 2:5). El misterio de la Trinidad es que Dios es de algún modo tres personas (Padre, Hijo y Espíritu), y, sin embargo, sólo hay un Dios.

Así pues, las Asambleas de Dios rechazan sistemas heréticos como:

(1) EL TRITEÍSMO: Triteísmo es término teológico de la herejía de los que han enseñado que en Dios no solamente hay tres personas, sino tres esencias, tres sustancias divinas y por consiguiente tres dioses. El triteísmo entiende que Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son tres dioses separados. Acepta la trinidad de Dios, pero ignora la unidad de Dios. Esta creencia es común en grupos como los mormones y otras sectas menores. [3]

(2) EL MONARQUISMO: Dicho movimiento teológico (conocido también como monarquianismo) apoya un punto de vista unipersonal y no trinitario de la naturaleza de Dios con el fin de preservar su unidad. “Monarquianos dinamistas”, o adopcionistas, eran los que entendían que Jesús era un hombre que se convirtió en Hijo de Dios al ser adoptado por Él durante su bautismo. El adopcionismo niega la preexistencia de Jesús y, por tanto, niega el título de Jesús como «Dios Hijo» en la concepción trinitaria del Dios cristiano.

Otra manifestación del monarquismo rechazada por las Asambleas de Dios es el “monarquianismo modalista”, el cual afirma que Jesús era Dios el Padre encarnado. La encarnación de Dios el Padre es un esfuerzo por mantener tanto la divinidad del Hijo como la unidad de Dios. Esta última corriente (o variantes de ella) se encuentran a menudo bajo nombres como “modalismo”, “patripasianismo” o “sabelianismo” y es defendida por grupos como la Iglesia Pentecostal Unida y otras iglesias pertenecientes al movimiento unicitario, los cuales enseñan que la unidad de Dios es incompatible con una distinción de personas dentro de la Divinidad, y que Dios se ha manifestado de diversas maneras como el Padre (principalmente en el Antiguo Testamento), como el Hijo (principalmente desde la concepción de Jesús hasta su ascensión), y como el Espíritu Santo (esencialmente después de la ascensión de Jesús al cielo). [4]

(4) EL ARRIANISMO: Afirma que Jesucristo fue creado por Dios Padre y está subordinado a él. La cristología arriana subsiste aún hoy en grupos como los Testigos de Jehová, los cuales consideran a Jesús como el Hijo unigénito del Dios Padre, pero no como Dios. Cierta forma de arrianismo puede verse también en Iglesias Unitarias y Universalistas, las cuales no creen en el aspecto divino de Jesús, por lo que en alguna medida pueden ser considerados herederos del arrianismo. [5]

Lo más difícil del concepto cristiano de la Trinidad (o, más adecuadamente, Tri-Unidad) es que no hay manera de explicarlo de forma apropiada. Para cualquier ser humano, la Trinidad es un concepto imposible de entender por completo; de hecho, sería imposible explicarlo. Dios es infinitamente más grande que nosotros; por lo tanto, no deberíamos esperar estar en capacidad de entenderlo por completo.

La Biblia enseña que el Padre es Dios, que Jesús es Dios, y que el Espíritu Santo es Dios. También enseña que hay solamente un Dios. Esos dos conceptos parecen mutuamente excluyentes a nuestras finitas mentes humanas. Y aunque podemos entender algunos hechos acerca de la relación de las diferentes personas de la Trinidad entre sí, a la larga, es incomprensible para la mente humana. Sin embargo, esto no significa que la Trinidad no sea verdadera o que no está basada en las enseñanzas de la Biblia. De hecho, la Biblia en su totalidad, de forma implícita o explícita, enseña la doctrina trinitaria.

¿DESEAS APRENDER MÁS SOBRE ESTE TEMA?

Para un estudio más extenso sobre la doctrina de la Trinidad en el Antiguo y el Nuevo Testamento y las principales herejías cristológicas en la historia del cristianismo, les invito a consultar los siguientes artículos:

¿ES DIOS UNA TRINIDAD?

EL CRISTO DESFIGURADO: UN ESTUDIO DE LAS PRINCIPALES HEREJÍAS CRISTOLÓGICAS

LA FÓRMULA BAUTISMAL: ¿TRINITARIA O EN EL NOMBRE DE JESÚS SOLO?

EUSEBIO, SHEM-TOV Y LA FÓRMULA TRINITARIA DE MATEO 28:19

¿ES JESÚS EL ARCÁNGEL MIGUEL?

FUENTES:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales, disponible en: https://ag.org/es-ES/Creencias/Declaraci%C3%B3n-de-verdades-fundamentales-

[2] Credo de Atanasio disponible en: https://www.rca.org/es/about/theology/creeds-and-confessions/the-athanasian-creed/el-credo-de-atanasio/

[3] Diccionario de las Herejías, Errores y Cismas, Jacques-Paul Migne, Nabu Press, 1850

[4] Marcos Antonio Ramos, Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas, Grupo Nelson, 1998.

[5] Rowan Williams, Arrio: Herejía y Tradición. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2002.

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