Pentecostalismo, Pentecostalismo Unicitario, Trinidad, Unicidad

Eusebio, Shem-Tov y la fórmula trinitaria de Mateo 28:19

Por Fernando E. Alvarado

En ausencia de mejores argumentos, algunos antitrinitarios (unitarios, Movimiento “Solo Jesús”, algunos judíos mesiánicos y otros grupos sectarios más) están recurriendo últimamente a la ridícula afirmación de que Mateo 28:19-20 “no está en los textos bíblicos originales y que fue agregado por Constantino o alguien más en el siglo IV.” Estos grupos sectarios afirman erróneamente que los discípulos nunca bautizaron en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sino únicamente “en el nombre de Jesús solo”. El texto en cuestión dice:

“Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mateo 28:19, NBLA)

Dicho pasaje, conocido por contener lo que llamamos la Gran Comisión, es uno de los pasajes más conocidos en la Biblia. Aquellos que creemos en la Trinidad vemos allí la igualdad de Dios, la presencia de las Tres Personas de la Trinidad actuando y confirmando la autoridad bajo la cual debemos ir a anunciar las buenas nuevas a todas las naciones. Para los antitrinitarios, dicho versículo es el enemigo a vencer, el texto a refutar y, por qué no, exiliar de la Biblia.

Con dicha intención en mente, los antitrinitarios incurren en deshonestidad intelectual y a veces en descaradas mentiras y ataques contra la Palabra de Dios misma. Al mejor estilo de las sectas, algunos grupos antitrinitarios están propagando la mentira de que este verso es una interpolación, que no existía en los escritos originales, que Mateo nunca lo escribió, pero que luego del Concilio de Nicea fue añadido por algún escriba para apoyar la creencia de la Trinidad. Esto, obviamente, es falso. Sin embargo, es importante que analicemos su argumento en detalle para resolver cualquier duda.

CITANDO A EUSEBIO

Eusebio de Cesarea (263- 339 d.C.) también conocido como Eusebius Pamphili fue obispo de Cesarea, exégeta y se le conoce como el padre de la historia de la Iglesia porque sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. De la extensa actividad literaria de Eusebio una parte relativamente grande perduró. Aunque era considerado sospechoso de arrianismo, sus escritos resultaban indispensables, debido a que Eusebio solía emplear citas textuales de obras que no sobrevivieron a su época.

Lo interesante de citar a Eusebio es que, según algunas sectas, Eusebio citó varias veces de la Biblia el pasaje de Mateo 28:19, pero que nunca escribió «el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo» como parte de dicho texto.De ahí, que afirman que tal frase es una interpolación posterior.

Ciertamente Eusebio citó este pasaje dieciocho veces antes del Concilio de Nicea, por allá en el 325 d.C., pero nunca mencionó la frase “el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo.” No obstante, en citas posteriores, luego de Nicea, Eusebio sí cita dicho versículo tal como aparece en nuestras versiones hoy en día. Para los sectarios esto constituye una evidencia de conspiración o fraude ya que, según creen, la doctrina de la Trinidad no se había formulado antes de Nicea. Eusebio, según ellos, fue obligado a incorporar dicha frase en Mateo 28:19 porque la iglesia había “inventado” en Nicea la doctrina de la Trinidad. En su mente, los sectarios prefieren aceptar teorías de conspiración que les favorezcan antes que considerar siquiera la posibilidad de que Eusebio no citó el texto completo (una costumbre que Eusebio tenía) porque sencillamente no quiso, no tuvo oportunidad o no era necesario en el contexto de lo que estaba afirmando.

Aceptando como válida la falsa premisa de que Eusebio no citó Mateo 28:19 tal cual lo tenemos hoy porque no existía en su época, es fácil para los sectarios ignorar las numerosas veces que Eusebio sí mencionó la fórmula trinitaria en Mateo 28:29 después del año 325. Es justo y necesario preguntarnos: ¿Existe alguna razón válida, más allá de una mera suposición, de que Mateo 28:18 fue interpolado?

Y también debemos preguntarnos: ¿Es legítimo creer que nuestra Biblia contiene añadidos y falsificaciones sobre temas vitales sólo porque alguien guardó silencio sobre algunos temas abordados en la misma? O peor aún, ¿debemos creer que la Biblia carece de valor sólo por las palabras de un “Padre de la iglesia”? No, porque la autoridad divina es inherente al texto bíblico mismo, no a lo que cualquier Padre de la iglesia haya dicho o dejado de decir.

Pero, si estas sectas insisten en usar a Eusebio como prueba, ¿por qué no toman en cuenta que en sus escritos Eusebio también declaró la deidad de Cristo, la Trinidad y otras grandes verdades de la fe cristiana? Los sectarios adoptan aquí una actitud visiblemente irresponsable (y a la vez incoherente), ya que creen en lo que Eusebio no dice (u omite voluntariamente) y no creen en lo que sí dice.

Pero ¿Cómo sabemos que los cristianos antes de Nicea creían en la Trinidad? El concilio de Nicea tuvo lugar entre el 20 de mayo y el 19 de junio de 325 en la ciudad de Nicea de Bitinia (la actual İznik en la provincia de Bursa en Turquía). Para saber lo que los cristianos pre-nicenos creían sobre la Trinidad basta con estudiar sus escritos.

La Didaché o Doctrina de los Doce Apóstoles, considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento, y recientemente fechado no más allá del 160 d.C., es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva:

“Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva” (Didaché, VII,1)[1]

El Martirio de Policarpo, un manuscrito escrito en forma de carta que relaciona el martirio religioso de Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo de Juan el Apóstol en el siglo II d. C. y que fue escrito entre el 155 y el 177 d.C. afirma:

“A Él [Jesucristo] sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.” (Martirio de Policarpo, XXII,3)[2]

El Pastor de Hermas, una obra cristiana del siglo II que no forma parte del canon neotestamentario y que gozó de una gran autoridad durante los siglos II y III (Tertuliano e Ireneo de Lyon lo citan como «Escritura», el Codex Sinaiticus lo vincula al Nuevo Testamento y en el Codex Claromontanus figura entre los Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo) también afirma:

“Al Espíritu Santo, que es preexistente, que creó toda la creación. Dios le hizo morar en el cuerpo de carne que Él quiso. Ahora bien, esta carne en que habitó el Espíritu Santo sirvió bien al Espíritu, caminando en santidad y pureza, sin mancillar absolutamente en nada al mismo Espíritu. Como hubiera, pues, llevado ella una conducta excelente y pura y tenido parte en todo trabajo del Espíritu y cooperado con El en todo negocio, portándose siempre fuerte y valerosamente, Dios la tomó por partícipe juntamente con el Espíritu Santo. En efecto, la conducta de esta carne agradó a Dios, por no haberse mancillado sobre la tierra mientras tuvo consigo al Espíritu Santo. Así, pues, tomó por consejero a su Hijo y a los ángeles gloriosos, para que esta carne, que había servido sin reproche al Espíritu, alcanzara también algún lugar de habitación y no pareciera que se perdía el galardón de este servicio. Porque toda carne en que moró el Espíritu Santo, si fuere hallada pura y sin mancha, recibirá su recompensa.” (El Pastor de Hermas, Comparación Quinta 6,5)[3]

Ignacio de Antioquia, quien fue ordenado obispo de Antioquia por las mismas manos de Pedro y Pablo según Crisóstomo (aunque las Constituciones Apostólicas afirman que Pedro consagró a Evodio y Pablo a Ignacio) y cuyo obispado fue ejercido entre el año primero de Vespasiano (70 d.C.) y el décimo de Trajano (107 d.C.) escribe:

“Ignacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la bendecida en grandeza de Dios con plenitud: a la predestinada desde antes de los siglos a servir por siempre para gloria duradera e inconmovible, gloria unida y escogida por gracia de la pasión verdadera y por voluntad de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Dios; a la Iglesia digna de toda bienaventuranza, que está en Éfeso de Asia, mi saludo cordialísimo en Jesucristo y en la alegría sin mácula.” (Ignacio, Carta a los Efesios I)[4]

“Un médico hay, sin embargo, que es carnal a par que espiritual, engendrado y no engendrado, en la carne hecho Dios, hijo de María e hijo de Dios, primero pasible y luego impasible, Jesucristo nuestro Señor.” (Ignacio, Carta a los Efesios VII,2)[5]

“La verdad es que nuestro Dios Jesús, el Ungido, fue llevado por María en su seno conforme a la dispensación de Dios; del linaje, cierto, de David; por obra, empero, del Espíritu Santo. El cual nació y fue bautizado, a fin de purificar el agua con su pasión.” (Carta a los Efesios XVIII,2)[6]

“Ignacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la Iglesia que alcanzó misericordia en la magnificencia del Padre altísimo y de Jesucristo su único Hijo: la que es amada y está iluminada por voluntad de Aquel que ha querido todas las cosas que existen, según la fe y la caridad de Jesucristo Dios nuestro.” (Ignacio, Carta a los Romanos, I)[7]

Arístides (siglo II), escritor eclesiástico del cual escribe Eusebio de Cesárea en Historia Eclesiástica (IV,3,3) y a quien describe como un “varón fiel en la profesión de nuestra religión”, redactó una apología de la fe. En dicha apología Arístides utiliza la fórmula Trinitaria mencionando a las tres Personas Divinas.

“Esté tuvo doce discípulos, los cuales, después de su ascensión a los cielos, salieron a las provincias del Imperio y enseñaron la grandeza de Cristo, al modo que uno de ellos recorrió nuestros mismos lugares predicando la doctrina de la verdad, pues conocen al Dios creador y artífice del universo en su Hijo Unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro Dios fuera de éste.” (Arístides, Apología XV,2)[8]

Atenágoras de Atenas (siglo II), reconocido apologeta cristiano primitivo del siglo II, aún sin usar el término Trinidad es bastante explícito al definirla. También rechaza el subordinacionismo, y la tendencia que posteriormente tomaría el arrianismo al considerar a Cristo un ser creado, tal como se deduce del siguiente texto escrito alrededor del 177 d.C.:

“Y si por la eminencia de vuestra inteligencia se os ocurre preguntar qué quiere decir “hijo,” lo diré brevemente: El Hijo es el primer brote del Padre, no como hecho, puesto que desde el principio, Dios, que es inteligencia eterna, tenía en sí mismo al Verbo, siendo eternamente racional, sino como procediendo de Dios, cuando todas las cosas materiales eran naturaleza informe y tierra inerte y estaban mezcladas las más gruesas con las más ligeras para ser sobre ellas idea y operación.” (Atenágoras de Atenas, Súplica en favor de los cristianos, 10)[9]

He aquí su forma de explicar la Trinidad:

“Así, pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos a un solo Dios increado y eterno e invisible, impasible, incomprensible e inmenso, sólo por la inteligencia a la razón comprensible… ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden?” (Atenágoras de Atenas, Súplica en favor de los cristianos, 10)[10]

Ireneo (140 d.C.- 202 d.C.), Obispo de Esmirna y mártir, quien tuvo contacto con la era apostólica al ser discípulo de Policarpo que a su vez fue discípulo del apóstol Juan, escribió un célebre tratado llamado “Contra las Herejías” donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnósticos. En dicha obra expresa con claridad la fe Trinitaria de la Iglesia en un Solo Dios Padre, un Solo Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo. El testimonio de Ireneo es particularmente importante ya que es bastante anterior al concilio de Nicea.

“La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre Soberano universal «que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo cuanto hay en ellos» , y en un solo Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra salvación, y en el Espíritu Santo, que por los profetas proclamó las Economías y el advenimiento, la generación por medio de la Virgen, la pasión y la resurrección de entre los muertos y la asunción a los cielos del amado Jesucristo nuestro Señor; y su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre para recapitular todas las cosas y para resucitar toda carne del género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y Dios y Salvador y rey, según el beneplácito del Padre invisible «toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua lo confiese». El juzgará a todos justamente, los «espíritus del mal» y los ángeles que cayeron y a los hombres apostatas, impíos, injustos y blasfemos, para enviarlos al fuego eterno, y para dar como premio a los justos y santos que observan sus mandatos y perseveran en su amor, unos desde el principio, otros desde el momento de su conversión, para la vida incorruptible, y rodearlos de la luz eterna.”

“Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad. Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye.” (Ireneo Contra las herejías I,10,1-2)[11]

Ireneo interpreta que cuando Dios dice “Hagamos al hombre a imagen y semejanza” habla al Hijo y al Espíritu Santo. Además, se opuso con más de dos siglos de antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría que hubo un tiempo en que el Hijo no estuvo con el Padre. También con antelación rechaza el modalismo diferenciando entre las Tres Divinas Personas:

“Que el Verbo, o sea el Hijo, ha estado siempre con el Padre, de múltiples maneras lo hemos demostrado. Y que también su Sabiduría, o sea el Espíritu estaba con El antes de la creación.” (Ireneo, Contra las herejías IV,20,3)[12]

Clemente de Alejandría (Mediados del siglo II – antes del 215), considerado cronológicamente como el primer sabio cristiano y conocedor profundo no sólo de la Sagrada Escritura sino de las obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de literatura profana, en su obra El Protréptico o Exhortación a los Griegos escribe:

“La palabra, entonces, el Cristo, es la causa de nuestro antiguo principio – porque El Estaba en Dios – y de nuestro bienestar. Y ahora esta misma palabra ha aparecido como hombre. Él solo es Dios y Hombre, y la fuente de todas las cosas buenas. Es por él que nos enseña a vivir bien y entonces somos enviados hacia la vida eterna….Él es la nueva canción, La manifestación que ahora nos ha sido hecha, de la palabra que existió en el principio y antes del principio. El salvador, que existió antes, ha aparecido solo posteriormente. Él que ha aparecido está en Él que es, por la Palabra que estaba con Dios, la Palabra por la cual todas las cosas fueron hechas, ha aparecido como nuestro maestro, y él, que nos concedió vida en el principio, cuando, como nuestro creador, Él nos formó, ahora que Él ha aparecido como nuestro maestro, nos ha enseñado a vivir bien de modo que, luego, como Dios, podría darnos abundante con vida eterna.” (Clemente de Alejandría, Exhortación a los griegos 1,7,1)[13]

En su comentario sobre a la primera epístola de Juan escribe “El Hijo de Dios, siendo, por igualdad de sustancia, uno con el Padre, es eterno e increado”.

Teófilo de Antioquia (siglo II), sexto obispo de Antioquia tal como atestigua Eusebio en Historia Eclesiástica 4,20, defendió también la enseñanza trinitaria. Se conservan tres libros de su autoría escritos alrededor del 180 d.C. titulados Ad Autolycum. Así como Tertuliano sería el primero en utilizar el vocablo latino Trinitas, Teófilo sería el primero en utilizar la palabra Τριας (trinitas) para expresar la unión de las tres Divinas Personas en Dios.

“Los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolo de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría.” (Teófilo de Antioquia, Ad Autolycum, II,15)[14]

“Teniendo, pues, Dios a su Verbo inmanente en sus propias entrañas, le engendró con su propia sabiduría, emitiéndole antes de todas las cosas. A este Verbo tuvo El por ministro de su creación y por su medio hizo todas las cosas…Este se llama principio, pues es Príncipe y Señor de todas las cosas por El fabricadas.” (Teófilo de Antioquia, Ad Autolycum, II,10)[15]

“Dios, sí, el Padre del universo, es inmenso y no se halla limitado a un lugar, pues no hay lugar de su descanso; mas su Verbo, por el que hizo todas las cosas, como potencia y sabiduría suya que es, tomando la figura del Padre y Señor del universo, ése fue el que se presentó en el jardín en figura de Dios y conversaba con Adán. Y, en efecto, la misma divina Escritura nos enseña que Adán dijo haber oído su voz. Y esa voz, ¿qué otra cosa es sino el Verbo de Dios, que es también hijo suyo? Hijo, no al modo que poetas y mitógrafos dicen que nacen hijos de los dioses por unión carnal, sino como la verdad explica que el Verbo de Dios está siempre inmanente en el corazón de Dios. Porque antes de crear nada, a éste tenía por consejero, como mente y pensamiento suyo que era. Y cuando Dios quiso hacer cuanto había deliberado, engendró a este Verbo proferido como primogénito de toda creación, no vaciándose de su Verbo, sino engendrando al Verbo y conversando siempre con Él. De ahí que nos enseñan las santas Escrituras y todos los inspirados por el Espíritu, de entre los cuales Juan dice: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios; dando a entender que en los comienzos estaba Dios solo y en El su Verbo. Y luego dice Y Dios era el Verbo.” (Teófilo de Antioquia, Ad Autolycum, II,22)[16]

Tertuliano (160d.C – 220 d.C.), si bien no es considerado un padre de la Iglesia, sino un apologeta, fue el primero en aplicar el vocablo latino Trinitas (Trinidad) a las tres divinas Personas. En De pudicitia (Sobre la modestia) escribe:

“Para la misma iglesia es, propiamente y principalmente, el Espíritu mismo, en el cual es la Trinidad de Una Divinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo.” (Tertuliano, Sobre la modestia, 21)[17]

En Adversas Praxean (Contra Práxeas) da una explicación de la doctrina Trinitaria aún más completa:

“Sin embargo, como hemos hecho de hecho siempre (y más especialmente desde que hemos sido mejor instruidos por el paráclito, que conduce a los hombre hacia toda la verdad), creemos que hay un solo Dios, pero bajo la siguiente dispensación, o οἰκονομία, como es llamado, que este único Dios tiene también un Hijo, Su Palabra, que procede de Él mismo, por quien todas las cosas fueron hechas, y sin el cual nada fue hecho. Creemos que Él ha sido enviado por el Padre a la Virgen, y ha nacido de ella – siendo Dios y Hombre, el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios, y ha sido llamado Jesucristo; creemos que ha sufrido, muerto, herido, de acuerdo a las Escrituras, y, después ha resucitado por el Padre y llevado al cielo, para sentarse a la derecha del Padre, y él vendrá a juzgar a vivos y muertos, quien envió también desde el cielo del Padre, de acuerdo con su promesa, al Espíritu Santo, el Paráclito, el santificador de la fe de aquellos que creen en el Padre, y en el Hijo y en el Espíritu Santo. Esta es la regla de fe que ha venido hasta nosotros desde el principio del evangelio, incluso antes de todas las viejas herejías” (Tertuliano, Contra Práxeas, 2)[18]

Más adelante en el mismo capítulo escribe:

“La herejía, la cual supone por sí misma poseer la verdad pura, pensando que no se puede creer que Un Solo Dios en ninguna otra vía que diciendo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son la misma Persona. Como si en esta vía también uno no fueran Todos, en la que Todos son de Uno, por unidad de substancia; mientras el misterio de la dispensación es todavía guardado, el cual distribuye la Unidad en la Trinidad colocando en sus orden las tres Personas – El Padre, el hijo y el Espíritu Santo: tres, sin embargo no en condición, sino en grado, no en sustancia, sino en forma, no en poder, sino en aspecto” (Tertuliano, Contra Práxeas, 2)[19]

Este texto es particularmente importante porque explica la concepción que Tertuliano tiene de la Trinidad: 3 Personas, pero no 3 naturalezas, no diferentes en cuanto a poder sino en cuanto a aspecto. Esto lo confirma también el capítulo 4 de la misma obra donde vuelve a afirmar que el Hijo es “de la substancia del Padre”: Filium non aliunde deduco, sed de substantia Patris, y el Espíritu es “del Padre por el Hijo”: Spiritum non aliunde deduco quam a Patre per Filium.

“Si la pluralidad en la Trinidad te escandaliza, como si no estuviera ligada en la simplicidad de la unión, te pregunto: ¿cómo es posible que un ser que es pura y absolutamente uno y singular, hable en plural: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”? ¿No debería haber dicho más bien: “Hago yo al hombre a mi imagen y semejanza,” puesto que es un ser único y singular? Sin embargo, en el pasaje que sigue leemos: “He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros.” O nos engaña Dios o se burla de nosotros al hablar en plural, si es que así El es único y singular; o bien, ¿se dirigía acaso a los ángeles, como lo interpretan los judíos, porque no reconocen al Hijo? O bien, ¿sería quizás porque El era a la vez Padre, Hijo y Espíritu que hablaba en plural, considerándose múltiple? Por cierto, la razón es que tenía a su lado a una segunda persona, su Hijo y su Verbo, y a una tercera persona, el Espíritu en el Verbo. Por eso empleó deliberadamente el plural: “Hagamos… nuestra imagen… uno de nosotros.” En efecto, ¿con quién creaba al hombre? ¿A semejanza de quién lo creaba? Hablaba, por una parte, con el Hijo, que debía un día revestirse de carne humana; de otra, con el Espíritu, que debía un día santificar al hombre, como si hablara con otros tantos ministros y testigos” (Tertuliano, Contra Práxeas, 12)[20]

Orígenes (185 d.C. – 254 d.C.), un preeminente escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico, quien fuese el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y quien ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia. Orígenes utiliza frecuentemente el término Trinidad (In Ioh. 10,39,270; 6,33,166; In Ies. Hom. 1,4,1) y que el Hijo procede el Padre, y dado que Dios es eterno, sigue que este acto de generación es también eterno, por lo que el Hijo no tiene principio y no hubo un tiempo en que El no existiera (se opone con antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría posteriormente lo opuesto, a saber, que hubo un tiempo en que el Hijo no existía (De princ. l,2,9s; 2; 4,4,1; In Rom. 1,5).

“No se puede concebir luz sin resplandor. Y si esto es verdad, nunca hubo un tiempo en que el Hijo no fuera el Hijo. Sin embargo, no será, como hemos dicho de la luz eterna, sin nacimiento (parecería que introducimos dos principios de luz), sino que es, por decirlo así, resplandor de la luz ingénita, teniendo a esta misma luz como principio y como fuente, verdaderamente nacido de ella. No obstante, no hubo un tiempo en que no fue. La Sabiduría, por proceder de Dios, es engendrada también de la misma substancia divina. Bajo la figura de una emanación corporal, se le llama así: “Emanación pura de la gloria de Dios omnipotente” (Sap. 7,25). Estas dos comparaciones manifiestan claramente la comunidad de substancias entre el Padre y el Hijo. En efecto, toda emanación parece ser ομοούσιος, ο sea, de una misma substancia con el cuerpo del cual emana o procede” (Orígenes, In Hebr. frag. 24,359)[21]

Nótese que utiliza la palabra ομοούσιος (homoousios) que significa “una sustancia”, la cual posteriormente sería tan utilizada en el concilio de Nicea para definir solemnemente como el Padre y el Hijo tienen una misma naturaleza. Se refiere a Cristo también con la expresión θεάνθρωπος (Dios-Hombre). No fue Nicea la que creó la doctrina de la Trinidad. Esta ya era creída por la iglesia primitiva.

Justino (165 d.C.), mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. En diálogo con Trifón se refiere a Cristo como “Dios engendrado del Padre del universo”, y parte de textos del Génesis donde Dios habla en primera persona del plural, para demostrar la pluralidad de las personas divinas. Descarta aquí que hablara con ángeles, ya que es inconcebible que el hombre haya sido hecho por ellos, y descarta también que hablara con los elementos de la tierra. Concluye que hablaba con Cristo quien estaba con el Padre antes de todas las criaturas.

“Os voy a presentar, Oh amigos – dije – otro testimonio de las Escrituras sobre que Dios engendró principio antes de todas las criaturas, cierta potencia racional de sí mismo, la cual es llamada también por el Espíritu Santo Gloria del Señor, y unas veces Hijo, otras Sabiduría; ora Ángel, ora Dios, ya Señor, ya Palabra, y ella misma se llama a sí misma Capitán General, cuando se aparece en forma de hombre a Josué, hijo de Navé. Y es así que todas esas denominaciones le vienen de estar al servicio de la voluntad del Padre y de haber sido engendrada por querer del Padre…Mas será la palabra de la sabiduría la que me prestará su testimonio, por ser ella ese mismo Dios engendrado del Padre del universo, que subsiste como palabra y sabiduría y poder y gloria del que le engendró… Eso mismo, amigos, expresó la palabra de Dios por boca de Moisés al indicarnos que el Dios que nos manifestó, habló en ese mismo sentido en la creación del hombre, al decir estas palabras: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza….Y porque no torzáis las palabras citadas y digáis lo que dicen vuestros maestros, que Dios se dirigió a sí mismo al decir “hagamos”, del mismo modo que nosotros, cuando vamos a hacer algo decimos : hagamos” o que habló con los elementos, es decir, con la tierra y demás de que sabemos se compone el hombre, y a ellos dijo el “hagamos”; os voy a citar ahora otras palabras del mismo Moisés, por las cuales, sin discusión posible, tenemos que reconocer que conversó Dios con alguien que era numéricamente distinto y juntamente racional. Helas aquí: Y dijo Dios: He aquí que Adán se ha hecho como uno de nosotros para conocer el bien y el mal. Luego, al decir “como uno de nosotros”, indica el número de los que entre sí conversan, y que por lo menos son dos. Porque no puedo yo tener por verdadero lo que dogmatiza la que entre vosotros se llama herejía ni los maestros de ellas son capaces de demostrar que habla Dios con los ángeles o que el cuerpo humano es obra de ángeles. Sino que este brote, emitido realmente del Padre, estaba con El antes de todas las criaturas y con ése conversa el Padre, como nos lo manifestó la Palabra por boca de Salomón, al decirnos que antes de todas las criaturas fue por Dios engendrado como principio y progenie este mismo que por Salomón es llamado sabiduría.” (Justino, Diálogo con Trifón, 61-62)[22]

En su primera apología distingue claramente y por orden a las Tres Personas Divinas, lo que descarta que Justino tuviera alguna tendencia modalista:

“Y luego demostraremos que con razón honramos también a Jesucristo, que ha sido nuestro maestro en estas cosas y que para ello nació, el mismo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, procurador que fue de Judea en tiempo de Tiberio César, que hemos aprendido ser el Hijo del mismo verdadero Dios y a quien tenemos en segundo lugar, así como al Espíritu profético tenemos en el tercero”. (Justino, Apología I, 13,3)[23]

“Porque los que dicen que el Hijo es el Padre, dan prueba de que ni saben quien es el Padre ni se han enterado de que el Padre del universo tiene un Hijo, que siendo Verbo y Primogénito de Dios, es también Dios. Este fue quien primeramente apareció a Moisés y a los otros profetas en la forma de fuego o por imagen incorpórea, y que ahora, en los tiempos de vuestro imperio, …, nació hombre de una virgen….Ahora, lo que desde la zarza se le dijo a Moisés: Yo soy el que es, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, significaba que, aún después de muertos, aquellos hombres seguían siendo de Cristo mismo” (Justino, Apología I, 63,15)[24]

Gregorio de Taumaturgo (siglo III), nacido hacia el año 213 y quien fue obispo de su ciudad natal Neocesárea, compuso un breve símbolo de fe que, aunque se limita al dogma de la Trinidad, es notable por su exactitud en sus conceptos, afirmando que jamás ninguna de las Personas Divinas ha estado sin la otra, sino que sin mudanza han existido siempre”.

“Hay un solo Dios, Padre del Verbo viviente, de la Sabiduría subsistente, del Poder y de la Imagen eterna; Engendrador perfecto del perfecto Engendrado, Padre del Hijo Unigénito. Hay un solo Señor, Único del Único, Dios de Dios, Figura (carácter) e Imagen de la Divinidad, Verbo Eficiente, Sabiduría que abraza todo el universo y Poder que crea el mundo entero, Hijo verdadero del verdadero Padre, Invisible del Invisible, Incorruptible del Incorruptible, Inmortal del Inmortal, Eterno del Eterno. Y hay un solo Espíritu Santo, que tiene su subsistencia de Dios y fue manifestado a los hombres por el Hijo: Imagen del Hijo, Imagen Perfecta del Perfecto, Vida, Causa de los vivientes, Manantial Sagrado, Santidad que comunica la santificación, en quien se manifiestan Dios Padre, que está por encima de todos y en todos, y Dios Hijo, que está a través de todos. Hay una Trinidad perfecta, en gloria y eternidad y majestad, que no está dividida ni separada. No hay, por consiguiente, nada creado ni esclavo en la Trinidad, ni tampoco nada sobreañadido, como si no hubiera existido en un período anterior y hubiera sido introducido más tarde. Y así ni al Padre le falló nunca el Hijo, ni el Espíritu Santo al Hijo, sino que, sin variación ni mudanza, la misma Trinidad ha existido siempre” (Gregorio de Taumaturgo, Exposición de la fe)[25]

Cipriano de Cartago (siglo III), nacido hacia el año 200 d.C., probablemente en Cartago, de familia rica y culta, escribió:

“Si alguien pudiera ser bautizado por los herejes, él podría ciertamente recibir también el perdón de sus pecados. Si él hubiere recibido el perdón de los pecados, él podría ser santificado. Si él fuera santificado, él podría ser hecho un templo de Dios. Si él fuera hecho templo de Dios – ahora yo te pregunto: ¿De que Dios? ¿Del Creador? Pero eso no es posible, porque él no cree en El. ¿De Cristo?. Quien niegue que Cristo sea Dios no puede llegar a ser su templo. ¿Del Espíritu Santo?. Desde que Tres son Uno, ¿Como fuera posible para el Santo Espíritu ser reconciliado con él que es un enemigo del Hijo o del Padre?” (Cipriano de Cartago, Carta 73,12)[26]

Cipriano nos da una prueba irrefutable de que Mateo 28:19 contenía la fórmula trintaria tal cual aparece en nuestras biblias actuales:

“Después de la resurrección, cuando el Señor envió los apóstoles a las naciones, Él les ordenó bautizar a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Cristo mismo ordenó que las naciones sean bautizadas en la completa y unida Trinidad.” (Cipriano de Cartago, Carta 73,18)[27]

¿Son todas estas citas de los cristianos de los primeros siglos suficientes para probar la legitimidad de Mateo 28:19? Sí, más que suficientes, y, de hecho, aún podrían citarse muchas más. De modo que las sectas que niegan la Trinidad atacando Mateo 28:19 y negando su canonicidad ya no tienen excusa para su ignorancia.

EL EVANGELIO DE SHEM TOV

Cuando citar parcialmente a Eusebio fracasa, los antitrinitarios a menudo recurren a un recurso desesperado para sostener su herejía unicitaria: El falso Evangelio de Mateo de Shem-Tov. ¿Qué es eso? Es una traducción hebrea del Evangelio según Mateo. Fue escrita a más tardar en la segunda mitad del siglo XIV, y se incluyó en la obra Eben Bojan (Piedra Probada), la cual es un polémico tratado anticristiano escrito en hebreo por el rabino sefardí, Shem-Tov ben Isaac Ibn Shaprut.[28]​ La obra, a veces llamada “la lógica de Shem Tov”, ataca la idea del mesianismo y divinidad de Jesucristo y se completó en 1380 y se revisó en 1385 y 1400.

Pero ¿Quién era Shem-Tov? Shem Tov fue un médico judío del s. XIV nacido en Tudela, Castilla. Su libro de Mateo fue escrito durante la Inquisición Española con el propósito expreso de refutar las enseñanzas de la iglesia católica. Para ello buscó deficiencias en el texto de Mateo para presentarlas a su manera y evitar las conversiones judías al cristianismo. Con tal propósito, Shem-Tov adulteró el evangelio de Mateo y presentándolo como una copia del “evangelio de Mateo original hebreo” en el cual se niega tanto la Trinidad como la Divinidad de Cristo.

En su intento por desvirtuar la fe cristiana falsificando sus Escrituras, Shem-Tov no fue ni siquiera original. Se pueden encontrar citas de traducciones hebreas de partes de varios libros del Nuevo Testamento, incluidas las epístolas de Pablo, en tratados rabínicos contra el catolicismo. Estos tratados se multiplicaron donde los judíos vivían cerca de los cristianos, como España antes de la expulsión de los judíos de España en 1492. Entre ellos se pueden citar:

(1) Sefer Nestor ha-Komer; “El libro de Néstor el sacerdote”, Siglo XVII. Contiene citas significativas de Mateo, aparentemente de un texto latino.[29]

(2) Toledot Yeshu; “La vida de Jesús”, Siglo XVII.

(3) Milhamoth ha-Shem; “Las guerras del Señor”, de Jacob Ben Reuben, Siglo XII, en donde cita textos entre los que se incluye Mateo 1:1-16, 3:13-17, 4:1-11, 5:33-40, 11:25-27, 12:1-8, 26:36-39, 28:16-20.

(4) Sefer Nizzahon Yashan; “El libro de la Victoria”, Siglo XIII.

(5) Sefer Joseph Hamekane; “El libro de José el Oficial” del rabino José ben Nathan, Siglo XIII (París MS).

El caso es que, a diferencia de las anteriores, la obra anticristiana conocida como el Mateo de Shem-Tov, no pasó desapercibida para los grupos sectarios que niegan la Trinidad, los cuales (muy a menudo) lo citan como evidencia para negar la validez de Mateo 28:19 (Shem-Tov omite la fórmula bautismal trinitaria de Mateo 28:19). Lo cierto es que, tanto Shem-Tov como las obras citadas arriba, carecen de credibilidad total. ¿Por qué? Porque la mayoría de los estudiosos consideran que tales manuscritos hebreos medievales se derivan de la traducción de manuscritos griegos o latinos también medievales, y por lo tanto, es extremadamente improbable que alguna de las lecturas únicas encontradas en estos manuscritos hebreos medievales pueda ser antiguas.

Esto, sin embargo, no desanima a los sectarios. Haciendo uso de la peor forma de deshonestidad intelectual, dichos grupos antitrinitarios eligen ignorar que Shem-Tov es una obra judía del medioevo (no de la era apostólica) y que fue compuesta como relato que pretendía crear un nuevo “Mateo” fraudulento escrito contra el catolicismo y los mumarim (conversos al cristianismo) para persuadirlos a abandonar el cristianismo y volver a la religión judía. El propósito original de Shem-Tov era demostrar lo ridículo del cristianismo y del judaísmo mesiánico, y para ello recurrió al fraude.

Incluso un estudio superficial del Mateo de Shem-Tov basta para darnos cuenta que tal escrito no es digno de credibilidad. Shem-Tov no sólo adulteró Mateo 28:19 en su copia de Mateo, sino varios pasajes donde se nos habla de «Jesús el Cristo», lo cual sustituyó simplemente por «Yeshua». Ejemplo de esto es 1:1 y 1:18. En 11:2 se nos habla de «hechos de Cristo», lo cual sustituyó por «trabajo de Yeshua». ¿Por qué Shem-Tov hizo tal cosa? No olvidemos que Shem-Tov era judío, y como tal negaba la divinidad de Jesús y su mesiazgo. ¡Shem-Tov simplemente no pudo disimular su odio hacia la persona de Jesús y su divinidad! Tan obvia actitud delata sus verdaderas intenciones.

No obstante, algunas personas usan a Shem-Tov como prueba textual de que Mateo nunca tuvo la fórmula trinitaria en el capítulo 28. Quienes dicen que el evangelio de Shem-Tov es una copia fidedigna de la hecha por Mateo se olvidan de que existen miles de manuscritos y fragmentos que hablan de la fórmula trinitaria en Mateo 28:19, y que Shem-Tov, un judío anticristiano no puede acallar la voz de toda la historia de la Iglesia.

La vasta existencia de documentos y copias de las Escrituras avalan nuestra cita de Mateo tal como la conocemos. No hay pruebas en ningún manuscrito ni en la historia que apoyen la veracidad del evangelio de Mateo de Shem-Tov. Mateo 28:19, con su fórmula trinitaria tal aparece en nuestras biblias actuales, no sólo figura en nuestros mejores y más tempranos manuscritos, sino que también es apoyado por miles de manuscritos griegos.

Si fuere cierto que Mateo 28:19 es interpolado, ello debería ser, según los mismos sectarios, a partir del año 325 d. C., que fue cuando se celebró el Concilio de Nicea. Pero tal afirmación es falsa, como ya se ha demostrado a través de las citas de los Padres de la iglesia y otros autores cristianos de los primeros siglos, todos los cuales preceden a Shem-Tov por varios siglos de antigüedad.

Pero eso no es todo. En la Segunda Epístola de Pablo a los Corintios, por ejemplo (la cual se cree que fue escrita entre el 54 y 57 d.C.), el apóstol dice: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Corintios 13:14). Esta es la frase trinitaria más primitiva que se conoce. Esto fue escrito antes del evangelio de Mateo, el cual se cree se escribió alrededor del año 70. Pasajes como este prueban que la fórmula trinitaria se empleaba desde los albores del cristianismo. Decir que fue a partir de Nicea que se comenzó a emplear la fórmula «en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo» es una burda mentira.

Evidencia adicional a favor del trinitarismo puede hallarse en versiones como la Peshitta, el Diatessaron y la Vetus Syra. La traducción más antigua, probablemente es el Diatessaron (“uno mediante cuatro”), de Taciano. El texto que data del año 175 d.C., es una narración continua y armónica que integra los cuatro Evangelios, en una época en que tal vez cada Evangelio por separado no tenía un carácter oficial. Teodoreto de Ciro, en el Éufrates, en 423, recolectó y archivó más de 200 copias del Diatessaron que contenían los cuatro Evangelios. La fórmula trinitaria de Mateo 28:19 está presente en todos ellos.

Otra versión antigua, conocida como “Antigua siríaca” (Vetus Syra) contiene también la fórmula trinitaria. Se conservan dos manuscritos del siglo V de los Evangelios (Palimpsesto Sinaítico y Evangelios Curetonianos), traducciones libres de cada libro griego, influenciadas por el Diatessaron. Estas traducciones posiblemente datan del siglo III o comienzos del Siglo IV. Curiosamente, la versión Antigua siríaca utiliza otra versión antigua, la Peshitta, para las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento y no la versión griega, siendo este hecho un testimonio de la gran antigüedad de la Peshitta. La Historia Eclesiástica (4.29.5) de Eusebio evidencia la antigüedad de la Peshitta, y afirma que esta versión incluyó traducciones de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas de Pablo. Esta antigua versión (muy superior y mucho más antigua que el falso Mateo de Shem-Tov) nos dice en Mateo 28:19:

“Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”[30]

Esta es la cruda verdad. Una verdad que seguramente destroza las pretensiones de los unicitarios.

BIBLIOGRAFÍA


[1] Padres Apostólicos, Daniel Ruiz Bueno, (BAC 65), Pág. 84

[2] Ibid. Pág. 688

[3] Ibid. Pág. 1020

[4] Ibid. Pág. 447

[5] Ibid. Pág. 451

[6] Ibid. Pág. 457

[7] Ibid. Pág. 474

[8] Tomado de Padres Apologetas Griegos, Daniel Ruiz Bueno (BAC 116), Pág. 130

[9] Ibid. Pág. 660-661

[10] Ibid. Pág. 661

[11] Contra los herejes, Ireneo de Lyón, Edición preparada por el P. Carlos Ignacio Gonzáles para la Conferencia del Episcopado Mexicano.

[12] The Faith of the Early Fathers, Vol. I, William A. Jurgens, Pág. 176

[13] NewAdvent Encyclopedia, http://www.newadvent.org/fathers/02091.htm

[14] Patrología I, Johannes Quasten (BAC 206), Pág. 236

[15] Padres Apologetas Griegos, Daniel Ruiz Bueno (BAC 116), Pág. 796

[16] Ibid. Pág. 813

[17] Tomado de New Advent Encyclopedia, http://www.newadvent.org/fathers/0407.htm

[18] Ibid. http://www.newadvent.org/fathers/0317.htm

[19] Ibid. http://www.newadvent.org/fathers/0317.htm

[20] Ibid. http://www.newadvent.org/fathers/0317.htm

[21] Patrología I, Johannes Quasten (BAC 206), Pág. 389

[22] Tomado de Padres Apologetas Griegos, Daniel Ruiz Bueno (BAC 116), Pág. 409-412

[23] Ibid. Pág. 194

[24] Ibid. Pág. 294

[25] Tomado de Patrología I, Johannes Quasten (BAC 206), Pág. 433

[26] Tomado de The Faith of the Early Fathers, Vol. I, William A. Jurgens, Pág. 232-233

[27] Ibid. Pág. 232-233

[28] «Ewangelia św. Mateusza po hebrajsku». kmt.pl. Consultado el 9 de febrero de 2017.

[29] Horbury, W. Appendix in Matthew 19-28 ed. William David Davies, Dale C. Allison

[30] Mateo 28:19, Biblia Peshitta (Spanish Edition)

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