Vida Cristiana, Vida Espiritual

Cristianos deprimidos ¿Está bien no estar bien?

Por Fernando E. Alvarado

“Todo el día ando triste, cabizbajo y deprimido… Estoy completamente molido y sin fuerzas; ¡mis quejas son quejas del corazón! Señor, tú conoces todos mis deseos, ¡mis suspiros no son un secreto para ti! Mi corazón late de prisa, las fuerzas me abandonan, ¡aun la vista se me nubla!… En verdad, estoy a punto de caer; mis dolores no me dejan ni un momento.”

(Salmo 38:6, 8-10, 17; DHH)

Estado de ánimo irritable o decaído; dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño; cambio grande en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso; cansancio y falta de energía; sentimientos de inutilidad, odio hacia tí mismo y culpa. Todos estos síntomas (y muchos otros que he omitido) te dicen que algo anda mal: Sufres depresión. ¿Cómo lo sé? ¡Porque lo he experimentado en carne propia muchas veces! Y sé que aún me esperan muchas más batallas que pelear en esta área. Es, en cierta forma, mi aguijón personal y, al igual que Pablo, sólo puedo refugiarme en la gracia de un Padre bondadoso para superarlo (2 Corintios 12:9).

Vivimos en un mundo caído, pecaminoso, disfuncional, y lleno de dolor. Romanos 8:22-23 nos dice: “Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo”.

¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?

Al vivir en un mundo caído todos nos sentiremos tristes de vez en cuando, pero la depresión va más allá. La depresión es un trastorno debilitante y continuo que interfiere con nuestras actividades cotidianas. Es como ser bombardeado con emociones extremadamente negativas, las cuales a menudo vienen acompañadas de sentimientos de inutilidad y de culpa desmedida (https://www.who.int/health-topics/depression#tab=tab_1). Sobra decir que todos, en algún momento de la vida, nos hemos sentido así.

Las situaciones de la vida pueden ser dolorosas y a veces nos arrastran a la depresión. Esta depresión situacional no es necesariamente mala. A menudo, es una respuesta razonable y apropiada al dolor de un mundo caído (Lamentaciones 3: 1-18) y suele desaparecer con el tiempo, a medida que se resuelve o acepta la situación. Pero ¿Qué pasa cuando el dolor y la tristeza no se van? ¿Qué pasa cuando este dolor dura todos los días durante la mayor parte del día y por más de dos semanas? Si este es tu caso muy probablemente sufras de depresión clínica y a menudo interfiere con la vida cotidiana en el trabajo, la escuela y el hogar.

Otros sufren una depresión menos intensa que la depresión clínica, pero que puede durar mucho más tiempo (incluso años). Quienes la experimentan sufren fatiga, tristeza y malestar general, y a menudo pueden experimentar también episodios de depresión clínica. Ese es el elevado precio que han de pagar quienes sufren depresión crónica.

¿Qué tan común es estar deprimido? Más de lo que pensamos. De hecho, se estima que la depresión afecta a aproximadamente 300 millones de personas en el mundo (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/depression). Además de ser común es un fenómeno multicausal. Sabemos, por ejemplo, que si hay depresión en un miembro de la familia, el riesgo de que otros puedan padecerla aumenta. También es un hecho reconocido que aquellos que ya han padecido de depresión probablemente vean como esta se repite varias veces durante su vida. Esta disfunción tiene además un fuerte componente genético (https://medlineplus.gov/genetics/condition/depression/#genes); sin embargo, la relación entre la mente y el cerebro es tan compleja que no siempre es fácil saber dónde termina biología y dónde comienzan los hábitos y conductas pecaminosas.

LA DEPRESIÓN EN LA BIBLIA

La biblia registra en sus páginas los duros momentos de depresión que experimentaron grandes siervos de Dios:

(1) DAVID: Las penurias que David atravesó fueron varias. Fue perseguido por un rey, sufrió de intentos de asesinatos, sus hijos lo traicionaron, algunos de ellos murieron o mataron a sus hermanos, etc. Cada experiencia refleja que su vida fue dura. Tenemos una muestra de esto en los salmos que escribió. En uno de ellos, dice: “Mi culpa pesa sobre mi cabeza como una enorme carga. Me estoy hundiendo” (Salmos 38:4 PDT). En Salmos 42:11 (NTV) dice: “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!”. Aunque buscó en Dios su refugio, su fe no impidió que la depresión tocara su puerta.

(2) ELÍAS: Elías tuvo un enfrentamiento con los profetas de Baal. Tras una serie de ritos y sacrificios, ellos no pudieron demostrar el poder de su dios. Cuando fue el turno de Elías, él probó ante todos que Dios es el único y verdadero ser supremo. Pese a que esta experiencia fue positiva, una vez que se terminó, la reina Jezabel lo amenazó de muerte y tuvo que huir. Fue entonces cuando Elías se hundió en una profunda angustia. En esos momentos se sentía tan afligido que le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 18-19).

(3) JONÁS: No todos los personajes bíblicos sufrieron de depresión a causa de algo que les afectó en nivel personal. Jonás se enojó cuando vio que Dios perdonó a la gente de Nínive. Su enfado fue tal que llegó prefirió la muerte (Jonás 4). A primera vista, su comportamiento no parece ser el de una persona deprimida. No obstante, los estudiosos han descubierto que una manifestación de la depresión es el enojo. La ira de Jonás fue una forma de canalizar la tristeza que sentía.

(4) NOEMÍ: Noemí perdió a su esposo y a sus dos hijos mientras vivía en un pueblo extranjero. El duelo familiar, sumado al no estar en un ambiente conocido ni con los seres amados es difícil para cualquiera. Noemí no fue la excepción. Cuando regresó a su tierra natal pidió que la llamen Mara. Noemí significa ≪dulce≫ y Mara, ≪amarga≫ (Rut 1:19-21). Su petición refleja que su corazón estaba lleno de tristeza y amargura por las experiencias que le tocó vivir. Ella estaba deprimida.

(5) JOB: Job perdió a sus hijos, sus bienes, riquezas y además contrajo una enfermedad que, en ese tiempo, no tenía cura. Algunos de sus amigos intentaron animarlo, otros lo acusaron; pero Job nunca se atrevió a negar ni rechazar a Dios. Durante ese tiempo se hizo muchas preguntas y llegó un punto en el que deseó no haber nacido. El desear la muerte es una manifestación de la depresión y en Job 3:3-4 (NTV) se nos dice que nuestro héroe de la fe sufría de depresión: “Que sea borrado el día en que nací, y la noche en que fui concebido. Que ese día se convierta en oscuridad; que se pierda aun para Dios en las alturas, y que ninguna luz brille en él.”

(6) JEREMÍAS: A Jeremías se le conoce como “el profeta llorón”. Esto se debe a que solía llorar y sus discursos eran tristes. Dios le había encomendado llevar su mensaje a la gente, pero nadie hizo caso de su mensaje. Él vivía solo y se entiende que no tenía familia. Además, era pobre y rechazado por los demás. Si bien es un ejemplo de fe y fortaleza, también tuvo momentos de angustia. Al igual que Job, maldijo el día de su nacimiento y se preguntaba la razón de su existencia. En Jeremías 20:14,18 (NTV): “¡Sin embargo, maldigo el día en que nací! ¿Por qué habré nacido? Mi vida entera se ha llenado de dificultades, de dolor y de vergüenza.”

Cada caso de depresión que vemos en la Biblia nos enseña que este mal puede afectar a cualquiera. Pero también nos recuerda que, para el que pide ayuda, siempre hay esperanza.

¿CRISTIANOS DEPRIMIDOS?

Al enfrentar la depresión la iglesia debería ser nuestro lugar de refugio. ¡Qué mejor que nuestros hermanos en la fe, el cuerpo de Cristo, para recibir consuelo, comprensión y fortaleza en esos momentos difíciles! Desafortunadamente, en muchos círculos cristianos existe la creencia de que es imposible para un verdadero creyente deprimirse a menos que esté en pecado, tenga falta de fe o falta de conocimiento bíblico. Esto no necesariamente es cierto, ya que un estudio de la Palabra demuestra que varios profetas se deprimieron: algunos por su propio pecado (como David), y otros por el pecado del pueblo (como Moisés). Jeremías se deprimió porque el Señor le reveló lo que le pasaría al pueblo judío ¡La realidad misma es a veces suficiente motivo para estar deprimidos! 

Es por eso que al decir que todos los pacientes deprimidos lo están por haber pecado, estamos haciendo mucho daño en la vida de aquellos que están deprimidos por razones médicas. Estas personas terminan sintiendo los síntomas típicos de la depresión y además la culpabilidad por “haber pecado”, cuando muchas veces no lo han hecho. Generalizar de esta manera convierte a los acusadores en personas como los amigos de Job, quienes dieron consejos y explicaciones sin entender completamente la situación (Job 13:4)

UN PROBLEMA COMPLEJO

No podemos ver la depresión como toda espiritual, o toda biológica, ya que usualmente es una combinación de ambos componentes. El cuerpo y el alma están entrelazados. La depresión aumenta la oscuridad típica de la mente caída, resultando en un corazón más duro y egocéntrico. Nuestro corazón nos engaña (Jeremías 17:9). Sentimos una especie de nube de duda y temor siempre encima, y una neblina que no nos deja ver las cosas como son. Comenzamos a pensar que esto nunca se irá. Los problemas parecen más grandes que las promesas de Dios, y las heridas y el dolor vencen nuestra fe. Como resultado, perdemos de vista que este mundo no es nuestro hogar. En vez de buscar las razones para alabar al Señor, preferimos maldecir nuestra crisis. Sin embargo, aún en medio de tan grande sufrimiento, los cristianos podemos hallar gozo y esperanza.

TODO, INCLUSO LA DEPRESIÓN, PUEDE SER USADO POR DIOS PARA NUESTRO BIEN

Como alguien que ha padecido de depresión, creo que este padecimiento frecuentemente es un instrumento en las manos de Dios para santificación. Creo sinceramente que nada escapa de la mano de Dios (Mateo 10:29-33) y que, por lo tanto, Él usa todo para nuestro bien (Romanos 8:28), y ese todo incluye la depresión. Sé, con total certeza, que Dios puede utilizar la depresión para formarnos a su imagen.

La biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos 15:11), así que aparentemente Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva (créanme, ¡lo he comprobado!), pero ésta puede mejorar a través de los dones de Dios en la oración, estudios bíblicos y su aplicación, grupos de apoyo, compañerismo con otros creyentes, confesión, perdón y consejería.

Luchar con la depresión implica también un abandono de la pasividad. Si queremos superarla debemos hacer un esfuerzo consciente para no estar absortos en nosotros mismos, sino más bien dirigir nuestros esfuerzos al exterior. En mi caso personal, los sentimientos de depresión con frecuencia pueden resolverse cuando quito la atención de mí mismo y la pongo en Cristo y en los demás. ¡Abandonarnos en el servicio a Dios y al prójimo es un medio de gracia útil para vencer los sentimientos de depresión!

Pero hay algo más. La lucha contra la depresión es una batalla que no estamos obligados a pelear solos. Tenemos a nuestro lado al mejor psicoterapeuta del universo: El Espíritu Santo. Quien nos consuela en medio del dolor, la ansiedad, el estrés y la depresión (2 Corintios 1:3-5; Juan 14:18; Salmo 94:19; Mateo 5:4; Juan 14:26; Juan 16:7; 14:16; 15:26; Salmo 118:5; Isaías 51:12; Apocalipsis 7:16-17; Romanos 15:5). El Creador de nuestro espíritu, alma y cuerpo puede, ciertamente, reparar lo que esté mal en cada una de esas áreas. ¿Cómo? Llenándonos de Su presencia, la cual no será sin fruto.

Gálatas 5: 22-23 enumera el fruto del Espíritu: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.” “Fruto” aquí significa “el resultado de la obra”. El obrero es el Espíritu Santo. Entonces, lo que Gálatas 5: 22-23 realmente describe son los rasgos característicos de un creyente quien se ha doblegado ante la obra del Espíritu Santo en su vida. Uno de estos rasgos característicos es el gozo.

En el Nuevo Testamento, “gozo” es la palabra griega chara. Relacionado con ambos charis (“gracia” o “dádiva”) y charos (“regocijarse; expresar gozo”), el gozo es la respuesta natural a una dádiva generosa. En cada caso en la Biblia, ese don se origina con Dios, ya sea la llegada del Mesías (Lucas 1:14), la resurrección de Cristo (Mateo 28: 8), el poder de Dios sobre el mundo pecaminoso (Lucas 10:17), o la salvación de Dios (Hechos 13:52). La gracia de Dios es tan fuerte que incluso la promesa de su obra puede provocar gozo (Hebreos 10:34; Santiago 1: 2-4). Y una de las mayores fuentes de gozo es ver la obra redentora de Dios en uno mismo y en los demás (Hechos 13:52; 1 Tesalonicenses 3: 9; Filipenses 2:2).

El verdadero gozo se encuentra solo en Jesús (Juan 15:11), por lo que fortalecer nuestra relación personal con Él puede ser la única forma de mantenernos a flote mientras navegamos a través de los tenebrosos mares de la depresión. Si buscamos la obra y los dones de Dios en nuestras vidas, si nos llenamos de Jesús y la presencia de Su Espíritu Santo, siempre tendremos gozo. Un gozo que brotará en medio del desierto amargo de la depresión. Incluso en las dificultades, nuestro gozo permanecerá, porque depende de Dios y de sus promesas: “Y volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido.” (Isaías 35:10).

Pero ¿Qué pasa cuando la depresión sí es producto de nuestro pecado? Cuando la depresión es por pecado, la solución es arrepentirnos. Es posible que la depresión sea un llamado de Dios para volvernos al redil y sanarnos, porque el pecado nos esclaviza y nos separa de Dios. Oseas 6:1 nos dice: “Vengan, volvamos al Señor. Pues Él nos ha desgarrado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará”. Sabemos que Jesús, el buen pastor, dejará las 99 ovejas para buscar a aquel que salió del redil (Lucas 15:4-7).

HAY ESPERANZA

Es importante recordar esto cuando las circunstancias no son tan felices. Santiago 1: 2 dice: “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas”. Este también es el mensaje de1 Pedro 1: 6. En las pruebas, el gozo no se encuentra en la situación inmediata, sino en la promesa de que el Reino de Dios se revelará a través de la situación. 1 Pedro 1: 7-9 dice que las pruebas actuales (y esto incluye sin duda la depresión) brindan seguridad de fe, haciendo que el gozo futuro sea aún mayor cuando Jesús regrese. De manera similar, Santiago 1: 3-4 dice que las pruebas fortalecerán nuestro carácter. Por lo tanto, podemos regocijarnos en que las pruebas apuntan a un regalo futuro: El día en la depresión cesará por completo.

Como creyentes, no estamos exentos de deprimirnos. A pesar del precioso regalo de la salvación que hemos recibido, seguimos viviendo en un mundo caído. Incluso siendo piadosos experimentaremos dolor y sufrimiento. Al conocer a Cristo, el Espíritu Santo ha abierto nuestros ojos y podemos ver la maldad en el mundo que nunca habíamos visto como no creyentes. Dios también nos sensibiliza al dolor y a la maldad, y no podemos ignorarlos. En su astucia, Satanás puede usar nuestra sensibilidad para convertirnos en blanco de sus ataques pues, la guerra espiritual es, ante todo, una batalla por la mente.

Como si esto no fuera suficiente, el Espíritu Santo está continuamente exponiendo la maldad que no sabíamos que existía en nuestro propio corazón. Esto puede llegar a deprimirnos, ¡Pero tranquilos! La oferta de Dios es capaz de vencer toda culpa: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16)

Como en el caso de Jeremías, la depresión puede ser una respuesta a la realidad cuando uno se da cuenta de la profundidad de la maldad en el mundo y nuestra incapacidad de corregirla. Por eso hemos de aprender a confiar una y otra vez en Jesús, quien venció (Juan 16:33).

Sí. El cuerpo humano es una “máquina” inmensamente complicada, creada por un Dios incontenible. Entender las causas de la depresión y la solución a la misma puede no ser fácil; sin embargo, podemos tener esta esperanza: Aunque nuestros cuerpos han sido quebrantados por la caída y son afligidos por toda clase de enfermedades físicas y mentales, podemos confiar en que —cuando regrese por los suyos— nuestro Señor recreará lo que Él creó.

1 comentario en “Cristianos deprimidos ¿Está bien no estar bien?”

  1. El hombre padece todo tipo de enfermedades y las enfermedades mentales es una de ellas.
    Las enfermedades mentales son principalmente herencias geneticas, es una falla a nivel cerebral donde algunos quimicos no se estan liberando correctamente. Esto es una explicacion simple para entenderlo.
    Hay personas que son bipolares y muchas veces no saben que lo son y cuando estan pasando niveles emocionales bajos, tristes sin energia, sin animo incluso sin ganas de comer lo tribuyen a una simple depreción o lucha espiritual.
    Pero tambien cuando sufren una extrapolacion emosional muy frenetica, entusista, llena de eneegia, muy creativa muy recargada animicamnete, piensa que esta viviendo periodo de avivamiento en su interior y que es el Espiritu Santo obrando en el. Este episodio extrapolado tambien es una manifestación de la enfermedad, se le llama mania.
    Sabiendo que es una enfermedad se le debe ver como a cualquier otra enfermedad que debe ser tratada. En Chile el tratamiento de las personas con enfermedades mentales son cubiertas por el GES, eso quiere decir que los medicamentos y la intervencion de los profesionales esta cubierta por el estado.
    Hay personas que son ezquisofrenicas y su comportamiento puede ser desconectado de la realidad, escuchan voces, ven personas. También pueden presentarse dificultades en la concentración y la memoria.
    Entonces si conocemos a hermanos enfermos se les debe pedir que acudan al medico con la misma urgencia que cualquier otra enfermedad. Restarle importancia es tan arriesgado como un diabetico haciendo desorden alimenticio.
    La calidad de vida de los pacientes cambia profundamente, podran servir a Dios y relacionarse con las personas y experimentar la realidad sanamente.
    Tambien es importante el acompañamiento emocial, decir a quienes la padecen que esta siendo atormentado por demonios, que es su pecado, falta de fe o que no tiene a Cristo en su vida es abandonarlo emocionalmente. El acompañamiento es decirle que eso que siente es producto de “una enfermedad” y que no pasa nada, estara bien porque Dios esta con el y usted como su hermano orara por el. Sea bondadoso amoroso, atento, piadoso, no haga juicio de algo que no sabe.
    Acompañelo, digale que vaya al medico y que se tome las medicinas, Dios sabra si consede el milagro, de Dios son todas las cosas.
    Toda enfermedad ataca al hombre, nadie se salva, pero el que cree en Dios puede enfrentar esa misma situación de enfermedad con una disposion y vision distinta.

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