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¿Es nuevo calvinismo es el Evangelio?

Por Fernando E. Alvarado.

El nuevo calvinismo, con su sectarismo recalcitrante, ha generado divisiones innecesarias dentro del cuerpo de Cristo, afectando negativamente la relación entre los creyentes reformados y aquellos que no comparten esta interpretación teológica. En lugar de promover el amor y la unidad que Jesús nos enseñó, este movimiento ha contribuido a la fragmentación de la iglesia. Al insistir en un enfoque dogmático y exclusivo, más que en la cooperación y el entendimiento mutuo, el nuevo calvinismo ha causado más daño que bien a la causa de Cristo. En lugar de ser un vehículo para la edificación de la fe y el avance del Evangelio, ha creado barreras que obstaculizan la unidad cristiana que tanto necesitamos en este tiempo. Para ellos no hay más verdad que “su verdad”, todo lo demás es error o falso evangelio. ¿Su lema? Al parecer: ¡Todos son herejes menos yo! ¡Los demás deben ser re-evangelizados!

Es común escuchar afirmaciones que exaltan el nuevo calvinismo como si fuese el Evangelio mismo, pero debemos detenernos a considerar con cuidado tal postura. Decir que «el calvinismo es el Evangelio» no solo es una exageración, sino que raya en lo absurdo. Al leer las Escrituras con una mente abierta, sin ideas preconcebidas, es poco probable que lleguemos a la conclusión de que la Biblia enseña, de manera natural, los cinco puntos del calvinismo. Más bien, el calvinismo representa una interpretación teológica que se impone al texto bíblico, buscando enmarcarlo dentro de una cosmovisión teológica específica que, en muchos casos, violenta su sentido claro y directo. Pero la verdad es más que evidente: el calvinismo no es otra cosa que una interpretación particular de las Escrituras, y no debe confundirse con el Evangelio mismo.[1]

El primer punto del calvinismo, la depravación total, sugiere que el ser humano es tan corrompido por el pecado que no puede responder a Dios de ninguna manera, a menos que sea regenerado primero. Sin embargo, al leer la Biblia de forma natural, encontramos una narrativa que llama constantemente al arrepentimiento y a la decisión humana de volverse hacia Dios (Isaías 55:6-7; Hechos 17:30). Dios invita a todos a buscarle, lo que contradice la idea de que el ser humano no tiene la capacidad de responder a esta invitación divina sin una regeneración previa. De hecho, textos como Deuteronomio 30:19 dicen claramente: “Escoge, pues, la vida, para que vivas”, lo cual demuestra que la voluntad humana tiene un papel importante en la respuesta a Dios. La depravación total (o por lo menos la versión enseñada el nuevo calvinismo) parece no estar en sintonía con la narrativa bíblica que destaca la responsabilidad humana frente a la gracia de Dios.[2]

El segundo punto, elección incondicional, sostiene que Dios elige a algunos para salvación y a otros para condenación, independientemente de cualquier condición en el ser humano. Sin embargo, al leer el Nuevo Testamento, encontramos que Dios quiere que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4) y que ha dado a su Hijo para la salvación del mundo entero (Juan 3:16). Esta tensión se hace evidente cuando Pablo escribe que Dios “ha soportado con mucha paciencia a los vasos de ira, preparados para destrucción” (Romanos 9:22), pero el mismo apóstol nos enseña que la paciencia de Dios busca llevarnos al arrepentimiento (Romanos 2:4). El concepto de elección que encontramos en el calvinismo se presenta como una construcción teológica que se superpone al texto bíblico, ignorando la clara voluntad de Dios de que todos se salven. La elección en la Biblia tiene un carácter corporativo y misionero, más que individualista y determinista.[3]

El tercer punto, expiación limitada, afirma que Cristo solo murió por los elegidos. Sin embargo, esta doctrina choca frontalmente con el mensaje claro y reiterado de que Jesús murió por todos. En 1 Juan 2:2 leemos: “Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. La muerte de Cristo es ofrecida para todos, y aunque no todos se beneficien de ella, la oferta es universal. Al leer estos textos de manera natural, es difícil justificar una expiación limitada, que no tiene un apoyo claro en el texto. El concepto de expiación limitada es una construcción teológica que distorsiona la clara enseñanza bíblica de que Cristo murió por todos.[4]

El cuarto punto, gracia irresistible, sostiene que aquellos a quienes Dios ha elegido para la salvación no pueden resistirse a su gracia. No obstante, en la Biblia encontramos que el ser humano puede resistir la gracia de Dios, como lo demuestra la insistencia de Jesús en que Jerusalén no quiso acudir a Él (Mateo 23:37). Si bien la gracia de Dios es poderosa y transformadora, la Escritura nos muestra que es posible rechazarla. Este punto, como los anteriores, parece imponer una interpretación forzada sobre el texto. De hecho, la Biblia destaca la responsabilidad humana en aceptar o rechazar la gracia de Dios, lo cual es incompatible con la noción de gracia irresistible.[5]

Finalmente, el quinto punto, la perseverancia de los santos, enseña que aquellos que son verdaderamente elegidos por Dios no pueden perder su salvación. Sin embargo, en Hebreos 6:4-6 encontramos una advertencia clara contra la posibilidad de caer después de haber experimentado la gracia de Dios. La lectura natural de este pasaje sugiere que la perseverancia en la fe es un esfuerzo continuo y que, aunque Dios es fiel, el ser humano tiene la capacidad de apartarse de Él. La advertencia en Hebreos no se puede ignorar o reinterpretar sin hacer violencia al texto; la perseverancia es tanto un don de Dios como una responsabilidad del creyente.[6]

Pocos tienen valor de decirlo en voz alta, pero…

Nadie, al leer la Biblia de manera completa y sin filtros, llegaría a la conclusión por sí mismo de que los 5 puntos del calvinismo son enseñanzas naturales del texto. Para poder aceptar esta doctrina, es necesario haber sido adoctrinado bajo una interpretación teológica que no surge de una lectura directa de las Escrituras. El calvinismo, más que una revelación del texto bíblico, es una construcción que se le impone, alejándose de su significado más claro y accesible.

Como C. S. Lewis señaló, “El verdadero cristianismo es una verdad revelada, no un sistema cerrado de pensamiento derivado por deducción de un primer principio».[7] En otras palabras, no se trata de forzar un sistema teológico sobre la Biblia, sino de permitir que el texto hable por sí mismo. El calvinismo, aunque presentado como una verdad teológica firme, es una novedad impuesta que no nace del significado natural de la Palabra de Dios. ¡Volvamos a la sencillez y claridad de lo que la Biblia nos enseña sin filtros teológicos forzados!


La conclusión es simple: Al leer la Biblia en su sentido natural, nos encontramos con un mensaje claro de gracia accesible para todos, responsabilidad humana y un llamado a la respuesta voluntaria. El calvinismo, con sus cinco puntos, representa una interpretación teológica que impone una estructura rígida sobre el texto, y en muchos casos, lo fuerza a encajar en un esquema que no fluye naturalmente de la Escritura. Como creyentes que buscamos la verdad bíblica, debemos ser cuidadosos de no confundir interpretaciones teológicas con el mensaje claro y directo del Evangelio. El verdadero Evangelio es aquel que llama a todos a la salvación en Cristo, sin restricciones, y que refleja el carácter amoroso y justo de Dios.[8]

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS:


[1] Olson, R. E. (2011). Against Calvinism: Rescuing God’s reputation from radical Reformed theology. Zondervan, p. 45.

[2] Pinnock, C. H. (2002). Most moved mover: A theology of God’s openness. Baker Academic, p. 78.

[3] Olson, 2022, p. 63.

[4] Geisler, N. L. (2001). Chosen but free: A balanced view of divine election. Bethany House, p. 214.

[5] Pinnock, 2002, p. 104.

[6] Geisler, 2001, p. 289.

[7] Lewis, C. S. (1952). Mere Christianity. HarperCollins, p. 187.

[8] Olson, 2011, p. 87.

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